El rey del pop, Michael Jackson, ha muerto, pero el príncipe del pop sigue vivo. Scott Walker fue al igual que Michael Jackson una víctima del éxito, una personalidad frágil envuelta en una ola de acontecimientos que le superaron, y finalmente, sepultaron.
Scott nació por accidente en EEUU, pero su corazón siempre fue europeo. Sus baladas apasionadas y atormentadas con los Walker Brothers le subieron a los más alto de las listas inglesas en los 60´s. El romanticismo épico y desmedido, meláncolico y triste, estético y de plumas de pavo real, inyecta un veneno díficil de vencer, y cuyo antidoto no era más que esperar la siguiente canción de los Walker Brothers.
Altos y de porte príncipesco, su fama crecía entre la muchachada adolescente, esencialmente femenina. Agarrones, persecuciones y todo el pack del fanatismo de la época martirizaron en pedazos al bueno de Scott, que prefirió romper con los Walker Brothers -que por cierto no eran hermanos- e iniciar una carrera en solitario.
“The Singer”, el hombre desnudo y barroco, doliente, inaguró su nueva etapa, cantando temas de Jacques Brel, y configurando cuatro obras maestras, Scott I, II , III y IV, que gravitan el el imaginario pop como una cuadratura perfecta del perfecto Dandy enamorado y sufriente en llamas. Después, tras el fracaso comercial de “Scott IV”, el silencio, el retiro. El misterio sufriente del príncipe del Pop se llevó de nuevo a nuestro protagonista.
Casi una década sin saber nada de él. Luego vino la reunificación de The Walkers Brothers en 1975 con tres discos, paradojicamente, bastante buenos, por cierto.
Un disco ochentero en el 84, acaso el más particular de su carrera, y después su aterrizaje en la 4AD como fabuloso predistigitador experimental e industrial, en busca siempre de ese intangible, de esa musa que es la Pasión por el arte. Scott crea cuando siente que tiene que crear. Estos discos reflejan cono ningún otro el de un alma comprometida con su camino, pese a quien pese.
Así se refleja en el increible documental sobre Scott Walker, 30th Century Man, un soberbio ejercicio de intimidad pop con la vida y legado de su obra. Algo muy bueno tiene que tener Scott cuando personajes como Marc Almond, Simon Raymonde -Cocteau Twins-, Brendan Perry -Dead Can Dance-, Jarvis Cocker, se unen para hablar del maestro. Y lo más díficil, con una entrevista a carne viva con el propio Scott, que sin tapujos, se enfrenta a las preguntas con valentia y con la veracidad que desprende este documental, producido para más inri, por David Bowie, otro fan más..
Increible ver como Marc Almond se emociona, casi rompiendo a llorar, cuando le ponen un tema de Scott. ¿Qué loco embrujo tiene este hombre? Su voz aristocrática y meláncolica parece la de un hombre que lo ha tenido todo y nada le llena. Su voz es la del desencanto en un palacio de oro y diamantes, cuyo corazón atormentado es castigado por el lujo de una producción orquestal a todo lujo y a todo volumen. Una maravilla.
Con príncipes como éste, que se mueran los reyes. ¡Viva la República!


