
Que Nick Cave es un capullo integral ya lo sabemos todos. Menuda carrera tiene Nick Cave, a mi modo de ver, uno de los artistas vigentes más influyentes del planeta Rock, un puro talento bohemio cuyos malsanos deleites no parecer tener fin. Desde los tiempos australianos en The Birthday Party hasta las colaboraciones con Blixa Bargeld en Berlin, desde su oficina londinense de Candem Town, donde supura Arte dónde otros hacen facturas, han pasado muchos años, muchos discos, muchas bandas sonoras, y alguna obra maestra (The Godd Soon, Let Love In, The Boatman`s Call, etc). También pasaron muchas jeringuillas clavadas en corazones doloridos . Qué capullo es Nick Cave. Qué Genio, el puto amo.
Sí, me gustan más Morrissey y Marc Almond, porque bajo mi férrea disciplina militaroide soy una petarda, pero reconozco que Nick Cave habla más a lo eterno que estas locas arrebatadas. Nick Cave es un Dios de las profundidades del Alma Doliente, y así lo entendí cuando un día cruce algunas palabras con él. Uno de los momentos más impactantes en mi vida, sobre todo cuando he hablado con muchos de mis Dioses Personales y la decepción ha coronado casi todos mis encuentros. Pero con Nick Cave me sentí como un apóstol al lado de Jesucristo. Fue muy amable, e incluso realmente estaba muy interesado en lo que estaba diciéndole. Realmente, le hubiera interesado cualquier cosa de cualquier persona, yo pasaba por allí, y nos pusimos a hablar, con ese ambiente tan peculiar, tan Bad Seeds, con Blixa borracho y drogado bramando en alemán enclaustrado en su silla, con las botellas todas vacías cayendo como muertos en una guerra civil, y con las grupies graznando como buitres, y con los gafa pastas de los críticos musicales acariciando su barbilla de la misma manera que escudriñan un disco. Yo era una mezcla de todos pululando por ahí. También estaba Evan Dando de The Lemondheads que habían tocado un día antes –también estuve allí-, y de repente allí estaba hablando con los dos. Evan es un fan de Nick Cave, y sólo le faltaba arrodillarse ante Nick, pero a Nick le aburría Evan, parecía más interesado en escuchar lo que yo pensaba de The Carpenters…Allí sentado, con las piernas cruzadas, perfectamente vestido, reposaba tranquilamente, después, es cierto, de otro memorable concierto, el de la caótica gira del “Henry’s Dream”, después de haber pegado a un tío en el escenario y de haber sudado toda la furia de un demonio de Tasmania.
Y todos estos recuerdos vienen a cuento por la reciente lectura de la nueva novela de Nick Cave, “La muerte de Bunny Munro”, un trabajo literario que sin duda alguna me ha traído de nuevo al Nick Cave que echaba tanto de menos… y es que ni sus aventuras en Grinderman ni el último disco de Nick Cave me ha arrancado los sentimientos que tengo al respecto de su soberbia discografía anterior. Al bueno de Nick, como a tantos otros, le ha sentado mal el cambio de siglo, resultando bastante indigesto, ahondando en una decadencia nada estética. Vamos, que tengo mi brocha de tachar atenta a sus próximos pasos.
“La muerte de Bunny Munro” es el segundo libro de Nick Cave, con más de una década de espacio con el anterior, el imprescindible “Y el asno vio al Ángel”, un debut impresionante, un libro de cabecera, muy especial y que marcó a todos los que nos metimos en sus metafóricas ciénagas del Sur de nuestras Almas. Demasiado tiempo es quizá el pasado entre estos dos libros, demasiado tiempo esperando un segundo libro, y diluido en el tiempo se quedaron las ganas que tenía de leer algo más. Pero al fin éste apareció, como un amante a destiempo.
Llegó ese momento, y no sin cierta polémica, dadas las características de la novela, sobre todo con las referencias sexuales que se citan al respecto de ciertas personalidades del mundo del espectáculo, especialmente con Kylie Minogue y Avril Lavigne. Algunos críticos le han echado a la cara el pajeo y la masturbatoria terapia emocional que parece haber enfermado a Nick Cave con el personaje de Bunny Munro, un supuesto Alter Ego oscuro del propio Cave. Realmente, la novela adolece de alguna falta de objetivo cristalino, es cierto, y algunos recursos parecen algo torpes o incluso superfluos. Sin embargo la tensión acumulada del desgarro emocional de un personaje arrabalero en caída libre autodestructiva resulta estremecedora, entre el asco y el encanto de lo pendenciero, dónde la relación de con su hijo Bunny Munro Jr produce un efecto alfo perturbador, sobre todo si eres padre.
Y el Asno vio al Ángel” me parece mejor novela, pero “La Muerte de Bunny Munro” recupera un Nick Cave al que echábamos de menos. Especialmente impresionante es su audiolibro, musicado por el propio Nick y su colaborador en The Bad Seeds Warren Ellis, con el que ha colaborado también en las bandas sonoras de las películas “El Asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” –título que comparte con Bunny Munro el contar el final en el título- y en “La Carretera”, todavía por estrenarse, -y que comparte con Bunny Munro la idea central de la relación de un padre con su hijo-. Además leído por el propio Nick, un documento realmente impresionante…
Por último, aprovecharé la ocasión para haceros llegar la información de la carta abierta literaria que Carolina León y Elena Cabrera nos hacen llegar a través de Radio Carcoma todos los lunes de 21:00h a 22:00h en el programa “¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?, en el que un servidor tiene sus cinco minutos de pajas mentales en su sección, y cuyo primer capítulo ha sido precisamente este “La muerte de Bunny Munro” de Nick Cave y que podéis escuchar aquí. Por cierto en el programa de mañana vamos con otro “enfant terrible”, Arthur Rimbaud, y comentaremos la edición de sus cartas completas, “Prometo ser Bueno” (Barril & Barral), un buen tema sobre todo de cara al aniversario de su muerte el próximo 10 de noviembre, y también, es cierto, para escuchar mi voz viva, se zombie nasal reflexivo y pausado, emocionado desde la gélida alma que me hace despedirse de vosotros con una reverencia, atenta y distante, de esas que debía hacer Rimbaud antes de los 20 años, cuando dejo de escribir. Yo también voy a dejar de escribir. Al menos hasta mañana.