Volví al lugar del crimen, porque volver a un Palacio de los deportes un día que toca Depeche Mode es volver a revivir pasados conciertos acontecidos por los tres de Basildon, y algo de emoción contenida, nostalgia, y dolor, se agolpan en tu pecho pidiendo explotar. Pero esos fueron otros tiempos, y aunque intento mentalizarme para disfrutar de lo que estoy viendo, se me disparan las imagenes de un Dave totalmente endemoniado autodestruyendose en una perversa danza en la gira del Violator, allá por 1991 o por ahí, ya no recuerdo bien.
Intento no hacer comentarios de abuelete, pero me es perfectamente inevitable, lo cual empieza a tener tintes dramáticos. Si quiero volver a ver Arte, voy a tener que resarcirme viendo a los Horrors el próximo 25 de noviembre, y esperar que la sorpresa del Rock and Roll arrase todos los prejuicios preconcebidos que tenemos sobre la vida. Sin embargo, con Depeche Mode, sé lo que va a pasar en todo momento, hay mucho espectáculo, pero medido y encerrado en una ecuación de algún físico-matemático. Dicho una vez esto, y dejando aparte mis presunciones totalmente pesimistas, he de aclarar que aunque solo sea por evocar, ver a Dave y a Martin juntos en un escenario es algo especial. Aunque estos ya no sean “mis” Depeche Mode.
Lo primero que hay que apuntar es que el último disco “Sounds of the Universe” es un lastre muy pesado de sobrellevar, y está sangrando al grupo. “Sounds of the Universe” es un disco que gusta a los que no les gusta Depeche Mode, un disco sesudo y frío que además tiene el beneplacito de la crítica especializada, con lo que ya podemos darlo por muerto definitivamente.
Hace varías líneas prometí dejar nostalgias aparte, pero no puedo, me desdigo. Ver un concierto en la etapa del Violator -la mejor- de Depeche en el que se empieza con “World in My Eyes” y ver como Gahan surge como un rayo electrificado por la corriente del vicio por el sexo desde la derecha hasta al centro, da dos vueltas, y sin mirarnos, coge el micro como si fuera una ramera, y dice aquelo de “Let me take you on a trip”, no es lo mismo que salir al escenario y tocar “In Chains” como quien va y ficha para entrar en el trabajo. El concierto en esta gira no empieza hasta el cuarto tema, “Walking in my Shoes”. Qué diferencia.
Tampoco nosotros somos los mismos. Sorprende bastante el ver que en la cuarta fila en la que estaba, te llamaban la atención si dabas una pequeña patada a alguien o tocas sin querer la cabeza de alguien. El público, burgués y aristocrata, me pareció bastante vulgar, nada que ver con aquellos tiempos -otra vez- en los que la gente que no vestía de negro resultaba llamativa. Ahora es al revés.
Gahan ha perdido bastante voz -cada vez más nasal-, y aunque sigue teniendo un magnetismo impresionante, su baile consume diesel, preparado para durar, no para arrancar a toda velocidad… Y los temas del últimos disco, sobran. Tampoco me gustó la versión que realizan en este tour de “In Your Room”. Pero todo lo demás, bien, a secas, y excelentes, arrebatadoramente excelentes, las apariciones de Martin Gore, y me quedo con “Dressed in Black” cantada por Martin en el segundo concierto en Madrid. Lamento decir esto, porque yo soy de los de Gahan, pero a Martin le veo más en forma que a Gahan. Y eso es preocupante porque el directo de Depeche es Gahan.
Vaya, estoy siendo demasiado duro, como con aquellos a los que más quieres y les exiges más. Realmente, entendido como espectáculo, un concierto de Depeche es siempre algo muy bonito de ver, muy bien empaquetado, y con algunos de las mejores temas de pop de la historia, y por muy mal que lo hagas siempre va a ser algo precioso. Y tuvieron sus momentos memorables, especialmente el segundo día, estuvieron más animosos, se nota que habían descansado, se movian más y culebreaban sobre el escenario con más alegría. Ya no será nunca como antes… ¿Nos debemos conformar?
Ya veremos en Barcelona. Aproximadamente por la 4ª fila.

















