Ayer por la noche, mientras un frío intenso traía un viento del demonio que hacía temblar sádicamente la persiana del salón, me propuse a acabar “La Carretera”, la premiada novela galardonada con el premio Pulitzer del 2007 y alabada novela de Cormac McCarthy, y si me descuido, su final casi acaba conmigo. Es increíble la capacidad masoquista del ser humano al respecto de gozar o sufrir una historia, pero a la ya de por sí oscura y violenta narración se le unió una noche de Walpurgis en toda regla. Sin duda alguna una combinación “inolvidable”.
“La Carretera” es una obra estremecedora, un viaje al horror de ser humano en un frío entorno post apocalíptico que ha devuelto a la humanidad el horror de la barbarie y un orden social canibal y deshumanizado. La acción se centra en dos anónimos supervivientes a un supuesto holocausto nuclear -aunque la causa no se explica, tampoco importa-, un padre y un hijo, llevando una llama de esperanza dentro de su asustado viaje en un infierno en la tierra.
La concisa, austera, y precisa información nos es suministrada con amplias elipsis y juegos de construcción que resultan estimulantes y potencian el mensaje. Los silencios y las metáforas resultan vibrantes y desoladoramente poéticas. Desde luego está muy bien escrito aunque a veces algunas metáforas resultan difíciles de entender o quizá sean demasiado rebuscadas , siendo este el único pero que le pongo a “La Carretera”. Probablemente sea problema de la traducción. De todas maneras, la novela, se puede decir, es una obra maestra de la literatura actual, así que recomiendo su lectura.
Las preguntas que se hacía Rousseau sobre la naturaleza del hombre -”El hombre es bueno por naturaleza pero la sociedad lo corrompe y lo destruye”- se encuentran está vez en un entorno “Hobbesiano” -”el hombre es un lobo para el hombre-, desarrolladas en el monotemático mundo gris, en brumas y cenizas sumido.
Obligada debería ser la lectura para los padres, pues la relación padre-hijo es el hilo conductor del desarrollo argumental. Se nota que la paternidad del autor, ya a una edad considerable, ha influido sobremanera en la novela. La educación, proteccionismo y lucha de un padre por sacar adelante a su hijo en medio de una hostilidad agobiante resulta absolutamente verosímil. Los diálogos entre ellos dos no tienen precio. La muerte y la perdida de la identidad humana que nos hace convertirnos en animales, o en algo peor que eso, se enfrentan a la inocencia del chaval. ¿Cómo enfrentarse a eso como padres? ¿Lo ocultas? ¿Lo dejas pasar? ¿O le enfrentas a ello?
La novela apocalíptica, en estos tiempos de crisis, ha demostrado otra vez ser un vehículo inmejorable para enfrentarnos a los fantasmas sociales actuales, en cuyo inconsciente colectivo está esta pesadilla llamada “La carretera”, de alguna manera, la traducción postapocaliptica en clave del siglo XXI de la otra carretera, la de Jack Kerouac. El viaje del ser humano existencialmente abonado al sufrimiento otra vez en la tablero de ajedrez.
Y mientras escribimos estás líneas, ya se está ultimando la película de la novela. McCormac está considerado uno de los grandes novelistas norteamericanos de la actualidad, y el éxito de sus adaptaciones como “No Country for the Old Men” ha podido influir en la producción de está película. Espero que la dureza y la indigestión permanente no se pierdan en el camino. Tranquiliza bastannte la presencia de actores tan fiables como Viggo Mortensen, Charlize Theron -sí, Charlize Theron- y Robert Duvall. El director será el australiano John Hillcoat, cuya única referencia es el film “The Proposition”, que ya ha dicho que va a huir del mundo apocalíptico y poco creíble de Mad Max para centrarse en la realista crudeza y verosimilitud de la obra literaria.Esperemos que llegue a la altura.






