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Jueves, Julio 23rd, 2009 | Author: admin


 

¡Hoy tenemos melones de Torre Pacheco, lo mismo de cada año!, ¡y traen la calidad buena!. No les engañamos ni con el melón ni con la sandia, ¡son dulces como el caramelo!… 

 agitador cultural local, vendedor de melones, Todo los días a las nueve de la mañana

Estoy supuestamente de vacaciones, y digo supuestamente porque estar de vacaciones es todo un trabajo. En la sociedad de consumo, ya se sabe, se explota hasta cuando no estas trabajando, ya que el ocio es alineamiento también, y qué decir de las vacaciones en la playa, una actividad supuestamente libre pero encadenada al aburrimiento y escarnio abrasado. El dinero que has ahorrado a base de sudor y lágrimas te lo pules también en una supuesta orgía de placer y bienestar como son las vacaciones, devolviendo el dinero que te han pagado en la fábrica a los explotadores de medios de producción de ocio, que curiosamente, ¡oh casualidad!, suelen ser los mismos. Sin embargo las vacaciones son el Dorado del currito, un riachuelo vacío y repleto de buscadores de oro, de mirada anhelada, con sus copiosas y gritonas familias, sus toallas de motivos dalinianos, esterillas quejumbrosas y tumbonas de colores chillones. Menudos bodegones se ven por aquí. Dios, es que San Joan d´Alacant es muy muy mediocre. No hay para más.

Y sí, finalizó el Festival Internacional de Benicassim, y de los pocos a los que he asistido, ha sido de largo el peor parado, y no lo digo solamente por las cancelaciones de sus conciertos el viernes, sino precisamente por la baja calidad de los que llegaron a actuar. Me decepcionaron casi todos exceptuando Peaches y Franz Ferdinand. Además, el festival es ya un festival inglés, y lo que en principio es una experiencia estimulante y con posibilidades de intercambio cultural real al final se convierte en un martirio, porque sufrir a los ingleses es toda una mastodóntica prueba.

Las condiciones metereológicas no fueron nada comparado con las que pasamos viendo a los Killers, una banda extraña y moña que ni comprendo ni la entiendo. El caso es que -no pregunten- al final estuve en una supuesta “privilegiada” tercera fila de visión. Un agitador de pub inglés o algo parecido vino nadando entre la multitud a mamporros con su novia la princesa cutre del electro-clash. Les daba igual todo. Vivir o morir. El chaval empujaba a saco con ese rostro “Joker” que tenían muchos ingleses pasados de drogas y alcohol. Ustedes rianse pero ver de cerca a uno de estos comensales a menos de un metro es terrorífico. Así llegaron hasta una posición paralela a la mía. No sé si llegaban a los 20. El tío se lió a hostias con el de al lado, y en lo que doy la vuelta y me incorporo estaban abrazándose y cantando la canción. La gorda de atrás me restriega las tetas mientras baila, y de todas las chicas inglesas guapas que hay en el FIB a mí me ha tocado la camionera. En lo que me giro la oronda inglesa, totalmente ofuscada y roja como un tomate le propina al anterior sujeto unas formidables hostias “thacherianas”… El golfo se parte de risa.

Una ardilla pequeña hija de la gran bretaña, pelirroja y golfa como ella sola, le quemó con su cigarrillo el brazo dos veces a la pija sevillana que había venido con sus amigas a ver a los Killers… Mientras la sevillana, morena y de ojos negros azabache soltaba “¡jó!, es ya la segunda vez”. Mientras “la ardillita” se daba la vuelta partiéndose el culo con sus amigas certificando otro intercambio cultural fallido.

No veas las risas de los ingleses cuando salió Alaska al escenario. Y eso que esta vez no se cayó. El caso es que ellos van a saco, para ellos el FIB es Jurassic Park, aquí se viene para hacer el hooligan prehistórico, olvidándose de toda compostura y de toda una tradición de dandysmo y sentimentalismo inglés. Los chicos van descalzos a todas partes, las cogorzas monumentales en masa asustan, organizan carreras suicidas entre la multitud -de un punto a otro empiezan a correr y si se pegan un peñazo con alguien, pues mala suerte-, se disfrazan de lo que sea, de hippie, de Nerón, etc.. Así que es necesario ya un capítulo de Little Britain en Benicassim. Sólo con sacar la camara y grabar un poquito ya lo tienen.

No todo es malo, afortunadamente no llevan camisetas de grupos, porque eso es una cosa muy española, el vestir mal, y tampoco llevan gafa-pastas, y sabido es que los ingleses creen que los españoles indies tienen algún problema con la vista.

Los indies españoles han huído de Benicassim. Los españoles que quedan son “casuals”, o entran gratis. Los ingleses lo han conquistado, y su aliento canta a cerveza, pero al menos son más punks que los españoles indies sensibles y atormentados. Mejor malo desconocido que conocido. Además prefiero Oasis a los Planetas.

Y aquí estoy en San Joan D´Alacant, dónde la mediania social cubre la playa. Tengo una gotera en el apartamento. En el piso de arriba un inquilino que no paga desde hace dos años viene a escondidas para dormir por la noche. Los dueños del piso han cambiado de cerradura, y han quedado allí sus chaquetas, sus botes de tomate abiertos y sus posters de la NBA. El seguro arreglo su tubería corroída pero resulta que la tubería de los vecinos del bloque de al lado también supura agua, así que me pongo en contacto con ellos. Dos jubilados, un ex poilcía y una señora quemada a la que luego me entero llaman la Pantera Rosa me dicen que es imposible, que no, que ellos no tienen las tuberias rotas, que la sangre les riega bien el cerebro. Me tratan a patadas. Ella cree que como su marido es ex-policía y está en la Comunitad Valenciana, pues tiene carta blanca para hacer lo que quiera. Y por supuesto me conoce, sabe cuando vine, a que hora salgo y cuantos somos. La Pantera Rosa y el Inspector Closeau, además de unos cotillas redomados, al final, han recibido la visita de la administradora de la finca y mañana un fontanero creo que le arreglará las cañerías a los viejos. El agua que cae de mi techo sospecho, cae de sus cerebros por las noches. 

Los edificios de vacaciones, podridos y abandonados por dentro, son un símbolo de esta sociedad en vacaciones, un viaje a lo más profundo de las clases proletarias embadurnadas de bronceador y excremento, engañadas y estafadas no solamente cuando trabajan. 

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Sábado, Julio 18th, 2009 | Author: admin

Escribo desde una torre en Castellón en un mar de ladrillo y especulación, en un clásico bodegón ideado por el PP, en esta comunidad valenciana de especulación y corrupción.Ya estoy a salvo.  Son las 12:50 de la mañana y me alegro de estar vivo, algo inusual en este cuerpo desvencijado de suicida cobarde. Elena está tomando uno de sus horribles batidos de soja mientras mira por la ventana, probablemente pensando en los terribles acontecimientos que vivimos ayer en el FIB, tras la cancelación de los conciertos por el viento semi-huracanado, en este caso, no provocado por ninguna banda desde el escenario, como es norma y menester en este festival.

La verdad es que hacía tiempo que no vivía una sensación de apocalipsis tal, quizá desde el famoso concierto de los Horrors en la Moby Dick en Madrid. En general, el caos del que hablan en los periódicos no es más que un espejo de lo que pasa todos los días. Quiero decir que ver a tropecientos hooligans ingleses de borrachera colectiva es ya de por si realmente espectacular, y por sí solo es ya lo bastante caótico como para defender que el apocalípsis viene a plazos todos los días. El fuego que se produjo en las inmediaciones del recinto, no responde sino a una llamada del diablo, una señal malefica maldiciendo al FIB con su aliento de posesión infernal. Fue la señal y el presagio que aullaba a los presentes de que algo malo iba a pasar.

La producción, el estructuralismo humano y racional de hormiguita, controlador del caos que conocemos, se derrumbó ante el empuje del viento huracanado que soplaba con fuerza, despeinando mentes y desencajando la rutina festivalera.

Un grupo de los típicos indies españoles gafapasta, una especie de hermanos Dalton fans de La Bien Querida, andaban azarosamente entre el gentío buscándose un hueco en el que resgurdarse. De repente, como quien no quiere la cosa, una damisela inglesa, con vestido corto de flores, pelirroja prerrafaelita y de carnes dignas de cuadro de Rubens, caía desde el montículo dando vueltas de campana descontrolada y espectacular, impactando contra las piernas de los sorprendidos indies igual que una bola de hierro impacta en la bolera con los erguidos e imperterritos bolos.

Los chicos se miraron como en una película muda, y no sin pasar cierto tiempo, microsegundos eternos, decidieron a subir e incorporar a la bella dama. La chica llevaba una diadema de estas que le compro a mi hija de princesa en el todo a cien a los chinos. La escena parecia más cercana a Valle-Inclán que a Jane Austin, pero tenía rasgos de ambos. La hija de Gran Bretaña, tenía la mirada perdida, ausente, y con dolor empezó andando haciendo eses y ejerciendo un autismo a la máxima potencia. Uno de los chicos vió una oportunidad de triunfar y soplo junto al viento un tímido “¿necesitas algo…?”… lo cuál incremento la velocidad del viento algunos kilomeros por hora más, llevándose a nuestra heroína igual que una bolsa de plástico voladora, rebotando, subiendo, bajando, sin rumbo fijo ni destino, a la deriva en el mar. Escenas como esta se agolpan en mi memoria.

De estas damiselas neo-hippies con olor a muñeca Bratz, no había una ni dos, sino decenas de ellas gritando blancos y mudos gritos de silencio. Iban flotando entre la gente, pidiendo auxilio sin hablar. Mientras, La gente se agolpaba en torno a los pocos reductos de música que proporcionaba el festival. Lo único que se oía era el golpear y silbar del viento enfurecido. La carpa del Guitar Hero proporcionó entonces los mejores conciertos, y los puestos de los comerciantes y tenderos varios hacian su agosto vendiendo cualquier cosa.

La zona VIP se vino abajo, las vallas cayeron, y por una vez las barreras entre las clases proletarias y burguesas desaparecieron. Un inglés me preguntó la posibilidad de iniciar una revolución, una “riot” británica-española. Siempre me pasa lo mismo, llevó el terrorismo escrito en la cara.

Nos tumbamos en un lugar abierto, en un puff blanco y cuadrado de diseño en la zona VIP mientras el Simpa iba a buscar a su novia que llegaba tarde, y tenía además que acreditarse. Hicimos muchos chistes juntos, pues el gracioso menester del bueno del Simpa era el acreditar a su novia para el apocalípsis FIB. Lo más inteligente era salir de allí lo más rapidamente posible. 

Aunque en realidad, no paso nada realmente grave. Sí, un fuego a la entrada, boyante pero nada que hiciera peligrar a la población FIB, y luego un fuerte viento racheado que hacia tambalearse las estructuras y cimientos de nuestra civilización, y pese a que Paul Weller pusiera su grito en el cielo, no lo puso en el de la organización, porque se hizo lo correcto. No creo que haya que cargar las tintas contra la organización.

En relidad, todos los días en el FIB son como el triunfo de la muerte de Brueghel el viejo. Es lo más cercano que se me aparece en estos momentos. Miles de personas huyendo de la muerte y luchando por gozar en un mundo de escarnio y destrucción. Fue una sensación indescriptible, desde luego mucho más intensa que el horrible concierto de Oasis el día anterior.

Lo siento por la organización, y los fans que quería ver a los grupos, pero no sé si me entendéis cuando digo que algo bello y romántico hay en la naturaleza todopoderosa que arrasa la mediocre existencia humana.

Category: apocalipsis, música  | Tags:  | One Comment