Suceso Nº1
Dejando las entradas del concierto para su venta de Ô Paradis en Rara Avis, Elena y un servidor estuvimos hablando de lo humano y lo divino con Jorge, el dueño de la tienda más dark de Madrid. Al poco tiempo, un despistado señor bajito y regordete, se acercó a duras penas, lento y medio cojeando, posiblemente por el increíble calor que hacía esa tarde en Madrid, blandiendo una misteriosa bolsa blanca en la mano. Venía del pueblo, y nos comentó que si estabamos interesados en ajos, que estaban muy ricos y a buen precio…
Me lo imaginé perdido en Rumania-mon amour una fría noche del diablo en Transilvania, equivocándose de momento y lugar y ofreciendo estacas de buen precio en el Castillo de Drácula. Estaba en la boca del lobo. Eso fue lo que le paso cuando con la bolsa abierta enseñaba su nívea y olorosa mercancía en la cueva musical de la oscuridad madrileña, entre diseños de vinilo negro como el azabache y discos de Nosferatu y Misfits. Teniaís que verle ahí, con los ajos en la mano, en medio de la tienda, con su inocente sonrisa y su ardiente yugular bombeando sangre sin parar.
Lo malo es que, sin saberlo, gracias al ajo, nadie le pudo hincar el diente…
Suceso Nº2
Hemos tenido una avería en casa, la peor que se puede tener, el ADSL. Generalmente, los técnicos de una subcontrata, de otra subcontrata, de otra subcontrata de Telefónica, son como las parejas de payasos, hay uno listo y otro tonto, como los policías, y juntos suelen hacer “gangs memorables”, mal pagados y que acaban sin tu línea telefónica arreglada. A veces creo que Telefónica te da un entretenido espectáculo para que se te haga más amena la avería. El caso es que ellos, muy monos, entraron en mi sagrado santuario, y qué sorpresa se llevó uno de ellos al ver mi flamante colección de figuras de Star Wars.
“Hala!, ¡loado sea George Lucas!”. “Ese le tengo, y este también, sale en Bespin… pero si tienes a George Sacul!… Este vale una pasta…”.
Al final, en el estudio de Milady, se cayó un Kenny de South Park al suelo mientras se movían torpemente en ese Museo de Cera que tiene Elena por Estudio.
- SUBCONTRATADO 1 (Clown): ¡Ayyy, qué se muere Kenny! ¡Has visto ese episodio perdido en el que no se muere, que es muy conocido?
- MILADY… No
- SUBCONTRATADO 1 (Clown): Pero sí es muy conocido. Es el único en el que no muere.
- MILADY (sudando): No, no le he visto…
- SUBCONTRATADO 1 (Clown): Bueno, es muy fácil, sólo tienes que ir a Internet y buscarlo en el Google…
- (…)
- SUBCONTRATADO 1 (Clown): Ah.
SUCESO 3:
Milady y Lord Monreal van cual Marco Antonio y Cleopatra al cine. Se estrena “Arrastrame al Infierno” la última de Sam Raimi, y el patio de butacas esta henchido de Freaks, entre los que por supuesto, no estamos nosotros. Antes de la función, nos deleitan con un trailer de Gijoe, dirigida por el director de “La Momia”, dice una voz en off intentando arreglar aquella cosa que estábamos viendo que algunos llaman película.
- MILADY (en tono hastiado): Si yo fuera el director de la momia no iría presumiendo por ahí de ello…
Al rato termina el trailer intentan convencernos con el anuncio de que puedes ganar dos viajes si vas a ver la película. Cuando dicen “a Egipto” mientras unas pirámides centellean en la pantalla, Milady y un servidor dan un respingo en la butaca. Nos miramos,y mientras emitimos a la vez un certero “no podía ser de otra manera”, nos reímos hasta que se nos caen las tripas mal embalsamadas.
Estos sucesos corcobardianos, no son divertidos, son tragicómicos, pasan continuamente, y hace ya mucho mucho tiempo que dejaron de ser cosas que pasaban de vez en cuando. El absurdo en Madrid es continuo. Me acuerdo un día, hablando con Faemino (el de Cansado), que me decÌa que alrededor de Madrid habían encontrado un mineral radioactivo, y que podía haber un anillo concéntrico sobre la capital, arruinando la vida de sus sufridos habitantes, explicando que Madrid es por ello la capital del esperpento.
A mí me parece una teoría bastante buena, por cierto. Aunque afortunadamente, y gracias a ello, en Madrid hay cosas como Esplendor Geométrico. Y como tú y como yo, sufrido lector.
