1994 (segunda parte)

Como sigo realizando arqueología en el estudio de mi casa, con el objetivo de perder peso, he encontrado más rastros de aquel año, que no aparecían en la agenda que utilicé los primeros meses.

En el verano de ese año, que sería, además, mi primer verano en la universidad, vine a realizar lo que podríamos llamar unas prácticas (un poco alternativas, como todo lo que hacía), en el departamento de comunicación de la Sala Revolver.

El plan consistía en ganar algo de experiencia en la relación con los medios ayudando a Patricia Godes en preparar la comunicación del que sería la primera edición del Festimad, el cual se celebraría en noviembre de aquel año. Me encantaba la Sala Revolver, por lo que ir a la oficina que tenían allí, en horas diurnas me parecía un privilegio. Recuerdo la oficina como oscura, vieja y sucia, lo cual me encantaba, me parecía el reverso tenebroso de lo que sería una oficina del mundo de los adultos. Recuerdo también el look rockero de cuero, correas y botas de punta que traía Patricia a trabajar.

No recuerdo lo que hice, supongo que lo que Patricia me mandara, pero sí que no me pareció demasiado. Ella hubiera preferido que me hubieran pagado con dinero (lo hicieron en especie: con un puesto para vender mi fanzine en el festival) así que se desvivía para ayudarme en cosas, como pasarme direcciones de contacto que me sirvieran para mover los fanzines y presentarme a mucha gente (como a Jesús Ordovás, y siempre con palabras exageradas). Todo me fue muy útil y emocionante.

Otra cosa que hice en noviembre de 1994 fue publicar Indigestión de fanzines, un directorio de fanzines españoles que servía como guía para poder conocerlos y pedirlos por correo. Puse las copias recién fotocopiadas en mi flamante puesto en la Revolver. Uno de los primeros en comprar un ejemplar fue Jesús Ordovás, que, ante mi insistencia por regalárselo, dijo que los fanzines se pagaban siempre. El mío costaba 300 pesetas.

De Indigestión escribió el Diario 16 (24/12/1994) que yo había hecho una recopilación “con bastante seriedad”. Primera Línea dijo que “si todavía tienes dudas sobre la vitalidad de la escena alternativa española, conviene que le eches un ojo a este directorio” (enero 1995). Ramón Llubià escribió en Rock de Lux (por aquel entonces la cabecera era así, con las palabras separadas) que “su único inconveniente es la parquedad descriptiva, disculpable si se tiene en cuenta las dimensiones de la obra” (abril 1995).

Octavio Cabezas escribió un reportaje en El País Madrid titulado La libertad se llama papel, donde le dedicaba todo un destacado a Indigestión de Fanzines. Dice así: «Elena Carcoma -seudónimo de Elena Cabrera- es una madrileña de 19 años y muchas ideas. También tiene un montón de energía. Estudia Periodismo, conduce el programa La sombra en el espejo en la emisora independiente Radio Carcoma (98.4 FM) y aún le queda tiempo para querer montar una red alternativa de distribución de fanzines. La obra magna, por el momento, de esta firme creyente en la agitación cultural extramuros del sistema es Indigestión de fanzines. “Se trata de un fanzine de fanzines, de un directorio de todas las publicaciones alternativas que hay en España”, puntualiza. En 50 páginas y por 300 pesetas, esta publicación ofrece “una descripción de cada fanzine hecha por sus propios autores, además de la dirección y el precio”. Toda una labor enciclopédica -hay unas 400 referencias- que empezó a gestarse la primavera pasada. “Amigos míos de fanzines madrileños como Malsonando o Las lágrimas de macondo [ambos dedicados al rock independiente] estaban desmoralizados por las dificultades y porque no vendían”, recuerda Elena, “por lo que se me ocurrió la idea para dar mejor a conocer la buenísima oferta alternativa”. El número dos, previsto para mayo, incorporará las altas y bajas producidas desde que, en noviembre pasado, se puso a la venta el primero, También saldrá en disco, “para capricho de los fanáticos de los ordenadores”. Aunque abomina de lo establecido, Elena no le hace ascos a pactar con las instituciones. “Un amigo de la radio y yo hemos creado la editorial A la Sombra del Este para sacar Indigestión y un directorio de radios libres”, aclara Elena”» (5/3/1995).

Finalmente, ni salió un número dos, ni una “edición en disco” para “los fanáticos de los ordenadores” (LOL) ni hicimos el directorio de Radios Libres ni, que yo recuerde, pacté con ninguna institución. Lo que sí hice fue un informe de cinco páginas para Factory (Rockdelux) titulado Fanzinerama II (octubre/diciembre 1996), con un texto reportajeado y una selección da fanzines del momento comentada con menos parquedad que en Indigestión, un punto que supongo apreciaría Ramón Llubià (crítico al que, por cierto, me solía gustar leer porque era un macarra y también le gustaban los fanzines).

Aquel artículo mío desprende desencanto, ¡ya en 1996! En él, decía que “el esplendor de los fanzines musicales ha terminado”. Mi texto malagorero habla de un momento de gloria, entre el 92 y y el 94, y una cuesta abajo que comienza con la presentación del fanzine Neqe Zeneke en Maravillas, en junio de 1994. El couché del papel, la “maquetación Macintosh”, los “aburridos contenidos” y un editorial que daba mal rollo (“ocurrió que vimos que todo el mundo tenía un fanzine y nosotros queríamos uno”) me hicieron presagiar lo peor: estábamos saltando al mainstream. Que me entrevistaran en El País supongo que también era un indicio potente.

En el reportaje hablo de Psicodelia Pop, el fanzine que Patricia Montes editó entre enero del 92 y marzo del 95: “es el ejemplo de una manera de hacer fanzines que se está agotando en sí misma: los grupos de los que habla, habituales de los semanarios ingleses, son ya pasto de grandes medios españoles”. Recogía además unas declaraciones de Patricia a la revista Spiral, en una entrevista que le hicieron con motivo de la desaparición del fanzine: “no creo que un fanzine tenga que ser radical por definición. Jamás me había planteado dejarlo porque otros medios hablasen de mis grupos favoritos. Lo que pasa es que ahora ser indie ya no es alternativo”.

Ay, Patricia, eso decías en 1995… y aún hay gente que te lo cuenta 23 años después como si fuera una novedad. Hoy, el indie es un género de pop-rock español puramente mainstream, homogéneo y aburrido, que encaja fenomenal en anuncios de cerveza.

Hablo también de que “la profesionalización, por llamarla de alguna manera, de algunos de estos colaboradores [el párrafo anterior nombra a críticos musicales nacidos de fanzines] ha ido pareja a la desaparición de los fanzines” y que al igual que RCA fichaba a Los Planetas, Penelope Trip y Australian Blonde, “entonces no es de extrañar que Mario Riviere del fanzine N.O.T. escriba sobre punk en El País de las Tentaciones”.

Yo, a esas alturas, ya escribía en Mondosonoro y dos años después empezaría a publicar en el desaparecido suplemento La Luna del Siglo XXI, la respuesta de El Mundo a El País de las Tentaciones.