My Bloody Valentine, el tsunami más deseado

Julio 19th, 2008 por elenac

Viernes santo en Benicàssim, una noche que dividió al público entre viejas glorias y nuevos dioses a los que adorar

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, existió un grupo de una belleza singular, atronadora. Sólo sus fans podían entenderlos, al igual que sólo la niña que se acercó a Frankenstein con una flor en la mano pudo ver que era un ser bueno.

My Bloody Valentine en BenicàssimEl tipo de público que corrió hacia la explanada del Escenario Verde de Benicàssim es aquel que para bailar no necesita bombo y platillo, sino que puede hacerlo frente a una central eléctrica, sintiendo las oscilaciones de la electricidad.

A lo largo de tu vida te pasan cosas que algún que otro aplomo de realismo ya te habían hecho descartar. El paso del tiempo te obliga a hacerte a la idea que algunos músicos también se mueren y otros también envejecen, a pesar de que en las portadas de los discos que tienes en casa permanezcan guapos durante toda la vida. Anoche, en el mismo momento en el que unos miles de agraciados en Benicàssim estaban viendo a un grupo que se había disuelto hace 17 años, otros miles asistían en Madrid a otro acontecimiento histórico simultáneo, el de ver a un grupo que desapareció hace 29 años, Sex Pistols. Se veían saltar los sms por el cielo, de una ciudad a otra, como bombas antimisiles.

Sin ánimo de comparar con New York Dolls, el grupo del cupidito sangriento sí se había tomado aquella noche el elixir de la eterna juventud. Disculpen, quizá sí que traigo ese ánimo: ver a las muñequitas tuvo su gracia por decir que un día las vistes, pero yo no encontré ningún atisbo de furia ni conexión. David Johansen y Sylvain Sylvain tenían su química, pero sólo entre ellos.

En cambio, My Bloody Valentine parecían haberse congelado en el tiempo. Y es que aquel peinado de Bilinda Butcher no ha variado nada desde 1988.

Las críticas más formales dicen que a Kevin Shields le falló la pedalera -y, de nuevo, diré que no es una metáfora- y el rasgueo de su guitarra podía oírse, cuando en realidad deberíamos de estar escuchando una gran ola de sonido. Yo veía la ola, qué quieren que les diga. Yo estaba metida dentro de la ola y era arrastrada por su resaca. A mí me dolían los oídos, y es que es a eso a lo que había ido. Caso contrario, hubiera puesto una reclamación. Feliz hubiera ido hasta el puesto de socorro si me hubieran sangrado un poco.

Los críticos formalistas son aquellos que fueron a ver al grupo, también, a su reciente concierto en Londres. Dicen que, al lado de aquel, este ha sido poca cosa.

Afortunados son los ignorantes que no pueden comparar, pues ellos ganarán el cielo, un lugar donde siempre hace ruido.

Al término de la última canción, un You made me realise con un angustioso intermedio dominado por una espiral de distorsión donde el cuerpo se separaba del alma, cualquier otro sonido caía en saco roto. Un apasionado fan que bailó con los hombros desencajados dijo: “Después de esto yo ya sólo quiero irme a casa a follar”.

A eso, y a coger el coche para regresar a Madrid y ver al grupo de nuevo en Saturday Night Fiber.

CC. Elena Cabrera. Publicado en ADN.es

FIBStart, un jueves que arde como si fuera sábado

Julio 18th, 2008 por elenac

El arranque del Festival Internacional de Benicàssim, internacional ya no sólo por su cartel sino por su público, hipnotizó a unos ‘fibers’ que sólo pudieron sacudirse el hechizo a fuerza de golpe de cadera

El jueves de Benicàssim ya no es nunca más un jueves. La jornada llamada FibStart ha dejado de ser un warm up, como en las carreras de motos y coches y uno arranca directamente, desde la pole o desde donde le dejen, y se lanza como loco a lo que haya.

En la Pista Pop, antaño refugio de ese indie renegado del techno que jamás pagaría una entrada por ver pinchar bien a alguien era ayer ya, desde que la oscuridad cayó, Fiebre del sábado noche en un remake de Robert Rodríguez. Un inglés descamisado bailaba una remezcla de un tema de Flashdance agitando las fauces y la melena de su cabeza de lobo, y no es una metáfora. La locura de la fiesta desatada convertía la pradera -ayer aún verde del césped recién plantado, pero a última hora ya blanco de los plásticos arrugados, arrojados malamente al suelo- en un vídeoclip de Metronomy, una locura electrónica que tocará esta noche en el escenario FIBClub.

Hablaba de los británicos. Una nueva frase tópica festivaleras añadida al glosario benicense es la “aquí todos son ingleses”. Pero todos no son, sólo el 50%. Porcentaje suficiente para que el acento cockney se imponga al castellón-zaragozano, catalán, andaluz o meseteño. Para los que no conozcan estos lances, aquí van otras frases típicas del fiberjueves: “¿Con qué canción inauguró Aldo Linares?” (Peggy Sue, de Buddy Holly, por cierto, aunque usó a Depeche Mode para probar línea antes de que se abrieran las puertas del festival), “¿Tú dónde duermes?”, “Do you speak Spanish?” (le preguntó alguien al crítico musical Guillermo Z. del Águila, a lo que éste contestó, “pues sí, un poco”), “¿cuántos tickets cuesta el cous-cous?”, “¿y tu novia del año pasado?”, “¿a qué hora toca Morrissey?, ¿vendrá, verdad?”.

Vendrá, pero el domingo. Aunque hay quien dice que el sábado, durante el concierto de Tricky, se pondrá los auriculares para escuchar la retransmisión, en Radio 3, del concierto de Morrissey en el Saturday Night Fiber de Madrid.

Las promesas del jueves se quedaron, pues, en un impresionante concierto de Sigur Rós, que no hubiera desmerecido en absoluto como broche final un domingo por la noche, por su alta vocación evocadora. A pesar del calor de la jornada, los islandeses trajeron el frío y algunas suspiramos por una rebequita. A falta de tal, lo mejor fue seguir bailando. Las mejores coreografías se vieron, sin duda, con el rock’n'roll de Frankie & Annette, con las petardadas de Two Pias Dj’s (Pepe, secuaz de Gerardo, fue sustituido por David) y el DJ Supermarkt, medio jefezón del sello Bungalow que nos mandó a nuestros respectivos bungalows más tarde de lo que hubiera sido necesario para seguir el intenso maratón.

Siouxsie: “El estilo no es algo que se compra cuando tienes muchísimo dinero”

Julio 17th, 2008 por elenac

La única mujer que se apoderó del post-punk en tiempos de hombres siniestros ha reinado como suprema sacerdotisa durante tres décadas. Divorciada de marido y grupo, visita España para dar una lección de teatro, glamour y embrujo

Siouxsie en plan Manta RaySiouxsie Sioux, musa y tótem, ha sabido ser la gran dama del post-punk sin dejar de parecer la más perra. Con maestría ha trazado la delgada línea de fantasía que une los Sex Pistols con el cabaret. Su voz gruesa, la pluma de pavo real que dibuja el maquillaje de sus párpados y ese carácter fuerte que la emparenta más estrechamente con Maria Callas que con otras señoras de su generación, como Debbie Harry o Diamanda Galas hacen de ella una reina gótica, un icono inmortal.

Como tal, tiene el honor de ser el último cabeza de cartel que clausure este domingo el FIB Heineken 2008. Un día antes realizará sus bailes rituales en la noche de Madrid, durante el Saturday Night Fiber.

El grupo Siouxsie & the Banshees, formado por ella, su marido Budgie y Steven Severin, permanecieron juntos veinte años hasta que decidieron dejarlo en 1996, tiempos en los que “la industria musical confundía a los oportunistas con los protagonistas”, según decía el comunicado que selló la separación.

Budgie y Siouxsie continuaron haciendo música hasta su reciente separación, en este caso sentimental. La Siouxsie soltera, sola, propia, que emerge como un cisne es la que conocemos ahora, con su primer disco en solitario, Mantaray (2007); “sentí como si estuviera empezando de nuevo”, dice al otro lado del teléfono desde Francia, donde reside.

¿Hubo algún libro o disco o recuerdo que te acompañara durante la grabación?

Siempre llevo algo de ciencia-ficción. Me gusta mucho la de J. G. Ballard y algunos de esos textos están estrechamente relacionados con un viaje en el que voy conduciendo por Francia hacia Cataluña, especialmente en las proximidades a Portlligat, cerca de la casa de Dalí, que es un lugar que se siente muy de ciencia-ficción porque está aislado. Hay una casa de pescadores, pintada de blanco, uno de los primeros sitios que visité, y ahí es donde sientes la esencia, te ves rodeado por lo que Dalí pintó, es algo aislacionista pero también cienciaficcional.

Ahora que mencionas a Ballard, sabiéndose que está muy enfermo, me pregunto cómo una persona pública, un artista, afronta el envejecimiento. ¿Cómo lo haces tú?

Cuando tienes 16, 17 o 18 la idea de tener 30 o 40 es increíble, no lo puedes imaginar. Lo mejor de hacerse mayor y tener más experiencia es que tienes mucho de lo que tirar, y son experiencias reales. Puedes poner muchas más cosas en perspectiva que cuando tienes 18 o 19 y tú estás ahí, abriéndote camino para ser independiente por ti solo, por primera vez. Cuando miro hacia atrás recuerdo tener 18 años y no estar unida a otros de 18 porque me sentía diferente a ellos. Parecía que tuvieran la vida ya montada, me parecían tan viejos. Sólo con la gente a la que conecté a través de la música que amaba conseguí no sentirme sola. Es extraño cuando la gente piensa que una edad, el sexo o la orientación sexual te hace ser exactamente igual a otra persona. Es una panorámica demasiado vaga, demasiado grande. Es como decir que a todos los gays les gustan las mismas cosas, es estúpido.

Lo que pensaste a los 18, ¿lo sigues pensando sobre la gente de tu edad ahora?

Bueno… no de esa manera. He conocido a más gente con la que me puedo sentir más cercana pero lo cierto es que veo a personas de 40 y 30 años y me parecen increíblemente acabados. Es una pena porque esa gente se está perdiendo algo, creen que están perdiendo juventud en lugar de verlo cono una ganancia de conocimiento y experiencias.

¿Y cuál es tu secreto para no perder el glamour?

El glamour es algo que me atrajo desde que tenía 9 o 10 años e iba al cine con mi madre, que adoraba las películas, así que yo también. Y por supuesto tuve la suerte de crecer, ya en mi adolescencia, disfrutando de Bowie, Roxy Music y Marc Bolan. Veo el glamour como una extensión especial de cómo te sientes. Lo que sí es seguro es que no creo que el estilo sea algo que se pueda comprar cuando tienes muchísimo dinero y llevas ropa de diseñadores. Cuando era joven no podía permitirme ni comprar ropa de Malcolm McLaren y Vivianne Westwood pero siempre tenía recursos y mis propias ideas de lo que quería proyectar.

Pero me doy cuenta de que hay mucha gente en el negocio de la música, no imaginarías cuanta, que no comparte esa manera de ver las cosas, que piensan que tienen que tener estilistas y gente que les vista. Cuando para mí precisamente eso es lo divertido.

Yo siempre lo he disfrutado pero nunca he juzgado a nadie sólo por como viste. Para mí importa lo mismo que el contenido, lo que importa es el todo.

La reina del drama

La pareja de productores Steve Evans y Charlie Jones han colaborado en la composición  y, por supuesto, en el sonido del disco. Siouxsie, que hoy tiene 51 años años, quería hacer las cosas de una manera más directa, meter muchas guitarras, trabajar la electrónica de una manera orgánica y hacer un disco con mucha imaginación. Y en directo… “¡Siempre tiene que haber algo de teatro! Me gusta que las cosas sean dramáticas. No estoy interesada en ese tipo de artista que no proyecta algo, que no entiende el teatro. Yo siempre he usado como inspiración películas, bandas sonoras, libros, obras de teatro… en lugar de otras músicas. Hay algunos artistas que, aunque me guste su música, sé que van a salir al escenario y va a ser como verlos en un ensayo. ¿Por qué voy a querer ver yo eso?”.

En un sentido escenográfico, ¿cuáles son tus artistas favoritos o qué puesta en escena de alguna gira te ha gustado mucho?

Siempre disfruto lo que hace Iggy Pop sobre el escenario. Peaches es una gran intérprete, muy excitante. Prince solía serlo pero hace que no le veo muchísimo tiempo. Desearía haber visto a… Frank Sinatra en concierto (risas) pero vi un gran espectáculo teatral en 2006 en el London Palladium donde se usó tecnología de pantallas, proyecciones de vídeo con material de conciertos, que fue una forma muy creativa de montarle un concierto a alguien que ya está muerto (risas).

Por lo que me dices tú prefieres ver en concierto a un personaje muy dramático que una gran escenografía.

Sí, me gusta tener ahí un personaje fuerte, poderoso.

¿Quién es, para ti, la más grande de las reinas góticas?

(Muchas risas) Oh Dios, no sé, Shirley Bassey (más risas). Yo diría que Carmen Miranda, que hacía grandes conciertos. Ah, y vi una actuación alucinante en Los Ángeles hace unos diez años de Eartha Kitt, y ¡qué concierto! ¡Y eso que ella está ya en sus 70!

CC. Elena Cabrera. Publicado en ADN.es