El sexo negativo

28 Marzo 2010 por elenac

Agradezco vuestros comentarios y consejos sobre la moto. Han pasado dos semanas y he cogido confianza. A pesar de ello, voy tan alerta y tensa que he contracturado aún más mis músculos.

Definitivamente he declarado la guerra a los taxistas. De entre todos los conductores -no digo nada nuevo- los trabajadores del taxi son los peores. Hartos de pasar horas al volante tratan al resto de ocupantes de la vía como piedras en el camino que o bien son invisibles o bien son un estorbo que hay que esquivar con rapidez mientras buscan desesperados un cliente que cargar.

Por eso, no usan los intermitentes (se aburren de tanto dar a la palanquita), paran donde quieren, giran sin previo aviso, abren la puerta como un dominguero que se para en la cuneta de la carretera nacional para respirar aire puro y tratan el carril bus-taxi como si no fuera bus-taxi-moto. Esto último ha sido una revelación, un dato totalmente desconocido hasta hace unos días: ¡las motos pueden usar el carril bus! Desde que lo sé no lo suelto. Me siento como en un pasillo vip. Aunque tiene sus peligros, siendo el más destacable los giros a la derecha. Me explico: si un coche está situado en el carril anexo al reservado para bus, taxi y moto y quiere girar a la derecha para tomar una bocacalle puede que respete al autobús, porque es enorme, pero la motocicleta ni la ve. No sé aún qué esperan de mí, si que corra mucho para que no me pillen o vaya lenta para cederles el paso. En verdad pienso que lo que quieren es aplastarme.

Otro lujo, junto al del carril vip, que he descubierto es el placer de aparcar donde me de la gana, subirme por las aceras y dejar la moto en la puta puerta de allá donde vaya. Igual resulta que está prohibido pero, ¿cómo saber dónde se puede estacionar una moto? Un día la dejé en una plaza verde mientras entraba en una panadería a comprar un suizo. Un conductor me miró con cara de odio, como si le estuviera robado. Estos días estoy yendo a la Muestra de cine fantástico de Syfy y, ya digo, en la puta puerta. Diez minutos tardé en llegar al cine desde mi casa. Si, ya lo dice mi novio, desde que estoy motorizada estoy insoportable.

Campaña DGT

La Muestra de Syfy es uno de los mejores momentos del año. Es una de esas cosas que hacen a Madrid, Madrid. Ves el cine Luchana lleno y te preguntas de dónde sale tanta gente a la que le gusta lo mismo. Siempre piensas que hay cuatro y luego en cambio se puede llenar un cine con ellos. La nueva película Vicenzo Natali, el de Cube, es una mierda. Se llama Splice y es de vergüenza ajena, menudas risas en el cine. Ya pintaba mal que el protagonista fuera Adrian Brody. Es muy gracioso que su mujer en la película se llama Elsa (como Pataky), el papel lo hace Sarah Polley. La de Johnnie To, Vengeance, está muy bien, esa sí la recomiendo. Un western hongkonés con mafiosos, asesinos a sueldos y honor. Con Johnny Hallyday de protagonista. Y el anime Summer Wars también estupendo, me ha gustado mucho.
Leticia Rodera -grande, me encanta, presenta todos los años las películas- dijo de Amer que era para amarla o para odiarla. Yo en realidad me aburrí mucho hasta las escenas de corte con navaja. Es una película experimental francesa que, si me preguntas, no te la aconsejo. Y de The Crazies, un remake de Romero producido por el propio maestro, también estuvo muy bien. Y eso es todo lo que visto porque ayer tocaba IAMX y no pude ir a ver ninguna película.

Ya que estamos en plan crítica cultural diré que el concierto de IAMX habría sido maravilloso si no fuera porque la mierda de sonido me impedía darme cuenta de ello. QUÉ HORROR. Normalmente el sonido en Caracol es bueno pero ayer la cagaron y bien cagada. Los graves lo tapaban todo, incluidas las voces, sonaba saturado y empastado, la vibración que producía era incluso molesta. Qué lástima porque IAMX es uno de los mejores artistas del mundo. Eso sí, estaba lleno, ¿de dónde le salieron tantos fans? Casi me quedo sin poder entrar.

Entrevista con un muerto. La doble identidad de Jorge Carrión

18 Marzo 2010 por elenac

Me gustaría escribir un poco sobre cómo y porqué hicimos así esta entrevista. El día anterior Jorge Carrión presentaba el libro junto a Isaac Rosa y Jordi Costa en una librería de Madrid. Allí el escritor contó que estaba algo fastidiado por el nivel de spoilers que se estaban vertiendo sbre la novela. En algunas críticas se desvelaba ya en la primera línea lo que en realidad el libro es. Ese día me faltaban algunas páginas para terminar la lectura e incluso a esas alturas recibí en la presentación algunas sorpresas que aún no había averiguado por mí misma.

Debido a eso, decidí que en la entrevista del día siguiente no quería analizar ni contar nada que desvelara mucho sobre Los muertos, sino continuar con la ficción. Pefería hablar sobre Jorge Carrión que sobre la novela pero no quería dejarla de lado, por lo cual le pedí a Carrión que actuara de adivino (un oficio que aparece en la novela) y yo sería una mujer sin identidad a la que el adivino le revela que se llama Jorge Carrión.

La realización es de David Tesouro, también conocido en la redacción como David El Joven.

Los coches son asesinos y los peatones, suicidas

10 Marzo 2010 por elenac

Hoy ha sido mi primer día circulando en moto por Madrid. Mi bella Kymko Like 125 negra con destellos azules y yo, con mi enorme casco, mi chaqueta air-bag y mis guantes de orangután.

He aprendido algunas cosas sobre el tráfico de Madrid, siendo la primera y más importante la que titula este post: los coches son asesinos y los peatones son suicidas. A pesar de ser yo, en otros momentos del día, automovilista y peatón, nunca me he visto tan culpable de actos tan arriesgados como les he visto cometer a ellos hoy.

Los coches no consideran que las motos tengan tantos privilegios como el resto de coches, por ello, si un automóvil está asomando el morro desde una calle con ceda el paso, dejará pasar a los coches que vienen pero no a la moto. Por tres veces hoy he tenido que frenar para que no me comieran las fauces de esos enormes bichos de hojalata con cuatro ruedas, radio y calefacción. ¡Cuánto he echado hoy esas tres cosas de menos! Mientras se me congelaban las yemas de los dedos pensaba en nuestro viejo Xantia.

Y luego están los peatones, que opinan de las motos lo mismo que los coches: que se joda el motorista. Y, bajo esa regla, salen inesperadamente entre dos coches por medio de la calzada, se bajan de sus taxis sin mirar y cruzan por lugares por donde yo no veo un paso de cebra.

Todos miran mal a los motoristas salvo los que van en otras motos. A no ser que la otra moto sea más grande o corra más que la tuya, que en mi caso es lo más usual.

El problema más grande con el que me encuentro es el aparcamiento de la moto: no tengo fuerza para subirla al caballete. A pesar de que hoy he aprendido un truco, al llegar a casa he comprobado que el truco sólo funciona en llano. En cuesta, que es donde yo vivo, provoca mis sudores, desesperación y casi, casi, llanto por impotencia. Hoy ha sucedido lo mismo que me ocurría cuando era una conductora inexperta y tras retener el tráfico de una calle estrecha durante diez minutos alguien se ofrecía a aparcar el Ibiza por mí. Ahora, cuando lo recuerdo, pienso que debía estar loca al dejar que un desconocido se pusiera al volante de mi coche para aparcarlo. En aquel entonces la desesperación me hacía confiar en los que me prestaban su ayuda. Esta noche, delante de casa, un vecino desconocido ha pasado delante de mis ridículos esfuerzos por levantar la moto sobre su caballete. El chico llevaba una bolsa de basura. Al rato, ha vuelto sobre sus pasos y, con su mejor sonrisa, ha preguntado ¿quieres que te ayude?

Con mi mejor sonrisa me he levanto la visera del casco y le he contestado: estaría genial.

Otra cosa aprendida hoy: no puedo ir en falda y en moto a la vez. Creo que he cogido todas las posibles infecciones del mundo por culpa del frío. Apenas tengo pantalones y odio los vaqueros, de manera que vislumbro un futuro cercano y continuo de cambios de ropa en el lavabo de la redacción.

Y el firme. ¿Por qué lo llaman firme si parece un camino de cabras? Cuando circulas con el coche por Madrid crees que el suelo es recto y no te importan los agujeros. Con la moto, en cambio, los veo todos muy de cerca y boto de miedo incluso antes de llegar a ellos. Madrid está lleno de hoyos, baches, tremendos agujeros en el asfalto. ¡Es una vergüenza! Hay grava aquí y allá, tierra y pequeños escombros que convierten la conducción es un rally. Es evidente: no es ciudad para motos.

Y luego está la M30, ese anillo de fuego donde hay que correr, ser el más fuerte, el más listo, el más salvaje. Hoy la he cogido por error (la costumbre) y he tenido que evacuarme por la primera salida, con la consecuencia de callejear durante quince minutos más de lo previsto.

Ayer y hoy Madrid anticipa la primavera (mientras en Barcelona nieva como si se adentraran en una nueva glaciación), con un sol maravilloso pero un frío de perros. Tengo las manos cortadas por el frío y los pies entumecidos. Pero eso es justo lo que siempre he deseado.