Elena Cabrera baila el último baile

28 Junio 2012

Nos vamos de feria

Archivado en: Autoreverse — Etiquetas: — elenac @ 9:53 am

El domingo 1 de julio Autoreverse venderá también sus discos en la I Feria del Disco Independiente de Madrid.

Es en The Wall (Corredera Baja de San Pablo, 47) a partir de las 11 de la mañana.

Como dice una canción del próximo disco de Comando Suzie, y yo te prometí feria

8 Junio 2012

Preguntas y respuestas sobre la CT

En mi opinión CT o la Cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española, es el libro más importante en el ámbito de la reflexión sobre nuestra cultura, como poco, de este año.

Para hablar sobre él y, en concreto, de cómo funciona la CT en la música, he escrito este artículo que se ha publicado en Lainformacion.com, siendo mi última colaboración para este medio: Cae un torpedo en la línea de flotación de la cultura española. El torpedo es varias cosas: lo que no es CT haciéndose un hueco en la CT, el libro en si mismo y mi propio artículo insertado en Lainformacion.com

Siguiendo con mis intenciones de clarificar el trabjo que realizo, me gustaría contar que el artículo está realizado con la lectura incompleta del libro (no me ha dado tiempo a leer todos los capítulos), con la escucha de la grabación de la presentación en Traficantes de Sueños, con conversaciones previas con algunos de los escritores del libro y con tres entrevistas realizadas por escrito.

Como mi negociado en Lainformacion.com ha sido la música, enfoqué por ahí el tema y por ello decidí entrevistar a las dos personas que abordan el tema en el libro: Víctor Lenore (Música y CT) y David G. Arístegui (Sgae). Para conseguir una visión general, entrevisté también a Guillem Martínez, que es el coordinador de este manual.

Aunque hago tres preguntas a cada uno de ellos, solo he usado dos de ellas en el texto, por motivos de espacio. A pesar de ello, ya que me quedó bastante largo. (Ese sigue siendo uno de mis problemas al escribir en medios online). Estas son las preguntas y respuestas sin editar:

Guillem Martínez:

- ¿Hubieras preferido construir este libro antes del 15 de mayo de 2011? Porque tu denuncia de que la CT existe viene muy de atrás. Este libro antes del 15M habría sido más negro y en cambio ahora tiene ejemplos de que la CT se puede doblegar.

Este libro es una construcción colectiva. Consiste en diversas personas llevando lejos, y en su disciplina y en sus coordenadas ideológicas, el concepto CT. Es un intento, me parece que exitoso, de luchar por un lector que, al menos formalmente, no existía antes del 15M. Como casi todo. Antes del 15M, la soledad era extrema. Había datos –MerÇè Molist, Amador Fernández-Savater-, que indicaban que se estaba fraguando algo bestia, una nueva cultura, un cambio de paradigma, un enfrentamiento cultural. Yo no los ví. Como profeta, soy una XXXXX pinchada en un palo.

- Antes te he dicho que tu denuncia de la CT viene de muy atrás. Pero, ¿desde cuándo exactamente? ¿Cuándo empiezas tú a usar el término y a señalar, por decirlo así, dónde la CT opera con malicia y dónde nos escurrimos de ella?

Por mi parte, me empecé a interesar por el tema hacia 2000, con un librito que se llamaba Franquismo Pop, en 2004 con un librito que se llamaba Pásalo, a través de un blog en el que, desde 2005 a 2007 intenté describir la CT a tiempo real, y con el prólogo a La Canción del Verano, en el que explicaba lo que sabía de la CT. En todo ese trayecto, me cayeron los chuzos de punta, lo que indica que sí, en efecto, todo era muy negro y hacía mucho frío antes del 15M. EL concepto CT, esa construcción colectiva, es, si se me permite, la meditación sobre la cultura española más profunda en décadas. Esta mañana a primera hora
es un discurso incontestable. Es lo que siempre ha sido. Algo sexy, apasionante, atractivo, abierto. Una castaña. Hace apenas un año, las personas que utilizaban el concepto eran lo que la CT calificaba como marginales, cerrados, resentidos, picha-tristes, aburridos. El hecho de que ahora la CT sea lo viejuno, lo reaccionario, lo soso, indica cierta, aunque precaria,
normalización cultural.

- ¿Cómo está siendo tratado este libro por la propia CT a la que critica? Entiendo que según el análisis “cerca es bueno; lejos no es cultura” este libro debería ser ninguneado, a pesar de ser editado por Mondadori (aunque en su colección de bolsillo, lo cual no desestabiliza el universo) y de contar con algunos autores que reciben cierta consideración en los medios.

Hasta este libro, el concepto era tratado por la CT como frikada, como radicalismo fanático y fuera de lugar. Algo falso y fácilmente desmontable: lo que nosotros proponemos supone mayor abertura, mayor libertad, mayor amplitud. Bueno, en tanto que cosa extraña y antagónica a ella, nuestro concepto recibía el trato Premium que la CT dedica a lo que la desestabiliza. El silencio. Por ahora, el libro no ha recibido silencio. Los medios y autores más implicados con la CT, hablan de nosotros. Y nos perdonan la vida. Es decir, tenemos-cosas-buenas-aunque-no-todas, etc. La CT carece de discurso para valorarnos. Salvo, lo dicho, el silencio, opción por la que ahora no puede optar aunque lo desee. Creo que ha quedado claro que el concepto CT es un torpedo a la línea de flotación de la cultura española, que algo muy gordo se está hundiendo, y que nuestro concepto es básico para hablar de cosas que, sin él, resulta difícil no sólo explicar, sino tan solo percibir. Hemos creado una buena herramienta.

Víctor Lenore:

-En tu artículo mencionas que los medios de comunicación “desde hace décadas ejercen un implacable control de contenidos, sin que nadie examine sus criterios”. En el caso de los medios especializados en música, ¿cómo analizas su relación con la CT?

No creo que haya grandes conspiraciones. Simplemente, los puestos de periodista cultural siempre los han ocupado gente de clase media o media alta. Además suelen ser hombres, bastante esnobs, muy poco interesados en los mecanismos sociales. Desde un presunto refinamiento cultural, se ve como algo barato y de mal tono hacer un artículo sobre Camela, el rock radikal vasco, la cumbia, el techno de Detroit , la salsa, el gangsta hip hop o el reggaetón. Justamente los géneros que han salido de las clases desposeídas. Se trata de estilos demasiado horizontales, orientados al hedonismo, la relación social y la pista de baile. Se hacen críticas de los conciertos que cuestan de 40 a 100 euros la entrada, pero nunca se cubrieron las raves ilegales. Otro ejemplo palmario es el flamenco: no se informa del flamenco tradicional porque su origen rural y popular nos queda muy lejos. Sólo empieza a entrar en los medios con el invento del nuevo flamenco. Hemos heredado los tics bastante rancios, desde el culto a lo anglófilo hasta el rechazo a mezclar arte con política (como si fuera posible mantenerlos separados). La relación más directa con la CT es entender la cultura como una fiesta donde no caben los antagonismos. Para mí es una celebración donde sí deberían caber posturas problemáticas, especialmente en tiempos tan hostiles y opresivos como los que vivimos. Dicho esto, no creo que la música popular tenga ninguna importancia política, más allá de acompañar o visibilizar ciertos conflictos (la música es más o menos política dependiendo del empeño del sistema en esconder su homogeneidad y autoritarismo, del tipo que sea). El control de contenidos en los medios es en gran parte inconsciente. La mayoría se limitan a responder a prejuicios culturales e intereses de la industria. Antes era la discográfica, ahora la del directo, la moda o la cerveza. Si nadie ha examinado estos criterios es porque en la cultura española hay muy poca propensión al debate, más allá de tres o cuatro rencillas personales.

- Haces repaso a momentos muy simbólicos de la música de las últimas décadas intoxicados por el dominio de la CT, ¿podrías destacar algunos momentos de lo contrario que hayas vivido o conocido de cerca?

Hoy puedes encontrar veinte entrevistas a la Habitación Roja por cada una a Óscar Mulero y eso es uno de los disparates más grandes de la prensa musical en España. No hay color entre la relevancia artística y el impacto social de uno y otro. La ruta del bakalao se cubrió en la sección de sucesos en vez de en cultura. El reggaetón se rechazó por sucio, vulgar y negro, que son exactamente los mismos argumentos que usaban cantantes melódicos como Frank Sinatra para despreciar el rock and roll. Es un paralelismo bastante revelador. No hemos aprendido nada. Se rechaza la música negra de baile como música baja, cuando en realidad cumple una función tradicional de la música popular: servir de calentamiento para el sexo. Además de ser mucho más sofisticada sonoramente (lo que pasa es que no nos han enseñado a apreciar los matices de la música de bajo). En la prensa se habla mucho de la música como experiencia místico-narcisista y poco de la música como experiencia vital. Fíjate que en las entrevistas es clásica la pregunta de qué discos te llevarías a una isla desierta, pero nadie se interesa por qué cinco canciones pondrías en una fiesta con amigos. El prisma individualista queda muy claro. Les importa muy poco las condiciones sociales de creación, cuando la música es uno de los medios más sociales que existen. Otro problema de los críticos españoles es la solemnidad. Hablamos de un colectivo poco propenso a bailar, que piensa que los estilos musicales más dramáticos son los más intensos. Pues no, una canción sobre todo es alegría. No hace falta haber leído a Bourdieu para darse cuenta de que la mayoría de críticos conciben las música como factor de distinción, más que de conexión con el entorno.

- ¿Cómo es el mecanismo con el que opera la CT para desarticular un discurso crítico en el mundo de la música en España?

Pues un mecanismo muy clásico nuestro: pasar olimpícamente de todo lo que resulta problemático o ajeno a nuestros esquemas mentales preestablecidos. Los medios se limitan a ignorar lo que les resulta raro o incómodo. Ya puede ser a un rapero como Arma X o a un estudio sesudo sobre la financiarización de la editorial Traficantes de Sueños. La radiofórmula ha sido un factor de homogeneización, machacando treinta canciones al año, todas muy similares. En la prensa especializada la música indie/hipster/moderna (como la quieras llamar) ejerce de tapón del resto de estilos, ya sea la música africana, jamaicana o latina (me refiero a la que no se hace en Miami). Estos últimos estilos apenas se cubren. Conocemos treinta grupos neofolk de Kentucky y no podemos citar tres de Marrakech o Bogotá, que son territorios que nos quedan más cerca en muchos sentidos. Por suerte Internet está deshaciendo bloqueos de los medios tradicionales, que llevan bastantes años dormidos en los laureles y solo ahora empiezan a ponerse las pilas. Otro cosa interesante es nuestra incapacidad para relacionarnos con la música de los migrantes. Si te fijas en Madrid, los carteles de música latina se pegan en Legazpi, los de música africana en Lavapiés y los de música anglosajona en Malasaña. Son fronteras invisibles que no hemos logrado borrar. Tampoco es que lo hayamos intentado mucho.

David García Arístegui:

- Visto el caso de la Sgae, ¿cómo encajas la aparición de vuestro proyecto Cultura Libre en un escenario donde el dinero es lo que contribuye a desactivar la cultura resistente (tal y como concluyes en tu artículo)?

Me temo que voy a tener que ser un poco extenso para que se me entienda. El dinero de los derechos de autor ayudó a desactivar la cultura, ya que históricamente se ha recaudado en función de intereses corporativos e institucionales convergentes, es decir, de manera totalmente interesada. Aquí la SGAE consiguió que se implantara el modelo que los anglosajones caracterizan como “winner-take-all” (el ganador se lleva todo, como en las casinos). Y los números cantan: sólo el 4% de los socios de la SGAE cobra más del salario mínimo interprofesional en concepto de derechos de autor. Y Teddy Bautista lo tenía claro, cuando afirmaba que “la SGAE no es un sindicato, sino una entidad administrativa de representación proporcional en la que los votos son como acciones”.

En el capítulo revindico, en contraposición a Teddy Bautista y su nefasto modelo Bankia de gestión colectiva de derechos, a la figura del olvidado sindicalista y autor Ángel María de Lera. Lera estaba más interesado en conseguir derechos sociales para las y los autores que en la propiedad intelectual per se. Cultura Libre quiere recoger esa olvidada herencia y visión social de los derechos de autor, que es la de implementar un modelo que por un lado posibilite unos ingresos dignos y estables a todas las personas que crean, no sólo a las de éxito (un modelo redistributivo que las entidades de gestión ni se plantean), y que por otro permita un acceso universal a la cultura (erradicar el canon a bibliotecas públicas, permitir el intercambio de contenidos en redes P2P…).

- ¿Cómo ves el cambio de la Junta Directiva de la Sgae y sus intenciones de transparencia y cambios en la casa?, ¿has detectado algún comportamiento no CT en la Sgae de Antón Reixa?

Espero equivocarme, de verdad, pero creo firmemente que Reixa no va a cambiar nada sustancial en la SGAE, nada. Pienso que sólo le obsesiona mejorar la imagen de la entidad, pero para mantener exactamente el mismo modelo, con cara un poco más amable. Sus alusiones al copyleft y Creative Commons durante la campaña electoral han resultado ser puro humo, y es otro que quiere mantener esa guerra demencial y perdida de antemano con el intercambio de archivos. Que en un país con la banda ancha más cara y de peor calidad de Europa el señor Reixa se descuelgue, recién elegido, con declaraciones hablando de que la banda ancha no es necesaria y “sólo sirve para descargar megas y megas pesadisimos” dice mucho de la supuesta “ruptura” que iba a hacer con el pasado de la entidad. Ha salido elegido presidente porque las editoriales musicales le han votado en bloque. Las editoriales musicales son tortugas tecnológicas, son las que menos entienden el actual contexto tecnológico y social en lo que a productos culturales se refiere.

- Dijo Alberto Olmos [en la entrevista que le hicimos en el programa de radio] que las Creative Commons son una etiqueta que se cuelgan los artistas como reclamo para parecer modernos. ¿Puede tener algo de razón?, ¿puede ser que la música con licencias libres también esté siendo neutralizada por la CT?

Totalmente de acuerdo. Al igual que el poner el Estatuto de los Trabajadores o el Convenio de turno encima de tu mesa no supone absolutamente nada para RRHH de tu empresa, si no hay una acción colectiva que lo respalde, el poner el logo de Creative Commons no implica nada, si no hay instancias colectivas que lo hagan valer. Si el gordo de Megaupload se pasaba por el arco del triunfo el copyright de las “majors”, pues imagínate de contenidos copyleft, con licencias más o menos laxas. O empezamos a organizarnos para defender la cultura libre y el copyleft, o los Creative Commons van a ser el equivalente 2.0 de las camisetas con la cara del Ché. Bonitos, pero inútiles, y casi contraproducentes.

6 Junio 2012

Ninguna otra cosa

Archivado en: periodismo — elenac @ 3:26 pm

Mentiría si dijera que esta es una profesión como cualquier otra. Sinceramente, me satisface tanto que me cuesta entender cómo hay gente que se dedica a otra cosa.
Antonio Cano, 30 años en El País

Esto va para todos los que intentáis convencerme, cada vez que pierdo un trabajo, de que “hay que comerse el orgullo” y que “hay que poner las cosas importantes primero”. Son dagas perversas porque, cuando os intento rebatir, me hacéis caer en la trampa, como si a mí me pareciera mal comerme los orgullos o que mi hija, mi marido y mi hipoteca no me parezcan cosas importantes.

Pero ¿por qué lo hacéis? ¿Es porque os preocupa que no llegue a fin de mes o que no gane tanto dinero informando como el que ganaba sirviendo? ¿Es un consejo condescendiente porque sobro, porque tan mal lo hago? ¿Es vuestra estrategia para mutearme?

De una vez y para siempre: el periodismo se hace en los medios. Lo de las oficinas de prensa es marketing. Si no puedo ser periodista prefiero ser alguna otra cosa más parecida, como jardinera, pintora, fontanera o cualquier otro oficio también bonito en el que tampoco habrá vacantes.

4 Junio 2012

Una vez más, Depeche Mode y yo

Archivado en: Artículos, Música — Etiquetas: , , , , — elenac @ 1:33 pm

El 7 de junio se inaugura una gran exposición musical en el centro AlhóndigaBilbao titulada Live Music Experience y estará habierta hasta el 2 de septiembre.

Sin haberla visto pero por lo que he leído, es un gran backstage para entender cómo es la música en directo desde dentro y está dividido por décadas desde los años 70. Ha sido diseñada a partir de la memorabilia recolectada por el promotor Gay Mercader, que se acaba de jubilar. La comisaria es Patricia Godes y fue ella quien me invitó a participar con un texto para el catálogo. Patricia me pasó una lista de los conciertos que estaban incluidos en la exposición y yo elegí uno de Depeche Mode de 2009.

Lo escribí con admiración y pasión de fan, ¡obviamente!

Tampoco he visto el catálogo aún pero me espero lo mejor. En la web hay un interesante glosario de términos para entender mejor la exposición pero que creo que pueder ser súper útil para todo aquel que quiera lanzarse a montar conciertos y no conozca bien los términos, la mística de los conciertos o una breve historia del rock en vivo. Un par de ejemplos:

Rigging: En castellano “aparejo”. Es un término náutico adoptado por el teatro que pasó al mundo del espectáculo en general. Se aplica a todo el equipo que cuelga del techo incluyendo peines de luces, trusses y vigas.

Mechero: La costumbre de encender y balancear una llama en honor del ídolo comenzó en Woodstock y Wight y adquirió categoría de ritual roquero en la gira de Dylan y The Band de 1974. Las cámaras del teléfono móvil ha sustituido a mecheros y cerillas en la última década.

Los que me leáis desde Bilbao, id y me contáis. Ojalá alguien se anime a traer la exposició a Madrid.

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