3. Ancha es Castilla

Tenían acentos andaluces diferentes. Yo, que me considero una genia en la localización por el habla, aposté a que la mujer era de Cádiz y la niña, de Sevilla. Me habían dado asiento en contra del sentido de la marcha, lo cual me proporcionaba una visión privilegiada de las caras de mis compañeros de vagón, en lugar de sus cogotes. Para los amantes de las conversaciones ajenas, esta situación facilita las cosas. Cuando la mujer y la niña se dijeron la una a la otra de dónde venían, hacía un buen rato que habíamos dejado Madrid atrás y la ciudad empezaba a ser un recuerdo pesado del que huir, a pesar de que yo viajara hacia el noroeste de espaldas, viendo pasar por la ventanilla el mundo al revés.

Esto es solo el principio. Sigue leyendo haciendo clic en este enlace. Este artículo pertenece a la serie El verano del coronavirus, publicada en eldiario.es
Todas las ilustraciones de la serie han sido realizadas por Isa Ibaibarriaga.
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