Categoría de tontas (en la gloria del db)

Llegamos la Carolink y yo muy contentas al Caf? de la Palma despu?s de 20 minutos buscando un huequito para aparcar la cucaracha y habi?ndolo encontrado en la calle Reyes. Sobre tanto arriba y abajo comenta la mencionada en su blog: «Lo mejor vino despu?s. La comida se prolong? con copas y eran casi las siete cuando pude discernir que, ya que estaba, me quedaba en Madrid, que el pedo que llevaba mejor continuarlo, y que despu?s empalmar?a con la sesi?n de Carmona y Caballero Djs. Decid? que Elena no deb?a hacer tantos trayectos sola (deb?a llevar y recoger a Aldo, que pinchaba en Torrej?n, ay, ser la compa?era de un dj d?scolo) y me encaram? a su todoterreno-four-wheels-traction. El cual hube de conducir, a eso de las cuatro de la ma?ana, porque Elena y Aldo se eternizaban en el bar y hab?amos aparcado en segunda fila, impidiendo el paso a un voluntarioso ciudadano de Torrej?n que, con m?s alcohol corriendo por sus venas que por las m?as, quer?a pegarme por estar all? estacionada.» Entramos, digo, en el reducido espacio del Caf? donde se celebran conciertos, siendo este el ?ltimo acto de la fiesta de primer aniversario de la revista Era (la revista gratuita que menos le gusta a V?ctor Lenore, por si acaso alguien no cae) y lo hago tocada con mi gorra aNti (?viva el embrutecido Ti!) m?s que nada para declararme fans. Y en esto que estamos llegando a la primera fila cuando veo una mano que me arrebata la gorra y yo me vuelvo y ya no s? qui?n ha sido. A los pocos segundos me doy cuenta que no ha sido una broma de un conocido sino que me la han ROBADO DE MI PROPIA CABEZA. As?n que:

T?, CABR?N, DEVU?LVEME MI GORRA INMEDIATAMENTE: Apdo. de Correos 24040. 28080 Madrid. nosinmigorra.jpg foto archivo
A parte del hurto, el trozo de sesi?n, como dec?a ayer, fue tirando a lo grandioso. El problema es que habiendo estado all? Conrado del Toboso, no me veo yo con fuerzas de superar esto, posteado como comentario en la web de los ?nclitos CyC: «El chou fu?… sencillamente maraglioso. La coreograf?a del ninfo Carmona, querub?n de los platos, nen?far del vinilo, apol?neo capilar, baluarte en vida de la belleza consuetudinaria patria y fronto boy de oro, c?mo nos cegaba con sus placas Platoon, escogidas tan acertadamente para deslumbranos. Perdimos muchos hombres en Vietnam, s?… No ten?a una experiencia est?tica de este calibre desde que vi la foto de Caballero y el Ni?o Campana en la piscina del alcohol. Y qu? de las miradas de acero azul que nos dedicaba Caballero a nosotras, sus perras, postrado en su pedestal s?nico, en la gloria del db, evolucionando su balanceo entre bombos y scratches, por aqu?, por all?, por la derecha, por la izquierda, shiuuu, shiuuu. Uh… a?n siento una explosi?n de armon?as perfectas en el yunque cuando pienso en ello. Y duele de verdadero amor. Los que se lo perdieron, no lo saben, pero en una parte de su alma ha comenzado una imparable necrosis cuya cura atesoran mis loados C y C. Al final de sus cadenas.» La ma?ana del s?bado transcurri? recobrando sue?o y mirando discos. Fui con Carmona a Del Sur y Dios, qu? triste. Estanter?as medio vac?as, saldos a precio de novedad y ning?n disco nuevo disponible. Habl? con los Javis y… est? claro que la cosa est? muy chunga. Nos encontramos con Paco de Mastertrack, disco en mano para que Carmona se lo diera a Vidal y, ya al l?mite de la hora de la comida (empanadas all? vamos!) pusimos rumbo a la ciudad complutense donde Arancha nos esperaba con primero silencio y luego grandes risas, Carolina mucha tarea por delante y Jorge un hambre feroz. Pero qu? calida casa. As? cuenta Carolina: «Por la tarde, hicimos comida en casa, a la que acudi? Vidal (qu? cara la suya), Aldo y Elena (foto del mes en carolink-s fingers, la subo despu?s). Elena me ech? una mano en la cocina, merci ? elle. Almuerzo a horas poco burguesas: despu?s de las siete, para ser exactos. Empanadas que nos dejaron con la miel en los labios (no es conveniente cocinar cosas as? con resaca, he de ponerlo en mi libro gastron?mico).» Hicimos empanadas, las comimos, terminamos con un chupito de absenta y yo con dos tazas de caf? para conducir buenamente sin problemas. Volvimos a Madrid y comenz? la gran tarea nocturna, primero para aparcar y despu?s para reunir a un gran grupo disperso: no lo consegu?, o s?lo a medias. As? que aprend? bastante de esto. La noche acab? en el Cock, Martini Vodka en la mano, coincidencias, algunos sabores y otros sin sabores. Pero siempre provocativo, procaz, poco profano, proficuo y algo proceloso. Y ayer, antes de salir de casa, escrib? el post anterior, «Categor?a de listas», un tonto juego de palabras propio del Festival del Humor y un tanto condescendiente (con la amargura, la depresi?n y la tristeza). C?mo necesitaba ayer salir –because I want to see people and I want to see lights– y absurdamente recuperar, con un par de instantes bast?, las fuerzas y esa chispa rara, amorfa, que es «la gana». Como d?bil estaba, cuando llegue al punto de una discusi?n donde deb?a exponer el futuro para el sello, para la m?sica, mi entusiasmo, etc. me v? atac?ndome a mi misma, mi enemiga estaba dentro de mi propio cuerpo, argumentando por mi boca porqu? no quiero seguir con este lastrante papel de intermediario. No es que no tenga ideas. Las tengo. Quiz?s es una pena que, precisamente yo que las tengo, no quiera llevarlas a la pr?ctica, que no tenga gana. pero hay lo que hay, como cuando tom? la decisi?n de dejar el trabajo de la oficina. Porque ya no soportaba ser m?s una oficinista. Yo no quiero creer que estoy aqu? para ser un intermediario. Ni siquiera aunque, parad?jicamente, haya elegido la profesi?n paradigma de la intermediaci?n: el periodismo.

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