El zapping africano de Damon Albarn

Agosto 9th, 2010 por elenac

Dieron las diez de la noche en un escenario instalado junto al mar. Pablo Díaz-Reixa, más conocido como El Guincho, cogió un micro para presentar el espectáculo: “No tenemos ni idea de lo que hemos venido a hacer aquí”. Su arrojo de sinceridad desvelaba que había llegado la hora y Africa Express, el show multiétnico del impredecible Damon Albarn, aún estaba cogido con alfileres…

Sigue leyendo.

Algunas respuestas en Twitter demúsicos participantes:

@thepsm
@elenac the London boys are about to hit up the stage.. Welcome on board the #AfricaExpress x
@elenac last night was a celebration of life through the medium of music. x

@wanlov
@elenac i really really enjoyed myself…the crowd was epic and the musicians were juggernauts…big up africa express

@AfrikanBoy
@elenac it was an amazing experience, the vibe was beautiful

@manifestive
@elenac it was awesome and awe-inspiring! great feeling to collaborate with amazing musicians in fornt of an amazing and responsive crowd.

Duele! Duele! Duele! (2)

Mayo 2nd, 2010 por elenac

Sólo tenían una canción: Wonderful life, y un videoclip en YouTube. La información era escasa pero la palabra corría como la pólvora: Hurts. En cuestión de meses, el grupo mancuniano ha pasado de no tener nada -uno de ellos se quedó incluso en la calle- a ser la gran esperanza blanca del pop británico para el año 2010. Sony sacará su primer disco en España, pero hasta ahora sólo han editado, en enero, un picture disc con una única canción, pero remezclada por Arthur Baker.

Esta es la analítica de su caso, que sirva como consejo para todos los que lo quieran intentar… (sigue leyendo).

Entrevista con un muerto. La doble identidad de Jorge Carrión

Marzo 18th, 2010 por elenac

Me gustaría escribir un poco sobre cómo y porqué hicimos así esta entrevista. El día anterior Jorge Carrión presentaba el libro junto a Isaac Rosa y Jordi Costa en una librería de Madrid. Allí el escritor contó que estaba algo fastidiado por el nivel de spoilers que se estaban vertiendo sbre la novela. En algunas críticas se desvelaba ya en la primera línea lo que en realidad el libro es. Ese día me faltaban algunas páginas para terminar la lectura e incluso a esas alturas recibí en la presentación algunas sorpresas que aún no había averiguado por mí misma.

Debido a eso, decidí que en la entrevista del día siguiente no quería analizar ni contar nada que desvelara mucho sobre Los muertos, sino continuar con la ficción. Pefería hablar sobre Jorge Carrión que sobre la novela pero no quería dejarla de lado, por lo cual le pedí a Carrión que actuara de adivino (un oficio que aparece en la novela) y yo sería una mujer sin identidad a la que el adivino le revela que se llama Jorge Carrión.

La realización es de David Tesouro, también conocido en la redacción como David El Joven.

Lo mío con Sôber

Febrero 23rd, 2010 por elenac

Sôber y Savia son grupos a los que tengo cariño (con Skizoo no tuve roce) porque los entrevisté estando en MTV.es y porque me encantan los chicos que van de malotes pero luego son un pedazo de pan. También porque me agrada que gente que vende tanto en este país no me vengan con actitudes y, por último, porque me impactó la muerte de Alberto Madrid en un accidente en la M-40 unos meses después de haberle entrevistado. Me había caído tan bien.

El viernes pasado fuimos a su estudio de grabación y pudimos  hablar un poco con ellos. Lainformacion.com es el primer medio online (y, en realidad, el primer medio) en dar las primeras imágenes del grupo reunificado, amigos de nuevo:

Adiós secciones, adiós portadillas

Enero 26th, 2010 por elenac

Han pasado 15 días desde que empecé a trabajar en lainformacion.com. Había escrito “en la sección de cultura de lainformacion.com” pero lo he borrado después de pensarlo un poco. Ni en lainformacion.com hay secciones (salvo, quizá, deportes y economía) ni podemos considerar cultura una sección en cualquier caso, pues sólo estoy yo.

Esta redacción tiene algunas ventajas respecto a otras. La principal es que los redactores especializados, como es mi caso, podemos dedicarnos a hacer lo que sabemos hacer, ya que de los teletipos y noticias de última hora se encargan los redactores de lo que suele llamarse mesa central (aunque, en este caso, no está en el centro) o mesa de actualización.

Para leer lo que escribo hay que cazarme al vuelo en la home pues en este periódico tampoco existen las portadillas. El motivo, supongo, es el que dio Nacho Escolar el otro día, y es que nadie mira las portadillas, sólo los periodistas, para leer lo que da la competencia. También voy lanzando desde Twitter links a lo que publico.

Por lo tanto, y para no perderme, voy reuniendo en la clásica página Léeme los links a los artículos que voy publicando. No todos, sólo los que tengan algún interés.

Lo que más me gusta de lo que he escrito estas dos semanas es el artículo sobre el movimiento de fotografía obrera, del que ha habido un seminario en Madrid para caldear los ánimos de cara a una exposición que está preparando el Reina Sofía para el año que viene. Hablé con Jorge Ribalta, su comisario, y aprendí mucho. Fotogalería de regalo.

Otro tema del que he aprendido es sobre los libertinos. Este artículo lo he publicado hoy. Me hubiera gustado contar con declaraciones de más expertos pero no conseguí que me respondieran los emails algunas de las personas con las que intenté contactar.

Mañana encontraréis un artículo sobre el cómic del 11-M que fue guionizado por Toni Guiral y Pepe Gálvez.

Un botín entre los restos de un naufragio

Diciembre 6th, 2009 por elenac

Hoy ha aparecido en Público el primer reportaje que escribo para este periódico, espero que no sea el último. Mientras los grandes estudios de grabación embarrancan por motivos que conviene explicar en otro artículo, aparecen pescadores que aman su oficio, nostálgicos de eras más analógicas, que ven como entre sus redes aparecen tesoros.

Esta es la historia de un ingeniero de sonido que le da al play a unas cintas de bobina que estaban destinadas a la basura. En ellas aparecen canciones de Décima Víctima y Derribos Arias entre otros grupos. Pero no son grabaciones cualquiera,  son directos, tomas alternativas y rarezas que los amantes de la música de los 80, y también los mismos grupos, agradecerían el rescate.

Si no habéis comprado hoy el periódico, podéis leerlo online aquí o descargar el PDF aquí.

Un cinta perdida y hallada en el templo

LAS CINTAS PERDIDAS DE LA MOVIDA
El desmantelamiento de los estudios de grabación saca a la luz grabaciones perdidas de grupos de los ochenta
Elena Cabrera

Hubo un tiempo en el que grabar un disco costaba muchos millones de pesetas. Ese dinero iba a parar al estudio de grabación, al productor, al ingeniero, al técnico, al ayudante, las comidas, las cenas, los imprevistos. El grupo llegaba al estudio atemorizado por la discográfica, con el disco sabido de memoria e impresionado por una mesa de tres metros de largo, forrada de botones inexplicables. El músico primerizo se encierra en la pecera y toca la guitarra. De lo demás se desentiende.
Este cuento de hadas ya no existe. Es más, esos grandes estudios tampoco funcionan ya, han desaparecido junto con otros muchos daños colaterales de la crisis de la industria discográfica. El cambio de modelo de negocio prescinde de los estudios, sus profesionales y sus equipos, que son saldados, descuartizados, desmontados por piezas, regalados. Los dueños abandonan los locales y, en ese proceso, puede aparecer cualquier cosa.
En uno de esos cierres, 350 cintas cubiertas de polvo, mohosas y sin etiquetar podrían haberse tirado a la basura si alguien no se hubiera preocupado de darle al play. El ingeniero de sonido Ángel Álvarez, conocido como Ángel Algarz, compró un magnetófono de un estudio que saldaba sus restos y, con el aparato llegaron todas esas cintas para que grabara encima. Esas cintas de bobina escondían un tesoro: grabaciones perdidas y sin clasificar de grupos de los 80, sobre todo de la Movida Madrileña. Inéditos, directos o tomas alternativas de canciones muy famosas, como Branquias bajo el agua, podrían haberse perdido para siempre.
En la época dorada de los estudios, Ángel se dedicaba a montarlos. Ahora se dedica a desmontarlos. El pasado verano le encargaron la desmantelación de los legendarios estudios Track, uno de los últimos grandes. Una enorme mesa de 48 canales y dos toneladas de peso presidía la estancia principal. Cuando la instalaron, tuvieron que derribar una pared para luego volverla a levantar. Para los dueños, destrozar el inmueble no era la mejor opción antes de abandonar el local, por lo que Algarz fue llamado para desmontar la mesa por piezas y recuperar el costoso cableado.
Algunos de los estudios madrileños que han cerrado en los últimos años, como Kirios, Track, Box o Eurosonic, han servido para montar otros más pequeños y privados. Eugenio Muñoz abandonó su trabajo en Track para emprender la aventura de fundar su propio estudio, Box, que acabó cerrando hace cinco años cuando “la industria fue a peor” y el poco trabajo que había era insuficiente para mantenerle, explica a Público; ahora se dedica a los directos, con Rosendo, donde sigue habiendo negocio.
La casa de Ángel está llena de viejos aparatos. Al abrir un armario, donde en otras casas se guardan abrigos y mantas, él tiene cajas de metal y cables. Donde debería haber un segundo cuarto de baño, él guarda amplificadores y sintetizadores. Si además de un amante de la tecnología no lo fuera también de la música, las cintas que llegaron a sus manos no habrían sido identificadas. “Algunas estaban etiquetadas y otras no y resulta que ahí hay demos de prácticamente todo el mundo”, dice. Con “todo el mundo” se refiere a lo más granado de la Movida y la nueva ola ochentera. “Hay grabaciones en directo, de muchas procedencias, tampoco quiero decir los nombres de absolutamente todo pero hay material de Décima Víctima y de Derribos Arias”.
El hallazgo de las cintas de Ángel vendría a ser como la maleta mexicana de negativos del fotógrafo Robert Capa, recientemente encontrada y que permite acceder a los films originales, la secuencia de descartes de la foto del miliciano e incluso fotos inéditas nunca publicadas. “La cinta de Derribos Arias suena bastante chungo pero aún así yo lo editaría”, explica mientras le da al play y comienza a sonar la voz de Poch en una versión nunca oída de Branquias bajo el agua. Es emocionante escuchar esa voz delirante cantando la letra con una melodía diferente a la que conocemos. Por encima de la música se escucha un zumbido que el técnico aclara que se puede eliminar. En otras ocasione la cinta gime y parece que se fuera a romper. “Yo no tengo prisa por deshacerme de estas cintas, pero sí por digitalizarlas, porque algunas están en muy mal estado, ese tintineo que se escucha es debido a que las cintas estaban llenas de humedad. Esta de Derribos Arias es una grabación doméstica hecha sobre una vieja cinta de la época, comprada en los años 60. Esto se grabó en los 80, así que ha sido reciclada un millón de veces”.
Entre el material rescatado se encuentra un tema titulado Derribos Arias, cuya versión original duraba diez minutos, pero que en la grabación encontrada se alarga hasta los 25, un descarte de la discográfica que en un disco de vinilo no hubiera podido editarse pero que hoy es una joya para los coleccionistas y fans del grupo.
Alejo Alberdi, miembro de Derribos Arias, no ha tenido oportunidad de escuchar esa grabación pero piensa que “la original pudo sacarse de un corta y pega de esta” aunque si ya le “cuesta escuchar la del disco” no sabe si podría “con esa suite de 25 minutos”.
El sello Munster se ha ganado el cielo para muchos aficionados gracias a sus intachables reediciones de discos inencontrables. Íñigo Munster, su director, planea editar algo de este tesoro, pero “está todo en fase embrionaria”, aclara. Íñigo está en conversaciones con Alberdi para estudiar una edición en vinilo de materiales encontrados. “No creo en el CD, me parece un formato obsoleto” afirma el músico, “pondríamos las canciones en internet en mp3 para el dominio público, con un PayPal para que la gente deje la voluntad, pero no tienen ningún sentido intentar proteger eso”. Alejo y su compañero de grupo Juan Verdera están reuniendo todo el material inédito de Derribos que pueden encontrar, ese futuro disco “desmentirá totalmente la fama de grupo desastre que teníamos, porque hay cosas muy potentes y muy bien tocadas”.
Íñigo valora la aparición de estas cintas como “muy interesante” ya que, en el caso de Derribos Arias, es un material “muy primario” que serviría para “dar perspectiva”. “El problema con España -explica el jefe de Munster- es que no hacemos como en otros países, cuando ellos hacen una edición definitiva se preocupan de meterle inéditos, tomas alternativas y rarezas que enriquecen mucho el disco”.
Ángel muestra la caja de una cinta con un post-it pegado que dice “Hombres G, 4 pistas, Rockola”. Se trata de un directo grabado en esa sala a principios de los 80. Debajo hay otra, corresponde a un máster perdido del primer disco de un grupo de folk cuya discográfica tuvo que pasar un vinilo a CD para poder reeditarlo, mermando notablemente el sonido. Si esa cinta no hubiera sido recuperada cuarenta años después, la calidad original de ese disco se habría perdido para siempre. Debido a la diversidad de procedencias, el técnico piensa que estas cintas pudieran haber pertenecido en el pasado a “un coleccionista privado”. Otros grupos identificados hasta ahora son Esclarecidos, Kaka de Luxe, o los Zombies, el grupo de Bernardo Bonezzi, con un directo de 1979.
Décima Víctima editó sólo dos discos y algunos maxis pero fueron el mejor representante español de la ola fría que invadió Inglaterra tras el punk. Hacían una música elegante de letras inquietantes. Sus discos, en cambio, sonaban muy mal a pesar de contar con la producción de Paco Trinidad, productor onmisciente de la música española en los años 80. El sello Munster editará el año que viene una caja recuperando toda la discografía de Décima Víctima en tres discos de vinilo. Para el tercero de ellos se planea la inclusión de algún inédito recobrado.
Carlos Entrena, cantante de Décima Víctima, ha intentado escuchar esa cinta entera pero no lo ha conseguido porque no le gusta oírse con la voz sin efectos, “mi voz suena a parroquia y no disfruto escuchando cosas así”. Rastreando el origen de esa grabación, él cree que se trata de una demo grabada en el garaje de unos familiares de Paco Trinidad, con el grupo tocando todos a la vez. Esta demo se realizó, según explica Trinidad, para “mostrar a la discográfica que allí había un disco”, y ese disco era el segundo de la banda, Un hombre solo, de 1983. “Me compré un cuatro pistas Tascam -recuerda el productor- que era como un mueble bar y con eso nos fuimos al garaje de un chalet y ahí, con tres micros, grabamos esas cintas de trabajo que servían para ver cómo se puede avanzar. Pero no tienen la calidad de las grabaciones, no estaban hechas para enseñar”.
Las canciones encontradas tienen letras diferentes a las que conocemos, “letras eventuales”, las define Entrena, escritas por el guitarrista de la banda, Lars Mertanen, en lugar de por él mismo, que era el poeta del grupo. “He escuchado la canción Un hombre solo y está bien y tiene fuerza porque suena en vivo pero son cintas privadas, muy personales, que todavía no sé si serán un valor añadido para la caja que va a editar Munster”.
Hace dos años se publicaron las cintas de trabajo que el fallecido productor de Joy Division, Martin Hannett, guardaba en su casa con tomas falsas, ensayos en el estudio, intentos de la batería ajustándose al metrónomo, varias versiones de la misma canción, momentos en bruto del mismísimo instante de la creación de un sonido que luego pasó a la historia. Ese material apareció oficialmente en un doble disco de vinilo de 180 gramos, limitado y numerado a 1.000 copias. Eso es lo que el coleccionista desea y por lo que está dispuesto a pagar.
“Ahora parece que todo se hace en plan making of, para enseñar”, es la pornografía de una era que lo necesita todo al instante, dominada por la inmediatez, “aunque en aquel momento no fueran más que herramientas de trabajo”, señala Paco Trinidad.

Escama Serrada y otras especies de víboras

Septiembre 2nd, 2009 por elenac
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Sergio: "De niño estaba obsesionado con los reptiles".

La experiencia sonora de ver a Escama Serrada en Madrid será una de las primeras que Sergio Méndez, también conocido como Capitán Embudo, lleve a la realidad. Se trata del grupo invitado en el concierto de Ô Paradis el 11 de septiembre en Madrid y probablemente Sergio se encuentre ante una audiencia que le desconozca. Para saber más sobre él, nos aclara algunas dudas sobre su carrera desde su L’Ametlla del Vallès (“un lugar que debe tener la concentración de talentos más alta por metro cuadrado de toda Europa”, dicen).

¿De dónde viene el nombre de Escama Serrada?
Proviene de una especie de ví­bora llamada Víbora de Escamas Serradas o Echis Carinatus, la cual produce un sonido amenazador frotando sus escamas. De niño, estaba completamente obsesionado con los reptiles y esta especie en particular me obsesionaba. A la hora de buscar un nombre para el proyecto, me pareció que Escama Serrada era muy apropiado por lo surrealista del concepto en si mismo y por que al igual que la serpiente, yo también intento crear atmosferas amenazantes.

En todas las fotos que he visto de ti siempre sales con camisetas de grupos geniales como Coil o Psychic TV. ¿Son esos tus grupos de cabecera -o los que más veneras para llevarlos en tu camiseta- o cuáles más?
Debo decir, que no hay ninguna intención en que aparezca con bandas como Coil o Psychic TV, simplemente todas las fotos a las que te refieres han sido tomadas de forma espontanea y normalmente llevo camisetas de bandas, ya que me gustan y son baratas.
Pero contestando a la pregunta, grupos como Coil o Psychic TV son entre otros muchos, como Nový Svět, Death in June, Current 98, Ô Paradis, Marc Almond… son grupos que han creado una gran influencia en mi vida.

Sergio y Falete. Foto de Víctima10.

Sergio y Falete. Foto de Víctima10.

¿Qué grupo te gusta mucho pero no podrí­as admitir tan en voz alta como para tener una camiseta de ellos?
No lo sé… pero supongo que podrí­a pasarme algo parecido con McNamara, pero hay días para todo y seguramente también encontrarí­a el dia perfecto para ponerme una camiseta suya.

Cuéntanos los orígenes de Escama Serrada y también algo sobre su futuro.
Siempre he querido estar en el mundo de la música, empecé organizando conciertos en Barcelona de Circe, Ԕ Paradis, Nový Svět, Ait, Comando Suzie, Wermut y Thomas Nöla, pero llegó un dia en que quise intentar crear mi propio proyecto y el MCD de Escama Serrada, La reina está mala, es lo primero que he creado.
El concierto que haré el 11 de septiembre en Madrid, será una buena muestra de el nuevo rumbo que esta tomando el proyecto, ya que todas las canciones serán inéditas, con estrucuras menos surrealistas y con la incorporación al proyecto de Ramón Riba y su guitarra eléctrica.

¿Has estado antes en otros grupos?
Pues hace muchos años creé un proyecto llamado El Capitán Embudo y su Caballo Amor junto a Daniel Pablo el lider de Árnica. Era un proyecto interesante, muy experimental y con textos muy extremos. Pero en esa época yo estaba por otras cosas y el proyecto se quedó en cinco temas que nunca vieron la luz.

Sergio, a la derecha, con camiseta de Coil

Sergio, a la derecha, con su camiseta dedicada a la Anal Staircase de Coil.

¿Cómo nació la idea de que tu disco se vendiera conjuntamente con La corte del rey pescador? ¿Que puntos tienen en común el de Ô Paradis con La reina está mala?
La idea surgió por la colaboración existente en los dos trabajos, ya que Demian ha colaborado de forma directa en La reina está mala, poniendo voz, tocando la melódica y en la producción final del disco. Y yo he colaborado con varias bases en La corte del rey pescador. Pero principalmente, esta colaboración es fruto de la gran amistad que me une a Demian y de la gran apuesta de Joseph Noark de Tourette Records.

A partir de qué elemento construyes tus canciones (un ruido, una frecuencia, un ritmo, una idea…)
No tengo ninguna fórmula para crear mis canciones, normalmente el proceso es muy caótico e intuitivo, además, normalmente creo mi música por la noche y bajo la influencia del alcohol u otras substancias, con lo cual, la metodología siempre es diferente y el resultado inesperado.

¿Si te digo que te hemos presentado como “industrial dadá” te sientes cómodo con esa etiqueta?
No me siento incomodo para nada y algo de razón tendrá, ya que la primera discográfica a la que envié La reina está mala, contestó que les gustaba el disco pero que era demasiado dadaísta. Aunque creo que para el próximo disco, esta etiqueta no encajará a la perfección.

La fiebre que tuvimos (sobre la cancelación del periódico Fiber)

Julio 14th, 2009 por elenac

En el año 1999 Miguel Morán nos reunió en una sala privada de un restaurante vegetariano de Madrid. Ya no recuerdo quién había allí además de él, Cristina García, Jesús Llorente, Víctor Lenore y Aldo Linares. Éramos gente que rondábamos la revista Spiral y otras prensas musicales del momento. Spiral había participado de la fundación del Festival, por eso tenía lógica que acudiera a nosotros tras el fracaso de la negociación con El País y en concreto El País de las Tentaciones para que fueran ellos los encargados de seguir realizando el periódico que el año pasado -un año de gloria el de 1998 para la historia del Festival de Benicàssim- había realizado Cristina García, redactora del periódico castellonense Mediterráneo, con pocos medios y pocas manos.

Fue durante esa misma comida que sacamos el nombre Fiber como cabecera. Aldo dice que fue idea suya. Yo creo que fue mía. Apuesto a que todos los comensales la recuerdan como suya. Supongo que eso es así porque debió de ser una idea colectiva que flotaba en el ambiente. Pronto nos pusimos a trabajar porque quedaba muy poco tiempo, el Festival se celebraba aquel año el 6, 7 y 8 de agosto. Tori Alimbau fue el primer diseñador. Creó una maqueta llena de cuadraditos y pastillas que costaba mucho llenar de contenido pero nos encantaba. Siempre pensamos que nos la copió, un tiempo después, un suplemento de La Voz de Galicia. El diseño de la cabecera refería a los suelos de las discotecas setenteras y de esa manera apelábamos a la semejanza de Fiber y Fever, que era algo que nos gustaba. Una de las consecuencias de llamar al periódico Fiber es que, cuando se hizo necesario encontrar un nombre para el público del Festival, tuvimos que ponerle una doble b, fibber, que era más correcto con el inglés y así nos permitía diferenciarlo. Durante un tiempo funcionó e inclusó caló en la prensa, pero como era más conocido un fibber que un Fiber, al final se popularizó llamar fiber al visitante y de esa manera perdió la b y se diluyó la identificación. Lo cual estuvo bien porque así el periódico, Fiber, ya no significaba “hacer el FIB” sino “ser parte del FIB”.

Realicé el Fiber diariamente en todos los FIBs de 1999 a 2005 junto a Cristina García. Y, además, pude hacer unos cuantos números previos, más arrevistados, antes del Festival, siendo el mejor, el más especial, el de junio de 2004. Por motivos de trabajo tuve que abandonarlo y Maraworld se lo encargó a Joako Ezpeleta, quien lo dirigió entre 2006 y 2008. Este año no. Este año 2009 no lo hará ni él ni nadie, ya que ha sido cancelado por razones presupuestarias. Podría haberse repensado, podría haber mutado, yo hubiera estado feliz de hacerlo. No creo que esta decisión la haya tomado José o Miguel Morán, ya que ellos apreciaban este periódico tanto o más que las decenas de personas que pasamos por él. Como sabéis, Maraworld vendió al empresario británico Vince Power el Festival de Benicàssim. Y el Fiber, económicamente, siempre fue deficitario. Pero si los factores económicos hubiesen pesado tanto como lo hacen en 2009, no se habría hecho ninguno de los nueve años anteriores.

A pesar de que los ajustes presupuestarios han barrido con el periódico sobre el que vamos a hablar, el 27 de mayo la organización del festival comunicó que “FIB Heineken ha vendido todos los abonos de 4, 3 y 2 días; las entradas VIP y las entradas para días sueltos para su decimoquinta edición. Un ritmo de venta sin precedentes en nuestros quince años de historia ha concluido con todas las entradas vendidas a más de dos meses para que el Festival abra sus puertas, superando así los hitos de ‘Sold Out’ anteriores como los de las ediciones de 2002 y 2006″.

“Será la edición más exitosa de nuestra historia y más de 45.000 personas llenaremos el recinto de conciertos de Benicàssim”, añadían. 45.000 personas que no leerán el Fiber cada mañana. Eso me hace pensar si no es un error medir el éxito cuantitativamente.

“En las primeras ediciones, todo era muy primitivo y bastante bizarro. Especialmente recuerdo como se montó un laboratorio fotográfico de blanco y negro en la primera edición del Fiber, aun no usabamos digital!! muy fuerte…” recuerda el fotógrafo Ramiro e quien en 1999 hacía fotos a la gente para la penúltima par. Lo hizo hasta el año 2003, “retrataba a mi antojo al público del festival. Era una tarea muy grata y muy divertida”. A Ramiro, como a muchos otros colaboradores, les he preguntado qué les parecía lo mejor y lo peor del Fiber: “Lo mejor era la energía de hacer algo tan inmediato, ver por las mañanas tu trabajo del día anterior en manos de todos los fibers. En mi caso podía constatar las reacciones de la gente que yo había retratado. A día de hoy aun me sigo encontrando con gente que me recuerda como aquel fotógrafo-cazadador del FIB. Yo he conocido y he descubierto a mucha gente a partir de aquella experiencia. Lo peor era la poca cabida a comentarios críticos, sobre todo en las crónicas de conciertos”.

El rasgo negativo más frecuente que ha quedado en la memoria de todos estos amigos es el de la autocensura. A muchos de ellos les pedí que se sumaran al equipo llegando de los fanzines o la prensa musical y todos venían con la misma pregunta: ¿podré decir lo que quiera? La respuesta era invariable: “es el periódico del festival”. José Morán siempre me decía “no nos tiremos piedras contra nuestro propio tejado”. Y a veces me lo decía muy enfadado ya que en alguna ocasión relajábamos la escritura y cargábamos las tintas. Era inevitable, en la redacción pensábamos que no podíamos tratar a la gente como tonta, que seríamos más apreciados si contábamos lo que era evidente y que, sobre todo, un mal concierto de un grupo es culpa del grupo, no del Festival. Nos alejamos de la loa siempre e intentamos ser más cronistas que críticos. Job Ledesma, a quien invité a trabajar en el Fiber tras conocerle en Tenerife, no va a olvidar nunca “cuando los Morán me quisieron asesinar por la crónica de Keane, que insisto en que es un grupo que encima me gusta”. Aquella reseña negativa de un cabeza de cartel me costó una buena bronca. Pero, sinceramente, esta es la única que recuerdo, en relación a la línea editorial, durante seis años.

“Aunque el Fiber era el medio oficial del festival, algo más de libertad crítica hubiera sido deseable. No pasa nada porque una banda de un mal concierto y se reconozca: después de todo, eso es algo que el festival no puede llegar a controlar, y la capacidad de autocrítica es una virtud, no un defecto”, escribe en su respuesta Vidal Romero, una pieza clave en el Fiber para poder contar bien contada la letra pequeña del cartel del Festival, cuando éste acogía propuestas arriesgadas, directos y showcases de sellos electrónicos en el Chill Out, una programación que debemos en gran medida al empeño de Cocó Ciëlo: ”el hecho de escribir sobre artistas de segunda fila dentro de la programación del festival, me permitía establecer una cierta distancia crítica. Todos los días, cuando me cruzaba con Joan Vich, me recordaba que él SÍ leía todas las crónicas de los conciertos, y que el día que los Morán se decidieran a leer algo más que las crónicas de los cabezas de cartel, me pondrían de patitas en la calle. Yo prefiero pensar que sí se las leían y se echaban unas risas, aunque esto no me lo ha confirmado ni desmentido nadie nunca… ¿Elena?”. Carlos Revillo también recuerda como negativo “el no poder haberme quedado realmente agusto con mi opinión sobre algún concierto, los malabares que teníamos que hacer algunos para darle palos a los grupos sin que se nos notase” y para Víctor Lenore “lo peor eran las crónicas de conciertos. Al ser el Fiber un medio corporativo los redactores no podían ser honestos en sus valoraciones, algo que notaban todos los lectores”. Pero Octavi Botana, que pasó tres años, los tres últimos, como coordinador de redacción, recuerda como lo mejor “la libre opinión de sus redactores. Durante los años que he estado no ha habido ningún tipo de sugerencia de cambio de reseña, ni por supuesto censura ni nada parecido”. David Hernández, periodista de Castellón que gracias a su extrema profesionalidad y responsabilidad conseguía sacar, durante bastantes años, todos los contenidos extramusicales él solito, también apunta como malo “encontrar alguna crítica favorable o aséptica de un concierto que a todas luces había sido malo de narices”, pero no sólo eso, sino también “el ‘¿ya lo tienes, verdad?’ de Elena o Cristina cuando todavía iba por mitad de artículo. Los cuelgues con 35 grados a la sombra de algunos actores del Festival de Cortos. La poca comunicación entre nosotros que permitía el ritmo desenfrenado de la redacción. Ver al día siguiente que un artículo de extramusicales había caído a última hora. Ver el Fiber de días atrasados en fardos amontonados por la zona de prensa, en campings y accesos al recinto. El aire acondicionado a todo trapo en la redacción a partir de ciertas horas”.

Era complicadísimo atinar con la distribución. A veces sobraban y otras faltaban. A mí me faltan ejemplares, aunque fuera uno, de alguno de los años. Recuerdo una mañana, no sé de qué año, que al cierre me fui a la rotativa de Mediterráneo, donde se tiraba el periódico, esperar a que cargara la furgoneta y hacerme el reparto con él para saber dónde estábamos fallando. Cuando acabó el reparto en el recinto me bajé, entre en la redacción y comencé a preparar el Fiber del día siguiente. No hubo descanso entre esos dos días.

Uno de mis fichajes estrella fue el resistente y siempre optimista Íñigo de Amescua: “Lo mejor fue el punto de locura y la libertad casi total de la que disfruté, el rollo que había entre todos los que trabajábamos y el producto en si, tan divertido. Lo peor los nervios, las prisas y el poco dormir”. Lo peor era el estrés y el cansancio acumulado. Recuerdo a Araceli Segura, que formó parte de la primera redacción del Fiber maquetando junto a Tori, dejando caer su cabeza sobre el teclado, dejando escapar un “no puedo más”: “Lo peor -dice Araceli- fue que dos años no puede ver ni un grupo de los que tocaron. También me salieron canas del estrés (realmente era MUY estresante, flipo que el primer año saliera cada ejemplar a su hora… llevando los zips en taxi a Castellón y esas cosas…)”. Diego Ríos, quien también trajo simpatía, fútbol y buen hacer fanzinero recuerda “Las prisas, los nervios, las risas, las entrevistas de última hora, Elena, Cristina, el concierto de Low, el ‘hoy no entregamos, no nos da tiempo’”. Con la hora del cierre lamiéndonos las chancletas comenzábamos a hacer bromas delirantes en plan “bueno, pues para entregar tarde mejor pasamos, vámonos a dormir” y era una tontería pero nos partíamos de risa, con el sol pegando ya sobre la carpa de prensa en la que trabajábamos. Aldo Linares, que se quedaba siempre hasta el último misnuto, ayudando en lo que fuera aunque él hubiese cumplido con sus críticas también recuerda como lo peor ”ver salir el sol faltando bastante para acabar el número correspondiente a esa fecha”. Y Cristina también se acuerda de eso: “lo peor, los horarios febriles, el ‘no salimos’, la autocrítica frenada cada dia, y no poder ver conciertos enteros”.

Había que ir rápido, muy rápido. Y cuando un redactor escribía tan lentamente con Ferran Llauradó me desesperaba, pero luego lo hacía tan bonito y siempre hacía algo que lo compensaba: “Lo peor: y lo digo en serio, que siempre te desmayabas el domingo, se sufría mucho”, me dice. Ferran y Aldo escribieron varios textos mano a mano que a mí me despertaba el peor de os temores, cuando les veía riéndose delante del mismo monitor y el mismo teclado. “Artículos bizarros con Aldo”, los llama Ferran, quien también recuerda como cosas bizarras “cuando nos poníamos las sábanas, jugar a fútbol con Stuart Murdoch, verte leer las críticas de Toni con cara de susto, conocer a Sonali”. Las sábanas nos las poníamos porque nos moríamos de frío cuando el aire acondicionado seguía funcionando a las cinco de la mañana y nadie sabía apagarlo. Sobre el fútbol, Joan Vich recuerda como su aportación “el soplo del partido informal que derivó en el partido oficial que desde entonces se celebra cada año”.

¿Queréis momentos de bizarros? De esos sí que teníamos muchos. La mayoría se habrán perdido en el olvido pero la memoria del Fiber recuerda algunos. Para el ilustrador y diseñador Álvaro Valiño, que realizó las mejores portadas ilustradas del periódico, escribe: “el año que tocó Pulp hice una ilustración para la portada del Fiber de ese día. Por la noche, tras la actuación, andaba nervioso por el backstage con un par de Fibers en la mano buscando con la mirada a Jarvis Cocker. Cuando lo vi salté a su encuentro y le pedí que me autografiase la portada. Torpe de mi no llevaba boli encima, Jarvis y sus acompañantes tampoco. Me respondión: “I’ll touch it”. Y la tocó con una mano corva que parecía la garra de una rapaz”. A Íñigo lo más extraño le parecían los “periodistas desaparecidos en medio de la noche” y a su compañero Job “estar hasta las cejas e intentar hacer una crónica coherente del último concierto de la noche en el escenario verde, que siempre me tocaba a mí. Y cuando apareció Hedi Slimane por la Redacción que, poco cool de mí, no sabía quién era y me vacilé de él hasta que vi que Íñigo de Amescua empezaba a bizquear. Bueno, y luego está el affaire Irene Tremblay, pero eso que lo cuenten Carmona y Caballero que tienen más gracia (qué año aquel, chicos)”. Breixo Harguindey, que estuvo sólo un año, conserva como su momento bizarro ”el recordar a Job tarareando a mi lado: ‘words, don’t come easy to me’”. Carmona y Caballero merecen un comentario. Estas dos locazas sevillanas tuvieron su momento de gloria en la escena y no me quedó más remedio que invitarlas al Fiber, después de mucha presión. Abandonaron su ático en la calle Castilla y viajaron a Benicàssim para hacer algo de crónica rosa con un estilo que desconcertaba a los que no les conocían. Aparecen una y otra vez en los recuerdos del equipo.

“Tengo demasiados recuerdos bizarros”, dice Diego. “Los fantasmas de la redacción que se nos aparecían con sus sábanas todas las noches sobre las 5, la llegada diaria de la cena, las cabezadas de todos, Carmona y Caballero bizarros ellos, la presentadora de MTV preguntándome quiénes eran Mercury Rev…”. Aldo dice que para él lo bizarro era “compartir sondeos sociológicos con Ferrán Llauradó y Guillermo Z. Del Águila”. Para Vidal, “posiblemente aquella vez que Thomas Morr me persiguió alrededor de la mesa de la redacción con un Fiber enrrollado en la mano, tras haber escrito en el número anterior que sus pintas eran clavadas a las del abuelito de Heidi. O cuando entrevisté al dueño de Staubgold y a sus artistas, mientras tomaban un baño en pelotas en la piscina del backstage. O aquella vez que, a cuenta de una desbandada general en la redacción, me tocó cubrir tres escenarios a la vez. Menos mal que me tropecé con Pepe Verde. Ejem. También todo lo relacionado con Carmona y Caballero, claro. Y mi charla diaria con Joan Vich”. ¿Y para Tori Alimbau? Esta es buena y quizás clarifique algún episodio oscuro: “Poner laxante en la comida de ciertos periodistas”.

Óscar L. Tejeda firmó muchas de las portadas fotográficas del Fiber, ya que siempre fue él encargado de cubrir el escenario más grande. Su momento raro tiene que ver con otra fotógrafa: “Cristina García Rodero (a sus pies!!) preguntando cómo se utilizaba el flash que llevaba… Anterior a esta época: el reparto de comida… y es que las necesidades básicas pueden con cualquiera”. De las cenas también se acuerdan todos. Las hacíamos en el centro de la redacción, parando sólo un ratito. La solíamos encargar a un restaurante navarro de Benicàssim y nos la regaba siempre con un fresco vino rosado… Para David las cosas extrañas sucedían siempre a altas horas de la madrugada: “los momentos delirantes en la redacción a partir de las 4.00-5.00: Cristina colocando una especie de iconos puramente decorativos en la cabecera de las páginas cuando ya era de día, llegar bolinga a la redacción para recoger mis cosas cuando el recinto estaba a punto de chapar y encontrarme a Cristina y Elena currando acurrucadas debajo de unas toallas, con su tez blanco nuclear y el pantallazo en toda la cara, personal pegando cabezadas sentado delante del ordenador, otros mirando hipnotizados la retransmisión de algún concierto o comiendo a deshoras…”. Se ve que aquellas sábanas blancas se quedaron grabadas a fuego… Cristina también las recuerda: “Los fantasmas de las 5, las cenas, algunos grandes días, personalizados pero que todos recordais –sobre todo tú, Elena– en los que hacer de poli malo o poli peor, y trabajar un año, el 2007, con ‘otro’ equipo, que ni era equipo ni era nada”.

Seguimos con el bizarrismo. A Marcelo Panozzo -gran escritor, gran periodista, gran amigo- sólo le pudimos tener un año pues vive en Buenos Aires. Hizo una columna diaria y… “me dicen que en el momento en el que me encontraba en estado de altísimo autismo, escribiendo sobre Pet Shop Boys, el señor Neil Tennant espiaba la pantalla con el artículo por encima de mi hombro. No puedo decir que sea cierto; estaba de espaldas”. Yo también recuerdo como momentos especiales algunas visitas de artistas. Por ejemplo, la tarde en la que Aldo trajo a Sune Rose Wagner y me lo presentó, pero yo vestía, precisamente, una camiseta de Raveonettes y me dio toda la vergüenza del mundo; para calmarme, el me dijo que le hacía ilusión. O cuando Brian Molko utilizó nuestra salida trasera y una máquina de expeler aire acondicionado caliente le revolvió el pelo y se puso todo loco a gritar. Más sobre artistas, estas de parte de Octavi: “No tengo muchos recuerdos bizarros, realmente. Quizá Doherty escribiendo algo ininteligible en la pizarra vileda gigante que tuvimos el primer año (y buscando red bulls en nuestra nevera). Quizá Amy Winehouse asustada en el set de fotografía mientras le explicábamos que su foto saldría en el editorial del día siguiente. Miró a su mánager, éste le dijo “OK”, y ella me miró y dijo “Ok, wicked”. Poco más, no ha habido locuras extremas, sí mucha diversión, muchos cubatas a últimas horas, algún que otro grito… lo habitual, vamos”.

Siempre he dicho que nunca habría tenido seguridad sobre el Fiber que estábamos haciendo sino fuera porque contaba con Guillermo Z. del Águila en el equipo, ese con el que Aldo hacía sus sondeos. Si un año Guillermo me dejaba caer que podía causar baja a mí me salían algunas de las canas de las que hablaba Araceli. Estos son sus… “recuerdos bizarros… la primera vez que llegó una super-promocionera de una multi (siendo de provincias, las he tratado poco) con sus formas usuales: me dijo cariñín e incluso me acarició la espalda en zonas inusuales, no sabía si llevármela al sofá (erm… esa es otra historia) o regalarle una piruleta. Al final me dio la risa y se me ocurrió parodiarla sin recordar que las paredes oían. También tenía risa espiar al del NME, un pardillo que se pasaba el día comiéndose los mocos (figuradamente) pero luego cuando escribía sus “andanzas” se pintaba como el rey del mambo. Algo surreal generé yo intentando salir al paso del marrón de escribir un previo de Muse (tan indiferentes me resultaban entonces como ahora): me había topado con una fan (de ellos) con pase de prensa que me abordó camino del backstage porque quería volver a verlos. Como su historia olía a jugo, le di voz. Al final era cierto que los conocía, pero el jugo no tenía el olor a hormonas que parecía (ni para ellos ni para mí). Siguiendo con el jugo, tuvo risa cuando ya cumplida la faena en el momento de la retirada (o sea, consciencia como mínimo agotada y probablemente alterada) me dio por ofrecerle la oportunidad de retratarse a una colaboradora algo lenguaraz y provocadora que se había pasado el festival presumiendo de sexual y ya había insinuado varias veces que los fibbers eran asexuados y ese rollo. Menos mal que reculó ante mi farol “out of the blue” (por copiarle el estilo a la susodicha) y se hizo la sueca colorada porque a mí ya me esperaban… Pero para bizarro, los bizarros. Y no hace falta decir más”.

El backstage, las entrañas, la zona de prensa, el contacto con los artistas, sentirse parte de algo tan grande y que genera tanta ilusión… eso es lo que nos hacía sentirnos tan especiales. “La posibilidad de vivir el festival desde dentro y de ser parte de esa estructura, o sea, de hacer el FIB con nuestra pequeña aportación” (Job Ledesma). “Informar en el auténtico sentido de la palabra viviendo el festival desde dentro (cosa de privilegiados)” (Juan Antonio Álvarez, rediseñó la maqueta de Tori y trabajo en la zanja del FIB durante varios años). “Creo que lo mejor del FIBER era el sentido de comunión con sus lectores, incluso en la crítica a sus defectos” (Breixo Harguindey). “Lo mejor era tenerlo cada día, o ver a muchas personas leyéndolo, o consultarlo uno mismo, o preferir leerlo antes que ver el show de Franz Ferdinand, o estar, simplemente, en el cierre, cada noche” (Marcelo Panozzo). “Ver a la gente que lo llevaba doblado en el bolsillo de atrás del pantalón. Permitirme conocer el festival por dentro, el lujo de poder hablar con ídolos como William Reid o Norman Blake y de trabajar con gente que me encanta cómo escribe y fotografía” (David Hernández). “El Fiber es uno de las pocas maneras que todavía le quedaban al FIB de conectar con su pasado y con su espíritu original” (Guillermo Z.).

Motivos por los que debería seguir existiendo Fiber

  • Duró lo que tenía que durar, todo tiene su ciclo. Fue un periodo bonito en el que se juntó gente muy válida y que luego ha acabado haciendo cosas muy interesantes. Fue algo justo en el momento adecuado y con la gente necesaria (Aldo Linares).
  • Mantiene informado al público y diferencia al FIB de otros festivales ya que crea un interesante vínculo entre la organización, el festival y los asistentes. Además de promueve el trabajo de jóvenes comunicadores y creativos (Álvaro Valiño).
  • Debería seguir existiendo para salvar el festival y ayudar a que Benicàssim no sea el nuevo Lloret de Mar, algo que me empieza a preocupar. En realidad debería seguir existiendo simplemente porque todo el mundo lo leía (Araceli Segura).
  • No se me ocurren motivos para cerrarlo a pesar del armagedon de la prensa en papel. Debería continuar, quizás en formato electrónico. Es una pérdida (Breixo Harguindey).
  • No sé de otros festivales que lo hagan. Recuerdo amigos que me sacaban de la cama del “hotel” para que les guardase números… (Carlos Revillo).
  • En ese formato, muy pocos. Creo que el papel, aunque para los periodistas de prensa es vital que siga existiendo, para este tipo de cosas tiene que ir a menos. Pero el Fiber como tal no deberia perderse, en digital, en el movil, o buscar otro medio, aunque los más románticos prefiramos guardarlo cada año, y ya irían ¿10? (Cristina García).
  • Un motivo por el que debería seguir existiendo. Uno no, tres. Por la información de servicio que ofrecía a los asistentes al festival: entrevistas, crónicas, reportajes, cambios de horarios y/o escenarios… Algo que, teniendo en cuenta que la mayoría duerme en campings y no tiene internet en el móvil, todavía no puede sustituir una web durante los días del festival. Aunque quizás en un par de ediciones sí que sería ya prescindible la edición de papel a esos efectos. También por lo que han dicho algunos compañeros: por el fetichismo y la singularidad. Y un último motivo: por no ser tan previsible de cargarse un servicio útil y económicamente asumible -en comparación con otros gastos del festival -con la puta excusa de la crisis (David Hernández).
  • Debería seguir existiendo por los fibers haciendo cola en el camping para coger el último número, por la ilusión de la gente que guarda todos los números, por los abuelos leyendo la crítica de The Cure en la playa, y porque es un elemento diferencial con otros festivales que hacía al FIB especial (Diego Ríos).
  • Porque cuando te estás comiendo la pizza al día siguiente mola leerlo, además entre conciertos etc también. Y si quieres porque es guay que haya un medio que cuente lo que sucede entre bambalinas etc… (Ferran Llauradó).
  • Porque lo echaré de menos cada mañana en el hall del hotel (Joan Vich).
  • Primero porque existía, segundo porque los fibers se están empezando a cansar de que el FIB pierda elementos de valor añadido, tercero porque era un recuerdo para todos los que acudían al festival y se llevaban sus fotos y sus crónicas, cuarto porque era un verdadero logro logístico y periodístico, quinto por vernos, sexto porque me permitía ir al FIB como un señor (egoísta que soy), séptimo porque dejar de hacer cosas bonitas que hacías es de vagos y de aburridos, octavo porque es más fácil buscar soluciones que borrar por borrar, noveno porque me permitió conocer a tanta gente graciosa y a tanto bicho raro (Job Ledesma).
  • Por la música y sus autores, los músicos (Juan Antonio Álvarez).
  • Por que es consustancial al FIB, es un rasgo personal, un valor único y por que es vital para enterarse de lo que pasa alrededor del Festival (Íñigo de Amescua).
  • Sólo algún tipo de estrechez (o varios tipos funcionando a la vez) puede determinar su cierre. Iba a decir que “no hay motivo” para cancelarlo, pero sí lo hay, cogonmimanto, siempre lo hay (Marcelo Panozzo).
  • Por mantener unido a un equipo de redacción consolidado y cachondo. No, en serio, porque los Fibers lo merecen, porque el Fiber es algo tan natural como el Hotel Orange, como dormir en la playa, como quemarse la espalda, como comerse un choripán a la salida, como brincar en primera fila del Escenario Verde. A veces ocurre que uno no sabe hasta qué punto su trabajo es válido; y luego estás por ahí y escuchas a dos chavalitas algo sobre la crítica que han leído en el Fiber (…que si tal, que si cual…) y entonces eres feliz durante unos segundos. Sólo por eso (y sé que es topicazo del periodismo) ya vale la pena. Bueno, y que te envuelvan el bocata de chopped con el diario. Eso también mola :) (Octavio Botana).
  • “TODO EL MUNDO QUIERE UNO” (Óscar L. Tejeda).
  • Porque al publico de un festival de música le interesa leer las crónicas del festival, contrastar las críticas, ver las fotos… (Ramiro e).
  • Que lo queráis seguir haciendo. Con eso basta (Roger Roca).
  • Si aún existiera nadie tendría nostalgia (Tori Alimbau).
  • Me cuesta aceptar la premisa de la pregunta. Veo más sensato pensar al revés. El papel sale de un ser vivo tan bonito cómo las árboles.  Deberíamos usar otro enfoque: ¿ tan útil es este medio como para recortar un bosque? (Víctor Lenore).
  • Hace tres años que no voy por el festival (una mezcla de pereza, fechas complicadas y desinterés por el cartel), pero la última vez el público extranjero ya superaba con creces al español, así que no sé hasta qué punto tiene sentido que el Fiber siga existiendo. El Fiber pertenece a una época en la que el indie en España era (o pretendía ser) más inocente, en la que el FIB era EL festival, y en la que internet no tenía tanta potencia como ahora mismo (¿o es que alguien recuerda blogs con descarga directa en 2005?). Hoy la realidad es otra: cualquier indie de a pie va por el recinto con un iPhone, saca una foto o un vídeo del concierto que le está gustando, se informa en cualquier blog del artista desconocido que está sonando en tal o cual escenario y sube toda esta información sobre la marcha a su
    flickr, su Twitter o su Facebook. Además, el público también tiene una mayor cultura musical (sustentada sobre pies de barro, de acuerdo, pero más amplia) y tiene menos necesidad de una guía de uso y disfrute del festival. Así que, de seguir existiendo, debería de convertirse en algo más abierto y relacionado con la web: por ejemplo, un site que se actualizara con entrevistas grabadas sobre la marcha, con contenidos exclusivos, realizados durante el festival, y que dispusiera de foros para que el público expresara su opinión. El papel, por mucho que nos pese, ha dejado de tener sentido (Vidal Romero).

Para realizar este artículo he mandado un cuestionario de cuatro preguntas a los colaboradores de Fiber que he podido localizar. Merece mucho la pena leer las respuestas completas porque algunas son estupendas y muy divertidas. Para ello las he reunido todas aquí, para que puedas seguir leyendo, ¡si no has tenido suficiente!

Pasado mañana comienza la decimoquinta edición del Festival Internacional de Benicàssim, y para allá vamos. Puedes seguir el día a día del festival en live.fiberfib.com.

Cuestionarios a los que lo hicieron posible (sobre la cancelación del periódico Fiber)

Julio 13th, 2009 por elenac

1. Lo mejor y lo peor del Fiber

2. ¿Cuál fue tu aportación al periódico?

3. Vuestro recuerdo más bizarro de la redacción del Fiber.

4. Un motivo por el que debería seguir existiendo.

Aldo Linares

1. Lo mejor, la sensación de urgencia y la confluencia de personajes que se daban cita. Lo peor, ver salir el sol faltando bastante para acabar el número correspondiente a esa fecha. 2. Escritos y souvenirs únicos. Supongo que algo de experiencia dentro del festival y algo de humor. 3. Compartir sondeos sociológicos con Ferrán Llauradó y Guillermo Z. Del Aguila. 4. Duró lo que tenía que durar, todo tiene su ciclo. Fue un periodo bonito en el que se juntó gente muy válida y que luego ha acabado haciendo cosas muy interesantes. Fue algo justo en el momento adecuado y con la gente necesaria.

Álvaro Valiño

1. La increíble capacidad de reacción de un medio puntual para poner en las manos de los asistentes una publicación tan cuidada con las crónicas de la pasada jornada e interesantes avances de a jornada del día. Además hecha por gente que compartía los mismo intereses que el lector. Lo peor: A veces se pasaba de modernete ;) 2. Ilustraciones de portada y algún interior. Recuerdo con cariño la de los Manic Street Preachers. 3. El año que tocó Pulp hice una ilustración para la portada del Fiber de ese día. Por la noche, tras la actuación, andaba nervioso por el backstage con un par de Fibers en la mano buscando con la mirada a Jarvis Cocker. Cuando lo vi salté a su encuentro y le pedí que me autografiase la portada. Torpe de mi no llevaba boli encima, Jarvis y sus acompañantes tampoco. Me respondión: “I’ll touch it”. Y la tocó con una mano corva que parecía la garra de una rapaz. No comment. 4. Mantiene informado al público y diferencia al FIB de otros festivales ya que crea un interesante vínculo entre la organización, el festival y los asistentes. Además de promueve el trabajo de jóvenes comunicadores y creativos.

Araceli Segura

1. Lo mejor fue que conocí a Víctor Lenore en el Fiber. Ahora no puedo ir a un festival sin él. También, era una publicación tan bien hecha teniendo en cuenta las condiciones en las que se hacía… Y siendo -un poco- corporativista era aun divertida y un producto de super calidad. El año aquel que encargamos todas las portadas a ilustradores… qué bonito, por favor… Y las fotos de Ramiro e, todo un visionario… y aquello que hacía Borja Bas de seguir a alguien duante un día… ¡cómo fue el del Chinarro!!! Lo peor fue que dos años no puede ver ni un grupo de los que tocaron. También me salieron canas del estrés (realmente era MUY estresante, flipo que el primer año saliera cada ejemplar a su hora… llevando los zips en taxi a Castellón y esas cosas…)
2. Yo intenté aportar profesionalidad, no sé si me salió muy bien. La gracia es que el periódico estaba hecho por gente de fanzines… era lo guai. Había que compensarlo un poco para que se cerrara a tiempo…
3. Las cosas llegaban en disquetes y no había internet el primer año… Tengo un no-recuerdo, según Lucas Arraut nos conocimos allí porque yo le empujé -literalmente- por la redacción. Luego pasaban cosas todo el rato tipo subidas de tensión y se fundían las pantallas… Lo más extraño que hice fue el primer año, que entre otras cosas tuve que hacer (yo!!) la lista con el material técnico necesario para montar la redacción allí.
4. Debería seguir existiendo para salvar el festival y ayudar a que Benicàssim no sea el nuevo Lloret de Mar, algo que me empieza a preocupar. En realidad debería seguir existiendo simplemente porque todo el mundo lo leía. 

 

Breixo Harguindey

1. Creo que lo mejor del FIBER era el sentido de comunión con sus lectores, incluso en la crítica a sus defectos. Sus efectos secundarios sobre el cuerpo y la mente de sus redactores y, en singular, sobre Elena y Cristina a las que seguro el sueldo no hacía justicia. Y ya que lo reconocemos todos, no dejéis de mencionarlo.

2. Más bien escasa
3. Recuerdo a Job tarareando a mi lado: “words, don’t come easy to me”
4. No se me ocurren motivos para cerrarlo a pesar del armagedon de la prensa en papel. Debería continuar, quizás en formato electrónico. Es una pérdida. 

 

Carlos Revillo

1.- Lo mejor: Los malabares que teníamos que hacer algunos para darle palos a los grupos sin que se nos notase. Y Carmona y Caballero, claro. Lo peor: El no poder haberme quedado realmente agusto con mi opinión sobre algún concierto.

2.- Ilusión, sobre todo el primer año.

3.- Un fallo de coordinación con Carmona y Caballero hizo que me tuviese que dormir dos horas en una acera cercana al “hotel”. no había recepcionistas y había que llevarse la llave al recinto.

4.- Diego lo ha dicho. No se de otros festivales que lo hagan. Recuerdo amigos que me sacaban de la cama del “hotel” para que les guardase números…

Cristina García

1. Lo mejor, la gente, el equipo que se fue forjando y algunas amistades que, por lo intenso de lo vivido, y por que sí, son para siempre; el papel en blanco cada dia y la inmediatez, que con los años se ha ido perdiendo, y las censa de los lunes; lo peor, los horarios febriles, el ‘no salimos’, la autocrítica frenada cada dia, y no poder ver conciertos enteros.

2. Intentar que todo cuadrara, sobre todo los tempos de una redacción que iba y venia, entraba y salía. Y los planillos, esas cada vez más grandes cuadrículas que había que llenar con elena.

3. Los fantasmas de las 5, las cenas, algunos grandes días, personalizados pero que todos recordais –sobre todo tú, elena– en los que hacer de poli malo o poli peor, y trabajar un año, el 2007, con ‘otro’ equipo, que ni era equipo ni era nada.

4. En ese formato, muy pocos. Creo que el papel, aunque para los periodistas de prensa es vital que siga existiendo, para este tipo de cosas tiene que ir a menos. Pero el fiber como tal no deberia perderse, en digital, en el movil, o buscar otro medio, aunque los más románticos prefiramos guardarlo cada año, y ya irían ¿10?

David Hernández

1. Lo mejor… El enfoque y tono de la mayoría de artículos, el diseño, las portadas, las fotos (qué pedazo de fotos la mayoría…) y que fuera de edición diaria durante el festival: su utilidad de cara al público para ubicar a determinados grupos y actividades extramusicales, para saber quién estaba de picos pardos en la piscina del backstage. Ver a la gente que lo llevaba doblado en el bolsillo de atrás del pantalón. A nivel personal, permitirme conocer el festival por dentro, el lujo de poder hablar con ídolos como William Reid o Norman Blake y de trabajar con gente que me encanta cómo escribe y fotografía. Que Paulete (Fib Art), Rafa (Fib Actúa), algún artista, algún lector e incluso algún compañero piropease alguno de mis artículos. Y, visto lo visto, el mismo hecho de que existiera. …y lo peor del Fiber. El “¿ya lo tienes, verdad?” de Elena o Cristina cuando todavía iba por mitad de artículo. Los cuelgues con 35 grados a la sombra de algunos actores del Festival de Cortos. La poca comunicación entre nosotros que permitía el ritmo desenfrenado de la redacción. Ver al día siguiente que un artículo de extramusicales había caído a última hora. Encontrar alguna crítica favorable o aséptica de un concierto que a todas luces había sido malo de narices. Ver el Fiber de días atrasados en fardos amontonados por la zona de prensa, en campings y accesos al recinto. El aire acondicionado a todo trapo en la redacción a partir de ciertas horas.
2.  Dedicación, ilusión y el poco oficio que tenía entonces. Darle toda la bola que podía a la programación de extramusicales. Para mí fue un privilegio trabajar en el periódico de mi festival preferido, al que había acudido a todas las ediciones desde el primer año como público. 3. En general, los momentos delirantes en la redacción a partir de las 4.00-5.00 de la madrugada: Cristina colocando una especie de iconos puramente decorativos en la cabecera de las páginas cuando ya era de día, llegar bolinga a la redacción para recoger mis cosas cuando el recinto estaba a punto de chapar y encontrarme a Cristina y Elena currando acurrucadas debajo de unas toallas, con su tez blanco nuclear y el pantallazo en toda la cara, personal pegando cabezadas sentado delante del ordenador, otros mirando hipnotizados la retransmisión de algún concierto o comiendo a deshoras…
3. Uno no, tres. Por la información de servicio que ofrecía a los asistentes al festival: entrevistas, crónicas, reportajes, cambios de horarios y/o escenarios… Algo que, teniendo en cuenta que la mayoría duerme en campings y no tiene internet en el móvil, todavía no puede sustituir una web durante los días del festival. Aunque quizás en un par de ediciones sí que sería ya prescindible la edición de papel a esos efectos. También por lo que han dicho algunos compañeros: por el fetichismo y la singularidad. Y un último motivo: por no ser tan previsible de cargarse un servicio útil y económicamente asumible -en comparación con otros gastos del festival -con la puta excusa de la crisis.

Diego Ríos

1. Lo mejor: vivirlo. Compartir la experiencia y aprender de todos. Las prisas, los nervios, las risas, las entrevistas de última hora, Elena, Cristina, el concierto de Low, el “hoy no entregamos, no nos da tiempo” :)

Lo peor: la mezcla de agotamiento y vacío mientras amanecía el último día, con el escenario verde a medio desmontar… Y el plantón de Morrissey, claro. 2. Mi aportación, principalmente, ilusión y muchas horas sin dormir. 3. Tengo demasiados recuerdos bizarros. Los “fantasmas” de la redacción que se nos aparecían con sus sábanas todas las noches sobre las 5, la llegada diaria de la cena, las cabezadas de todos, Carmona y Caballero bizarros ellos, la presentadora de MTV preguntándome quiénes eran Mercury Rev,… 4. Debería seguir existiendo por los fibers haciendo cola en el camping para coger el último número, por la ilusión de la gente que guarda todos los números, por los abuelos leyendo la crítica de The Cure en la playa, y porque es un elemento diferencial con otros festivales que hacía al FIB especial.  

Ferran Llauradó

1. Lo mejor: lo variado y talentoso de los colaboradores. Lo peor: y lo digo en serio, que siempre te desmayabas el domingo, se sufría mucho. 2. Críticas de grupos de tarde del Fiberfib y sobre todo artículos bizarros con Aldo. 3. Cuando nos ponñiamos las sábanas, jugar a fútbol con Stuart Murdoch, escribir con Aldo, verte leer las críticas de Toni con cara de susto, conocer a Sonali… 4. Porque cuando te estás comiendo la pizza al día siguiente mola leerlo, además entre conciertos etc también. Y si quieres porque es guay que haya un medio que cuente lo que sucede entre bambalinas etc…

Guillermo Z. del Águila

Realmente del Fiber recuerdo poco, porque estuve allí. No, en serio, mi memoria es frágil y a Benicàssim no solía llevarla. Siempre vi el Fiber como algo que daba más de lo que debería y a la vez menos de lo que podría. Su justificación estaba clara, al menos para mí. Se trataba de informar de los horarios de los conciertos y servir de alfombrilla. Todo lo demás era un regalo. Siempre lo imaginé más bajo culos que frente a caras, lo cual tenía presente a la hora de escribir y me despreocupaba ante posibles errores y esas críticas necesariamente apresuradas. La realidad no siempre era esa, claro, y acababa abrumado cuando la tarde siguiente más gente de la cuenta comentaba algo escrito la noche anterior y ya ni recordado. Afortunadamente, he de decir que con el tiempo ha aprendido a valorar lo que en su día me parecía bastante pobre. En una reorganización de casa acabé leyendo cosas que por supuesto no recordaba haber escrito (y ni siquiera presenciado) y me divertí mucho. Aquello era mágico. Cómo nos adaptábamos a la consigna de la benevolencia con bastante perversión escribiendo entre líneas, cómo ensayábamos nuevos métodos de escritura creativa ante una pantalla cuyos destellos en más de una ocasión reverberaban con la psicodelia, y cómo algunos se atrevían a pasárselo en grande explotando los tópicos y colando bromas. Siempre pensé que ya puestos podíamos hacer algo mejor, con más información que crítica, más contenido, con los textos hechos de antemano, más extensos y rigurosos, y me quedé con las ganas de ver cómo funcionaría una sección donde la gente pudiera participar y dejarse mensajes (hoy en día tal vez haya otros medios para eso). ¿Qué aporté? Imagino que evitar los tópicos porque casi siempre me tocaban las críticas del escenario grande. Afortunadamente, era el que mejor se veía y escuchaba desde el backstage, así que en ocasiones se podía cubrir de manera muy digna sentado en la hierba (en algunos casos era la única manera, recuerdo la aglomeración con Radiohead). Claro que había que tener luego cuidado con rectificar izquierda-derecha, pero realmente en contadas ocasiones el bajista a la izquierda del cantante se bajó los pantalones. Recuerdo (mejor dicho, he descubierto a posteriori) bastantes atrevimientos, tanto formales como descriptivos. El Fiber es uno de las pocas maneras que todavía le quedaban al FIB de conectar con su pasado y con su espíritu original. Además, aunque el último año fuera bilingüe, se trataba de un producto eminentemente hispano, en concepto y contenido. Sin él, el festival es mucho más inglés (ya digo, preparaos para el NME…) Recuerdos bizarros… la primera vez que llegó una super-promocionera de una multi (siendo de provincias, las he tratado poco) con sus formas usuales: me dijo cariñín e incluso me acarició la espalda en zonas inusuales, no sabía si llevármela al sofá (erm… esa es otra historia) o regalarle una piruleta. Al final me dio la risa y se me ocurrió parodiarla sin recordar que las paredes oían. También tenía risa espiar al del NME, un pardillo que se pasaba el día comiéndose los mocos (figuradamente) pero luego cuando escribía sus “andanzas” se pintaba como el rey del mambo. Algo surreal generé yo intentando salir al paso del marrón de escribir un previo de Muse (tan indiferentes me resultaban entonces como ahora): me había topado con una fan (de ellos) con pase de prensa que me abordó camino del backstage porque quería volver a verlos. Como su historia olía a jugo, le di voz. Al final era cierto que los conocía, pero el jugo no tenía el olor a hormonas que parecía (ni para ellos ni para mí). Siguiendo con el jugo, tuvo risa cuando ya cumplida la faena en el momento de la retirada (o sea, consciencia como mínimo agotada y probablemente alterada) me dio por ofrecerle la oportunidad de retratarse a una colaboradora algo lenguaraz y provocadora que se había pasado el festival presumiendo de sexual y ya había insinuado varias veces que los fibbers eran asexuados y ese rollo. Menos mal que reculó ante mi farol “out of the blue” (por copiarle el estilo a la susodicha) y se hizo la sueca colorada porque a mí ya me esperaban… Pero para bizarro, los bizarros. Y no hace falta decir más.

Íñigo de Amescua

1. Lo mejor fue el punto de locura y la libertad casi total de la que disfruté, el rollo que había entre todos los que trabajábamos y el producto en si, tan divertido. Lo peor los nervios, las prisas y el poco dormir. 2. Escribir y hacer fotos… y ocuparme de los contenidos de la web. 3. Uf… tantos… periodistas desaparecidos en medio de la noche, conciertos que se pierden… 4. Por que es consustancial al FIB, es un rasgo personal, un valor único y por que es vital para enterarse de lo que pasa alrededor del Festival.

Joan Vich

1. Lo mejor: la información puntual cada mañana. Lo peor: las prisas.
2. Alguna crítica (¡de teatro!) y el soplo del partido informal que derivó en el partido oficial que desde entonces se celebra cada año.
3. ¿Gente trabajando a las ocho de la mañana?
4. Porque lo echaré de menos cada mañana en el hall del hotel  

Job Ledesma

1) Lo mejor: la posibilidad de vivir el festival desde dentro y de ser parte de esa estructura, o sea, de hacer el FIB con nuestra pequeña aportación. Lo peor: que tardaran un par de años en tratarnos a los que lo hacíamos con un pelo de cariño, pero es algo muy común en la península eso de tratar a la gente al trancazo. 2) Simpatía, desparpajo y algo de léxico canario en las crónicas. 3) Estar hasta las cejas e intentar hacer una crónica coherente del último concierto de la noche en el escenario verde, que siempre me tocaba a mí. Y cuando apareció Hedi Slimane por la Redacción que, poco cool de mí, no sabía quién era y me vacilé de él hasta que vi que Íñigo de Amescua empezaba a bizquear. Bueno, y luego está el affaire Irene Tremblay, pero eso que lo cuenten Carmona y Caballero que tienen más gracia (qué año aquel, chicos). Sin contar cuando los Morán me quisieron asesinar por la crónica de Keane, que insisto en que es un grupo que encima me gusta. 4) Primero porque existía, segundo porque los fibers se están empezando a cansar de que el FIB pierda elementos de valor añadido, tercero porque era un recuerdo para todos los que acudían al festival y se llevaban sus fotos y sus crónicas, cuarto porque era un verdadero logro logístico y periodístico, quinto por vernos, sexto porque me permitía ir al FIB como un señor (egoísta que soy), séptimo porque dejar de hacer cosas bonitas que hacías es de vagos y de aburridos, octavo porque es más fácil buscar soluciones que borrar por borrar, noveno porque me permitió conocer a tanta gente graciosa y a tanto bicho raro.

Juan Antonio Álvarez

1. lo mejor, informar en el auténtico sentido de la palabra viviendo el festival desde dentro (cosa de privilegiados); y lo peor… creo que nada, al fin y al cabo era lo que era, con todo lo bueno y malo que tenía, te gustase o no. era el fiber. 2. la de intentar meter toda esa información en unas pocas páginas, contrareloj y… contranatura. 3. ¿acaso hay recuerdos que no lo sean? 4. por la música y sus autores, los músicos.

Juan Manuel Freire

1. Lo mejor, el entusiasmo de todos los involucrados; ni un solo redactor, creo, usó la expresión “poner toda la carne en el asador”. Lo peor, que siendo del Fiber tampoco se ligaba tanto.
2. Textillos, fotazas y, si no recuerdo mal, algo parecido a un blog sobre los días previos al festival. No se llamaba blog, por eso; se llamaba diario, así que no lo leyó nadie.
3. Cualquier recuerdo del Fiber tiene algo de bizarro.
4. Porque desayunar sin Fiber estando en el FIB es un poco fiasco, digo yo. Además, luego sirve para no mancharse el pantalón si uno se sienta en la hierba o en la tierra.

Marcelo Panozzo

1. Lo conocí poco, a ese Fiber; poco al menos en el terreno donde mejor juega, que es el campo de batalla propiamente dicho, el cada día del festival. Fui al FIB sólo un año, y ese año me tocó Fiber, lo que se dice suerte de principiante. O sea que el panorama para juzgar mejor/peor se reduce notablemente. Nevertheless, la idea de “lo mejor” se ramifica: lo mejor era tenerlo cada día, o ver a muchas personas leyéndolo, o consultarlo uno mismo, o preferir leerlo antes que ver el show de Franz Ferdinand, o estar, simplemente, en el cierre, cada noche. Lo peor, y diré esto con cuidado, casi con vergüenza, que no soy quién: el modelo de crítico musical (o como se llame eso) que no entiende del todo bien de qué se trata el periódico de un festival.
2. Una columna de opinión, en la edición 2004. Escasa aportación.
3. Me dicen que en el momento en el que me encontraba en estado de altísimo autismo, escribiendo sobre Pet Shop Boys, el señor Neil Tennant espiaba la pantalla con el artículo por encima de mi hombro. No puedo decir que sea cierto; estaba de espaldas.
4. Sólo algún tipo de estrechez (o varios tipos funcionando a la vez) puede determinar su cierre. Iba a decir que “no hay motivo” para cancelarlo, pero sí lo hay, cogonmimanto, siempre lo hay.  

Octavio Botana

1. Lo mejor: la libre opinión de sus redactores. Durante los años que he estado no ha habido ningún tipo de sugerencia de cambio de reseña, ni por supuesto censura ni nada parecido. Lo peor: quizá la falta de reconocimiento por parte de la organización y medios. El curro es importante y parece que sea “el periodicucho ese del festi”. 2. Entré como coordinador de redacción y allí he estado 3 años. Creo que intentamos aportar un puntito simpático con los editoriales, el falso blog y las páginas de fotos de Fibers “en plan Glastonbury”. 3. No tengo muchos, realmente. Quizá Doherty escribiendo algo ininteligible en la pizarra vileda gigante que tuvimos el primer año (y buscando red bulls en nuestra nevera). Quizá Amy Winehouse asustada en el set de fotografía mientras le explicábamos que su foto saldría en el editorial del día siguiente. Miró a su mánager, éste le dijo “OK”, y ella me miró y dijo “Ok, wicked”. Poco más, no ha habido locuras extremas, sí mucha diversión, muchos cubatas a últimas horas, algún que otro grito…lo habitual, vamos. 4Por mantener unido a un equipo de redacción consolidado y cachondo. No, en serio, porque los Fibers lo merecen, porque el Fiber es algo tan natural como el Hotel Orange, como dormir en la playa, como quemarse la espalda, como comerse un choripán a la salida, como brincar en primera fila del Escenario Verde. A veces ocurre que uno no sabe hasta qué punto su trabajo es válido; y luego estás por ahí y escuchas a dos chavalitas algo sobre la crítica que han leído en el Fiber (…que si tal, que si cual…) y entonces eres feliz durante unos segundos. Sólo por eso (y sé que es topicazo del periodismo) ya vale la pena. Bueno, y que te envuelvan el bocata de chopped con el diario. Eso también mola :)   

Óscar L. Tejeda

1. Lo mejor: que existiera algo así, tan “único”. - Lo peor: trabajar en unas condiciones no tan ventajosas respecto a otros medios cuando debería ser desde una posición de “privilegio”.  Ver las fotos de uno y las ajenas hechas un desastre por culpa de las tintas y el papel… 2. Caminar y caminar, dolores de espalda y algunas imágenes. 3.  Cristina García Rodero (a sus pies!!) preguntando cómo se utilizaba el flash que llevaba… Anterior a esta época: el reparto de comida… y es que las necesidades básicas pueden con cualquiera. 4. TODO EL MUNDO QUIERE UNO.

Pablo Vinuesa

1. Lo peor del Fiber fue el harón de horas que echamos allí, y lo mejor, el equipo: las dos hefas, los sufridos diseñatas y ese equipo plumilla donde se congregaban antológicos freaks de la talla de Aldo, Diego, el Astur Enrremoniao, Sr. Don Iñigo o el gran fans de Keane… ¡Qué decir, qué!

Ramiro e

1. Lo mejor era la energía de hacer algo tan inmediato, ver por las mañanas tu trabajo del día anterior en manos de todos los fibers. En mi caso podía constatar las reacciones de la gente que yo había retratado. A día de hoy aun me sigo encontrando con gente que me recuerda como aquel fotógrafo-cazadador del FIB. Yo he conocido y he descubierto a mucha gente a partir de aquella experiencia. Lo peor era la poca cabida a comentarios críticos, sobre todo en las crónicas de conciertos.
2. Durante varios años, desde el nacimiento del periódico hasta el año 2003, me encargaba de la sección “gente”, en la que retrataba a mi antojo al público del festival. Era una tarea muy grata y muy divertida.
3. En las primeras ediciones, todo era muy primitivo y bastante bizarro. Especialmente recuerdo como se montó un laboratorio fotográfico de blanco y negro en la primera edición del Fiber, aun no usabamos digital!! muy fuerte…

4. Porque al publico de un festival de música le interesa leer las crónicas del festival, contrastar las críticas, ver las fotos…

Roger Roca

1. Lo mejor: veros a todos tan entregados, tan entusiasmados con el diario. Conocer en persona a algunos de los colaboradores, salir del círculo de la prensa de mi ciudad y ver que en este trabajo no todo el mundo es tan estirado. Lo peor: ¿no entregarme lo suficiente?

2. Poca. Algunas crónicas de conciertos y diría que bastantes más de sesiones de DJs, en la época en la que aún se creía que los DJs tenían tanta talla artística como cualquier banda. Yo lo creía.
3. Los fotógrafos que hacían fotos a gente guai que corría por el festival. Nunca entendí cuál era el criterio y siempre me hicieron sentir inadecuado. A todo eso, nunca hablé con ninguno de ellos. (O no: ¿Paco y Manolo estaban en el Fiber? Porque entonces sí que hablé con alguno).
4. Que lo queráis seguir haciendo. Con eso basta.  

Tori Alimbau

1. Lo peor, lo malo y barato que era el papel, no era de periódico, era de marketing directo. Lo mejor, conocer a Lucas Arraut en la estación de Benicàssim, negándose a subir a ningún tren que no tuviera primera clase, entonces supe que siempre estaría en el centro de mi vida. 2. Cerrarlo cada amanecer. 3. Poner laxante en la comida de ciertos periodistas. 4. Si aún existiera nadie tendría nostalgia.

Víctor Lenore

1. Lo mejor esa sección que hizo Borja Bas llamada “Do you remember the first time?”, donde los artistas recordaban su primer paso por el festival. Las respuestas de Antonio Luque son de lo más divertido que he leído nunca. Lo peor eran las crónicas de conciertos. Al ser el “Fiber” un medio corporativo los redactores no podían ser honestos en sus valoraciones, algo que notaban todos los lectore
2. Escasa y frustrante. Enseguida me di cuenta  de que no era el tipo de proyecto donde encajo bien. Tenía que haberme ido el segundo día en vez de al segundo año.
3. Un día llevé bombones  (no recuerdo bien por qué). Mientras estaba repartiendo, entró Miguel Morán (director del festival) con otra persona a hacer algo. Una de las jefas, Cristina, me regañó por no haberle ofrecid
4. Me cuesta aceptar la premisa de la pregunta. Veo más sensato pensar al revés. El papel sale de un ser vivo tan bonito cómo las árboles.  Deberíamos usar otro enfoque: ¿ tan útil es este medio como para recortar un bosque?

Vidal Romero

1. Lo mejor. Que constituía por un lado un recuerdo para los asistentes al festival (sobre todo en la época previa a la fotografía digital), y por otro una guía acerca de lo que se podía ver cada día. Lo peor. Aunque el Fiber era el medio oficial del festival, algo más de libertad crítica hubiera sido deseable. No pasa nada porque una banda de un mal concierto y se reconozca: después de todo, eso es algo que el festival no puede llegar a controlar, y la capacidad de autocrítica es una virtud, no un defecto.
2. Mi aportación más importante consistió en dar visibilidad a las propuestas más experimentales y minoritarias del festival. En los años que participé todavía existía la carpa Chil Out (esa que Tomás Fernando Flores abría todos los años con especiales de Björk, sí) y por allí pasaron muchos artistas y sellos que era muy difícil (o directamente imposible) ver en directo en España. Creo que tener la posibilidad de convencer a alguien del público de que fuera a ver a aquel músico cuyo nombre le sonaba a chino, o de que se interesara por sus discos a posteriori, ya justifica la existencia del Fiber. Además (y a pesar de lo que he dicho más arriba), el hecho de escribir sobre artistas de segunda fila dentro de la programación del festival, me permitía establecer una cierta distancia crítica. Todos los días, cuando me cruzaba con Joan Vich, me recordaba que él SÍ leía todas las crónicas de los conciertos, y que el día que los Morán se decidieran a leer algo más que las crónicas de los cabezas de cartel, me pondrían de patitas en la calle. Yo prefiero pensar que sí se las leían y se echaban unas risas, aunque esto no me lo ha confirmado ni desmentido nadie nunca… ¿Elena?
3. Posiblemente aquella vez que Thomas Morr me persiguió alrededor de la mesa de la redacción con un Fiber enrrollado en la mano, tras haber escrito en el número anterior que sus pintas eran clavadas a las del abuelito de Heidi. O cuando entrevisté al dueño de Staubgold y a sus artistas, mientras tomaban un baño en pelotas en la piscina del backstage. O aquella vez que, a cuenta de una desbandada general en la redacción, me tocó cubrir tres escenarios a la vez. Menos mal que me tropecé con Pepe Verde. Ejem. También todo lo relacionado con Carmona y Caballero, claro. Y mi charla diaria con Joan Vich.
4. Hace tres años que no voy por el festival (una mezcla de pereza, fechas complicadas y desinterés por el cartel), pero la última vez el público extranjero ya superaba con creces al español, así que no sé hasta qué punto tiene sentido que el Fiber siga existiendo. El Fiber pertenece a una época en la que el indie en España era (o pretendía ser) más inocente, en la que el FIB era EL festival, y en la que internet no tenía tanta potencia como ahora mismo (¿o es que alguien recuerda blogs con descarga directa en 2005?). Hoy la realidad es otra: cualquier indie de a pie va por el recinto con un iPhone, saca una foto o un vídeo del concierto que le está gustando, se informa en cualquier blog del artista desconocido que está sonando en tal o cual escenario y sube toda esta información sobre la marcha a su flickr, su Twitter o su Facebook. Además, el público también tiene una mayor cultura musical (sustentada sobre pies de barro, de acuerdo, pero más amplia) y tiene menos necesidad de una guía de uso y disfrute del festival. Así que, de seguir existiendo, debería de convertirse en algo más abierto y relacionado con la web: por ejemplo, un site que se actualizara con entrevistas grabadas sobre la marcha, con contenidos exclusivos, realizados durante el festival, y que dispusiera de foros para que el público expresara su opinión. El papel, por mucho que nos pese, ha dejado de tener sentido.

A la conquista del descampado

Marzo 21st, 2009 por elenac

La charca de la rana, las montañas o, sencillamente, el descampado, es un terreno sin urbanizar situado en el barrio de La Guindalera de Madrid, lindante con la recién construida Avenida Camilo José Cela y la calle Corazón de María, muy cerca de la Avenida de América.
Los vecinos de Prosperidad y La Guindalera se están organizando para usar este espacio más allá del footing o el paseo de los perros. El mercado de trueque que antes se hacía en la Plaza de Prosperidad encuentra aquí una ubicación perfecta, ya que contribuye a acercar a los vecinos en el contexto de un lugar reconquistado para el uso común.

En este, mi primer vídeo reportaje, asistimos al mercadillo en la soleada mañana del sábado 14 de marzo, con una manta y algunas cosas para cambiar. Hablamos con Gonzalo Montero, de la asociación La charca de la rana, que coordina las actividades y presta el foro para el banco de tiempo o truque de servicios. Los niños asisten a un pequeño taller para crear objetos útiles desde el reciclaje y todos nos reímos con un Charlot y un número de claqué. Ameniza la mañana una selección de música de los años 20 que ayuda a recrear un ambiente felliniano que se impregna en la memoria con el solaz de lo mítico y eterno.

El mercado, dice Gonzalo Montero, es en realidad una excusa. Lo importante es que se realicen actividades que reúnan a los vecinos, que los saquen de sus casas y les den ideas:


Las fotos de las actuaciones y del mercado de truque y el vídeo del claqué son de Alberto Monreal.

El descampado fue rajado hace unos años para trazar la Avenida Camilo José Cela, pero aún así es grande. Para ayudar a ubicarlo en el vídeo he usado dos mapas que me modificado. Este lo encontré en el estupendo blog Urbancidades. Es del Ayuntamiento de Madrid y está fechado en 1929.
Para conseguir situar el descampado me guié gracias a este post de Alvy en Microsiervos.

El charco de la rana (ubicación)

Estas dos imágenes son capturas de la ortofoto que ofrece el mapa que se puede encontrar en Munimadrid (la página del Ayuntamiento de Madrid). También están modificadas para resaltar el terreno y nombrar las calles principales:

El charco de la rana (ubicación)

El charco de la rana (ubicación)

Ahora veremos el descampado en una mañana cualquiera. Al fondo se ve Torres Blancas (a la izquierda) y el hotel Puerta de América. Algo más cerca, se aprecia el muro de las instalaciones deportivas Santiago Apóstol (controvertidas y privadísimas instalaciones del Opus Dei), que pertenece ya al otro lado de la avenida Camilo José Cela. Junto a esa pared de ladrillo estaba hace unos años el banco de madera conocido -al menos entre los vecinos guindalerienses de la calle Béjar- como El Mirador:

A la conquista del descampado

Así es el descampado una mañana cualquiera, cuando no es más que un lugar para el paseo de los perros y los ejercicios. Pero el lugar es como la pequeña aldea gala, resistente ante el acoso de la urbanización:

A la conquista del descampado A la conquista del descampado

A la conquista del descampado A la conquista del descampado A la conquista del descampado

A la conquista del descampado El charco de la rana

Aquí puedes ver un álbum de fotos de Flickr con éstas fotos a mayor tamaño y otras más.

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No pierdas este espacio de vista:

Entra de vez en cuando en la página de la Asociación La Charca de la Rana si quieres saber qué actividades van a organizar allí y pídeles que te añadan a su lista de correo. El próximo 20 de junio habrá una sesión de cine al aire libre con películas sobre descampados. ¿Se te ocurre alguna?

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