Curso de preparación al parto: tres libros y una película
15 Septiembre 2011 por elenacPor estos días, hace un año, me quedé embarazada. Hace tres meses que nació Eleonor, así que prácticamente llevo un año inmersa en estos apasionantes asuntos de la maternidad. He descubierto que, a pesar de que tenemos manuales para casi todo (sabemos cómo contrainformar guerrilleramente, cómo hackear una consola, cómo montar un ladyfest o cómo autorrepararnos la bici) las mujeres (y también los hombres) tenemos que seguir los cauces establecidos para convertirnos en ese formato distinto de fémina que hemos dado en llamar madres. Y esta función de madre desplaza a algún rincón de la memoria las otras funciones que tuvimos como personas.
Tus otras ocupaciones quedan desatentidas y latentes porque no hay tiempo para más en los primeros meses de vida de un bebé. Afortunadamente en los estados sociales como el español pagamos entre todos un dinero mensual a las madres -que anteriormente han cotizado- para que no estén obligadas a seguir trabajando y puedan cuidar los primeros pasos en la vida de unas personas que no saben hacer nada más que los procesos fisiológicos más básicos. En mi caso, me pagáis entre todos 746,76 euros al mes, durante cuatro meses. (Dado que es un dinero público, creo que es justo decirlo).
Dentro de un mes, cuando se acabe esta asignación de la Seguridad Social, tendré que volver a trabajar, tecleando mis artículos con la mano derecha mientras le doy el pecho a Eleonor con la mano izquierda.
Pero esto no me da tanto miedo como el que me produce comprobar que, al finalizar la baja maternal, muchas mujeres siguen siendo sólo madres en su cabeza y todo aquello que desplazaron se quedó enterrado en la memoria. Y van a trabajar y sufren grandemente, porque lo único que desean con pasión es estar en casa cuidando a sus hijos.
¿Y porqué critico esta dedicación, que desde algún punto de vista es una loable abnegación? Porque he visto a demasiadas mujeres mayores con hijos mayores vacías de propósito. Porque cuando los hijos les crecen y ya no las necesitan ellas ya no tienen nada y dedican su inteligencia a urdir planes que pospongan (financieramente, afectivamente…) la dependencia de los hijos. Es decir, ser madres, la cosa más importante de sus vidas, echó sus vidas a perder.
Y no hay manual que te prepare contra eso.
Otro asunto preocupante es cómo se ha instalado en la moralidad que si una mujer con hijos no DESEA dedicarse a ellos por completo, es una mala madre, aunque se diga con tono humorístico. Se dice que ella es buena madre o él es buen padre como un título que te dan en la escuela de la abnegación. Y si no, repasad en vuestro inconsciente o encuestar a vuestros allegados.
¿Por qué soy yo peor madre, que quiero con locura a mi hija Eleonor, pero deseo tratarla como una igual y no como una subordinada de mi vida, que otras que dicen que los hijos les han hecho “mujeres completas”?
¿Dónde están los manuales para una maternidad feminista? En algún lado estarán, pero no al alcance de todas. Yo no los conozco.
Los que vienen a continuación no podemos llamarlos manuales pero sí es cierto que echan una mano. A mí me ayudaron durante el embarazo, mientras pensaba cómo sería nuestra vida después del parto:
Nueve lunas, de Gabriela Wiener
¿Cómo afectan los nueve meses de gestación en la vida de una periodista freelance? Esto podría ser mismamente mi vida, pero el libro lo hizo Gabriela Wiener, escritora y reportera gonzo, peruana afincada en Barcelona. En resumen, una tía que me cae muy bien. La transformación del cuerpo, la relación con el sistema de salud, la influencia del dinero, los cambios hormonales, la verdad sobre el componente gore de la gestación y el parto, la relación con su pareja, etc son aspectos que las gestantes hemos vivido pero pocas hemos literaturizado sin huachaferías.
Leer con niños, de Santiago Alba Rico
¿Para qué sirven los niños?, ¿para qué sirven los libros? Yo también me hacía esa pregunta. Libros y niños están muy relacionados. ¿Necesitará mi hija aventuras para interesarse por el mundo? ¿Cómo debo prepararme para que el Capitalismo no capitalice a mi hija? En el libro de Alba Rico encontré algunas pistas sobre la colectivización del espacio de lectura del que quisiera que Eleonor formara parte.
La memoria de las hormigas, de Iolanda Batallé
Una periodista cultural de cierto éxito lo deja todo y se va a vivir con su marido y su hija a un pueblo costero. Cambia redacciones y actos culturales por un tractor con el que limpiar la playa y hacer dibujos en ella. Me gusta la relación de Joana con su hija María, de seis años. Joana se ha dado cuenta de que la escuela y el trabajo son lugares que sirven para alejarnos de las grandes preguntas e impedirnos pensar. “La vida es un gran complot para evitar que hagamos algo de provecho”, dice. Pero ahora, de noche y junto al mar sí puede pensar en su hija, en su abuela, en sus amigas perdidas y sus pasadas relaciones.
La piel dura, de François Truffaut
Escribió el director que “La piel dura quisiera plantear esta pregunta: ¿Por qué se olvida tan frecuentemente a los niños en las luchas que emprenden los hombres?”. La película nos habla de cómo crecen los niños, de cómo son según les educan sus padres, de cómo influye en ellos el dinero, de cómo reaccionan ante el miedo y la culpa (o en la ausencia del miedo y la culpa). “Los niños son como una roca, tropiezan por la vida sin quedar lastimados. Ellos se encuentran en estado de gracia y eso les permite tener la piel dura. Son mucho más resistentes que nosotros”, dice un personaje.




















Fumar tiene una recompensa en el mundo: conocer a Jim Jarmusch. Como yo no fumo, no le conozco. No es una metáfora para explicar que no entiendo Coffee & cigarettes, porque sí la entiendo, al menos en la parte del café la entiendo.













