No al desalojo de la Asociación de Vecinos Valle-Inclán de Prosperidad

Julio 2nd, 2010 por elenac

“A tenor de los apoyos recabados hasta el momento y de la determinación mostrada esta mañana por la asociación vecinal Valle-Inclán, la Comunidad de Madrid no va a tener nada fácil desalojar su local el próximo lunes, tal y como ha anunciado”. Así comienza la nota de prensa difundida por la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid tras la rueda de prensa que tuvo lugar ayer y a la que pude acudir.

Aunque prensa había poca, sí había muchos apoyos vecinales, asociaciones y representantes políticos y culturales. Que las intenciones de la CAM de desalojar los locales para ponerlos a disposición de Hacienda y “rentabilizarlos” haya coincidido con la lucha de los trabajadores y trabajadoras de Metro de Madrid ha sido una faena porque este atropello puede pasar desapercibido.

En lo que a mí concierne, intento ayudar a que esto no suceda, y por ello he hablado en el Comunes de hoy bastante rato sobre el tema y hemos puesto unos cortes de audio grabados en esta rueda de prensa. Escucháis el programa dándole al play o aquí para descargar:

“No mires lo que hay ahí, mírame a mí”

Junio 1st, 2010 por elenac

Ayer por la noche volvimos de la radio y cenamos algo de queso frente al televisor. Primero pusimos el canal 24 Horas de TVE donde La Nalga presenta La Noche en 24 Horas. Hubo que cambiar porque el nivel es bajísimo y da vergüenza ajena. Zapeamos hasta CNN+ para ver un poco de Hoy, el programa de Iñaki Gabilongo. Estaba entrevistando a una escritora. Cuando ella se refirió al 18 de julio de 1936 como día del “glorioso alzamiento nacional”, espero que con ironía, resoplé de hastío y apagamos la tele, para terminar de comer nuestro queso en silencio.

El de arriba es un vídeo de Beth Fulton que usa un poema de Todd Alcott titulado Television. He llegado al vídeo vía el blog Netlabels & News.

Esperar te chupa la sangre

Abril 19th, 2010 por elenac









Son maravillosos.

God in an alcove

Febrero 19th, 2010 por elenac

Un tarde nublada + God in al alcove

detonante bestial de unos recuerdos que me persiguen desde siempre

el día de mi pre adolescencia que definió cómo sería para siempre

en el que se diseñaron cómo deberían ser las cosas, como serían propias si lo fueran

en el camping, sola, caminando por las calles en contra del viento

aún pequeña, pero intuyéndolo todo

los lugares oscuros, los silencios, las acciones que no se pueden explicar

los extremos de las cuerdas.

Todo el resto no es lo que me gusta.

Alergia

Febrero 8th, 2010 por elenac

Hoy he debido de escribir algo que me ha hecho reacción. Me han salido granitos por todas partes.

La mujer-alga

Enero 28th, 2010 por elenac

Muy buenas. Hoy varios periódicos han hablado de Maruja Mallo. Yo también lo habría hecho pero he llegado tarde. El País habla de sus “espigas surrealistas” y Público la llama “la meiga de Dalí”.

Nació en Viveiro y cuando se vino a vivir a Madrid estudió pintura en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y es ahí donde ahora recuperan su obra para hacerle una retrospectiva a la que, está claro, tengo que ir.

Fue una artista de la vanguardia olvidada, con mucho carácter y talento.

Se hizo esta foto, como una mujer-alga, en una playa de Chile en 1945. Enseguida me he identificado con ella:

“Era una rebelde y una insumisa. Era un bruja” dijo en la inauguración de ayer Antonio Bonet Correa, director de la Academia. Guillaume Fourmont escribe en Público:  “Antro de fósiles, cuadro de 1930 que se expone por primera vez al público. La obra desaparecida desde 1932 y hallada en una subasta el pasado mes de diciembre es un óleo sobre lienzo que representa la muerte con esqueletos de seres humanos y de lagartos. Se nota la influencia del surrealismo. Es la llamada “etapa negra” de Mallo”.

¡Vuelve a funcionar mi blog!

Enero 20th, 2010 por elenac

Mañana jueves 21 pincho en el Garaje Sónico:

Elena Cabrera construye la banda sonora para un cuarto oscuro. Al recorrer el estrecho pasillo que conduce a una habitación aislada, de la que no hay más salida que volver atrás, el visitante siente los golpes del bajo sintético alterando su ritmo cardiaco. Una voz canta sin ganas desde el año 1982, como si no le importara estar ahí. Pero en cambio está. En la habitación del fondo la gente bebe y baila. Un chico vestido de negro cierra los ojos. Hay una guerra fría.

Más aquí.

Anestesia, amnesia

Diciembre 13th, 2009 por elenac

El efecto de la anestesia no es como se pinta en las películas. Todos creemos que te inyectan un líquido transparente con una aguja y, unos segundos después, empiezas a ver borroso, mientras el anestesista te hace contar de diez a uno. Pero el paciente nunca llega al 1 y a eso dl 5 ya comienza a dormirse. Las sombras verdes de los médicos moviéndose se hacen indistinguibles y el paciente lucha por mantener los párpados abiertos. La mano de un enfermero se posa sobre el hombro del enfermo y le pide “relájese” con tanta naturalidad que el paciente se siente confiado y acepta cerrar los ojos.

Durante la elipsis no sabemos qué pasa pero imaginamos qué sueños o pesadillas acosan al enfermo anestesiado mientras los médicos hurgan en su cuerpo sin quejas ni movimientos extraños.

El paciente parpadea y advierte que las luces ya no son las del quirófano sino las de su luminosa habitación. Un bulto blanco se mueve a su alrededor, es la enfermera sonriente que le dice “al fin despierta usted”. Las figuras se van definiendo y el paciente despierta, al fin, y comprende que está de vuelta a su habitación y ya ha pasado todo.

Eso es el cine. Vayamos ahora a la realidad.

La enfermera me señala mi habitación. No tiene ventanas. Se parece a los boxes de urgencias pero grande y con puerta. Hay una cama, una mesilla y un asiento que parece confortable. “Desnúdate del todo menos las braguitas, te pones esa bata con la abertura hacia atrás, el gorro en la cabeza y las calzas en los pies”. Me deja dos copias del consentimiento que he de firmar antes de que me anestesien. Me ha dicho que lo firme, no que lo lea. Yo sé que no debo leerlo y hago esfuerzos por firmalo sin hacerlo. Pero encima de la firma dice claramente que he leído y he entendido lo que se dice en la hoja. Me armo de valor y me pongo a canturrear una canción de Kasabian. Ahí dice que me pueden romper un diente. Leo en diagonal buscando algo sobre el peligro de muerte. Vengo fantaseando con que no me voy a despertar de la anestesia nunca jamás.

Me quito la ropa con obediencia, tal y como me ha dicho. La bata no está mal, es azul oscuro. En el gorro de ducha prefiero no pensar, me lo puedo imaginar. Lo que es humillante son lo que ella llama calzas. Las calzas son estas medias que yo uso y que llegan hasta la mitad del muslo. Son las calzas largas que llevaba Pipi. Estos plásticos verdes en los pies son bolsas de plástico verdes para los pies. Me siento en la camilla y veo cómo me huelgan las piernas. Me miro los pies forrados con los plásticos verdes y digo “son un poco humillantes”. No para mí, sino para mis pies. Me compadezco de mis pies colgando desde la camilla, flotando en el aire, juntos, con las bolsas de plástico verde, balanceándose. La enfermera no viene.

Miro los consentimientos sin firmar sobre la mesilla de noche. Me aburro. Me dedico a escuchar las conversaciones de los médicos y enfermeros con otros enfermos. Oigo cómo una mujer de 65 años os sometida al mismo interrogatorio que me hicieron a mí hace un rato: ¿Cuánto pesa? ¿Cuándo fue la última vez que comió o bebió algo?

Han pasado quince minutos. Entra la enfermera y me pregunta si estoy preparada y si he firmado el consentimiento. No lo he hecho, no tengo boli. Me deja el suyo. Ahora, me dice, métete dentro de la camita. Yo me asusto cuando las enfermeras empiezan a usar diminutivos porque sé que es cuando llega lo peor. Asustada, me metí dentro de la camita. Tapada con una sábana cálida que al menos me impedía ver mis humillados pies.

“¿Te han hecho esta prueba alguna vez?”. Sí, le digo, y no lo pasé nada bien porque me la hicieron despierta. “Vaya, no te preocupes, que ahora no te vas a enterar de nada”. Entran dos buenos mozos a darme una vuelta montada en la camilla. Intento disfrutar del viaje, que en ese momento me recuerda a cuando me dejaban pasear dentro del carro por los pasillos del hipermercado. Nos paramos un momento, hay un paciente que dice que se va. Los enfermeros le preguntan cuándo van a venir a buscarle, que no se puede ir solo. El paciente dice que va a llamar por teléfono. Allí nadie le cree. Me meten a una sala verde llena de aparatos, encajan mi camita entre ellos. Me presentan a mi anestesista, es una chica unos diez años más joven que yo. Antes de que se cierren las puertas le grita al chico que se quiere ir que ni se le ocurra conducir, que no está en condiciones. La anestesista es guapísima, tiene unos ojos verdes maravillosos. “Éste se va a ir”, dice mi enfermera. “¡Pues como coja el coche y se de un golpe la culpa es mía por haberle anestesiado” dice, mientras me busca la vena en la mano de la mano derecha. Mi enfermera aprieta fuerte una goma alrededor de mi brazo y le contesta “la culpa será suya, no tuya, aquí hay muchos testigos que nos han visto decirle que no se puede ir solo. ¿Tú has venido sola?”, me pregunta a mí. Sí, he venido sola, pero vendrán a buscarme. “Ah, muy bien, porque no te puedes ir sola. Parece que hoy es el día en el que todos los pacientes han decidido que no necesitan venir acompañados”. Yo le digo que Alberto salía ahora de trabajar. “Bueno, entonces es el día en el que los acompañantes salen tarde de trabajar”, esa es la enfermera, intentando conjugar argumentos. “Seguro que ya está ahí”, me dice la anestesista de ojos verdes y añade “hoy lo único que te va a doler es el pinchazo que yo te voy a dar y ya”. Pero no encuentra la vena. “Bueno -me sonríe- te dije un pinchazo pero serán dos” . Yo le sonrío y pienso que a veces ser tan guapa tiene sus ventajas porque me cae bien y no me enfado con ella por no atinar con la vía a la primera. Entra el médico y se me presenta. Me preguntan por segunda o tercera vez ya, he perdido la cuenta, cuánto peso. Vuelvo a decir que 50, o algo menos. La enfermera aprovecha el momento para hacer un chiste “estás muy delgadita, yo creo que son menos de 50, y, con el miedito que tienes, seguro que has perdido algún kilo más”. Le sonrío torpemente el chiste. Le explica al doctor que estoy cagada de miedo porque sé lo que me van a hacer, que ya me lo hicieron hace tres años estando despierta. Es el momento en el que cuelo mi frase preferida sobre este tema: “es la peor perrería que me hayan hecho nunca”. No se me ocurre otra mejor, así que la uso siempre. Me miro la mano con la vía y cierro los ojos para no ver cómo meten la aguja. El doctor sonríe por mi comentario, claro, no me lo había escuchado antes. Abro de nuevo los ojos y un enfermero me pregunta qué tal voy. Le digo que bien, esperando. “Te puedes ir vistiendo”. Yo le digo que no, que no me han hecho la prueba aún. “¿Cómo que no?”. Insisto tanto que el chico sale a preguntar. Oigo que mi enfermera y el doctor se ríen a lo lejos y le dicen claro que sí, hace 20 minutos que me lo hicieron. No es posible, no lo recuerdo.

Aparece Alberto por la puerta, sonriendo con un gesto extraño. Creo que intenté convencerle de que no me lo habían hecho. Él insiste en que sí. Me dejo que me vista. Apenas recuerdo cómo me vestí, cómo entre los dos me vestí. A partir de ahí los recuerdos son intermitentes, como los lapsus de una borrachera.

La anestesia hace efecto en un segundo, no viene poco a poco. Tampoco se va poco a poco. Viene y se va rápidamente y, con ella, atrapa el tiempo como un agujero negro. No deja nada para sustituir ese tiempo. Cuando dormimos, sabemos que el tiempo transcurre. Es más, antes de mirar el reloj por la mañana tengo consciencia de aproximadamente cuánto tiempo he pasado dormida. La anestesia no es así, no imprime segundos en blanco sino que destruye el tiempo y empalma el segundo anterior con el segundo siguiente. El desconcierto es brutal. ¿Dónde va a parar ese tiempo? ¿He envejecido durante esos 30 minutos o el tiempo ha sido detenido en mí?

Y, ahora, me pregunto si estar en coma se parecerá más al sueño o a la anestesia.

Funerales periódicos

Octubre 28th, 2009 por elenac

Ayer no tuve oportunidad de escribir, por lo que no pude quejarme online del cierre de Soitu.es que ya en la noche, y al pasar las horas transcurridas, todavía me resistía a creer.
Por supuesto, me parecía un déjà vu de mal gusto, en el que cada cierto tiempo se calla un medio de comunicación y lectores y periodistas nos quedamos tirados, incapacitados para hacer nada salvo protestar, pero por mucho que gritemos, ni siquiera llevando la razón, conseguimos revertir la situación.
Cuando un inversor se impacienta y, guiado por el miedo, busca un lugar seguro donde ganar dinero fácil para que sus accionistas no se quejen, muchas personas se quedan en el paro y muchos sueños son aniquilados. Cuando la empresa que ve cómo su mecenas, su prestamista, su dueño huye despavorido como rata hacia un sol que caliente más, es un medio de comunicación, el efecto es aún peor, pues hay que sumar a la lista de damnificados a un millón y medio (en el caso de Soitu.es) de personas que también se quedan en la calle. Esas personas no son clientes, como sucedería en otra empresa, sino que son lectores o, en términos de interactividad, usuarios. Un lector con un medio de comunicación menos que leer es un lector que ve mermada la pluralidad informativa, es una persona que pierde a su interlocutor, es un usuario abandonado y un poco más aislado.
Las empresas que invierten en un medio de comunicación, como es el caso de BBVA en Soitu.es (cuya retirada ha provocado el cierre del medio) deberían estar sujetos a una responsabilidad económico-social, pues no es lo mismo invertir en una cadena de heladerías que en un medio de comunicación, cosa que a Planeta le dio igual cuando cambio su estrategia en internet con el cierre de ADN.es y a BBVA al abandonar el medio digital dirigido por Gumersindo Lafuente.
Muy apropiado es conocer, el mismo día que el medio anuncia su desaparición, las cifras de beneficios de BBVA en los nueve primeros meses de 2009, que fueron de 4.179 millones de euros. No sé si es de muy mal gusto o una afortunada coincidencia que nos permite valorar mejor a los bancos.

soitugracias

La primera vez que supe que iba a existir Soitu.es me lo sopló en La Ardosa uno de los artífices de la campaña de lanzamiento, la cual me encantó. Me dijo que era secreto, pero que era un secreto a voces. El nombre me pareció horrible y me costó mucho acostumbrarme a él. Al final, ya me parecía de lo más normal. Mientras trabajaba en ADN.es los veía como nuestra competencia más directa, por lo que les espiaba y les sacaba los dientes. Cuando nos despidieron, ese fue el primer sitio al que escribí pidiendo trabajo. (Como todos los sitios a los que he llamado, su respuesta fue el silencio, pero esa es otra historia).

Ayer la redacción de Soitu se bajó a un bar de la calle Cochabamba, donde están situados. Imagino que sería “el bar de abajo”. Y allí, entre alcohol y sentimientos encontrados celebraron el funeral. Hace poco vi en la filmoteca Deadline USA. Humprey Bogart es el director de un periódico que van a vender a la competencia para ser cerrado. Su periódico es serio, de investigación, mientras que su competencia, que vende más y es más rentable es, por supuesto, un tabloide sensacionalista. El día que la redacción conoce la noticia se van al bar de abajo, para emborracharse mucho y celebrar el funeral, con velas y todo, como se ve en la foto. Así hicimos, también, en ADN.es. Supongo que así habrá pasado también cuando cerraron Diario 16, Ya, Metro, Claro o El Sol. Todos al bar de abajo.

Periodismo digital no es digitalizar periódicos. Pero todavía no está tan claro cómo hay que hacerlo. A pesar de que Ramón Lobo dijo que internet no huele a calle, Gumersindo dijo que la Red es la calle.

Me duele el cierre de Soitu y me asusta ver que el periodismo digital se vuelve a reducir a los de siempre. Que hay otros 23 periodistas digitales en la calle. Que El Selector ya no me dará los enlaces a temas geniales que no habría leído si no fuera por él. Que quedan menos sitios donde leer y escribir artículos como este. En verdad nunca fui gran fan de la jerarquía temporal (a lo blog) por lo que casi siempre he leído Soitu directamente en los artículos linkados aquí y allá y no tanto desde su portada. A veces, cuando leía uno muy bueno, me creaba ansiedad el pensar en cuántos otros muy buenos podría haberme perdido también. Ahora la ansiedad es por todo lo que podría haberse escrito y jamás se hará. Una selección de temas favoritos de Soitu.es es lo que ocupa ahora su homepage.

Un vídeo de los Sin futuro y sin un duro desde el velatorio.

Leed también el post de Enrique Meneses, que estuvo en el funeral.

No vendas a tus amigos, y menos gratis

Agosto 9th, 2009 por elenac

usuarios tirando de la ballena de TwitterNo quería hablar del tema porque sé que no hay mayor desprecio para alguien que no bloguear sobre él pero necesito mantener la cabeza ocupada en algo. Y qué mejor que en algo que odio para no pensar en las cosas que me dan miedo. Probadlo si alguna vez estáis en una situación atemorizante -por ejemplo, encerrada o encerrado involuntariamente en un cuarto de baño-, busca un objeto de tu odio -por ejemplo, Rupert Murdoch, Esperanza Aguirre, Gallardón, Bob Dylan o Emilio Aragón- y ya verás cómo se diluyen los nervios.
Volviendo al asunto, que se ve que hoy estoy con ganas de bifurcarme: si hemos superado aquellos grandes timos de la historia de la humanidad como son los crecepelo, las pseudosectas de ventas piramidales, la estampita, el agua bendita (salvo en los vampiros, claro) o la famosa peseta que llegaba por correo y te costaría la muerte si no repetías el envío a otros cinco desgraciados, ¿porqué, si ya no caemos en ellos, lo seguimos haciendo con las empresas que actúan en internet bajo el dudoso titular de ‘redes sociales’ regalando nuestra información a cambio de nada?
Últimamente, escucho con frecuencia explicar el método profiláctico de muchas personas para no hundirse en la marea anónima de los amigos que no son tales: “yo no admito a nadie que no conozca de verdad”. Estoy segura de que lo habréis oído muchas veces. De esa manera, aquel que nos habla, convencido del buen uso que le hace a la red social, sólo agrega como amigos a los amigos que ya lo son. ¿Entonces, por que te registras en la base de datos de una empresa con tu nombre real, tu edad, tu foto, tu ciudad, tus aficiones, dónde vas o dónde no vas a cambio de lo que ya tenías antes de regalarles tus datos personales? ¿Qué esperas obtener a cambio?
Si a pesar de ser consciente de ello no te importa que tengan tu ficha completa, tu suculenta ficha de consumidor -pues hablamos de Occidente y hablamos de capitalismo- y sepan qué ofrecerte cada vez que cargas una página, piensa que, cada vez que agregas a alguien, no sólo te vendes a ti sino también a tus amigos. Al agregar, followear, establecer amistad, estás diciendo al empresario, al dueño de la página y a su departamento de marketing: “oigan, que esta persona es como yo, le gusta lo que a mí, somos amigos y juntos hacemos fuerza”. Y de la contabilidad nace la estadística y de la estadística el marketing y del marketing el dinero, las ventas, que es a lo que van, que es, a la postre, lo que les interesa. Porque ellos viven de eso, a tu costa.
A no ser que te llegue dinero por ello. Porque a lo mejor te llega y yo no lo sé. En la columna de la derecha de tu página de Facebook te aparecen anuncios ¿verdad? Y son tan grandes que es difícil no verlos, y al final uno los acaba leyendo. Por lo tanto, tener una cuenta de Facebook no es gratis, te cuesta dinero pero no lo pagas con dinero contante, sino con el equivalente de la publicidad que consumes. ¿Cuánto dinero te paga Facebook cada vez que uno de tus amigos lee tu cambio de estado y, de paso, la publicidad?
Hay que repetirlo mil veces y hasta la saciedad porque siempre hay alguno que no se ha dado cuenta: todo lo que lleva publicidad no es gratuito. Tu presencia como consumidor de publicidad es valiosísima. Probablemente es más cara la inversión publicitaria por usuario de lo que te costaría pagar por este servicio. No tengo datos que apoyen esta teoría, pero algún día me gustaría poder comprobarlo.
Facebook, MySpace, Twitter… no son redes sociales porque en verdad no son sociales. No están descentralizadas porque son empresas. No dan el poder al usuario porque ellos tienen el poder. Ellos ponen la piscina y allí que nos tiramos todos. Cuantos más nadadores en la piscina, controlados dentro de sus cuatro paredes, más fácil es coger un megáfono y venderles algo a la vez. Una red social, para que sea tal, no puede pertenecer a una persona, a un empresario, ha de ser de todos y de nadie, ha de ser transparente, no controlable o controlable por todos.
¿Te imaginas que existiera un dueño de internet? Por ejemplo, que Rupert Murdoch comprara internet. Las operadoras de comunicaciones ya se creen los dueños de internet porque proveen el acceso. Son como los gorilas de las puertas que se creen los dueños de los garitos porque ellos deciden quien entra o quien no, y sobre todo porque vigilan que nadie entre sin pagar. Pero, al menos, no es un monopolio y no existe un único proveedor mundial.
Mientras no existan redes que funcionen de esa manera, registrarse en ellas supone el mismo tipo de acción que darle nuestros datos de gustos, marcas y sabores a El Corte Inglés para que nos mande información de qué deberíamos comprar o cómo deberíamos ser, qué nos debería gustar, a quiénes, qué otros clientes, deberíamos conocer.

CONVIENE RECORDAR QUE:
Rupert Murdoch (y perdón por la obsesión) es el dueño de MySpace desde que compró la empresa para sumarla a su emporio News Corp por 580 millones de dólares.

Jack Dorsey, Biz Stone y Evan Williams son los dueños y fundadores de Twitter. (Cuando se hackeó información privada de la compañía se supo que esperaban unos beneficios de 4 millones de dólares en el cuarto trimestre de 2009). De su próximo modelo de financiación esperan conseguir 1 dolar por usuario y por año. Esperan conseguir registrar a 25 millones de usuarios cuando acabe 2009 y 1000 millones de usuarios en 2013.

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, es el dueño del 30% de la empresa. (El multimillonario más joven del mundo según Forbes).

Son personas, son ellos a quienes les estás regalando tus amigos. No te conectas con tus amigos. Eso es una falacia. Tú ya estás conectado. Tú ya te trabajaste esas amistades antes. Tú les regalas a tus amigos. Y te regalas a ti mismo. Gratis. Y gracias a eso ellos ganan sus céntimos con cada dato, foto, contenido o amistad que introduces en sus bases de datos.

Notas:

1) A día de hoy, desconocemos cuál es el modelo de negocio que tiene planeado Twitter, quizá los mensajes de texto en los móviles, pero no se sabe. Probaron la publicidad en el site japonés y no les fue bien.  Aún así, les he metido en el mismo saco porque algún día, tarde o temprano, usarán su máximo valor: los usuarios y los millones de mensajes que se mueven, para ganar dinero con nosotros.

2) A quien pueda interesar: sí tengo cuenta de Twitter, no tengo de MySpace (tuve y la borré) y no tengo cuenta de Facebook. Sí tengo cuenta de Flickr, de 11870, de del.icio.us, de Last.fm y de Spotify. Me registro en las webs que me aportan un contenido que no tuviera antes de registrarme, como es el caso de un lugar para publicar fotos, lugares donde guardar favoritos y un servicio para escuchar y conocer música. Twitter lo uso como servicio de microblogging cuando no merece la pena abrir The Last Dance; lo uso más que Tumblr, donde también tengo una cuenta.

3) Me preocupa cómo se está volcando la información en Facebook de una manera masiva, hasta el punto de usarse como único medio para comunicar cosas. Si después de haber leído este post sigues convencido de que necesitas Facebook para vivir, no lo uses como único medio para comunicarte con el mundo, o les regalarás el monopolio de la información.

ACTUALIZACIÓN (12 de agosto):

Más pasitos por el camino del monopolio: Facebook, tras no conseguir comprar Twitter, compra Friendfeed (donde sí, también tengo cuenta, una cuenta robótica, por decirlo así, que agrega los feeds de otros servicios que sí uso como Twitter, del.cio.us o Flickr):

“La de Friendfeed supone la primera adquisición realizada por Facebook desde que el grupo ruso Digital Sky Technologies invirtiera unos 140 millones de euros el pasado mayo en la compra del 1,96% de la red social, valorando a la compañía creada por Mark Zuckerberg en unos 7.000 millones de euros”.