Los coches son asesinos y los peatones, suicidas

Marzo 10th, 2010 por elenac

Hoy ha sido mi primer día circulando en moto por Madrid. Mi bella Kymko Like 125 negra con destellos azules y yo, con mi enorme casco, mi chaqueta air-bag y mis guantes de orangután.

He aprendido algunas cosas sobre el tráfico de Madrid, siendo la primera y más importante la que titula este post: los coches son asesinos y los peatones son suicidas. A pesar de ser yo, en otros momentos del día, automovilista y peatón, nunca me he visto tan culpable de actos tan arriesgados como les he visto cometer a ellos hoy.

Los coches no consideran que las motos tengan tantos privilegios como el resto de coches, por ello, si un automóvil está asomando el morro desde una calle con ceda el paso, dejará pasar a los coches que vienen pero no a la moto. Por tres veces hoy he tenido que frenar para que no me comieran las fauces de esos enormes bichos de hojalata con cuatro ruedas, radio y calefacción. ¡Cuánto he echado hoy esas tres cosas de menos! Mientras se me congelaban las yemas de los dedos pensaba en nuestro viejo Xantia.

Y luego están los peatones, que opinan de las motos lo mismo que los coches: que se joda el motorista. Y, bajo esa regla, salen inesperadamente entre dos coches por medio de la calzada, se bajan de sus taxis sin mirar y cruzan por lugares por donde yo no veo un paso de cebra.

Todos miran mal a los motoristas salvo los que van en otras motos. A no ser que la otra moto sea más grande o corra más que la tuya, que en mi caso es lo más usual.

El problema más grande con el que me encuentro es el aparcamiento de la moto: no tengo fuerza para subirla al caballete. A pesar de que hoy he aprendido un truco, al llegar a casa he comprobado que el truco sólo funciona en llano. En cuesta, que es donde yo vivo, provoca mis sudores, desesperación y casi, casi, llanto por impotencia. Hoy ha sucedido lo mismo que me ocurría cuando era una conductora inexperta y tras retener el tráfico de una calle estrecha durante diez minutos alguien se ofrecía a aparcar el Ibiza por mí. Ahora, cuando lo recuerdo, pienso que debía estar loca al dejar que un desconocido se pusiera al volante de mi coche para aparcarlo. En aquel entonces la desesperación me hacía confiar en los que me prestaban su ayuda. Esta noche, delante de casa, un vecino desconocido ha pasado delante de mis ridículos esfuerzos por levantar la moto sobre su caballete. El chico llevaba una bolsa de basura. Al rato, ha vuelto sobre sus pasos y, con su mejor sonrisa, ha preguntado ¿quieres que te ayude?

Con mi mejor sonrisa me he levanto la visera del casco y le he contestado: estaría genial.

Otra cosa aprendida hoy: no puedo ir en falda y en moto a la vez. Creo que he cogido todas las posibles infecciones del mundo por culpa del frío. Apenas tengo pantalones y odio los vaqueros, de manera que vislumbro un futuro cercano y continuo de cambios de ropa en el lavabo de la redacción.

Y el firme. ¿Por qué lo llaman firme si parece un camino de cabras? Cuando circulas con el coche por Madrid crees que el suelo es recto y no te importan los agujeros. Con la moto, en cambio, los veo todos muy de cerca y boto de miedo incluso antes de llegar a ellos. Madrid está lleno de hoyos, baches, tremendos agujeros en el asfalto. ¡Es una vergüenza! Hay grava aquí y allá, tierra y pequeños escombros que convierten la conducción es un rally. Es evidente: no es ciudad para motos.

Y luego está la M30, ese anillo de fuego donde hay que correr, ser el más fuerte, el más listo, el más salvaje. Hoy la he cogido por error (la costumbre) y he tenido que evacuarme por la primera salida, con la consecuencia de callejear durante quince minutos más de lo previsto.

Ayer y hoy Madrid anticipa la primavera (mientras en Barcelona nieva como si se adentraran en una nueva glaciación), con un sol maravilloso pero un frío de perros. Tengo las manos cortadas por el frío y los pies entumecidos. Pero eso es justo lo que siempre he deseado.

Estaría mal hacerle taxidermia a los amigos, pero a veces se siente el deseo para que no se vayan

Octubre 31st, 2009 por elenac

En la anterior entrega de la telenovela The Last Dance sólo hablaba de Vincent Moon pero ahí no quedó el día. En el dramatis personae de ayer también aparecía mencionado Isaac, que fue protagonista importante de la jornada. Pero no hablé de Ángela Precht, con quien estuve bastante rato y a quien me hizo ilusión loca volver a ver. Chicos de Cultura, ¡esta chica nos echa de menos! Y yo también a ella, la verdad. En unos días, además, abandona este hemisferio para volver a Chile durante medio año y trabajar en el In-Edit de allí.

Le tendría que haber dicho a Ángela algo que quise decir ayer pero no hubo oportunidad, que Vincent Moon es como un personaje de Los detectives salvajes, viajando sin dinero por el mundo, invitado aquí y allá, viviendo. A Ángela también me la imagino como personaje bolañero, tan loca y tan lista, huevón.

(Justo mientras escribo estas líneas me llegan emails de ella con fotos de ayer). (No os perdáis su post en el que cuenta qué le contestó Vincent Moon cuando le preguntó porqué no sigue a nadie en Twitter).

Por la tarde tomamos un taxi que nos llevara a Gracia. En la plaza de Joanic la encantadora Beatriz Naranjo, con quien compartimos la comida, ha abierto una escuela llamada La casa del cine. Isaac, Vincent, ella y yo subimos para visitarla y que estos dos últimos pudieran hablar sobre los detalles del curso que dirigirá allí durante una semana en el próximo mes de mayo. Vincent Moon grabará un Take Away Show ayudado de los alumnos. Una semana después tendrá lugar el Primavera Sound, donde también piensa filmar un documento.

Con Ángela, Isaac y el mejor barman de hotel de toda la ciudad (¿seguro que no es un actor de una película de Jim Jarmusch?) nos tomamos un vino (otro) al terminar la charla. Bueno, ni que las charlas se terminaran, se transforman en otras, que fue lo que hicimos nosotros allí en aquella barra de hotel.

Y, celebrando con (y otro más) vino la despedida hacia tierras de mapuches de Ángela y Gerard, estuvimos en el bar El Taxidermista, al que poco tiempo después llegó Raúl de Comando Suzie y allí que siguió transformándose la conversación, imparable y aún con más fuerza, como si el día no se estuviera acabando. De golpe todo el mundo había desaparecido, así que las palabras, el comandante y yo nos fuimos al Rouge (¿quizás ya no se llama Barcelona Rouge?) que tanto me gustaba cuando vivía allí. Hacía tiempo que no volvía. De pronto, apareció delante de nosotros. Y con una copa de (esta ya fue la última) vino blanco en las manos no paré de hacer preguntas, lo cual parece cada vez con más evidencia que es el oficio, la ocupación, de mi vida.

Con v10

Álbum de memorias de un día con Vincent Moon

Octubre 31st, 2009 por elenac

No sé si lo he escrito alguna vez por aquí, pero aprovecho la ocasión para decir que me encantan los salones de los hoteles. Te puedes sentar durante horas sin que nadie te pida explicaciones, aunque quién quiere sentarse durante horas en un hotel. En realidad suelen ser minutos que parecen horas. Minutos sin quehacer, donde esperar a alguien, leer el periódico o levantar la tapa del ordenador y ver pasar caras con las que te cruzarás una vez en la vida. Ahora estoy en uno de ellos, en este, esperando (yo también) a que el gelocatil se lleve un inmenso dolor de cabeza.

Ayer lo estuve tuiteando, no podía callarme, fue todo muy especial. Merece la pena estar disponible y tener amigos para que sea posible que algo como esto suceda, que te llamen para venir a otra ciudad a conversar con alguien a quien mucha gente quiere conocer.

Con Vincent Moon

Con Vincent Moon

Hace dos días os contaba quién es Vincent Moon y os enseñaba algunos de sus vídeos que más me gustan. Hoy os puedo hablar un poco mejor sobre él y las cosas que sucedieron ayer, a pesar de que la migraña me hace sentir algo torpe en la escritura.

Cuando me aproximé al grupo que esperaba en la acera divisé a Isaac Monclús rodeado de personas que me daban la espalda. Uno de ellos se giró de golpe y me miró con ojos saltones diciendo mi nombre, parecía aún más joven de lo que esperaba. Me fijé en su aspecto mientras caminábamos hacia el restaurante, lleva un corte de pelo que probablemente se ha hecho él mismo y viste una divertida chaqueta de marinero, envuelta en un pañuelo muy largo al cuello, que le da muchas vueltas; todos esos giros alrededor de su cuello me hacen recordar a él mismo girando alrededor de Gaspar Claus, en un paso de baile que ha repetido al menos dos veces y que más tarde bautizaremos como the Gaspar Claus spinning thing.  Eso de dar vueltas lo hace en dos de los vídeos que puse en el post anterior y que, además, ayer proyectó. Para mí era un misterio que este violonchelista apareciera también en el vídeo de Tomokawa, de golpe, sin esperarle. Me había gustado mucho los vídeos grabados con su padre en Port-Bou. Vincent Moon me explica enseguida que es su mejor amigo. Más tarde, en un taxi, me cuenta que el violonchelo es el instrumento qué más le gusta filmar, yo le digo que me emocionó esa toma en el que Gaspar lo toca tumbado en el suelo, abrazado a él como si fuera una persona, él me dice oui, oui, oui.

Estoy escribiendo este post para mí y para mis amigos que me leen pero ahora pienso que también es para los que vinieron ayer al encuentro y no les contamos todo lo que hubiéramos querido decirles. A pesar de que duró dos hora y media, creo que apenas pudimos explicar nada, que el tiempo fue escaso. Vincent Moon dice que sus películas son su memoria, es su vida grabada, su álbum de souvenirs. Lo mismo que es para mí The Last Dance.

El vino de IsaacCuando llegué a la sala que en la planta cuarta del Palau de la Virreina nos habían reservado me decepcioné. Después de haber estado criticando los días pasados que la Semana Gótica de Madrid, llamándose gótica, no pudiera subvertir el escenario típico de público en sillas mirando un estrado con tarima elevada, mesa alargada, micrófonos y ponentes parapetados (ese género/estilo del Forum de la FNAC, que odio), me encontraba con un escena similar que me hizo pensar en las ruedas de prensa tras el Consejo de Ministros. Además, en el frontal de la mesa ponía Institut de Cultura. Yo no quería estar ahí haciendo de institutriz de cultura. Vincent Moon sacó su portátil y comenzó a realizar las conexiones. Me acerqué a él y le pregunté ¿te gusta esto? Me contestó educadamente, es un poco raro, dijo. Yo le dije, a mí no me gusta. Le pedí a Isaac que nos saltáramos el protocolo, que queríamos estar por delante de las mesas. Él consiguió algo mejor: que las quitaran de allí. Desaparecieron en un minuto y trajeron una mesita baja, cuadrada, pequeña. Vincent Moon pidió entonces una luz baja para poner en la mesa y que nos dejaran la sala a oscuras. Eso fue genial. Aquel lugar tan frío se convirtió en un saloncito acogedor,  íntimo y mágico como una sala de cine o una cuarto de revelado. Y entonces aparece Isaac con una botella de vino blanco y dos copas. Me hubiera gustado tener copas para todos. El vino era un blanco, creo que del Penedés, riquísimo. Me gustaba cuando apagábamos nuestra lámpara y nos quitábamos del medio para ver los vídeos que habíamos seleccionado y que salpicábamos durante la charla. A veces, Vincent Moon desaparecía, se perdía entre la gente y se confundía en la oscuridad. Él dice que apenas puede ver ya cosas, que no se concentra en el cine, que se pone a mirar lo que ocurre alrededor, la cara del que tiene sentado al lado. Él quería ver sus películas porque dice que no las ve nunca, pero yo creo que ayer tampoco fue capaz de verlas sino que sentía la necesidad de alejarse para ver cómo la gente ve.

Escenografía remezclada

Miro sus brazos mientras habla, se ha arremangado la camisa y descubro que lleva un tatuaje en la parte interior del brazo, no lo distingo bien pero parecen varias líneas de escritura árabe. Me hacen pensar, al igual que durante la comida, en Memento. Pensé en esa película porque el francés llevaba muchas cosas escritas en las manos. Y, lo que era aún más llamativo, podía ver los borrones de cosas escritas anteriormente y mal borradas con saliva. Tatuajes delebles. La última palabra que lleva escrita en la mano decía TWITTER. Estuve a punto de recordárselo yo misma: Mathieu, acuérdate de usar el Twitter, que no escribes nada desde el 23 de octubre. Pero se acordó. Durante la comida hablamos de la memoria. Es un tema muy importante para mí y me gusta tener la oportunidad de hablar sobre ello con alguien a quien también le preocupa y tiene ideas interesantes al respecto. Ya lo dije antes, sus películas son su memoria. Pero le preocupa alimentar con basura digital una cultura tan saturada de montones y montones de improcesable información. La palabra INFORMACIÓN aparece escrita en mis notas para la charla. Le hago pasar sobre este tema pero, como ocurrió con muchos otros, los explicó mejor durante la comida, ante tres personas, que ante las cien (¿eran cien?) del encuentro.

Al mediodía nos explicó la diferencia entre filmar y grabar. Yo hubiera dicho: claro, filmar es lo que se hace en cine y grabar lo que se hace en vídeo. Pues no es eso. Filmar es estar ahí con una cámara haciendo que sucedan cosas. Grabar es que la cámara almacene lo que está sucediendo y genere información, que luego tú procesas más o menos. Vincent Moon ya no quiere grabar más, sólo quiere filmar. Estaría filmando todo el día, pero algún día quiere que grabar ya no sea necesario para que sigan sucediendo cosas cuando él está ahí provocándolas.

Ese aspecto colaborativo, social, que tiene lugar cuando hace un Temporary Area en el que junta a un montón de grupos de una escena (como los quince de Atenas) y cada uno se asienta en una habitación y él recorre la casa con su cámara, pasando de una canción a otra, es algo que me gusta especialmente. Eso no ocurriría jamás si no fuera por él. Y eso crea una voz colectiva, un discurso colectivo, aunque sea musical, es la voz de una ciudad. En una cultura tan individualista como esta occidental europea en la que vivo (donde muchos no creen en las voces colectivas) es un alivio descubrir una manera de hacerlas sonar.

Vincent Moon firmando autógrafos

Vincent Moon canturrea todo el rato. Canta cosas bonitas. Tiene una voz bonita. En la comida me atreví a decirle algo que no estaba segura de si lo haría. De pequeña yo era muy fan del cine musical americano, era mi género favorito. Mi hermana me llevaba (o al menos me llevó una vez) a ver programas dobles al cine estudio Griffith, con una empanadilla chilena entre peli y peli. Como había visto tantas películas de este género, me parecía normal que cuando uno se baja de un barco lo haga cantando ¡New York, New York! Qué triste decepción descubrir que nadie canta al bajarse de un barco en un mundo donde no hay coreografías ni cámaras de cine. Sus vídeos han llenado ese hueco que siempre ha habido en mi vida y ahora la música sí sucede en la calle, en las casas, en los barcos. En sus vídeos hay una gente merendando y entonces empiezan a cantar, y además cantan y tocan de verdad, no como el playback de las películas (bueno, eso del playback tardé bastante en averiguarlo). He estado engañada todos estos años mientras pensaba que el cine musical era falso. No lo es, simplemente está mal hecho. Vincent Moon es el verdadero Stanley Donen.

Mis vincentmoons favoritos

Octubre 29th, 2009 por elenac

Mañana estaré en Barcelona gracias a la providencial invitación del siempre grande y generoso Isaac Monclús para conducir un encuentro con (el también grande y generoso) Vincent Moon dentro de la programación de In-Edit.

Haber visto dos o tres vídeos de Vincent Moon no es lo mismo que vivir en su relato cinematográfico, en el cual llevo inmersa varios días, sin querer ver otra que no haya grabado él. Descubriendo el mundo, y cuando digo el mundo, me refiero de verdad al mundo, a través de sus ojos, escuchando cómo me lo cuenta.

Para alguien como yo que adora la conjunción entre cine o vídeo y música hay un antes y un después de conocer a Vincent Moon. Saber que mañana, además, le voy a conocer en persona me hace mucha ilusión.

Moon es el creador de los Concerts a emporter, donde los grupos tocan una o dos canciones en una sola toma, en acústico (al aire, diría) y en sitios inusuales, con resultados imprevisibles. Aquello comenzó en París con los grupos que pasaban por allí pero él no se queda ahí sino que su objetivo es recorrer el mundo conociendo gente y músicos, filmándolos en su ciudad, contándonos también su contexto.

Os dejo con una selección de sus piezas que más me gustan:

Kazuki Tomokawa – A Take Away Show #98 – Part II from La Blogotheque on Vimeo.


#94.2 Gaspar Claus et Pedro Soler – Episode 2
Cargado por lablogotheque. – Explorar otros videos musicales.


#92.2 – Winter Family – Part 2
Cargado por lablogotheque. – Ver más clips de música, videos en HD!

El encuentro tendrá lugar en el Palau de la Virreina a las 19h. La entrada es gratuita.

Piel es asesinato

Octubre 23rd, 2009 por elenac

El otro día lloré inconsolablemente delante del televisor. Combinaba las lágrimas con episodios de insultos. Ocurrió porque casualmente pillé en el canal 24 Horas la repetición de un programa de la temporada pasada del estupendo El escarabajo verde, titulado Piel contra piel (podéis verlo aquí). En él, se veía algo de la investigación y acción de Igualdad Animal entorno a las granjas de visones en España. Pero también se aportaba el testimonio de un granjero de visones, para hacerlo ecuánime.
Ahora, Igualdad Animal (qué grandes son) presentan el resultado de sus investigaciones (varias horas de vídeo y 650 fotografías) para que podamos comprobar la explotación animal, la inmensa crueldad y el nulo respeto a la vida de otros animales de la que es culpable la industria peletera. Este vídeo es un adelanto del documental que están preparando. Preparaos vosotros para llorar y, también, para insultar:

Más de 400.000 visones pasan toda su vida encerrados en jaulas minúsculas con el objeto de morir despellejados para satisfacer la demanda de los que están dispuestos a pagar mucho dinero para vestirse con el trofeo de parte del cuerpo de un animal que estuvo vivo, que sentía emociones y malvivió enloquecido entre rejas.
Durante un año Igualdad Animal ha inspeccionado cerca de la mitad de las granjas de visones que existen en España para grabar “como las madres son utilizadas como máquinas reproductoras y son apartadas de sus crías, imágenes de partos, peleas de visones entre sí debido al confinamiento al que están sometidos, cientos de cadáveres apilados en contenedores…”. Estas evidencias están reunidas en el reportaje Piel es asesinato.

En el informe redactado a colación de esta investigación se puede leer que “en las explotaciones, las jaulas se ubican una al lado de otra y los animales pueden verse entre sí. Esta condición es especialmente estresante para especies solitarias, como el visón, o especies con complejas jerarquías sociales, como los zorros. Los visones son animales semi-acuáticos pero en las granjas no tienen acceso a agua para nadar.

A pesar de llevar generaciones siendo reproducidos en cautividad, los animales mantienen sus instintos de conducta que, en las condiciones de cría intensiva, no pueden desarrollar. El hacinamiento intensivo imposibilita actividades naturales para los animales como nadar, escalar, cavar o recorrer largas distancias.
Estos animales muestran signos claro de estrés a causa de su aburrimiento, frustración y privación en un ambiente biológica y socialmente inapropiado al que son incapaces de adaptarse. Este estrés se manifiesta llevando a cabo comportamientos estereotipados, realizados repetitiva y obsesivamente sin finalidad aparente, e incluso automutilándose.

Pueden mostrar apatía, morderse la cola, morder los barrotes de la jaula, agresividad hacia los compañeros de jaula, andar de un lado a otro siguiendo la misma ruta incesantemente hora tras hora y día tras día durante toda su vida. También puede resultar en infanticidio y en ataques a las propias crías”.

Qué hacer con el sueño huido entre los párpados

Octubre 10th, 2009 por elenac

Yo tenía mucho sueño. No sé en qué momento lo perdí entre el sofá y la cama pero, ahora lo veo claro, se me escapó por alguna rendija que dejaron los párpados. Mi familia me debe oír teclear a lo lejos, entre sueños.
Hoy me pusieron falta en una conferencia de Jorge Haro en Espacio Mínimo pero había tanto que hacer en casa de cara a la fiesta de mañana que se me echó la hora encima. Ayer fue un día denso, también. Todo comenzó quizás antes de ayer o, mentira, ya estaba todo empezado desde hace un tiempo, desde antes de que arrancara este octubre.
Antes de ayer fue suave y bonito, otoñal, de primeras lluvias. Me puse una falda blanca, unos zapatos a cuadros blancos y negros y un jersey negro de manga corta de corte bonito, como de agregada cultural, y me fui a Casa Árabe, que le hacíamos un bis al Experimentaclub. Me impresionó que siendo tan bonitas las Escuelas Aguirre por fuera, sea Casa Árabe tan feo por dentro. Esa noche, tras las presentaciones, me porté bien y volví a casa pronto, esperando el autobús número 9 bajo la marquesina, resguardada de la lluvia apacible. No llevaba mi paraguas blanco.
Ayer era más complicado. Tuvimos programa (este, en concreto) en el que entrevisté a Max para Poco Común con motivo de Avantcomic (9 y 10 de octubre en La Casa Encendida). Fue muy bonita la entrevista telefónica que Natxo le hizo al sindicalista de la Naval Xixón Morala. Al programa vinieron Xabi y Marta, que estaban en Madrid para acudir al Hackmeeting, del que espero disfrutar algo el domingo.

Luego, Marta y yo nos tomamos un helado mientras paseábamos y conversábamos. Después de dejarla en Malasaña bajé para Ópera, pues tenía lugar en La Buena Vida una presentación de tres libros de Alpha Decay, que es la editorial de moda entre la juventud. Esperé a Carolina en el Café del Real, como he esperado a mucha gente, muchas veces, me gusta ese sitio para esperar, terminando de leer El Agrio, de Valérie Mréjen (Periférica), que no me ha gustado especialmente. Últimamente nada me gusta especialmente.
En la presentación estaba Antonio Luque (Alpha Decay le ha editado su primer librito, Socorrismo, que no consigo terminar porque me aburre), Mercedes Cebrián (me encantó su Cul-de-sac, en la misma colección), la simpatiquísima Elena Medel (sólo he leído su relato en Matar en Barcelona pero ya está entre mis preferidas, igual que la Cebrián), la editora Ana S. Pareja y su co-editor en Matar en Barcelona, Jordi Corominas. La presentación estuvo divertida, bien lejos del género presentación-FNAC que odio y hace ya tiempo decidí evitar siempre. Luego Luque se cantó unas canciones. Supongo que los fans de Sr. Chinarro no se enteraron de este acústico (afortunadamente), o la librería habría estado desbordada. Me gusta La Buena Vida. Me gusta más cuando no hay nadie. Tomé dos vinos. Estaba seria. Quizá fue porque mi día había comenzado a las 5:45 de la mañana. O quizás no, probablemente no. Yo creo que es porque ya soy así y ya no necesito fingir. Antes siempre necesitaba fingir jovialidad para encajar mejor. Ahora ya me da igual todo. O igual es porque ya no soy una asalariada y ahora pasan las cosas más lentamente y todo lo veo como si tuviera que identificar a alguien que está a bastantes metros de distancia.
Carolina no dejó de presentarme a gente, lo cual fue bonito. Conocí a Sergi Bellver, que fue uno de los entrevistados en nuestro último programa de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? Hay pocos programas / podcast de literatura, así que me doy cuenta de que el nuestro despierta cierto interés. Hablé con unos libreros de Guadalajara que habían venido al Líber, me confirmaron que el Líber no sirve para casi nada. Por lo que cuenta la librería en su blog y en un Twitter, Luque se acabó toda la cerveza y no quería irse de allí, a la una de la noche. Carolina y yo abandonamos a eso de las 22:30. Yo aún me dejé caer por una cena de post-América Arabia Electrónica en un lugar cercano a Casa Árabe, donde me encontré a un grupúsculo de latinoamericanos, españoles y egipcios dándole fuerte al tequila. Qué curioso que Karim, nuestro enlace con Casa Árabe, había hecho junto a Carolina el mismo taller de Rodrigo Fresán sobre John Cheever. En él también estaba Antonio Jiménez Morato, a quien ya hemos sacado dos veces en el programa y que estaba tanto en lo de Alpha Decay como en la presentación del nuevo libro de Yuri Herrera a la que asistí el martes, en otra librería estupenda, La Fugitiva, junto a la Filmoteca.
El próximo programa de ¿Quieres hacer el favor…?, por cierto, irá sobre Yuri Herrera y el fin del mundo.

Mi minuto

Octubre 6th, 2009 por elenac

Por Miguel Fernández Flores.

Las nubes que mueren

Septiembre 14th, 2009 por elenac

Ha pasado un intenso fin de semana junto a las personas que aceptaron viajar a Madrid para hacer realidad nuestro empeño de un concierto de Ô Paradis en nuestra ciudad. Hoy lunes ya no lo veo como una actuación ni como un esfuerzo ni un montaje ni una promoción. En mi memoria más reciente se ha asentado como un fin de semana de amigos de visita y fiesta, viviendo de noche, la curiosidad por la vida ajena como permanente leit motiv de las charlas, con hermanamiento, baile, tensión y distensión contínuas.

Total: ha sido precioso. Gracias a Demian, Sergio, Oriol, Ramón, Ulla, Vanessa y Nol y Jean-Charles de Nature Morte.

También quiero agradecer a todos los amigos y también a los desconocidos que vinieron al concierto de la Boite. Gracias por apoyar nuestras locuras y por disfrutar del concierto.

Y también -esto parece un discurso de agradecimiento por algún premio- a Adriano, Miguel y Markus de Lainformación.com, que vinieron a grabar y sé que están montando el reportaje con todo el cariño del mundo. Me muero de ganas por verlo.

Milord y Milady les reiteran a todos su más ferviente admiración.

Escama Serrada

Más consejos para hacer realismo en Madrid

Septiembre 6th, 2009 por elenac

El jueves pasado quise ampliar la lista de consejos del blog para romper la magia realista en Comunes (link al programa en Archive.org), el programa de Radio Círculo en el que participo:

  • Escribir en la calle los nombres de tus escritores favoritos
  • Hacer un fanzine
  • Montar una editorial para publicar lo que te de la gana
  • Regalar tus libros
  • Hacer un podcast o un programa de radio contando cosas que te pasan o ves que les pasan a otros
  • Comprar un periódico, marcar los titulares engañosos y volverlo a dejar con un disimulo en el quiosco para que otro lo compre
  • Montar un concierto gratis, en la calle, en un monte o en un descampado
  • Escribir un blog sin autocensura
  • Ir una emisora de radio fórmula y obligarles a que pongan una canción de punk (como hace Martina)
  • Hacer un huerto con tus vecinos
  • Hacer una fiesta en tu portal
  • Dejar notas en los baños de los museos para que la gente los abandone y exija que el arte sea gratuito, para todos y a cielo abierto
  • Quitar la publicidad, sobre todo si se encuentra en algo por lo que ya hemos pagado
  • Preguntar a la gente sobre sucesos antiguos y escribir los sucesos de la Historia que se han olvidado, porque la Historia local es la primera que muere engullida
  • Desayunar con una mesa en la calle (como hacía Remedios)
  • Iluminar la calle con velas y antorchas
  • Cantar en la calle canciones no incluidas en el repertorio de la SGAE
  • Aprovechar cualquier buena pared y proyectar cine de verano

¿Alguien da más?

Carolina León apuntó algunas maneras (gratuitas o muy baratas) de autoexiliarse.

Cómo romper la magia realista

Agosto 24th, 2009 por elenac

Me pregunto si esta brisa que atraviesa mi casa madrileña de Este a Oeste es real. Lo parece, pero ya quién sabe.

He pasado unos días en mi casa coruñesa y allí, estoy segura, la brisa sí que era real. Lo sé porque allí cualquier cosa extravagante que suceda es real. En Madrid, en cambio, es más probablemente un sueño. Aquí nos tenemos que conformar con vivir la magia realista mientras hay lugares en el mundo cuyo día a día es realismo mágico.

Qué difícil es hacer realismo en Madrid. No hay donde hacerlo porque está todo ocupado con la magia realista. Esta mañana zapeando por la TDT me quedo un rato en Esmadridtv viendo a los satisfechos vecinos de La Dehesa de la Villa cuando les preguntan por lo mejor de su barrio. Lo mejor, según todos, es lo bien comunicado que está con los transportes: desde hace poco tienen metro y disponen de varias líneas de autobuses. Están muy orgullosos de lo bien que se comunican con el centro, por eso es genial vivir ahí. En fin, supongo que os habréis dado cuenta del absurdo. Si lo que hace genial vivir en tu barrio es la facilidad de escapar de él, entones es que vives en un lugar equivocado. En Madrid un piso es cuanto más caro cuanto más cerca esté de una boca de metro. La cercanía a una estación se especifica en los anuncios de compra-venta y alquiler junto al dato de los metros cuadrados. Imagino que para compensar el tamaño de las celdas en las que vivimos.

La magia realista consiste en vivir una ilusión del día a día donde todo está ordenado y parece perfecto, como el ejemplo que ponía de los vecinos de La Dehesa de la Villa. Es muy difícil romper el encantamiento. Tan difícil que yo no sé hacerlo, aunque lo intento.

Algunos consejos para hacer realismo en Madrid:

1. Conoce a tus vecinos y ponte de acuerdo con ellos para hacer algo en tu barrio. Por ejemplo: unas fiestas populares, mejorar una plaza, pintar una pared, cultivar un huerto urbano en un descampado.

2. ¿Qué grupo quieres ver en directo? Móntales tú un concierto. Da igual que sea la banda municipal, el cuarteto de cuerda de tu prima o el grupo de hardcore de un amigo. ¿El alquiler de las salas es muy caro? Cierto: monta el concierto en el salón de tu casa.

3. Haz una fiesta en un lugar inesperado. Arriesga en los límites de la legalidad.

4. Olvídate del dinero. Regala y cambia. Monta un mercadillo de trueque o dona los libros que ya has leído y no volverás a abrir. Abre tu wifi. Comparte música. Haz una exposición en la calle de los cuadros que pinta tu madre. Dile a la gente quién te gusta.

5. Vuelve a los fanzines. Edita libros. Escribe más desde el nosotros y menos desde el yo.

IMG_0020 1