Inspirar y expirar
Mayo 7th, 2010 por elenacHe cambiado la disposición de los muebles de la habitación desde la que fabrico los planes de dominación del mundo. (Y no, no es el dormitorio sino este almacén de libros y discos que llamo estudio). Ahora el desorden queda a mis espaldas y, ante mí, un trozo grande de cielo y varias copas de árboles -¡recopado!- por lo me es más fácil concentrarme.
Una escritora dijo el otro día que escribía de espaldas a la ventana para evitar la tentación. “La tentación de tirarse”, dijo un gracioso en la redacción. Yo he decidido escribir de cara a la ventana para caer en la tentación de hacerlo. “De tirarme”, diría ahora el mismo graciosillo.
No es esta ventana la que me distrae. Esta de las nubes, los árboles y la colada del vecino me inspira. Son las otras ventanas, las del navegador, las que me roban el tiempo. Todo se va a los otros y nada queda para mí. Abro portada de periódicos y empiezo hacer clic en artículos que prometen historias fabulosas, se van quedando ahí, en pestañas a la derecha, esperando que mi ansia por seguir de un link a otro se detenga y lea. Luego, ya no queda tiempo. Ni para leer ni para escribir. Pero he leído muchos titulares, he visto fotos, he llegado hasta los arranques y por ahí me he perdido.
En un Google Doc apunto las cientos de cosas sobre las que me gustaría escribir, inspirada por todo lo que veo por ahí. (¿Ves?, al final las otras ventanas también me inspiran). (¿Pero y la calle, la calle qué, eh? Hablo más sobre lo que otros hablan y muy poco sobre lo que vivo).
Una de las personas más inspiradoras que conozco es Vincent Moon. En Barcelona quería echar a la gente de su propia charla: “¡Salid y haced cosas!”, le gritaba ya sin mirarles, levantándose de la silla y ahuyentándoles con las manos. Ayer me lo encontré en el concierto de TV Ghost, sólo un rato antes de verle pensé podría aparecer por allí. Y así sucedió.
Esto me pasa con frecuencia. Yo lo llamo mi poder de invocación. Dos ejemplos recientes: hace un par de semanas me dirigía a un supermercado, el segundo más cercano a mi casa, ni siquiera el primero. Me gusta ir al segundo porque tienen Alpro y más variedad en pizzas Dr Oetker que el otro, el más cercano. Mientras paso por delante del colegio Padre Claret pienso en Carlos Entrena, a quien hacía cierto tiempo que no veía. Esa mañana había escuchado Décima Víctima de forma intensiva, por lo que arrastraba mi carro vacío canturreando “Cuando todo va mal y te pesa la vida… no rechaces el futuro, recupera la fe en ti mismo”. Mientras elijo un frasco de verduras veo a Carlos Entrena pagando en las cajas. Invocación.
Otro ejemplo: desde hacía unos días venía pensando en un antiguo amor así que antes de ayer, súbitamente, decidí escribirle una carta. Contesta mi email tan sólo media hora después desde su país extranjero y me dice qué sorpresa pero no tanta, hace dos días encontré estos ciertos objetos tuyos, por lo que pensé mucho en ti y te rebusqué por Internet para ver cómo te iba la vida. Invocación.
Muy bueno el concierto de TV Ghost, una recomendación de Mortimer Rata que acepté prácticamente a ciegas, tras escuchar dos canciones en YouTube y averiguar que la entrada era de 5 euros. Qué maravilla. Todas las semanas iría a ver un grupo que no conozca si costara 5 euros. Introduje el Sr Rata a don Vincent Moon, ya que acababa de contarme que su grupo, Cuerpos, han sido seleccionados por el concurso MySpace 43 para tocar en el Primavera Sound. Todo el mundo va al Primera Sound. Yo no. Yo me voy al Wave Gotik Treffen, con Lord Monreal, y no saben lo feliz que me hace.
La pesadilla continúa (más allá de la muerte)
Febrero 28th, 2010 por elenacDomingo por la mañana. Desayuno en la mesa del salón mientras escucho singles que me he comprado en La Metralleta. A la vez, miro el correo, miro los periódicos, miro por la ventana y me asombro del impresionante y soleado día de invierno que hace hoy tras ciclogénesis explosiva de ayer que, total, ni tan explosiva ni tan nada: un poco de viento.
Como el vinilo no hace scrobbling a Last.fm, esta vez os quedáis sin cotillear en qué estoy escuchando. Todas son canciones estupendas. Entre las nuevas adquisiciones hay un single de The Cure que tiene en la cara B una versión en directo de Last Dance, que era la sintonía que usaban en mi anterior programa en Radio Carcoma.
Más cosas sobre la mesa: periódicos del sábado con artículos a medio leer. DVDs de música que he comprado recientemente (el documental de Vincent Moon para The National, Meeting people is easy de Grant Gee sobre Radiohead y vídeos de Soft Cell). Todas las notas para el artículo que llevo una semana escribiendo en lainformacion.com y un borrador del texto, el cual no me gusta y tengo que reelaborar. También en la mesa: discos, un libro para el programa de mañana y más periódicos atrasados.
En ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? hablaremos mañana por la noche de la muerte, los escritores tanato-obsesivos y Emily Dickinson. El traductor de la antología Poemas a la muerte de la poeta americana, editado por Bartleby, nos atenderá por teléfono desde un autobús. Ya hay una lista en Spotify de las canciones que sonarán mañana.
Nadie osa nombrar la Soledad -
acaso preferimos intuirla
como si sondeáramos su Tumba
para medir la hondura -
El peor miedo de la Soledad
es que a sí misma se pudiera ver
y hubiera de morir antes de tiempo
por sólo una mirada -
El abismo de no ser contemplada -
marginada en la Oscuridad -
con la Conciencia suspendida -
y la Existencia bajo Llave -
Temo que esto – es la Soledad -
la Creadora del alma
sus Pasadizos y Cavernas
que iluminan – o sellan -
Por los pasadizos y cavernas de los hospitales he hecho transcurrir la semana de hoy, poco productiva pero muy diagnóstica. Y, justo en el centro, Piano Magic. Vinieron a tocar las canciones de Ovations un disco que tiene la gigantesca The Nightmare Goes On como apertura, cantada por Brendan Perry. Aunque adoro la voz de Glen Johnson, cuanto éste la interpretó en directo eché mucho de menos al de Dead Can Dance, quien estará, por cierto, tocando en Madrid el 16 de marzo. Me he obsesionado con esa canción y la escucho incansablemente. Esa voz que llega más allá de las fronteras del sueño, rogando que alguien le despierte de su pesadilla. Interrogué a Glen sobre Brendan Perry hasta la saciedad, a él también le fascina así que me contó bastantes cosas.
Hace un día maravilloso de esos que sacan a relucir todos los tópicos meteorológicos. Hace un día maravilloso para darse una vuelta en moto.
Hay pan en el horno
Febrero 14th, 2010 por elenacEl poder de evocación que ejerce durante dos segundos un olor puede trastocarme durante cuatro o cinco días. Esta semana Adriano me dio un trozo de pan, de bollo, con la corteza muy tostada y el interior harinoso. Ese trozo de pan no tenía sentido en la cocina de la redacción de un periódico en un barrio feo de Madrid, por lo que cerré los ojos mientras lo olí. Luego el sabor no importó tanto. Pero el olor durante dos segundos en primer plano sobre fondo negro me partió en dos y hubo dos Elenas viviendo la tarde y manteniendo las apariencias.
Es difícil ser dos y ocupar el espacio de uno, saber qué contestar sin pensarlo antes o teclear a cuatro manos. Dos personas piensan dos cosas distintas, pese a que cierta telepatía emocional las conecte milagrosamente. Pensar lo mismo no es estar de acuerdo, quizá sí es desear algo al mismo tiempo pero no por los mismos motivos. Y así, las dos Elenas sobreviven el paso de la tarde, una pensando en las evocaciones del olor del pan y la otra disimulando las faltas de su hermana, poniendo parches en las tuberías rotas y aparentando, como todas las tardes, ser quien es.
Había empezado a olvidar el duro trabajo que resulta defenderte como eres cuando pasas el día rodeado de personas. En el aislamiento del trabajo en casa te olvidas de pensar en quién eres, cómo eres y qué debes hacer; vas poniendo unas piezas encima de las otras y así construyes. En cambio, para compartir tu espacio con muchas personas, las mismas personas, todos los días, pasas la jornada poniendo piezas pero no para construir un jardín sino una fortaleza con su foso.
Dos segundos oliendo el mendrugo de pan provocó que una de las Elenas se apoyara torpemente sobre su construcción de piezas, su Exin Castillos, y cayeran sobre la moqueta de la redacción en avalancha de piezas desparramadas con fuerza.
Hoxe vou facer orellas do entroido. ¿Queredes?
Tiro recuerdos que ya no me recuerdan nada
Noviembre 10th, 2009 por elenacDe entre todos los grandes acontecimientos que me suceden últimamente, he de destacar la Operación Lastre que está teniendo lugar entre las paredes de mi estudio, en nuestro palacete. Venía acariciando la idea desde hacía tiempo pero no me sentía capaz. Al despertar, antes de levantarme de la cama, solía pensar “hoy es el día”. Me ponía las zapatillas, cruzaba el salón y entraba en el estudio. Miraba las paredes mientras me quitaba alguna legaña seca y, en silencio, me daba la vuelta cerrando la puerta.
La mañana que definitivamente sí fue el día no comenzó con una revelación bajo el calor del nórdico, más bien me contesté “yo creo que hoy no va a ser” pero, al entrar al estudio dije alguna que otra palabra fea y decidí, sin pensarlo mucho, arremangarme. Ya no podía más con el peso de mis cosas, así que empecé a vaciar las estanterías.
Hubo un pensamiento que me motivó bastante, reconozco que es algo lúgubre pero el amor es más fuerte que la muerte, y también más frío, así que provista de esa frialdad me pregunté ante cada objeto “¿cuando yo muera, Alberto querría conservar esto para algo?”. Cuando sé que llegará el día en el que tenga que enfrentarme a vaciar la casa de mi madre se me hunde el mundo. Por ello, tengo que intentar que el trago sea el mínimo para los que deje atrás cuando yo me vaya.
Ese fue sólo el impulso final que necesitaba. Mis razones, en realidad, son más vitales: sólo quiero tener las cosas que necesito para vivir, las que de verdad me importan. Todas las demás me hacen pesar más de la cuenta. Mi cuñado Álex me odiará si algún día lee esto, pues le hice cargar con cajas y cajas de revistas y libros cuando me mudé por última vez. Pensar que ahora he tirado casi todas las revistas…
Pero en aquel momento, hace tres o cuatro años, yo no podía tirarlas. Pensaba que conformaban mi identidad y que todas las necesitaría, pues tengo una frágil memoria.
Arrastro conmigo muchos recuerdos para ayudarme a recordar y hoy he empezado a darme cuenta de que muchos de esos recuerdos ya no me recuerdan nada. ¿Por qué lo guardé? ¿A qué está asociado? ¿Quién me lo dio y porqué? Ya no poseo esa información.
¿Y qué voy a hacer entones? ¿Esperar que regresen las memorias? ¿Conservarlo todo para disimular, como si todo me importara, para evitar el cargo de conciencia?
Lo único que pudo hacer es enfrentarme al olvido con humildad y sinceridad. Deseo pesar poco, tener lo imprescindible, no comprar nada que no signifique mucho, usar las cosas sin poseerlas. Que me dejen libros, que me graben discos, leer las revistas y deshacerme de ellas, escanear lo importante, apuntar los datos, tirar el resto.
Qué hacer con el sueño huido entre los párpados
Octubre 10th, 2009 por elenacYo tenía mucho sueño. No sé en qué momento lo perdí entre el sofá y la cama pero, ahora lo veo claro, se me escapó por alguna rendija que dejaron los párpados. Mi familia me debe oír teclear a lo lejos, entre sueños.
Hoy me pusieron falta en una conferencia de Jorge Haro en Espacio Mínimo pero había tanto que hacer en casa de cara a la fiesta de mañana que se me echó la hora encima. Ayer fue un día denso, también. Todo comenzó quizás antes de ayer o, mentira, ya estaba todo empezado desde hace un tiempo, desde antes de que arrancara este octubre.
Antes de ayer fue suave y bonito, otoñal, de primeras lluvias. Me puse una falda blanca, unos zapatos a cuadros blancos y negros y un jersey negro de manga corta de corte bonito, como de agregada cultural, y me fui a Casa Árabe, que le hacíamos un bis al Experimentaclub. Me impresionó que siendo tan bonitas las Escuelas Aguirre por fuera, sea Casa Árabe tan feo por dentro. Esa noche, tras las presentaciones, me porté bien y volví a casa pronto, esperando el autobús número 9 bajo la marquesina, resguardada de la lluvia apacible. No llevaba mi paraguas blanco.
Ayer era más complicado. Tuvimos programa (este, en concreto) en el que entrevisté a Max para Poco Común con motivo de Avantcomic (9 y 10 de octubre en La Casa Encendida). Fue muy bonita la entrevista telefónica que Natxo le hizo al sindicalista de la Naval Xixón Morala. Al programa vinieron Xabi y Marta, que estaban en Madrid para acudir al Hackmeeting, del que espero disfrutar algo el domingo.
Luego, Marta y yo nos tomamos un helado mientras paseábamos y conversábamos. Después de dejarla en Malasaña bajé para Ópera, pues tenía lugar en La Buena Vida una presentación de tres libros de Alpha Decay, que es la editorial de moda entre la juventud. Esperé a Carolina en el Café del Real, como he esperado a mucha gente, muchas veces, me gusta ese sitio para esperar, terminando de leer El Agrio, de Valérie Mréjen (Periférica), que no me ha gustado especialmente. Últimamente nada me gusta especialmente.
En la presentación estaba Antonio Luque (Alpha Decay le ha editado su primer librito, Socorrismo, que no consigo terminar porque me aburre), Mercedes Cebrián (me encantó su Cul-de-sac, en la misma colección), la simpatiquísima Elena Medel (sólo he leído su relato en Matar en Barcelona pero ya está entre mis preferidas, igual que la Cebrián), la editora Ana S. Pareja y su co-editor en Matar en Barcelona, Jordi Corominas. La presentación estuvo divertida, bien lejos del género presentación-FNAC que odio y hace ya tiempo decidí evitar siempre. Luego Luque se cantó unas canciones. Supongo que los fans de Sr. Chinarro no se enteraron de este acústico (afortunadamente), o la librería habría estado desbordada. Me gusta La Buena Vida. Me gusta más cuando no hay nadie. Tomé dos vinos. Estaba seria. Quizá fue porque mi día había comenzado a las 5:45 de la mañana. O quizás no, probablemente no. Yo creo que es porque ya soy así y ya no necesito fingir. Antes siempre necesitaba fingir jovialidad para encajar mejor. Ahora ya me da igual todo. O igual es porque ya no soy una asalariada y ahora pasan las cosas más lentamente y todo lo veo como si tuviera que identificar a alguien que está a bastantes metros de distancia.
Carolina no dejó de presentarme a gente, lo cual fue bonito. Conocí a Sergi Bellver, que fue uno de los entrevistados en nuestro último programa de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? Hay pocos programas / podcast de literatura, así que me doy cuenta de que el nuestro despierta cierto interés. Hablé con unos libreros de Guadalajara que habían venido al Líber, me confirmaron que el Líber no sirve para casi nada. Por lo que cuenta la librería en su blog y en un Twitter, Luque se acabó toda la cerveza y no quería irse de allí, a la una de la noche. Carolina y yo abandonamos a eso de las 22:30. Yo aún me dejé caer por una cena de post-América Arabia Electrónica en un lugar cercano a Casa Árabe, donde me encontré a un grupúsculo de latinoamericanos, españoles y egipcios dándole fuerte al tequila. Qué curioso que Karim, nuestro enlace con Casa Árabe, había hecho junto a Carolina el mismo taller de Rodrigo Fresán sobre John Cheever. En él también estaba Antonio Jiménez Morato, a quien ya hemos sacado dos veces en el programa y que estaba tanto en lo de Alpha Decay como en la presentación del nuevo libro de Yuri Herrera a la que asistí el martes, en otra librería estupenda, La Fugitiva, junto a la Filmoteca.
El próximo programa de ¿Quieres hacer el favor…?, por cierto, irá sobre Yuri Herrera y el fin del mundo.
Brillo infinito
Septiembre 27th, 2009 por elenacCocó,
hay una lección a aprender para todo el mundo y, por mucho que nos la cuenten, no la haces tuya hasta que no la experimentas. Uno siempre piensa que las personas están ahí para siempre y que podrás tirar de ellas cuando las necesites, las pospones para el futuro. Y, a veces, en el futuro, ya no están.
Tú has influido tanto en mi vida, y yo nunca te lo he dicho. Pero deseo que cuando últimamente me mirabas a los ojos y me decías cosas bonitas sobre mí, sobre lo cambiada que estaba y cómo te gustaba verme así, te hubieras dado cuenta de lo que no te decía. Fuiste mi ejemplo y el ejemplo que a todo el mundo le puse cuando pensaba en aquello de ser sublime.
Antes tenía miedo al ridículo. Ahora tengo miedo a que haya alguien que no piense que hago el ridículo. A ver si me quito este miedo también, que nada debe de importarme.
Me enseñaste muchos trucos para salir adelante y quiero que sepas que los aplico día a día. A veces todo es gris, pero otras veces todo es tekno. Cuando oigo tu voz me estremezco siempre y pienso que ojalá hubiera aprendido más, ojalá te hubiese escuchado más. Yo pensaba que estarías ahí para siempre. Afortunadamente entre todos atesoramos mucho de ti y es difícil que todo lo que me diste no me lo sigas dando. Tú me enseñaste a brillar y, desde que te fuiste, es casi lo único que me preocupa.

Cocó en la época de Silvania. Foto de Nathalie Paco.
Hoy, José Salas, de Machines Désiderantes, a quien muchos llamamos con cariño Josefina o Josephine, ya que Cocó nos lo presentó así, ha desvelado el último videoclip de Ciëlo, en el que él y Cocó estaban trabajando hace un año. Aquí está, precioso:
Esto lo escribí para el último disco de Ciëlo, Paraíso vacío, a petición de Cocó:
Sublevación // Paraíso Vacío // 2007
El punk en su apariencia primitiva, cuando es puro vómito, pertenece a la adolescencia (Mario lo sabe). Después las formas se suavizan, la ambición nos corroe y la transformación acontece en forma de traición. Cuando más necesitamos oponer resistencia a la inercia social, en esta juventud eterna que vivimos, es cuando estamos solos, abandonados a la deriva de un derrumbe personal artístico, ético, integral.
La única opción -hoy que ya no necesitamos vómito sino una belleza aguda e hiriente, clarividente- es la sublevación, que requiere un activismo que sea social y sea poético al mismo tiempo (Cocó lo sabe).
Mientras vemos a otros embarrancar con complacencia, la lucha armada de Ciëlo es un levantamiento insurgente e implacable que debería ser un ejemplo para ti y para tus hijos. El mandato no puede estar más claro en este disco: Vuélvete underground.
Una sintonía de ruido nuevo para heridos de fantasía, abismales como tú, ¡di adiós al cielo!
(Mario y Cocó lo saben y tú deberías saberlo ya, o estás muerto).
Elena Cabrera
Florecen de noche
Septiembre 6th, 2009 por elenac
Estar donde estoy ahora mismo es un lujo. Es mi pequeño balcón, tapizado con las flores del toldo que al fin conseguí que nos instalaran, acompañada por las jardineras y los Don Diegos que planté en ellas, semillas de Somaén y Valdemorillo que florecen sólo de noche.
Cuando un buen amigo vio nuestra casa dijo que le gustaban estos pisos que pueden ser atravesados en línea recta. Desde donde estoy, cuando miro hacia el interior de la casa, veo al fondo, más allá del salón y la cocina, como si fueran corredores venecianos, la ventana que da al otro lado, a la calle y, en el edificio de enfrente, a pocos metros, otra ventana. Pienso en un salto con jabalina y en Man on wire. Pero la ventana de enfrente tiene la persiana bajada, y pertenece a un hospital. ¿Quién querría seguir pues atravesando la ciudad en línea recta? Aquí se está tan bien…
He apagado las luces y sólo está encendida la vela del farolillo. Ni siquiera es necesaria pues la luz de la pantalla lo ilumina todo, pero es cálida y siempre calma. Abajo, entre los jardines, unos pasean los perros y otros caminan rápido para llegar a casa y acabar de una vez por todas con la semana, se les nota la ansiedad, las prisas. Yo hoy no tengo prisa. Ni sueño. Pero he pasado un mal día: ansiosa y somnolienta. Con dolor de tripas, como siempre. Ha caído el cidine, la ranitidina, la simeticona. Sólo faltó el almax, que no ha sido necesario. De golpe me pregunto una tontería, si es que Alma X se llamaba así por el Almax y ellos también tenían retortijones de electrolash. A estas alturas de la década el electroclash irrita mucho el colon. Lo dice una que fue Perra.
Igual lo del estómago viene por las carreras de esta mañana, que fueron de infarto. O por el calor sofocante durante el día y los viajes a la azotea para tender las lavadoras. En fin, no ha sido un día muy bueno, pero este final es fantástico.
A partir de mañana comienzan los días previos de la semana del concierto de Ô Paradis, así que habrá muchas cosas que hacer, sobre todo el seguir convenciendo a gente para que venga. Si tú has pensado venir, deberías traerte un amigo, te querrá para siempre. Las entradas son muy baratas, cuestan ocho euros y se las puedes ir a comprar a Jorge en Rara Avis, a Amparo y Antonio en Diskpol o a Andrés en Rotor. Las direcciones, para quien no las conozca, están aquí también. Cuando vayas, cómprales algún disco ¿no?, ya que estás. Así hizo un chico con el que me he escrito por Last.fm y cuya identidad mantendremos en el anonimato a no ser que él se manifieste. Se compró la entrada del concierto y luego diez veces más su precio en discos. ¡Así se hace!
Hay gente que piensa que organizar un concierto es complicado, pero no lo es. Da mucho trabajo y preocupaciones. Hay muchos detalles que no descuidar. Genera estrés porque piensas que podrías estar haciéndolo mejor. Quizás debería escribir un post con el esquema de lo que hay que hacer para montar uno, para quien se quiera animar. Lo más importante es que hay que contar con un dinero que no te importe perder. Los conciertos son una inexplicable ruleta rusa. Puede ser un sonoro pinchazo o un éxito y no lo sabes hasta el momento en el que empieza.
Update de verano
Agosto 16th, 2009 por elenacQué tópico es quejarse del calor, qué aburrido y, en cambio, qué inevitable, ¿saben porqué señores? Yo lo sé, porque cuando te quejas duele menos. Sí, está comprobado. Yo lo he comprobado. Cuando interrumpo una conversación y digo “pero qué calor que hace” noto cómo baja un par de grados, de los centígrados, la temperatura ambiente.
Ocurre lo mismo con el parrafito de ahí arriba, que seguramente les habrá aburrido como hastían todos los comentarios obvios sobre el tiempo. Y en cambio, a mí, me ha refrescado que no vean.
Y entre una cosa y otra, ya he llegado al tercer párrafo, que para un post veraniego no está nada mal. Estoy en este Madrid que parece una secuela de Omega Man pasando indolentemente los días de tranquilidad y lecturas y las noches de descanso y ventilador. Avanzo lo que puedo con mi asuntos y, sobre todo, me recupero de mi última convalecencia, que me ha dejado a medio gas durante los últimos diez días aproximadamente. Además de cuidarme y cuidar a Milord (que malo no está, peor tampoco malo es), veo películas, trabajo en los proyectos y limpio la casa. También busco un instalador de toldos, pero están todos de vacaciones. Yo intento, a mi vez, convencerme de que también estoy de vacaciones pero es difícil. Esta situación a medio camino entre el desempleo, el freelancismo y el ama de casa no deja mucho hueco para sentirse de vacaciones. Qué demonios, estoy superfeliz (salvo cuando paso la noche vomitando, todo hay que decirlo).
En el capítulo de la autocomplacencia, hoy también estoy contenta porque he visto que han meneado mi post sobre los peligros de las redes sociales (que ha tenido duras críticas por parte de mis más valientes comentaristas) aunque no precisamente el publicado en mi web, que también, sino el que ha sido repicado en cubadebate.cu, pero bueno, igual da.
Como al fin he superado diferentes escollos que tenía con la técnica sonora, estoy montando nuevos podcast de Dancing. Como quería ver qué dirección de RSS de mi podcast anda por ahí colgada en internet, he hecho una búsqueda y me he encontrado con alguna mención del podcast por Javier Romero que me ha hecho mucha ilusión. Especialmente esta sección en el podcast Pin de 2006 llamada El Retropodcast en el que se comentan podcasts antiguos. Como fue en el año 2005 cuando más fuerte le di al podcasting (tres episodios, vaya), ya un año después parecía algo perdido en la memoria de los tiempos. Pues en este Podcast Pin Javier Romero dedica su sección a Dancing, tomando trocitos de mi poco audible podcast y diciendo cosas bonitas, pero también exageradas e inmerecidas, sobre mi débil intento de llevar al salón de casa lo que hacía en el estudio de la radio libre. El tiempo ha demostrado que fracasé, pero no sólo por la soledad sino también, y en principio, por la técnica.
En ese verano idílico también pasan cosas horribles, no os creáis. Por ejemplo, hay una avería en la línea de ADSL que va de la centra a mi casa. Está mal pero no es una tragedia gracias a la conexión 3G salva-vacaciones. Además, produce estampas agosteras memorables, como esta que cuenta Milord.
Madrid está raro, pero es habitable. El sábado de la semana pasada le pegamos un repaso a la ciudad. Es decir, fuimos a los dos únicos sitios a los que se puede ir sin morirse uno de aburrimiento: el Radar y el Dark Hole. Cuando entramos en el Radar sólo había 1 persona además de Sevi. Pero en fin, Sevi vale por muchos y una siempre se siente allí como en casa. Aunque ahora no puedo beber alcohol (o ya nunca podré beber alcohol, no sé) ni tampoco bebidas con gas, así que pasar la noche agarrada a un zumo de piña es menos excitante que si pudiera beber, al menos, un Bitter Kas, con lo que me gustan. El Dark Hole estuvo muy divertido debido a los personajes que se alzaron con los papeles protagonistas de la noche, anónimos conquistadores del escenario que go-goizaron la noche con un excelente sentido del humor, aunque no sé si esa era su intención. Eso sí, me escandalicé por la inconveniente subida de precio. ¿12 euros para entrar? Eso son 2 euros más de lo que costaba antes, que ya era caro. No se si se han enterado que el IPC ha caído, no ha subido, ha caído. CAÍDO. Pero vamos, que si el Dark Hole sigue subiendo los precios va a conseguir, el solito, que repunte el IPC.
(Porque ir al Dark Hole, creo yo, es alimento de primera necesidad).
Algo que aprendí el otro día en nuestro antro favorito es que no se puede pinchar Wrong en un club. No. Es imposible de bailar. Da bajón. Los pocos que se atreven a bailarlo ensayan unos vergonzosos movimientos sensuales que dejan tormentosos recuerdos. No, no se puede.
También ocurre que últimamente voy a las tiendas de discos (de vinilo, se entiende) de segunda mano y salgo sin nada. Esto también e morralla s bastante trágico. Pero es que lo que hay es muy caro. Es increíble lo que ha subido el vinilo de segunda mano. En La Metralleta, hospicio del que ha salido casi toda mi colección, ya nada baja de 10, como mucho a 6. Allí ya no se puede comprar. Saben lo que tienen y está todo muy preciado, ordenado alfabéticamente y en fundas de plástico. Ah, que tiempos aquellos en los que discos La Metralleta no era un nombre sino un adjetivo. “Este disco es de la metralleta”, decíamos para indicar no que se hubiera comprado allí sino que era tipo la banda sonora de Batman, todo un clásico de ese sótano.
Lo que queda en Yunke’s de vinilo si que es auténtica morralla, vieja y sucia, que deberían poner a 50 céntimos y así quizás me llevaría alguna cosa. Y el recorrido se completa con Killer’s donde venden un ejemplar de Necrosis en la polla por no menos de 300 euros. En Killer’s (calle Montera) tienen un sótano con discos en peor estado donde se encuentran cosas viejas y ralladas pero porquéno. Ese mismo sótano tiene una cuca sección de techno-pop con discos como este a 12 euros y, lo que es mejor, un depechero que te recibe con su camiseta del Violator y algún hit del grupo o amistades afines. Porque si uno pasa más de media hora escuchando la horrible música de La Metralleta sale de ahí con ganas de inhalar algo de CO2 del parking con el que comparte planta.

Demian de Ô Paradis
Vamos dando pasos hacia el concierto de Ô Paradis. La primera semana de agosto llevamos las entradas anticipadas e hicimos la ronda de las tres mejores tiendas de discos (nuevos) que hay en Madrid: Diskpol, Rara Avis y Rotor, en orden alfabético. Lo mejor es hablar con los tenderos y palpar el ambiente, es un gran sondeo sociológico. Gente como Amparo, Jorge y Andrés son especies a extinguir y allí están, resistentes, dando cobijo a gente como nosotros. Bueno, afortunadamente no viven de gente como yo, semi-pobre, que se compra un disco nuevo cada tres meses. Pero la culpa es de Depeche Mode, que entre la caja y las entradas para tanto concierto… prometo invertir más en novedades próximamente. Sobre todo si viene mucha gente al concierto de Ô Paradis, para que recupere mi fe en la música.
Si los que pagan 12 euros por entrar en el Dark Hole se les ocurre decir, o pensar, o siguiera insinuar que 8 euros por ver a Ô Paradis es caro, les clavo mi disco de The Pearl en la cabeza. ¡Por el canto!
Qué horrible ciudad esta, o igual todas son así
Junio 23rd, 2009 por elenacQué decepción de mundo, qué horrible ciudad esta, gobernada por tarugos y, lo que es peor, poblada por tarugos gobernados.
Qué triste, qué aburrida. Qué decepción de lugar en el que vivo en el que nadie quiere que pase nada, donde todos prefieren dedicarse a leer sus libros, a mirar sus series de televisión, a tomar sus Coca-Colas e irse a casa, o a comprar los muebles a Ikea o a comprar la ropa a Zara, que se les hace tarde.
La gente sufre de atracción por parecerse los unos a los otros. Destacar da pereza, o es imposible. Hacer lo imprevisto está penalizado.


















