Octave Mirbeau en Holanda

Agosto 16th, 2010 por elenac

En este verano tan mirbeauista, no podía pasar por alto la fascinación que Octave sintió por Holando, ya que hace unas semanas he visitado por primera vez los Países Bajos.

Mirbeau escribió un libro muy moderno titulado 628-E8, que era la matrícula de su muy querido automóvil, con el que se fue de viaje por Europa. El escritor adoraba su coche, futurista símbolo del progreso mecánico, que había sido creado por el piloto de carreras Fernand Charron.

El país que más fascinó a Mirbeau en su viaje literario fue Holanda y, curiosamente, el que más detestó fue la vecina Bélgica. Escribe Lola Bermúdez en el prólogo de la edición de la Universidad de Cádiz que la gran importancia simbolista que tiene el puerto para el escritor (“estar de lleno en un lugar y soñar con el infinito”) provoca que considere Holanda como un gran puerto. Por eso elige este país como “su patria de elección”.

Así escribe Mirbeau:

“La Holanda de agua y cielo, la Holanda infinitamente verde, infinitamente gris perla, en la que nunca más osará aventurarse el menor recuerdo de Bélgica. Las carreteras se vuelven suaves, elásticas, sin polvo, con su pavimento de ladrillos limpios y uniformes en medio de la llanura. Carreteras bordeadas de espléndidos y gigantescos árboles [...] El agua siempre presente… brotando bajo las capas verdes de hierba como alumbra el rubor del brasero, bajo el manto de cenizas que lo recubre…”.

Le gustan los Países Bajos por ser un país portuario, trabajador, emprendedor, no católico y pacifista. “Estoy feliz por vivir sin prisas febriles, sin deseos bruscos ni repentinos. Con absoluta tranquilidad, gozo de la melancolía que me rodea y me penetra”.

Para Mirbeau y para mí, Holanda puede ser un lugar maravilloso de vacaciones pero, ¿dónde está nervio?, ¿y el conflicto?, ¿y esa oscuridad lasciva que tanto conmueve al escritor francés?

Sí, Mirbeau estaba cautivado por Vincent Van Gogh -ya dije que En el cielo es una obra maravillosa de homenaje a la locura del pintor- y no puede evitar disolver el arte que adora (Van Eyck, Jordaens, Rubens, Teniers, Van Dyck, Van Gogh) y que busca durante su viaje en los museos con el país del que se enamora.

En nuestra visita a Holanda vivimos en Venlo, una localidad de la única provincia católica de los Países Bajos: Limburgo. Una carretera, que recorrimos varias veces en bicicleta, se abre entre los árboles para enlazar Venlo con Alemania. Unos carteles, donde ya no existe la barrera que hubo, anuncian la entrada en Deutchland. Tengo la sensación de que Mirbeau también recorrió ese camino. Escribe Lola Bermúdez:

La llegada a Alemania, adonde el paso de la aduana se hace sin ningún contratiempo, se presenta casi como una continuación de Holanda: una hermosa carretera escoltada por olmos, una luz sorprendente, todo suavidad por la que, Brossette el chófer, se desliza en silencio solo atento al canto de los cilindros.

Ojalá tuviera una fotografía de ese camino para mostraros. Me gustaría poder transmitiros la alegría de ir pedaleando por esa carreterilla y cruzar una frontera que sólo existe en los mapas y entrar en Alemania, un país que me gusta y mucho, y sentir que eso es Europa, que Europa es tuya.

El jardín de las torturas

Agosto 15th, 2010 por elenac

“More soil More earth More leaves More gravel Rusted and speckled More heaven More hell In the torture garden”.

A pesar de que todos los libros que he leído de Octave Mirbeau me han gustado mucho, ninguno me ha dejado una impresión tan honda como El jardín de los suplicios, a pesar de las graves diferencias entre unas partes y otras del libro.

Desde mucho antes de conocer este libro o la existencia de Mirbeau, he escuchado obsesivamente la canción The torture garden de Death in June. De repente, mientras leía la parte final de la novela, me vino a la cabeza la canción con la fuerte convicción de que tenía que estar inspirada en esta obra de Mirbeau. Estaba tan segura porque las evocaciones casaban, las imágenes de mi cabeza al escuchar, años atrás, la canción estaban vivamente descritas en este libro de un siglo anterior.

No obstante, los fans del grupo de Douglas Pierce a los que pregunté no podían estar seguros de la relación. Y yo no invertía el tiempo necesario en refrendarlo, hasta esta noche:

Torture Garden is the name of a decadent fin de siècle novel (1899) by the French anarchist Octave Mirbeau. The Torture Garden supposedly is exceptional for its detailed descriptions of sexual euphoria and exquisite torture, its political critique of government corruption and bureaucracy, and its revolutionary portrait of a woman – which challenges even contemporary models of feminine authority. (Deathnjune.org)

Y:

Del libro Explored the networked worlds of popular music, página 61, de Peter Webb.

En el primer comentario se incide sobre ese maravilloso personaje femenino del que hablaba ayer, además del fetichismo sexual de la tortura exquisita. La letra original la escribió David Tibet. Patrick Leagas eligió algunos fragmentos de ella para cantarlos. También fue idea de Tibet usar cantos gregorianos.

Aquí, una versión reciente de la canción por Patrick Leagas:

La canción original:

El anarquista y amoral Octave Mirbeau

Agosto 13th, 2010 por elenac

“El arte no está hecho para establecer que dos y dos son cuatro… El arte está hecho únicamente para ir en busca de la belleza oculta tras las cosas… ¡Para qué escribir lo que todo el mundo sabe…! ¡El último ujier y el último cómico siempre serán, desde ese punto de vista, mucho mejores que tú…! ¡Diablos! ¡Tienes que ser oscuro! La oscuridad es la joya suprema del arte.. ¡Ahí radica su dignidad…! ¡Sólo los patanes y los profesores escriben con claridad! Y es que ellos jamás sintieron que todo es misterio, y que el misterio no se expresa como un calambur o como un contrato de matrimonio… ¿Es clara la naturaleza…?”.

Bajo este decimonónico prisma le hace hablar a Lucien, un trasunto de Van Gogh, el escritor Octave Mirbeau en su novelita En el cielo, que ahora estoy terminando de leer. Es la cuarta obra de Mirbeau que leo; me tiene obsesionada.

Esta mañana estaba viendo la tele -los dibujos- mientras desayunaba. Veía Érase una vez… Los Inventores. Se trataba de un capítulo dedicado a Marie Curie (video 1, 2 y 3). El pelanas insistía a los niños, mientras les contaba la historia de la física descubridora del radio, lo relevante del hecho de tratarse de una mujer. Les dice: “el célebre escritor Octavio Mirbeau decía en aquella época que las mujeres deben dedicarse a sus quehaceres domésticos”.

Tendríais que haber visto lo sorprendida que me dejó el comentario del pelanas. ¿Célebre? Hasta hace un año yo no conocía a Mirbeau. Después reparé en que Érase una vez es una serie francesa y que allí, claro que sí, sí debía ser célebre este autor nacido en Normandía en 1948. Lo siguiente que pensé fue ¿Mirbeau opina eso de las mujeres? Bueno, puede ser, a fin de cuentas nos movemos en el Fin de Siglo XIX, no sería de extrañar. A Mirbeau no le gustaban los prerrafaelitas, y eso es algo mucho más preocupante. No obstante, he leído cuatro obras suyas y no he encontrado una opinión semejante.

Las mujeres de sus libros, al menos aquellas que he conocido, no se quedan en casa dedicándose a sus labores. Una encuentra un supremo goce en la tortura, la otra en el asesinato. Son mujeres que, como él, son anarquistas y amorales.

(No obstante, la pregunta está en el aire. Existe un ensayo de Pierre Michel -presidente de la Société Octave Mirbeau, probablemente la persona que más sabe sobre el autor- titulado Octave Mirbeau: ¿ginecófobo o feminista?, en el libro de Bard Un siglo de antifeminismo).

Yo creo que este es un buen momento para recuperar a Mirbeau. La coincidencia de tres ediciones de sus obras lo propicia. Nosotras le dedicaremos un programa cuando arranque la nueva temporada de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? para aportar argumentos a su reinserción en el discurso literario actual.

Mirbeau era un dreyfusista en tiempos en los que había que tomar partido y acarrearlo de los cafetines y los periódicos a las obras literarias. No es que Mirbeau escribiera otro Yo acuso: los personajes de sus novelas son dreyfusistas unos y antidreyfusistas otros (o pro israelíes unos y antisemitas otros). Aunque sobre todo predominan los personajes conservadores, al contrario que Mirbeau, probablemente algo exagerados, tal y como un escritor desde la izquierda retrataría hoy a un neoultraliberal: dejando que se ponga en evidencia.

A pesar de ello, lo que más me gusta de Mirbeau no es su compromiso con la sociedad y sus problemas derivados de los conflictos entre clases y el reparto de la riqueza. Lo que me apasiona del escritor y periodista es su amoralidad y su incorrección. Las crudas defensas del asesinato (en el prefacio de El jardín de los suplicios o en Diario de una camarera) se sitúan más allá de la ley. La exploración del placer le lleva a territorios escabrosos en los que es necesario adentrarse sin prejuicios, amoralmente, para comprender la esencia sórdida y deliciosa del alma humana.

También aprecio su decadentismo, que en más de una ocasión le empareja a Huysmans, su placer por lo exótico, por el simbolismo, por el éxtasis del arte. Sucediéndose esas sublimaciones siempre dentro de la crítica social, incluso cuando sus personajes buscan con obstinación el exilio.

Mirbeau es un escándalo. Me lo parece ahora, ¡cómo no debía de serlo hace 110 años!

Gefirofilia y gefirofobia en un mismo puente

Abril 6th, 2010 por elenac

Lo mejor de la radio son las entrevistas. A veces piensas que lo más especial es escuchar el retorno de tu voz por los auriculares y creerte que es otra persona la que habla. Pero, superada la fascinación del egocentrismo adolescente -bueh, no dura mucho, menos mal- te das cuenta de que lo que tienes que hacer es callarte. El trabajo bueno en la radio es pues el que no se ve: los emails que se envían para convencer a alguien de que venga a una emisora subterránea camuflada tras el cartel de un locutorio. Carolina hizo muy buen trabajo trayendo ayer a Iván de los Ríos a ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? y lo mejor que pudimos hacer fue darle a Iván todo el tiempo que cabe en 60 minutos. Iván es profesor de filosofía, traductor y ensayista y fue invitado por el capítulo que aporta al libro Los Soprano forever, editado por Errata Naturae.

Iván de los Ríos en ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?Además de herramienta de entretenimiento, algunas series de televisión también realizan una función de análisis crítica de la sociedad occidental post-industrial y el capitalismo sobre el que se asientan. Así son Los Soprano y The Wire, por ejemplo. Series difíciles que aún así son vistas por mucha gente (menos de la que ve House o Lost, eso sí). Si series como House sirven como autoayuda (dijimos en el programa), las otras que he mencionado también son una especie de autoayuda, pues nos ayudan a enfrentarnos fríamente con la sociedad que tenemos, la de un mafioso que no puede admitir entre sus compañeros que le come el coño a su mujer o que va a un psiquiatra porque perdería su reconocimiento. ¿Qué mejor ayuda que la que te provoca un shock? Y todo eso sin bajarnos de la sociedad del espectáculo, que parece ser el único empaquetado posible con el que se nos pueden servir los mensajes. Si no son espectaculares, son invisibles.

De estas cosas hablamos con Iván de los Ríos, antes, durante y después. En realidad ayer hubo tres programas, tres conversaciones: una antes en una cafetería encantadora que decubrimos cerca de la radio, una con los micrófonos abiertos y otra en la puerta de la radio, en la acera, con algo de frío y el casco de la moto en la mano. Ya para irnos pero sin querer. Bueno, yo no quería, porque hablábamos de Bolaño. Pero, a la vez, quería irme a casa a leer a Bolaño. Los mejores escritores, decía Iván, los que más le gustan, son los que te hacen desear leer a los escritores de los que te hablan. Bolaño es de esos. Qué escritores tan generosos que te ceden en lugar de retenerte con argucias. Se me ocurrió que debíamos hacer un programa sobre tipos de escritores: los que te dan ganas de seguir leyendo, los que te dan ganas de escribir, los que te dan ganas de cerrar el libro y ponerte a vivir.

Bolaño es de esos que te empujan a cruzar puentes y, quizá él no lo sepa, pero Iván de los Ríos también es de esos.

Descargar mp3 del programa.

Entrevista con un muerto. La doble identidad de Jorge Carrión

Marzo 18th, 2010 por elenac

Me gustaría escribir un poco sobre cómo y porqué hicimos así esta entrevista. El día anterior Jorge Carrión presentaba el libro junto a Isaac Rosa y Jordi Costa en una librería de Madrid. Allí el escritor contó que estaba algo fastidiado por el nivel de spoilers que se estaban vertiendo sbre la novela. En algunas críticas se desvelaba ya en la primera línea lo que en realidad el libro es. Ese día me faltaban algunas páginas para terminar la lectura e incluso a esas alturas recibí en la presentación algunas sorpresas que aún no había averiguado por mí misma.

Debido a eso, decidí que en la entrevista del día siguiente no quería analizar ni contar nada que desvelara mucho sobre Los muertos, sino continuar con la ficción. Pefería hablar sobre Jorge Carrión que sobre la novela pero no quería dejarla de lado, por lo cual le pedí a Carrión que actuara de adivino (un oficio que aparece en la novela) y yo sería una mujer sin identidad a la que el adivino le revela que se llama Jorge Carrión.

La realización es de David Tesouro, también conocido en la redacción como David El Joven.

¿Dónde están los enemigos públicos en la literatura?

Noviembre 15th, 2009 por elenac

El Eñe viene a ser algo muy parecido al Hay de Segovia, que es el único en el que he estado. Javier Rodríguez Marcos dice en El País del sábado que “[el Eñe] no es el Hay de Segovia o Granada pero las escaleras obligan a hacer casi tantos kilómetros como allí”. Extrañamente no me duelen las pantorrillas, y eso que no usé el ascensor. Cada piso del Círculo de Bellas Ares duele como dos, o incluso como tres si tomo por referencia las escaleras de mi casa. Y algunos de los escritores participantes en el Eñe, por seguir con las comparaciones, han sido tan pesados como mi vecino el aspirante a Operación Triunfo.

He preparado un top 5 para el programa de radio de mañana, que no podré hacer en directo ya que estaré aquí.

1. Guillermo Fadanelli

2. Ana María Moix con Esther Tusquets

3. Manuel Vilas

4. Ignacio Echevarría, Ray Loriga y Rodrigo Fresán

5. Andrés Barba y Peio H.Riaño

Me perdí dos cosas importantes por coincidencias o torpezas: Leopoldo María Panero y Alberto García Alíx. Tampoco estuve en la Cata Literaria de José Luis Cuerda, que me apetecía mucho. Me encanta que un director de cine monte una bodega.

Esther Tusquets: “Si alguien protesta por lo que he dicho, puedo decir mucho más”. “¿Por qué escribo distinto? Escribo distinto porque hoy soy distinta”.  ”Prefiero la intensidad a la felicidad”. “Mi madre no me quiso pero todo lo que me gusta proviene de mi madre”.

Abriendo el festival, la mesa de los editores del grupo Contexto. Félix Romeo: “Cuando era adolescente lo chulo era ser escritor, hoy lo chulo es ser editor”. Julián Rodríguez de Periférica: “Nuestra tarea es ser más amantes de lo que otros lo fueron”. Santiago Tobón de Sexto Piso: “El pequeño ecosistema frágil de la vida del editor independiente”. Enrique Redel de Impedimenta: “Últimamente lo que hago es publicar enemigos públicos, gente que pone el dedo en la llaga”. Julián de Periférica: “La impresión bajo demanda debe estar en manos del librero, no es la tarea para los editores”.

El fotógrafo Chema Madoz: “No espero que el detonante aparezca delante de mi [para hacer una fotografía] sino que creo que el detonante está en la cabeza”. (No lo comparto pero es interesante).

Use Lahoz: “La literatura es emoción o no es”. (No lo comparto y además me parece una tontería). Jordi Carrión: “La literatura puede ser otras cosas pero lo que más me interesa es que la literatura sea crítica con su realidad” (¡al fin!). “La novela póstuma de Mario Levrero sintoniza al mismo tiempo con el siglo XX y con el XXI, es una novela bisagra”.

Andrés Barba: “Hay que dejar de llamar a las cosas malas ‘monstruosas’ porque eludimos nuestra responsabilidad en ellas, la crueldad de uno niños contra otros no debe llamarse monstruoso sino humano” (siguiendo a Hannah Arendt).

Ray Loriga: “Kerouac murió alcoholizado por que no soportaba tener su casa llena de hippies”. (Se lo contó al propio Loriga la mujer de Neal Cassidy y él nos lo dijo en la conferencia más abarrotada que vi en el Eñe).

Guillermo Fadanelli: “Los premios son importantes porque cuando alguien es premiado lo dejo de leer, es una buena manera de acotar las lecturas… y no soy un acomplejado, he tenido dos premios y mucha cocaína”. Sobre escribir emails borracho: “A mi mujer no le digo escóndeme las botellas, le digo escóndeme el Internet”.


Foto robada a Roger Casas.

El apretado horario impedía, a no ser que pasaras descaradamente de ver cosas, compadrear en el salón de baile, donde había café de cortesía, puffs y mesitas junto a un bar instalado por La Pecera a 2,50 la copa de vino tempranillo joven. Las mesitas eran lo mejor. En ellas pude avanzar con el libro de Gabriela Wiener y desplegar el programa (que soltaba tanta tinta que siempre llevaba los dedos negros), charlar (o bombardearnos) con Rubén Romero (que condujo el encuentro sobre la ciudad de Los Ángeles con James Frey; vi un rato pero no me interesó mucho), descansar con mi secuaz y compañera de fatigas Carolina León u observar con descaro a quién hablaba con quién. Lo malo es que ese espacio era también un escenario de encuentros, por lo que a veces uno se ponía a conversar sin escuchar a los que tenían micro. Me sentía maleducada pero a veces era inevitable.

Elena Medel y Guillermo Trapiello hicieron un Gabinete de Crisis. Ellos eres unos reyes magos a los que pedirles un regalo. Como la literatura es la realidad del plano de la fantasía, en el plano de la hoja de papel te escribían y dibujaban, respectivamente, lo que tú les habías pedido. Yo les pedí, de regalo para Navidad, un apocalipsis:

Les pedí un apocalipsis

Elena, además, nos ha mencionado en su blog sobre el festival, que me acabo de enterar de que lo estaba haciendo. A veces pienso cuál es mi problema, porqué no me entero de las cosas. En días más optimistas pienso que es que LOS DEMÁS no saben comunicar las cosas que hacen (no lo digo por Elena, lo digo por el Festival).

“De Macondo a Barajas” fue un buen título para en encuentro entre escritores latinoamericanos en la diáspora. El chileno Carlos Franz me interesó. A Soledad Puértolas no le funcionó lo de leer dos textos suyos entorno a las enfermedades de los escritores, por lo que abandoné.

Vicente Molina Foix (“o Foá”, como dijo Guillermo Fadanello) es cada día un señor que cae más antipático. Intentando olvidar, si es que posible, su metedura de pata respecto al cómic, impidió que el encuentro con Herralde fuera con Herralde, en lugar de con él y con Pombo. Cuando hablaba Foá me abstraía y recuperaba la atención cuando dejaban hablar al editor de Anagrama.

Seguimos con el Eñe esta noche (lunes) en ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? Pero yo no estaré en directo, pues tengo cita con Martin Gore, él no lo sabe claro, pero  yo sí, y mi cuerpo también, pues ya se ha puesto del revés.

De entre los momentos privados del festival, el mejor fue la entrevista, en las frías escaleras del Círculo, a Gabriela Wiener. Venía de una charla absurdísima titulada “Pornófilos” en los que ninguno se asumía como tal. Sobre todo la presencia de Fernando Marías era inexplicable. La mesita redonda fue aburrida salvo por los casos reales de Gabriela y sus ejemplos en el mundo del periodismo gonzo para Primera Línea. Luego la raptamos y la grabamos para el programa de esta noche, así que ahí podréis escuchar unos cortes de la conversación.

Qué hacer con el sueño huido entre los párpados

Octubre 10th, 2009 por elenac

Yo tenía mucho sueño. No sé en qué momento lo perdí entre el sofá y la cama pero, ahora lo veo claro, se me escapó por alguna rendija que dejaron los párpados. Mi familia me debe oír teclear a lo lejos, entre sueños.
Hoy me pusieron falta en una conferencia de Jorge Haro en Espacio Mínimo pero había tanto que hacer en casa de cara a la fiesta de mañana que se me echó la hora encima. Ayer fue un día denso, también. Todo comenzó quizás antes de ayer o, mentira, ya estaba todo empezado desde hace un tiempo, desde antes de que arrancara este octubre.
Antes de ayer fue suave y bonito, otoñal, de primeras lluvias. Me puse una falda blanca, unos zapatos a cuadros blancos y negros y un jersey negro de manga corta de corte bonito, como de agregada cultural, y me fui a Casa Árabe, que le hacíamos un bis al Experimentaclub. Me impresionó que siendo tan bonitas las Escuelas Aguirre por fuera, sea Casa Árabe tan feo por dentro. Esa noche, tras las presentaciones, me porté bien y volví a casa pronto, esperando el autobús número 9 bajo la marquesina, resguardada de la lluvia apacible. No llevaba mi paraguas blanco.
Ayer era más complicado. Tuvimos programa (este, en concreto) en el que entrevisté a Max para Poco Común con motivo de Avantcomic (9 y 10 de octubre en La Casa Encendida). Fue muy bonita la entrevista telefónica que Natxo le hizo al sindicalista de la Naval Xixón Morala. Al programa vinieron Xabi y Marta, que estaban en Madrid para acudir al Hackmeeting, del que espero disfrutar algo el domingo.

Luego, Marta y yo nos tomamos un helado mientras paseábamos y conversábamos. Después de dejarla en Malasaña bajé para Ópera, pues tenía lugar en La Buena Vida una presentación de tres libros de Alpha Decay, que es la editorial de moda entre la juventud. Esperé a Carolina en el Café del Real, como he esperado a mucha gente, muchas veces, me gusta ese sitio para esperar, terminando de leer El Agrio, de Valérie Mréjen (Periférica), que no me ha gustado especialmente. Últimamente nada me gusta especialmente.
En la presentación estaba Antonio Luque (Alpha Decay le ha editado su primer librito, Socorrismo, que no consigo terminar porque me aburre), Mercedes Cebrián (me encantó su Cul-de-sac, en la misma colección), la simpatiquísima Elena Medel (sólo he leído su relato en Matar en Barcelona pero ya está entre mis preferidas, igual que la Cebrián), la editora Ana S. Pareja y su co-editor en Matar en Barcelona, Jordi Corominas. La presentación estuvo divertida, bien lejos del género presentación-FNAC que odio y hace ya tiempo decidí evitar siempre. Luego Luque se cantó unas canciones. Supongo que los fans de Sr. Chinarro no se enteraron de este acústico (afortunadamente), o la librería habría estado desbordada. Me gusta La Buena Vida. Me gusta más cuando no hay nadie. Tomé dos vinos. Estaba seria. Quizá fue porque mi día había comenzado a las 5:45 de la mañana. O quizás no, probablemente no. Yo creo que es porque ya soy así y ya no necesito fingir. Antes siempre necesitaba fingir jovialidad para encajar mejor. Ahora ya me da igual todo. O igual es porque ya no soy una asalariada y ahora pasan las cosas más lentamente y todo lo veo como si tuviera que identificar a alguien que está a bastantes metros de distancia.
Carolina no dejó de presentarme a gente, lo cual fue bonito. Conocí a Sergi Bellver, que fue uno de los entrevistados en nuestro último programa de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? Hay pocos programas / podcast de literatura, así que me doy cuenta de que el nuestro despierta cierto interés. Hablé con unos libreros de Guadalajara que habían venido al Líber, me confirmaron que el Líber no sirve para casi nada. Por lo que cuenta la librería en su blog y en un Twitter, Luque se acabó toda la cerveza y no quería irse de allí, a la una de la noche. Carolina y yo abandonamos a eso de las 22:30. Yo aún me dejé caer por una cena de post-América Arabia Electrónica en un lugar cercano a Casa Árabe, donde me encontré a un grupúsculo de latinoamericanos, españoles y egipcios dándole fuerte al tequila. Qué curioso que Karim, nuestro enlace con Casa Árabe, había hecho junto a Carolina el mismo taller de Rodrigo Fresán sobre John Cheever. En él también estaba Antonio Jiménez Morato, a quien ya hemos sacado dos veces en el programa y que estaba tanto en lo de Alpha Decay como en la presentación del nuevo libro de Yuri Herrera a la que asistí el martes, en otra librería estupenda, La Fugitiva, junto a la Filmoteca.
El próximo programa de ¿Quieres hacer el favor…?, por cierto, irá sobre Yuri Herrera y el fin del mundo.

Las hermanas Martín Gaite

Julio 4th, 2009 por elenac

Obras completas: Novelas II y mis notas de la presentaciónAyer tuve la suerte de escuchar a Ana Martín Gaite hablar sobre su hermana. Qué sonrisa y qué mirada contagiosa tiene. Cuánta generosidad y amabilidad. Éramos unos pocos periodistas alrededor de una mesa de banquete pero nos hizo sentir que nos habían sentado en la intimidad de una mesa camilla.

Lo primero que nos dijo sobre Carmen Martín Gaite fue: “francamente, estoy muy emocionada. Los años van pasando y me parece inaudito que siga viva”. Estaba emocionada, y no era la única. Se presentaba el segundo volumen de sus obras completas, la segunda parte de las novelas. “Estaría muy contenta ahora, porque era muy infantil, madura y reflexiva pero también infantil”. Nos explicó que le emocionaban los actos, las presentaciones, las fiestas (y por supuesto la feria). “Se compraba ropa y me decía ¿estoy bien? La literatura para ella era una fiesta y una sorpresa, y hoy la sorpresa sería fenomenal, se quedaría con los ojos como platos”. Y a mí que aquello me parecía que no le estaba haciendo honor, que había poca prensa, que eran migajas de la atención cultural; algunos se fueron incluso antes de acabar, mientras ella hablaba, y yo sentía que debía pedir disculpas en nombre de mis compañeros que se iban, y que no conozco. Siempre está feo irse ventilando la urgencia de volver a la redacción, o de marchar a otra presentación. Y ahí están siempre esos desfiles.

“Cuando éramos pequeñas y dormíamos en dos camas en la misma habitación, ella me decía de una cama a otra ‘¿te cuento un cuento?’ y me lo contaba y al acabar me decía que ahora le contase yo un cuento a ella, pero yo no quería, porque tenía sueño y prefería dormirme envuelta en el cuento que me acababa de contar”. Y también dice que siempre, desde niña, “iba con un lapicero y un bloc en la mano. ¡Y la gorra! El sombrerito desde niña. Ella siempre con el gorrito, le hacían unos gorritos de punto y se los ponía siempre, en Salamanca hacía mucho frío. Nació con ella puesta”.

A José Teruel le molesta que se hable tanto de Martín Gaite como un personaje y menos de su obra. Pero Ana insiste: “Rafael Sánchez Ferlosio y Carmen Martín Gaite nacieron así. Nacieron personajes. Y Rafael Sánchez Ferlosio morirá siendo personaje”.

También dijo que se habla poco de su talante universitario. “Era una estudiante nata. Una universitaria nata. La universidad era para ella muy importante. Antes de morir ella estaba preparando un curso de verano para dar en Santander. El mismo día de su muerte habló por teléfono, desde le hospital, con la Universidad Menéndez Pelayo y les dijo ’si me mandáis un taxi voy’. Por eso me dolió cuando la Universidad de Salamanca no quiso su legado [no tenían espacio, le dijeron] y ahora está en el Archivo de Valladolid y ahí está bien, porque está con sus amigos”. Al hilo de los lugares de estudio, fue divertido cuando contó que su hermana “escribía más en las bibliotecas, en casa poco. En la Biblioteca Nacional, en el Ateneo o en el Archivo Histórico. Tenías que hacer la ronda de esos tres sitios para encontrarla, hasta que aparecía la gorra. Mira, ahí está”.

Los entrecomillados están sacados de las notas que tomé durante la presentación.

Soy una palabra literalmente traducida

Junio 30th, 2009 por elenac

Pienso mucho en las palabras. Soy una pésima traductora. Cuando me encargan adaptar al castellano un, digamos, email de confirmación tras el registro en una página web, soy incapaz de encontrar las frases naturales que harían más humana la relación de la persona con la web, “el sitio”, como se le denomina legalmente e intento siempre evitar decir.

Sí que soy mala. Menos mal que no se me ocurrió tirar por ahí. “Verifica tu dirección de email”, he escrito hoy. ¿Suena natural? Supongo que sí, pero más que nada porque nos hemos acostumbrado a las traducciones literales del inglés al usar las webs. No sé qué es lo que habría que decir para ser puristas del castellano. Quizás habría que echarle imaginación, algo de interpretación, lo que diríamos en una conversación natural… “asegúranos que tú eres tú”, por ejemplo, se me ocurre.

Estoy segura de que alguien en MTV prefiere la traducción literal a la libre, que alguien, en algún país, con algún cargo extravagante, no me dejará decir “dime que tú eres tú”. Claro, no lo he dicho aún: estoy trabajando por unos días, de nuevo, en MTV España. Ha sido peculiar volver después de dos años y dos meses de mi abandono. Pero todo sigue igual, casi todas las mismas caras (excepto mi viejo webteam, ¡cuánto extraño a Antonio Velasco, Olivier Arson, Óscar Palmer, Emi Salvador y nuestro capitán Víctor Puig! Sólo queda Marta Pinilla, al menos con ella allí siento más seguridad, la de un lejano regusto familiar). Me doy cuenta de que Digital Media es, probablemente, el departamento más cambiado de todos los de este canal con el que una vez soñé, luego trabajé y después, desilusionada, dejé.

En MTV estoy trabajando para el lanzamiento de una web que se hará en estos días. Ayer recibí un encargo inesperado que califiqué, le dije a Marta, como la petición más grotesca que jamás había recibido. Va sobre palabras. Me enviaron tres documentos con listas de palabras presuntamente obscenas que debía traducir del inglés al español y de algún español latinoamericano al que se habla en el estado español o, al menos, al que se habla más generalizadamente. Esas palabras formarán parte de una lista negra de vocablos a censurar, no sé de qué manera, en una web de aportaciones de usuarios. No me gustaba el trabajo y me vi desbordada. ¿Cuántas maneras de decir ‘polla’ conozco?, me preguntaba para poder enumerar la lista. Y, luego, me quejaba, ¿por qué censurar la palabra ‘pene’, ‘escroto’ o ‘masturbación’? (Por acudir a las más finas de la lista). ¿Cuántas palabras para decir ‘gay’ o ‘lesbiana’? Todas ellas censuradas: bujarrón, trucha, truchón, julandrón, afeminado… hay alguien en esa empresa que no quiere que se usen para insultar. Pero, ¿y si se usan para describir, o para autodefinirse? ¿Qué tienen de malo? ¿Por qué son perniciosas las palabras inglesas 69, clit, cunnilingus, cunt, ejaculate, erect, homo, lesbo, queer o pussy? ¿Hay que mantener a los menores alejados de la existencia de un pussy, de la posibilidad de un homo, de la naturalidad de una erect, de la inevitabilidad de una ejaculate?

Paralelamente, me di cuenta de lo finolis que soy, qué poco vocabulario procaz conozco y, también, me asombró la cantidad de palabras inglesas que existen para llamar despectivamente a personas de otros países. Nosotros no tenemos eso, más allá de ‘negrata’ o ’sudaca’. Así que de las interminables listas no pude traducir -afortunadamente- el slang peyorativo para los italianos, los indios y otras muchas nacionalidades que ya no recuerdo.

En relación, también, con las palabras, estoy muy asombrada con el libro que estoy leyendo ahora mismo, Soy una caja, de Natalia Carrero. Me lo prestó Carolina porque tiene que ver con Clarice Lispector. Es el libro más bonito que nunca haya leído que sepa conjugar dos biografías al mismo tiempo, la de Natalia Carrero y la de Clarice Lispector, que a menudo parecen sólo una. Ayer me dormí pensando en muchas de las cosas que leí. Parece que no leí con los pies, ayer noche.

Últimamente he leído cosas estupendas, como los relatos de Ignacio Aldecoa y Las ninfas, de Francisco Umbral, que me gustó tantísimo, como quedó claro, o no, en el post anterior. Todo me lleva a recordar que tengo que cuidar más la palabra. Aunque mi mala memoria me deje con pocas pero, las que me queden, que sean propias, adecuadas, precisas, que las mime y las alimente. Que sean mías y no prestadas, como dice Morrissey en la siempre presente Cemetery Gates.

Telarañas en la recámara

Mayo 13th, 2009 por elenac

Me siento como el fantasma de la canción de Depeche Mode, como la mancha en la cama o el agujero en el corazón. Parcialmente inhabilitada. Agotando existencias. Cuando más tiempo tengo para mí, para menos me sirve. Parece tiempo inútil, condenado a no servir para nada salvo para torturarme.

Miro una semilla que tengo junto al ordenador y pienso en David Beriain, cuya estancia, esta vez, en Afganistán con Sergio Caro es menos parecida a un viaje espacial incomunicado, como era antes. En otros viajes había que esperar las crónicas, las noticias que llegaban por otros de ciertas llamadas a media noche. Esta vez, gracias a su Twitter, sabemos lo que van haciendo día a día, hora a hora. Y aunque me tranquiliza más por ellos, me intranquiliza aún máspor mí. Más inútil me siento.

Vale, compararse con un reportero de guerra y sentirse inútil es el colmo de la autocompasión, pero me venía a mano. No se necesita una guerra para escribir, pero vengo pensando que es la evidencia lo que me mueve a escribir. Así que todos esas ideas vagas que me andan por la cabeza sobre lo que molaría o no molaría escribir, son chorradas.

Hace un tiempo escribí sobre lo que tenía que escribir: la muerte y enfermedad de mis padres, los suicidios y el asesinato de Cocó. Lo reboté. Y ya. Ya no tengo nada más en la recámara que necesite ser estallado. Tenía un apunte sobre mujeres terroristas. Luego otra cosa sobre el terror a la pérdida de la juventud. Un hombre en la línea circular. La ausencia de camaradas. El extraño olor y la vejez eterna de El hombre de la pipa que colecciona minerales. La rebelión escondida detrás de la puerta de una sala de reuniones. Un mundo donde a nadie le interesa saber qué pasa. Y unas conversaciones imaginarias con mi hijo. Más o menos, los temas de siempre, aburridos e inútiles, inservibles, vacíos, incluso cansados. Me cansan de sólo pensarlos.

Disfruto más con la urgencia del post, la necesidad de corresponder a una carta, la deriva de un link que te lleva a otro. Y todo eso, lo sé, marchita mi sueño y aja la etiqueta de eterna promesa, que es una contradicción porque eterna no puede ser, que todo el mundo se cansa de esperar un día. Y en esto gasto el crepúsculo, en quejarme de lo mío, a ver si algún día me dices cómo hiciste para lo tuyo.

Más Portugal recobrado (regenerado o degenerado, no sé)