Desde Canillejas

Dos d?as en Canillejas, decorado de mi infancia, adolescencia y tardoadolescencia es suficiente para hacerme desear recobrar cuando antes la vida que imagino que tengo, la vida en la que s?lo reparo cuando estoy lejos de ella. Siendo aqu? hija, hermana, ahijada y oveja negra (o al menos, rarita, como si se tratara del microcosmos de La Boutique del Video), la sobreexposici?n familiar me fuerza a desear ser algo y no alguien. No digo yo que aqu? no aprenda. En la comida navide?a he refrescado conocimiento espa?ol: los ajos se plantan en enero, cuando tardas en usar las patatas comienzan a mover y «el norte cuece, Castilla asa y Andaluc?a fr?e». Conocimiento experto. Tampoco digo que no me divierta, al borde del esperpento: ayer mi madre rompi? dos copas mientras yo sufr?a un ataque de risa en un delirio de Festival del Humor porque mi cu?ado dijo que en alem?n pepino se dec?a Gurkel (o algo) y yo contest? «ah, s?, como Steve Gurkel». Ya s? que es Urkel, no Gurkel, pero ah? estaba la gracia. O las dos botellas de albari?o se la dieron.