Desde Granada

Por esto es por lo que, precisamente, siempre he deseado un coche. Para estar a 500 kilómetros de mi ciudad y decidir no volver ahora, porque puedo no hacerlo, y coger una carretera diferente a la que traje y ver que Granada está a 220 kilómetros de Sevilla y darme igual, ir hacia allí (venir hacia aquí) y llamar a alguien que sabes que te va a acoger sin reparos. Eso hice ayer, marqué el número de Mariano, de Lost Balance y ahora, una noche después, escribo en mi ordenador (bendito laptomismo) sentada en su salón, del cuál veréis las fotos: paredes pintadas de negro y decoración azul marino, calaveras, candelabros, instrumentos, esculturas de animales, sus cuadros en las paredes (además de músico es pintor y profesor de pintura; ¡tiene 500 alumnas!), el afamado Somnambulist Studio en un rincón y una colección de cds de género (más especializado en trip-hop, derivados y adyacentes no se puede estar). El único problema es que no tiene línea de teléfono, así que tendré que ve a quién le pido el favor antes de abandonar Granada.

Luego voy a pasar por la tienda de Alfonso Méndez de Satelitepop.com, (¿ tendrá una roseta por ahí?). Ayer dejé Sevilla después de comer con Carmona y Caballero deliciosas tapas andaluzas (rico salmorejo) en un sitio  cerca de los Jardines de Murillo. Despuées de lo que es la alimentación, fuimos a pasear por los mencionados jardines y por Santa Cruz. Un quishllo nos quiso hacer un trueque de la gorra ANTI (que le había quitado a Caballero para hacerme la salvaje) por su visera de camuflaje, que está casi nueva. Explicó que buscaba una gorra así pero que hay que comprarlas fuera, que aquí no se encuentran. Ese Caballero le explicó muy educadamente que, efectivamente, la gorra venía de fuera y pertenecía al merchandising de un tipo que hace «techno embrutecido». Por ese motivo, no podía aceptar el cambio. El quishllo pareció comprenderlo, repitió que, no obstante, su visera estaba prácticamente nueva pero pareció molarle mucho eso de que alguien hiciera «techno embrutecido». El quishllo, el camarero joven del bar Raimundo que dice grasia mi arma y los propios CyC me hacen confiar en que la cosa andaluza encuentra su supervivencia en las próximas generaciones.

Comimos helado artesano mientras caminábamos (eso sí, me pareció un purito desconfort la canela dentro del helado de tiramisú), despedimos a Carmona ya que debía pasar a modo Ramera para irse a ganar los lerus que necesita para seguir ampliando su bodega y tuve el honor de ser acompañada hasta mi cucaracha por ese que es un Caballero. Durante mi travesía por la A-92 (excelente carretera recién recompuesta aunque poco señalizada) vine escuchando la cinta del aspa a un volumen atronador y Maxinquaye. Un gran viaje y una excelente compañía.

Una vez aquí, habiéndome ya encontrado con Mariano, sufrí ese irritante caos circulatorio que parece ser Granada en hora punta. Yo pensaba que estas cosas estaban desterradas de las llamadas «ciudades con calidad de vida». Parece que no. Tuve que seguir a la moto de Mariano de un lado a otro de la ciudad y luego salir de esta tres kilómetros hasta La Zubia, donde vive en un piso amplio de un edificio al estilo Melrose Place que le costó, moriros del asco, cuatro millones de pesetas. Después de cenar fuimos a un bar llamado Zeppelin, un sitio en La Zubia donde se hacen conciertos y el dueño es todo un personaje al que se le salen los ojos de las órbitas cada cinco o seis segundos. Fuimos con Javi, amigo y batería de Mariano. El sitio era bonito y grande.

Pero el descubrimiento de la noche fue la canción Los moteros del grupo jevi El Rincón del Edén (versión maqueta, portada tributo a la naturaleza mítica), después de haber estado pidiendo la canción casi desde que entramos por la puerta. NECESITO esa canción. Y vosotros TAMBIÉN. El cantante es un histriónico falseteador que canta «moteeeeeros, no tenéis perdón, moteeeeeros, me importáis un cojón». Una historia real sobre unos motoristas que le robaron la novia y sobre cómo planea el vocalista vengarse del asunto. Mariano estaba disgustado porque el grupo fue a actuar a un programa de una televisión local granadina y descubrió que habían cambiado al cantante castrato por uno con voz grave, perdiendo así todo su interés. Está pensando en intentar localizarle para hacerle canciones y presentarle a una multi, forrándose con el negocio, en consecuencia.