Diario del coronavirus (22): Está todo todavía tan oscuro en Europa

Dice mi amigo F. que amenaza con lanzar una tarta de nata montada a todos los que hacen lives de Instagram. Lo dice el mismo día que en el chat de la clase de mi hija, L. ha echado a rodar un challange en el que retó a A. a que hundiera su nariz dentro de un bol de nata montada. Una hora después, apareció un video de A., efectivamente, hundiendo su nariz en un bol de nata montada y retando a su amigo J. a que hiciera lo siguiente: A. coge el bol con las dos manos y se lo coloca en la cabeza, bocabajo, mientras su madre, que graba el video, dice “¡no, no, no, no, no!”. A. levanta el bol y deja sobre su pelo un chorreante sombrero de nata. Pensé que a la hora de escribir estas líneas no tendría nada más que contar pero J. aceptó el reto, anunciando que a sus padres les parecía regular porque luego tendría que bañarse (J. no lo dice, pero en estos días hay mucho lavado de manos pero duchas, las justas). Sin pensarlo, J. se colocó un cuenco con nata a modo de bombín y pasó la bola, retando a que el padre de su compañero T. le hiciera lo mismo que su propio padre estaba a punto de hacer: entrando en plano, un brazo introduce la boquilla de un bote de nata en la boca de J. y rellena al niño como si fuera un buñuelo. Si a lo largo de este artículo hay alguna novedad, os lo haré saber. Espero que el reto no llegue a Eleonor, pues acabo de ir a mirar a la nevera y nuestro bote de nata está lleno de moho. (Un clásico). Le cuento todo esto a Alberto y me dice: “ah, pues eso puede hacer el reto más interesante”. Y así pasamos el domingo. El vuestro, ¿qué tal?

Yo entiendo a F. No se puede estar todo el día live arriba, live abajo, que si videochallange, que si videollamada de los amigos, de la familia, de los abuelos, de los primos, de los compañeros de la EGB…

En casa hemos recibido el anuncio de la extensión del estado de alarma sin sorpresa alguna, como quien pierde un tren que tampoco tuviera mucha intención de coger. Ya no apunto en el calendario del frigorífico cuando va a acabar esto, no vaya a tener que volver a hacer una tachadura. Pero con esta prórroga ya ha quedado claro lo que había desestimado en un principio: mi cumpleaños, a mediados de abril, me va a pillar enclaustrada. Tampoco pasa nada, no soy de montar fiestas en mi cumple, lo que me fastidia es lo terriblemente inútil que soy haciendo predicciones. Cuando se cancelaron los primeros cumpleaños familiares, les dije: “no pasa nada, ya los celebraremos todos a la vez, junto al mío”. Ahora me da la risa. Le leí a alguien, no sé a quién, que miramos nuestros yoes del inicio de la pandemia con condescendencia. Ay, Elena, que no te enteras.

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