Diario del coronavirus (24): Vuestra carencia de fe resulta molesta

Que me dice mi padre por teléfono que lo del Gobierno es un sindiós, que no se ponen de acuerdo, que cada uno solo tira para lo suyo, que si primero dicen una cosa y luego la otra, que hablan más de lo que hacen y hacen menos de lo que parece. Y yo me callo y pienso: pues si te parece que el Gobierno lo hace así, tendrías que ver cómo son las noches en mi casa para encontrar una película que nos guste a todos.

El verdadero problema de la clase media en España es que tiene demasiado para elegir. La libertad consiste en poder escoger entre ver una película de Netflix o una de Amazon Video. La democracia es el poder que nos otorgamos a nosotros mismos, como ciudadanos de un mundo sin barreras, sobre el mando a distancia. Qué digo libertad, voy más allá: la felicidad. ¿Qué es la felicidad si no un televisor conectado a un cable? ¿Quién quiere derechos fundamentales teniendo plataformas y tarifa plana?

Como dice un amigo mío, del que os hablaré más adelante: “ten cuidado de no ahogarte con tus propias convicciones”.

Cuando cae la noche, en casa nos proponemos ver algo que nos guste a todos. A estas alturas del confinamiento ha quedado claro que eso es imposible. Alberto quiere ver películas chungas en las que una amenaza desconocida e invisible atenaza de miedo a los protagonistas. Yo quiero ver películas de intriga con detectives y mujeres malvadas, y Eleonor solo quiere ver películas de risa (a ser posible que incluyan movidas tontas y chistes escatológicos). Después de 45 minutos discutiendo, con la oposición en bloque votando no a todas las proposiciones no de ley, acabamos viendo un capítulo de la serie de burradas y estupideces Jackass. Solo espero que no les pase lo mismo en el Consejo de Ministro.

Transcurre la Semana Santa por nuestra cuarentena como un tambaleante paso de la procesión del silencio en un pueblo de la España vacía. Hoy me he levantado antes que nadie, he abierto el balcón y he inspirado la tranquilidad del Madrid durmiente, introduciendo en mis pulmones una dosis baja de dióxido de nitrógeno. Y, en ese momento, me he acordado de Manuela Carmena. Yo, como el alcalde Almeida, he pensado que “de ver actuaciones anteriores se aprende la cercanía que hay que tener en estos momentos”. Y, por eso, he decidido hacer magdalenas.

Magdalenas-elefante.

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