Diario del coronavirus (38): Fast-forward al verano

No quería decirlo, pero la habitación de Eleonor es el Wuhan de la ropa de verano. Lo que ahora llega a vuestras casas, sucedió aquí hace un mes. Fijaos en nosotras y no cometáis los mismos errores.

¿Quién le niega un entretenimiento a una niña que lleva 41 días sin pisar la calle? La he dejado hacer volteretas en cualquier parte de la casa (lo cual incluye mi cuerpo acurrucado en el sofá a las nueve de la noche mientras vemos una película). Ha hecho pompas de jabón en el parqué (yo corriendo detrás con la fregona). Ha montado una ciudad de playmobil en una mesa auxiliar que teníamos plegada para que no estorbase (Eleonor ha prohibido los desahucios, las figuras tienen que quedarse donde están y esa mesa abierta me impide abrir la puerta de un armario). Disfrutando de la novedad, se cambia de ropa dos y a veces hasta tres veces al día (qué puedo decir, se le da genial conjuntarse).

Contra tanto libertinaje infantil, lo único que le pido es que, por favor, cuando esté en el ordenador escribiendo mis artículos, que no venga a hablarme, a preguntarme o a enseñarme cosas. ¿Cumple su parte del trato? Por supuesto que no, pero he de admitir que está refinando sus técnicas de interrupción. La de hoy ha sido tan ingeniosa que os he grabado un video para compartirlo. Se trata de una tecnología a medio camino entre la piedra con mensaje arrojada a la ventana y el email.

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