Diario del coronavirus (45): Postcataclismo

Escribo el cuaderno de bitácora de nuestra casa después de los aplausos y durante la sesión de las dj en el pasaje peatonal en el que vivimos, que hoy incluye Mecano, Radio Futura, Pimpinela y Rafaela Carrá. Vemos desde nuestros balcones a un caminante que carga dos voluminosas bolsas de la compra justo en el preciso momento en el que Santiago Auserón canta “vas por ahí sin prestar atención y cae sobre ti una maldición” en el temazo Escuela de calor. Las vecinas le enchufan el megáfono dirigido hacia su cabeza de una manera evidente, pero el chico no mira para arriba. “No le ha hecho ninguna gracia” dice una de ellas, con una magnífica voz de arengadora de manifestaciones que ha ido puliendo con el paso de los días en confinamiento. A él no le ha hecho ninguna gracia, pero yo lo he celebrado grandemente.

Leo por ahí que hay gente que no soporta a los dj de balcón. Yo, que tengo mucha tontería con la música que me gusta pero especialmente con la que no, me encanta que mis vecinas pongan canciones, incluso cuando pinchan Paquito el chocolatero, que ya es decir. Es una de las cosas que no quiero que se acaben. Ya que estamos definiendo la “nueva normalidad”, podríamos acordar que poner música para la vecindad, hablarnos a gritos, pedirnos canciones y desearnos las buenas noches y hasta mañana podría formar parte de ella.

Yo quiero seguir viviendo en el presente pero parece que hay que empezar a planificar cómo será el día de mañana. Existe en Twitter un bot que tuitea cada vez que el New York Times publica una palabra que no haya usado jamás en su periódico. Hoy lo ha hecho con la palabra “postcataclysm”, que la traduzco así como suena: postcataclismo. Resuena más acristalada, metálica y clara que postapocalipsis pero podrían ser sinónimos y además tiene unas sonoridades semejantes a “desescalada”, que también es un palabro curioso. Me sorprendió que el New York Times, que como todo el mundo sabe es un periódico muy serio, se estuviera permitiendo un derrape peliculero. Y la verdad es que sí, pero literalmente. En un juego periodístico apasionante, el mismo programador del famoso bot (Max Bittker, 25 años) creó otra cuenta que contesta a la primera con el contexto en el que se ha utilizado la palabra. Para mi desilusión, el artículo no era sobre el coronavirus ni sobre el capitalismo, sino acerca de qué tipo de películas se hacían en 2002, medio año después del 11-S, cuando el cine estadounidense comenzaba a sacar historias postcataclísmicas (sigo inventando traducciones) con las que ir trabajando la reparación colectiva.

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