Diario del coronavirus (50): La otra guerra era más emocionante

Lo que de verdad piensan los niños y las niñas sobre la pandemia y sus consecuencias sigue siendo un misterio para mí. Y no será porque no tenga un sujeto de estudio cerca. Por supuesto, le hago multitud de preguntas para intentar ver esta situación excepcional a través de sus ojos, pero mi hija tiene un potente escudo que vino de serie, no sé de dónde lo sacó, forjado en las invulnerables minas del sentido del humor.

No me queda más remedio que acudir a otras fuentes. Mi amiga M. me cuenta que su hija pensaba que otras veces en nuestra vida nos habíamos tenido que confinar. Quizá cuando era pequeña, y no lo recuerda, o antes de nacer: esa existencia mitológica que tanto nos cuesta comprender. De igual manera, la hija de R. preguntó por cuántas cuarentenas habíamos hecho, hasta ahora, contando esta.

Sin haber recibido ninguna información al respecto ni haber formulado pregunta alguna, los niños dan por seguro lo que les parece lógico. Me parece que si no les anticipas, con grandes dosis de misterio y expectación, la primera vez de algo, sino les preparas con tiempo, dan por sentado que algo es recurrente, por muy excepcional que resulte. R. me puso sobre la pista de la traductora Blanca Bandarrita, que contó en Twitter cómo su hija se deshizo en pedacitos porque no aguantaba más en casa y quería salir al parque: “es mi primera cuarentena”, le dijo a la madre, a modo de excusa por no ser capaz de mantener el tipo.

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