Diario del coronavirus (54): Una idea loca: nuestra resistencia es limitada

“¿Alguien me ha preguntado si yo quería desescalarme?”. Se lo he leído a un chico en Twitter. La respuesta era, obviamente, que no y que, además, no quería, no le daba la gana, no así, no ahora. En esta situación nuestra opinión cuenta poco. Por mucho que expresemos nuestras opiniones sobre cómo nos gustaría que fuera el mundo al que regresemos cuando todo esto haya acabado, tengo la sensación de que nadie nos escucha. 

Es el momento de hacernos preguntas que parecen absurdas, podríamos escuchar a los niños y las niñas, que son expertos en ellas. Yo tengo una muy cerca. Eleonor, que está disfrutando de este tiempo de confinamiento con bastante alegría y, hasta diría, placer, me dijo: “¿por qué no vamos al colegio y tú trabajas durante el fin de semana y nos divertimos el resto?”. Buenísima idea, le dije. De hecho, hay empresas que tienen semanas laborales de cuatro días, le explicó. Pareció conformarse, al menos, para empezar por ahí. La posibilidad de que en septiembre fuera el colegio un día sí y otro no, para hacer más pequeños los grupos. le parece un planazo. Sus plegarias han sido escuchadas.

La empresa para la que trabajo por cuenta ajena, nos comunicó a los empleados que nos “deserteaban” desde este pasado lunes. Sé que el verbo suena raro, pero si hemos usado “ertear” para cuando te cae un ERTE encima, pues podemos también inventarnos el palabro contrario. Me llama la atención que el verbo que se suele utilizar es “sacar del ERTE”, que me hace recordar a las máquinas acristaladas que funcionan echando una moneda y accionando un gancho para agarrar un peluche de los orejas. A los empleados nos han sacado del ERTE “parcialmente”, lo cual hay que explicarlo siempre, porque no quiere decir que a unos sí y otros no, sino que solo estamos en el ERTE la mitad del día. Por la mañana curramos y por la tarde, “erteamos”. Esto sería la desescalada laboral para ir desperezando poco a poco y entre todos la maquinaria de la producción. Otras empresas periodísticas, que habían aguantado “metiendo” en el ERTE a partes pequeñas de la plantilla, en estos días siguen ampliándolo, aplicando reducciones de jornada. “Emosido ERTEADOS”, nos dijo una amiga periodista por WhatsApp; no fue una sorpresa.

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