Diario del coronavirus (75): Visita nostálgica al colegio

Este rarísimo curso escolar, basado en la improvisación y la experimentación, está llegando a su fin. A nadie se le había ocurrido pensar cómo sería la educación si unas circunstancias excepcionales nos mantuvieran encerrados en casa, como si algo así no pudiera sucedernos jamás. Ahora que los márgenes de las probabilidades se nos han expandido, incorporamos todo tipo de tramas a nuestro futuro y no lo vemos tan imposible: atmósferas contaminadas que desaconsejan que la infancia y los vulnerables salgan de casa, escapes químicos en la industria, o bien inundaciones, deshielos, nevadas o incendios que aíslan a una comunidad. Ahora tenemos dos cosas claras: que la educación tiene que seguir sucediendo y que no sabemos cómo hacerlo.

En una agrupación de asociaciones de madres y padres de ocho colegios del distrito (más de 2.000 familias en total) en el que vivo, ha habido una puesta en común sobre cómo se han adaptado los centros públicos a la educación a distancia. De la evaluación se extrae que hay disparidad en los colegios porque no ha habido criterios comunes de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. Como siempre, eso fomenta la desigualdad, porque mientras en el colegio al que va mi hija Eleonor se ha hecho un gran esfuerzo por iniciativa del profesorado, los niños y niñas de otros del mismo barrio no han tenido esa suerte y se han encontrado carentes de apoyo y faltos de comunicación. Lo que ha ocurrido ha evidenciado que no hay coordinación (¡sálvase quien pueda!), que la escuela pública no está diseñada para trabajar a distancia (la evaluación y las tareas han fracasado como eje del aprendizaje, en la soledad de los cuartos de los niños y las niñas) y que las tecnologías online (tanto educativas como de comunicación entre el centro y las familias) son desconocidas, funcionan mal o no cumplen los objetivos necesarios. Esto es lo que sucede en Madrid, ojalá en otros lugares os haya ido mejor. 

Las profesoras de mi hija en tercero de Primaria se han inventado de todo para atrapar su atención y canalizar su aprendizaje, casi siempre utilizando el juego como mediador. Otra cosa es que Eleonor haya tenido la disposición, las ganas, la cabeza o la mejor de las actitudes. Pero en fin, ¡estábamos en una pandemia global, asolados por el miedo y la muerte, no sé si le puedo exigir mucho más! 

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