Siguiendo el Hay Festival

Blog desde el Hay Festival, Segovia.

El escritor que come cochinillo, 27 de septiembre de 2007

Ciudad romana y románica, tierra de mataderos, piedra y silencio. Parece un buen lugar para encerrarse a leer, en un aristocrático salón de madera y escudos, como es este desde el que os escribo, en el Hotel Las Sirenas, epicentro del Hay Festival segoviano.

Un folio blanco pegado a la entrada advierte que este es el «Salón de Escritores», así que he aprovechado el rato libre entre charla y charla para levantar la tapa del portátil y esperar con disimulo que pase por delante alguna estrella literaria.

El problema es que un escritor de moda no es una estrella del rock. Ni el corte de pelo, ni el glamour del paso ágil ni el séquito de fans les va a delatar. Les miro fijamente, intentando distinguir al literato del turista, pero no lo consigo. Ellos me miran a mí, y creo que tampoco aciertan a encasillarme.

Si alguno me pregunta les diré que soy una blogger haciendo turismo literario. Pero si es botones del hotel que viene a echarme le diré que estoy acreditada para cubrir el Hay Festival para ADN.es. Los miembros de la organización -llevan camisetas que les diferencian, eso sí es fácil- me miran con buenos ojos, se ve que da prestancia tener al menos una persona escribiendo en el Salón de Escritores.

«Hay que aprender a gestionar la soledad», dijo Almudena Grandes esta mañana, «que es la grandeza y la miseria del escritor». Lo dijo sobreponiendo su voz al eco de la megafonía de la iglesia San Juan de los Caballeros, más que apropiado enclave románico para asistir a los encuentros de escritores, que Grandes inauguró esta mañana, de la mano de Iñaki Gabilondo.

Paso mi dedo por el programa de actos y recorro los nombres de escritores, a los que he leído y a los que no y entremezclo su vidas con sus obras. Se ve que no he aprendido nada, porque la autora de Las edades de Lulú y El corazón helado fue muy tajante al señalar que «hay que diferencia la vida real de la escritura, no se pueden admitir puentes ni enlaces». En cambio, estamos aquí para tender, de alguna forma, esa alianza que nos invita a caminar más allá del punto y final y llegar a la persona física. El escritor que come cochinillo, admira el Acueducto y se sube a una tarima para hablarnos de si mismo, y permitir que, en los veinte minutos finales, podamos hacer alguna de esas preguntas al aire que lanza el lector en el último suspiro, al cerrar el libro.

«El Gay Festival», 28 de septiembre de 2007

Benicàssim, Angulema, Venecia, Sitges. Las ciudades que acogen
festivales son como ese anfitrión que un día invita a medio pueblo a un
baile de máscaras por Halloween. Acuden casi todos, pero se habla más
de los que no vinieron. Se critica mucho, arropados por el antifaz. Se
observa a propios y extraños con descaro. Se establecen nuevos lazos.
Transcurre la noche con el interrogante, eterno, de si aquel era el
lugar adecuado o hubiera sido mejor la casa de Lord Winchester, que
vive en las montañas y se puede hacer ruido, o la de Lady Benegham, que
está justo en el centro y tan bien comunicada.

El primer día de
Hay Festival me ha dejado agujetas. Señores, no sabía yo que Segovia
tenía tantas escaleras. Abordo el día de mañana con cierta preocupación
sobre a qué asistir y a qué no. Desde luego, este evento es fiel a su
nombre: Festival, dícese de aquel acontecimiento que ocurre en diversas
ubicaciones simultáneamente, produciendo la angustia de los llamados
festivaleros.

Si lo hubieran llamado Encuentros hubieran errado
pues el asunto es más bien de desencuentros. Una media de tres charlas
suceden al mismo tiempo en ubicaciones muy dispares. De esta manera, el
que quiera ver al historiador Paul Preston se perderá al editor Jorge Herralde. Los que quieran saber sobre sufismo y literatura, se quedarán sin los retratos sobre escritores españoles de 1898 a 1927.

El esperado encuentro que revive el proyecto Bogotá 39 coincide con la conferencia de Samih al-Qasim
(que promete hablarnos de creación literaria y lo políticamente incorrecto, muy interesante si mantiene su palabra) y con la conversación entre Andrés Tapiello y Malcolm Otero Barral.

Señores de la organización, hoy he descubierto que Segovia es una ciudad hermosa que merece la pena patear, pero no estoy segura de que la obligación de recorrerla para asistir a los actos que una buenamente elige sea una bendición en lugar de un castigo.

Tampoco me ha quedado claro si nuestros huéspedes, los segovianos, tienen muy claro qué está ocurriendo aquí. Unas señoras desplegaron sus perfúmenes y joyas en la mesa contigua a la mía, mientras tomaban café. Hablaban de
ecos de sociedad local, cuando una de ellas alzó la voz, sin duda la más enterada, cabecilla de la banda, para aclararles «que hoy era el Gay Festival». Espero que disfrutaran, con alegría, de los fuegos artificiales que los guardianes de la palabra han lanzado esta noche desde los Altos de la Piedad.

La corresponsal no se puede quedar embarazada, 28 de septiembre de 2007

Os escribo junto a la cola que rápidamente se está formando, junto a la
iglesia San Juan de los Caballeros, para ver y escuchar al historiador Paul Preston.
Probablemente se llene y de nuevo los informadores tengamos que
aguantar a pie firme, en una nave lateral y lejos del ábside, como
creyentes semipecadores.

Esta mañana Janine de Giovanni se ha metido al
auditorio en el bolsillo. Ha conversado amablemente, con fluidez, junto al director del Hay sobre su experiencia como corresponsal de guerra. Pero la charla derivó hacia su experiencia desde el punto de vista del género y las mujeres, que éramos mayoría en el público (a ojo de buen cubero) sonreíamos por lo bajini cuando explicó que ser mujer y corresponsal tiene una cosa buena y otra mala. La buena es que allá donde vas, la empatía con las personas es mayor y facilita la confidencia, como cuando quieres hablar con una mujer que ha sido víctima de violación en una zona de conflicto armado.

Lo malo, y ahí se escucharon susurros aprobatorios, es cuando tu jefe de internacional no te concede la baja de maternidad y, si te quedas embarazada, provocas una crisis en la redacción.

Me llama Paul Preston, hasta pronto.

Yo defiendo la página mediocre, 28 de septiembre de 2007

Algunos de los 39 escritores latinoamericanos más interesantes menores de 39 años han hablado hoy en Segovia, por los codos. En concreto tres. No tres codos, perdón. Un rato con ellos y ya se me han pegado las maneras, los giros, el surrealismo y la broma mala.

Eduardo Halfon es escritor y judío y guatemalteco y… apasionado por el suicidio. Eso es algo verdaderamente raro, dice Piedad Bonnett, que fue una de los tres jurados que eligieron a los 39 escritores de las discordia para un evento organizado por Hay Festival (tienen una edición también allí) y la Alcaldía de Bogotá.

«Como buen judío, sólo la palabra pureza de algo ya me da miedo», dijo Halfon, al hilo de la defensa de Andrés Neuman de la redefinición del género novela.

Neuman: «Ya no hay división de géneros».

Halfon: «Hay rechazo al género novela, pero eso tiene más que ver con los editores».

Señores del público en fila número 7: «Sí, sí».

Halfon: «Todo vale, salvo la página mediocre».

Slavko Zupcic: «Yo defiendo la vigencia de la página mediocre, por si acaso».

Slavko Zupcic es venezolano y está psicoanalizado. Tiene miedo a no tener nada que decir, «el miedo del silencio, que es la muerte del escritor» dice, y añade «le tengo miedo a la muerte desde que nacieron mis hijos». Me llama la atención, porque es la segunda vez que escucho esa afirmación estos días en el Hay Festival. También lo dijo Janine de Giovanni, que se ha jugado la vida durante años, con una venda en los ojos enfrentándose a la piñata del peligro. Al volver de la guerra de Irak se quedó embarazada, tenía 41 años y «de pronto me daba miedo cualquier cosa, llevaba 15 años como una maniaca corriendo de un lado para otro y ahora enía miedo a morirme en cualquier momento». Su marido, también reportero, tuvo que abandonar las corresponsalías e guerra y pasarse a los deportes, porque sufría de estrés post traumático.

Pero volvamos a otros asuntos de interés de los invitados hispanoamericanos.

Bonnett: «El zapping. ¿Tendrá algo que ver, la novela que ustedes están escribiendo, con el zapping?

Halfon creo que sí. Neuman piensa que el zapping afecta «a la política zapping, al programa electoral zapping, al sexo zapping…».

«Es la primera vez que lo digo en público -preparó Piedad Bonnett su revelación- pero echo de menos, en los 39 autores que hemos seleccionado, unas prosas más elaboradas y sofisticadas, pienso en Nabokov y en Proust, encuentro que hay una pobreza en la elaboración de la prosa. Estoy generalizando, les expongo mis sentires».

“El nigeriano, el de los pelos”, 29 de septiembde de 2007

Hasta ahora, lo más parecido a un torbellino, dejémoslo en remolino, de lo que ha pasado por Segovia es el Premio Nobel de Literatura en 1986 Wole Soyinka. Se pasea con su camisa blanca y su chaleco, con su aire paciente y su experiencia, ancestral, como dramaturgo, poeta, novelista, crítico, catedrático, actor, traductor, político y editor. Y os juro que ni se le nota. Si hubiera sido español, los botones del chaleco hace tiempo que ya le habrían reventado.

No faltó un periodista al acontecimiento del día, su conversación con el crítico literario, experto en literatura y arte africanos, Landry-Wilfred Mampika, que se ganó la antipatía del público con sus cansinas petición de concisión en las preguntas de la audicencia, cuya extensión, os diga yo, distaba mucho de una intervención en Hablar por hablar.

Soyinka tuvo grandes ideas. Una de ellas fue que, para abordar el tema de la inmigración, cada vez que un cayuco africano llegara a la costa española se pusiera un anuncio para pedir que el mismo número de españoles se fuera para África. El escritor cree que muchos más de los que nos imaginamos estarían dispuestos a ir.

Anoche Soyinka se dejó ver, embargado por el fragor del flamenco. Haciendo ‘ayes’, taconeando, dando aire a su melena cana. Hoy, no sé si víctima de la resaca, aseguro que «el orujo es lo que ha bailado ayer a través de mi persona».

Soyinka es el más rock star de todos. Ha prometido a la Asociación de Libreros de Segovia, que gestionan la caseta que se ha situado en la Plaza de San Martín así como los pequeños puestos de venta a la salida de los actos, que hoy se pasaría a firmar por la casetilla.

El botones de la recepción del Hotel San Facundo acierta a definir a Wole Soyinka como «el nigeriano, el de los pelos». A la vez que hace un repaso de la fauna literaria de esta forma: «no van de divos, ellos son gente de la calle».

Federico, que vende en el stand de la plaza, es un pequeño sociólogo del comportamiento del segoviano durante el Hay: «es impresionante, se ha asumido como propio, ya estamos pensando en la tercera edición». Sobre el autor nigeriano, que hace unos minutos asistía, entre el público, a la lectura, dulcemente dramatizada, del dramaturgo inglés Arnold Wesker, comenta que «su físico es llamativo y llama la atención, es un reclamo tenerle aquí, la gente le va a reconocer… pero sólo tenemos de él libros en inglés».

¡Como si eso fuera un gran escollo para el aguerrido segoviano, amante de la cultura!

Lo que la multitud te da un jueves, un domingo te lo quita, 30 de septiembre de 2007

Ayer fue un día de danzas macabras en Segovia. Como las que bailan las calaveritas abigarradas de James Ensor, talento decimonónico a descubrir.

Ensor nació y murió en Ostende, que es una especie de Benidorm a lo belga y eso se nota en sus dibujos. Ostende es una ciudad de veraneo con tres meses de alta ocupación y un desierto fantasmal el resto del año. Vivir allí le producía angustia, ¡y vivió 89 años!

A mí el adolescente Ensor se me trasmutó ayer en la chica que vive en Brighton -ciudad inglesa de costa, playa de Londres- que protagoniza el vídeo de Morrissey Everyday is like Sunday.

La canción dice que todos los días son silenciosos y grises en una ciudad como aquella. Y un Sunday, un Brighton, un domingo en Ostende en octubre, todo eso es hoy Segovia, en su último día de festival.

Mal versando, 30 de septiembde de 2007

Hay una jauría de periodistas apostados en la frontera de Birmania, esperando que suban la barrera y les dejen entrar al país.

Rosa María Calaf debería estar allí, con su mochila y su mechón rosa, haciendo frontera. Un compañero le está cubriendo, por si acaso, para que ella pueda viajar a Segovia a hablar mucho más de lo que cabe en el minuto diez que le dan en el Telediario.

La versión extendida de Calaf es una lección de periodismo que es, en realidad, una clase de Historia. Como enviada de TVE a Asia-Pacífico, recorre su geopolítica de una manera que parece manejable, abordable, pero sin ánimo de simplificar lo que en televisión parece un telefilme. «A nadie le importa lo que realmente le pase a la gente de Birmania» dice en relación a la ausencia de una condena por parte de la ONU, «Birmania importa porque es la cuarta infraestructura de gas del mundo».

¿Quién nos marca la agenda? ¿Quién decide qué es noticia y cuándo lo es? ¿Por qué aceptamos que la realidad es lo que muestra una cámara de televisión y lo que está fuera de foco no es, por tanto, noticia?

En los últimos 8 años, que ella haya notado, se ha reducido trepidantemente los segundos que le permiten intervenir en televisión, «el periodismo es menos pedagógico y más emotivo» y construyó esta metáfora informática: «el software son los periodistas y el hardware es la tecnología y los programas de sábado noche, la inversión se ha llevado al hardware y se ha sustraído del software».

Ayer le recordaron a la Calaf que hace un tiempo definió el expediente de regulación de empleo de Radio Televisión Española como «una malversación de fondos públicos». Se reafirma, sabe que por su posición y su edad (62) ya no tiene nada que perder. «Despedir a los mayores de 50 años es aberrante, hay que equilibrar la fuerza innovadora de los jóvenes con la experiencia de los mayores». Decapitar al ente público mandando a casa a los veteranos era la opción fácil. Lo difícil, lo que no han querido hacer, es ir caso por caso viendo qué profesional vale para ese modelo y quién no vale, explicó la reportera.

Su última misión será en Pekín, durante los Juegos Olímpicos. Le pregunté qué pintaba ella en unos Juegos Olímpicos. «Se ve que no mucho, por eso han tardado dos meses y medio en decidir concederme el visado», dijo entre risas. El enfoque de sus crónicas será aquel que logre reflejar el engranaje social de los JJOO con China. Mucha gente se pregunta cómo han podido conceder unos juegos a un país que anula las libertades civiles y eso es lo que ella quiere observar y narrar. «Hay un extremado control sobre la gente que está entrando, no quieren que se les cuele ninguna ONG ni ningún movimiento activista, no quieren que alguien aparezca en la televisión con un cartel que diga Tibet libre».

La confusión del vino, 30 de septiembre de 2007

A Juan Gelman, Premio Nacional de Poesía en 1997, le preguntan sus acompañantes si quiere ir para el hotel. «No, no, a José María». Pues vamos a José María.

En José María se rompe la oligarquía y el escritor forastero se confunde con el segoviano. Me pregunto porqué los escritores, los poetas con mayor precisión, siempre saben cuál es el restaurante o el bar al que hay que ir en cada ciudad que visitan. Como si todos, en algún momento de sus vidas, hubieran vivido en ellas, servido en ellas.

Tomando un Ribera en el José María tengo la sensación de que algún verso de Gelmar hace referencia a esta ciudad, a este restaurante, a esta Plaza Mayor. Tengo el sentir de que todos los que estamos aquí, escritores y periodistas, vamos a escribir sobre Segovia una y otra vez, como una célula vírica anclada en el subconsciente.

Me paro en el escaparate de la librería Punto Línea, pletórica de novedades editoriales. A mi lado está Dani, tiene 3 años, también parece hipnotizado. «¿Te gustan los libros?», le pregunto. «Sí», me dice, moviendo rápidamente la cabeza arriba y abajo. «¿Pero sabes leer?». «No». «Ah», le digo.

Seguimos mirando el Kureishi, el Marías, el Gaardner, el Mortadelo, el Woody Allen… cuando llega su madre, preparándole para la retirada. Dani le ha echado el ojo al cómic de Ibáñez. La madre le recuerda que no sabe leer. Pero de eso ya hemos hablado nosotros. Él, creo yo que para impresionarme, le dice a su madre: «Ahí dice otoño». «¿Dónde?», le pregunta su madre, «¿en ese libro de ‘Setas y hongos’?».

Dani asiente enérgicamente.

Qué va, en la portada del libro sobre micología no pone «otoño» pero la fotografía de bosque húmedo y níscalos es la pura metáfora de lo que se nos avecina.

Dani se va y yo le pongo ojitos de admiración mientras se aleja. Más ojitos incluso de los que le puse hoy a Kureishi, con eso os digo todo.

Alboroto de ministro, 30 de septiembre de 2007

Póngame un ministro a la clausura. Vuelta y vuelta. Muy hecho.

«Ministro en la clausura», decía la nota de prensa que la organización del Hay distribuyó hoy. Mientras Hanif Kureishi salía por la puerta de atrás, acogido por un grupo de fans que hacían cola -muy ordenadamente, una línea recta y larga- para pedir su firma en la página en blanco que dejan los editores en los libros para que los autores nos firmen, mientras, decía, cuando la frase se me quedó tan larga, que un enjambre de cámaras y curiosos revoloteaban por la entrada principal.

Una mujer le dicce a otra, extrañada, que algo debe de pasar. Me inmiscuyo, porque yo a estas alturas de festival meto ya la nariz en cualquier cazuela, y le digo: «un ministro».

«Aaaaaaah, el nuevo». Sí, el nuevo, le digo, a qué sino tanta cámara, porque para los demás escritores que no son ministros no se acercaron tantos compañeros.

27 tristes ánimas viendo al genial portugués Gonçalo Tavares.

Un 60% de ocupación de los asientos de la iglesia San Juan de los Caballeros para escuchar al no menos genial Kureishi, peso pesado del Hay Festival.

Y el ministro, César Antonio Molina, que estaba invitado para leer sus poemas «desde antes de ser nombrado ministro» le pareció que no era adecuado recitar pero sí asistir como oyente –y dar palabras a la prensa, cómo no- y ayudar al viejillo Gamoneda , que casi se nos cae, con estos empedrados segovianos.

La mirada pervertida, 1 de octubre de 2007

Una foto me llamó ayer la atención. Apiñados, pícaros, posando ante una mesa devastada tras la comida, apurando las copas y cafés de sobremesa, encontramos la juventud, la clase, el gesto de un buen puñado de escritores de la generación del 27. Están en algún antro madrileño. La mirada pervertida de Buñuel, el dandismo de Cernuda, un García Lorca colgado del hombro de algún otro amigo, compañero de armas de la pluma.

La fascinación dio paso al desencanto. Una de las imágenes que se lleva mi memoria del Hay Festival no ha sucedido en Segovia 2007 sino en Madrid 1930. Colgada dentro de un marco en la exposición que acoge el centro de La Alhóndiga (hasta el 28 de octubre) formando parte de la exposición Retrato y Autorretrato. Tres generaciones de escritores españoles pero no como un flashazo de la vida real, del transcurso de un festival interesante pero árido, frío.

Aún nos dejamos mucho que decir sobre lo que es el Hay, pero podemos decir unas últimas palabras sobre lo que no es:

Lo que el Hay Festival no ha sido

El festival literario se clausuró ayer, despidiéndose hasta su próxima cita española en la Alhambra

La clausura de Hay Festival se produjo ayer domingo leyendo poesía en voz alta, lo cual le da mucho sentido a un encuentro que no deja ratos libres para sentarse en un rincón y reencontrarse con la literatura.

La escena literaria es emocionante y brillante. Está salpicada de nuevas firmas a descubrir y la poesía vuelve a estar en boca de muchos intrépidos. Pero esa no es la sensación que se desprende de la asistencia a la edición segoviana del festival.

En el Hay ha habido mucho cochinillo y poco riesgo. Un festival que es como un asador. Uno sabe allí lo que le van a dar cuando entra por la puerta. El cliente paga por eso (y en el caso del Hay, unos 7 euros por sesión que no animaban a probar lo desconocido). Si lo hacen manos expertas, el plato estará en su punto. En Segovia la calidad está garantizada.

Este evento, promovido por el periódico The Guardian, ha apostado por literatos consolidados, filósofos correctos y periodistas eminentes. La llamada alta cultura estaba allí bien representada, pero descendiendo al alcance de una clase media intelectual, con un umbral de aburrimiento situado en los 45 minutos por charla, más 15 de turno de preguntas.

Baja la fiebre

Un premio Nobel concedido hace 21 años (Soyinka), los escritores que más ejemplares colocan en los hogares españoles (Marías, Cercas, Rivas, Grandes), el editor más influyente de nuestro mercado (Jorge Herralde, de Anagrama), el historiador más popular (Preston) y así podríamos seguir con una lista de nombres muy respetados.

Pero respeto no es sinónimo de fiebre, contagio, excitación, frescura, ambición, riesgo, sorpresa o juventud. Elementos que han faltado en la programación del festival.

La caterva de escritores latinoamericanos que forman el grupo Bogotá39 arrojó algunas briznas de locura, excentricidad y surrealismo. La humildad de los invitados acercó la audiencia a los escritores y periodistas. Se dijeron verdades como templos, pero la imaginación voló poco.

Trinchar el cochinillo con cordialidad

Los espacios donde se celebraban los actos se llenaron en contadísimas ocasiones. Muchas de las audiencias no llegaban a las 30 personas, pequeñas clases magistrales para unos privilegiados. El público fue inteligente y respetuoso, pero la franja de edad predominante -entre los 40 y los 50 años- denotó qué tipo de lector busca el Hay.

La próxima cita española tendrá lugar entre el 3 y el 6 de abril de 2008 en la Alhambra de Granada.

Los entresijos de un festival provocan un millar de encuentros paralelos, comidas, cenas, alcoholes, celebraciones, hermandades. Encuentros imposibles, torbellinos de calles y bares, improvisaciones, calamidades. No fue así en el Hay. Hubo saludos cordiales, una cena oficial con cochinillo y desligazón entre autores.

Una sección paralela dedicada a nuevos valores, como realiza el festival de Manchester con su Independents Day, ayudaría a desarrollar un tejido humano que avivara y rejuveneciera el festival. Aunque su director, Peter Florence, no lo contempla.

Borrascas y bajas presiones

Más actividades paralelas que fomenten la relación entre los autores, como el viaje en tren que organizó Mondadori para asistir desde Madrid a unas jornadas literarias barcelonesas en 1999, harían de festivales como este un calendario de encuentros menos dogmáticos.

El clima fue, decididamente, frío. Más gélido aún que los cortantes vientos que azotaron Segovia, ayer domingo, como despedida a los literatos.

CC. Elena Cabrera. Publicado en ADN.es

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