Enseño los dientes

Me encantaría tener un inbox donde sólo recibiera emails de verdad, cartas tecleadas y encabezadas con algo bonito…

-«Hola guapa, te tengo en la recámara»

-«Wola Elena»

-«Entrañable señorita»

-«Oye, dama de mis sueños»

-«Ya me disculparás que haga uso de tu email personal»

-«Elenita»

-«No me releeas»

…rescato de los mejores emails del inbox del correo de casa desde el 22 de noviembre para acá. Casi todo lo demás, o se olvidaron saludar, o son robots, mailing lists, facturas, avisos, actualidad. Y la correspondencia, vista así, hace la vida mucho más agradable.

Estos días me duelen mucho los dientes y por eso hago cosas raras con la boca. Con mi labio superior le hago una funda a los paletos y me río sólo con el labio de abajo, como un pez barba.

Me gustaría estar en Atenas ahora, con mi dolor de dientes y todo. Alguien decía que a los griegos sólo les gusta ir de compras y beber café, sentados a la puerta de los bares. Pero lo que está ocurriendo allí confirma que mi amigo se equivocaba pues los obreros y los jóvenes griegos se están revelando contra el gobierno de Caramanlis como aquí jamás tuvimos las agallas o el nervio de hacerlo contra el de Aznar, por no hablar del Franquismo. Parece que a los españoles nos gustan más el café y las rebajas que a los griegos.

Grecia vive hoy un plante de huelga general que estaba convocada mucho antes del homicidio de Alékandros Grigoropoulus, por eso me molesta tanto el enfoque reiterado de muchos medios de comunicación sobre esta situación, donde, para ellos, la muerte del chico de 16 años es el inicio de todo. Su muerte es la punta de la lanza pero las manifestaciones, las ocupaciones, la revuelta y las quejas vienen de mucho antes. Me molestan los titulares que venden el caos en Atenas cuando de lo que estamos hablando es de sublevación.

Viven bajo un gobierno conservador y represor que ha empeorado el país y no ha impedido cientos de despidos provocados por la crisis económica. Además, el abuso de poder por parte de las fuerzas de seguridad se ha incrementado en los últimos años, al amparo del gobierno, de ahí que muchos dijeran que lo de Aléksandros «se veía venir».

Espero que el final de este conflicto sea, como poco, la dimisión de Caramanlis y un cambio de gobierno en Grecia.

Hoy, desde la redacción, hemos escuchado gritos de manifestantes en Callao. Se escuchaba «policía asesina». La lucha en Grecia tiene su apoyo en Madrid y Barcelona.


El gobierno de la presidencia de Janiá (Creta), en llamas.

El cuartel del gobierno alcanzó tal nivel de paralización, que ni siquiera pudo dar órdenes a la justicia de que archivara un viejo escándalo: ese mismo día el fiscal declaró inocentes a dos policías que habían torturado a un joven en Tesalónica. El escenario estaba listo para todo lo que iba a suceder en el centro de Atenas, Tesalónica y Lárisa tras las manifestaciones pacíficas de los partidos de la izquierda. Los edificios empezaron a arder uno tras otro. El gobierno sólo fue capaz de dar una respuesta: informó de que el primer ministro se reuniría con el presidente de la democracia al día siguiente, y con los jefes de los partidos políticos el martes.

Era la consigna para el vandalismo generalizado: los interesados entendieron el mensaje de que hasta al menos el martes al mediodía la policía no iba a intervenir. Bandas organizadas que no tenían nada que ver con los encapuchados, ni con las manifestaciones, rompieron todas las tiendas que encontraban a su paso y robaron desde televisores hasta coca-colas. Algunos afirmaban que se trataba de un plan del gobierno para que la opinión pública se posicionara en favor de la ley y el orden, pero no es cierto: les gustaría haberlo planeado así, pero no son tan hábiles. Cualquier duda al respecto quedó aclarada por las surrealistas declaraciones del ministro del Interior al concluir la deliberación del gobierno, que se reunió con tranquilidad hasta pasada la media noche. Mientras en la capital reinaba una anarquía total, el señor Pavlopulos dejó claro que “el gobierno no puede aceptar lo que está pasando” (!) sin tomar medidas. Invitó a los periodistas –como en una nueva edición de la “amenaza” de los incendios del verano de 2007– a que descubrieran qué intereses se esconden detrás de los robos y los disturbios. Y en un apoteósico alejamiento de la realidad matizó que “una cosa es lo que se ve y otra la realidad”, queriendo decir que los destrozos no eran tan grandes como emitían las televisiones.

La gente que vea hoy la ciudad bombardeada tendrá otra opinión. Ningún escenario de conspiración puede sostenerse ante la impresión de las imágenes de destrucción. Es obvio que el gobierno ha fallado en el deber principal de todo poder en el mundo, es decir, la protección de las propiedades de los ciudadanos. Lo cual de por sí representa ya una amenaza.

Stelios Kuloglu, traducido por Natalía Koutra y David Cifuentes.