Felix Kubin: «Si el público no paga por la música porque cree que es aire, habrá que envenenar su aire»

El músico eléctronico, genio provocador del dadá, visita España para celebrar los diez años de su sello Gagarin actuando en Madrid y en el festival No-no-logic de Barcelona

Dentro de la música electrónica existen personajes dadaístas que, aunque saben lo que se hacen, nos venden la fantasía de la auténtica locura.

Felix Kubin es uno de ellos, un francotirador, un autogestionario, un vivaraz, un -en lenguaje popular- ido de la olla. Y por eso sus fieles acuden religiosamente a vivir sus escasos conciertos en España y, especialmente en esta ocasión, a celebrar el décimo aniversario de su sello Gagarin Records.

«El público español es muy enérgico, caluroso, receptivo, a veces no sé si aplauden por aplaudir o por que se lo ha dicho Dios», explica Kubin poco antes de viajar a nuestro país. «O quizás Dios es una droga química, quién sabe. No sé todavía qué voy a llevaros esta vez. Al final, será agitado e inorgánico como siempre, me temo. Como en un laboratorio de química».

El músico alemán toca en Madrid el 20 de noviembre en un concierto organizado por Tronicdisease (21.30h en La Boite, 15 euros) y el 22 de noviembre dentro del Festival No-no-logic, producido por La Olla Express (20.30h en La [2], 12 euros) junto a Nova Huta (de Alemania), Pokipoki (de Francia), Gunter Adler (de Alemania), Harry Merry (de Holanda), Pavan (de Suecia), Gelbart (de Israel), Gym and Tony (de Tel Aviv), Ben et Bene (de Francia) y los españoles Pole Pole y Mil Pesetas.

Se trata de la segunda edición de este festival que no es sólo un conjunto de conciertos, sino una reunión de pequeños sellos al margen, que trabajan de modos cercanos, «como en familia», dicen los organizadores. Durante el día 20, 21 y 22 los barceloneses podrán disfrutar de actuaciones y sesiones de dj demúsica electrónica experimental de baile, electropop, naïf, electro-punk, pop desviante o música electroacústica.

Dicen sus biógrafos que Kubin ya era músico a los 8 años y que, en 1980, su mente acabó de perturbarse cuando se le fue regalado un Korg que le hizo descubrir la música electrónica y un cuatro pistas cuando tenía 14 años. Sus primeras canciones fueron reunidas, por él mismo, bajo el título Las irritantes cintas juveniles de Felix Kubin. El lector avispado comprenderá, sólo con esta frase, de qué tipo de personaje estamos hablando. Kubin es punk primero, luego ruidista, también actor, y dramaturgo, después vanguardista, también transformista y compositor de ópera y musicales. «Durante un periodo de cinco años, entre 1978 y 1983 -explica- todo parecía posible en Alemania, en arte y en música. «¡No pierdas el tiempo, estrella el coche, haz un tema, copia la cocina!». La generación más joven de hoy parece estar mejor informada pero también es más pasiva. La mayor ventaja que le veo a aquella época era un sentimiento de excitación febril y programas de radio muy buenos que todo el mundo escuchaba, shows sorprendentes como Die Toedliche Doris (La mortífera Doris) en una emisora berlinesa de genios diletantes que se emitía a las 2 de la tarde. ¡Las amas de casa podían escucharlo en la radio estatal oficial! ¿Te lo imaginas?»

La impresión fue tan grande que posteriormente el propio Kubin realizó programas de radio, teatro radiofónico y fundó su propia revista. Talleres e incluso un premio forman parte de su gran apuesta por las ondas que tanto le fascinaron.

Anaquismo electrónico en órbita

«¡Damas y caballeros! Admitámoslo: ¡El capitalismo es una úlcera!», dice el manifiesto de Gagarin Records. Kubin cree que en la belleza del Espacio: «en la confusión de jingles, briefings, brainstormings y claims perdemos la mirada para el misterio de la Tierra» y establece así los presupuestos de su sello discográfico: «nosotros, los tristes protones y embajadores del presidente mecánico Yuri Gagarin, decimos: ¡Fuera las estrechas ataduras de la cultura de la cita! ¡Que viva el Psicopop!, pues es un experimento, confusión, simplificación, perfora-narices y empulguera en gelatina. No nos dejamos arrastrar al suelo por la maldita gravedad terrestre, más bien nos catapultamos al espacio exterior, al frío eterno». Por ello, en 1999, dijo «¡Viva el anarquismo electrónico!».

Diez años después, Kubin dice «un sueño que se llama a sí mismo sueño, ya no es soñar». Nos cuenta porqué hizo Gagarin: «La idea nació de la falta de interés de otros sellos. Nadie quería sacar [mi disco] Filmmusik, así que tuve que hacerlo yo mismo. Después encontré mucha música buena que no estaba editada (gran parte de Hamburgo y Berlín como Groenland Orchester, Helgoland, Brezel Goering -la mitad de Stereototal-, Max Turner, Anaerobic Robots) y simplemente empecé a sacarla sin ningún plan estratégico. Mi sello existe sólo en base a la calidad artística. No tengo ni idea de marketing. Ni tiempo para ello. En el futuro me gustaría que fuera una plataforma para explorar más y más formatos en música y arte».

En diez años algunos planteamientos han cambiado, por ejemplo, se ha vuelto más cuidadoso al elegir a los artistas: «quiero asegurarme de que de verdad están a la caza de algo, sea obscuro, obsesivo, original u ontológico. No quiero artistas por hobby en mi sello. Y querría ensanchar las posibilidades y los estilos aún más. El próximo disco será un documento con Grabaciones Históricas. Aparte de esto, necesito más mujeres en el sello. ¡Resulta que hasta ahora es un club solo de hombres! En realidad, tengo ya un montón de demos interesantes. No tengo dinero para sacarlo todo, y el público comprador parece cada vez más reacio a pagar por la música porque están acostumbrados a ella como si fuera el aire. Supongo que habrá que envenenar su aire».

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