Hacia una nueva crítica musical (3)
17 Febrero 2012 por elenacLa crítica musical, como el resto de la crítica, está en crisis. Los lectores y los consumidores están trasladado la confianza en el crítico hacia otros agentes mediadores cuya función es la de la recomendación, una función muy útil para dar a conocer grupos y discos pero insuficiente para analizar la importancia que estos puedan tener en la vida cultural.
Esta es la tesis de partida del artículo publicado en lainformacion.com hace unos días y del que he dado más datos en este post y hemos debatido en Twitter (ver Storify al respecto). Me faltaba escribir este post para poder contar mi opinión al respecto y contar, una vez más, la construcción de un artículo, como he hecho con otros temas.
Cuando leí La cena de los notables, del crítico y editor Constantino Bértolo, aprecié que se podía llevar lo que él aplica en la crítica literaria a la crítica de otros géneros y, en concreto, el que a mí más me interesa, que es la música. Basta leer las críticas de nuestras revistas para constatar que “más allá de críticos buenos o malos, ignorantes o bien formados, honestos o corruptos, podrían delimitarse, desde un punto de vista funcional, tres categorías de críticos: los catadores, los guardianes y los tribunos” (Bértolo, pg 204).
Construí el artículo basándome en el atrevimiento de cambiarle a Constantino la literatura por la música y en entrevistas a varios críticos, basadas en un cuestionario muy parecido. Por un lado, quería que los que tenían puestos de responsabilidad en sus revistas (como Luis J. Menéndez en MondoSonoro o Beatriz G. Aranda en RollingStone) me explicaran cómo funcionan, por saber si aplican algún método especial, algo diferente o reseñable. Sus respuestas al respecto me sirvieron para mi documentación sobre el tema pero no las usé como entrecomillados. De los demás, me interesaba que me dieran sus opiniones sobre cómo se enfrentan a la crítica, sobre si creen que es necesaria una nueva crítica musical, y si lo fuera cómo sería, sobre qué críticos les gustan y, en el caso de que compaginaran críticas de diferente género (como el caso de Luis y de Laura Fernández) qué diferencias había entre unas y otras.
Me parece necesario contar, también, porqué salen estos críticos y no cualquiera otros. Yo tengo muchas amistades y muchos conocidos en el periodismo musical, sé más o menos cuáles son sus opiniones y, además, ellos son los nombres más recurrentes y reconocidos cuando se habla del tema. Como muestra, esto que hizo Javier Becerra en su blog. Así que me planteé contactar con críticos musicales (y me refiero a gente que escriba críticas, no al periodista musical) que publicaran habitualmente y que no conociera personalmente. Esto no es así en el caso de Pablo Vinuesa y de Luis J. Menéndez; los conozco a ambos. Quería alguien del MondoSonoro con responsabilidad y Joan S. Luna siempre suele estar muy liado. Le entrevisté a Luis porque sabe razonar bien sus respuestas, siempre tiene opiniones interesantes y si no lo tiene, suele escarbar el tiempo para contestarme a mis emails. Y así fue en todo, efectivamente. A Pablo le entrevisté porque sé que el tema de la crítica le interesa, porque no podía ser que todo el mundo fuera de Madrid o Barcelona (él vive en Sevilla) y porque sabía que, si los otros me fallaban, él me aportaría respuestas interesantes.
Otro criterio importante por el que me forcé a hablar con críticos a los que no conocía personalmente, era porque si hubiera tomado el camino fácil solo habrían aparecido hombres, y eso no tenía ningún sentido. Habría dado la impresión que la crítica musical es cosa de hombres. Por ese motivo contacté con Beatriz G. Aranda, que además de escribir en varios medios tiene un puesto de responsabilidad como Redactora Jefa de Rolling Stone y luego escogí a Laura Fernández y a Virginia Arroyo. Las elegí sin saber casi nada de ellas, solo porque me habían interesado algunas de sus críticas. De Laura conocía sus relatos negros firmados como Laura Malasaña, lo que aportaba más riqueza al, por llamarlo así, personaje.
¿Quién se quedó fuera? En un principio pensé en entrevistar a Kiko Amat, pero me pareció que él puede encajar más como periodista musical que como crítico, que lo suyo es más el relato que la crítica. Le hice la pregunta sobre “hacia una nueva crítica” a Javier Blánquez, pero no tuvo tiempo de contestarla. Lancé algún otro anzuelo por Twitter pero no merece ser comentado. Me hubiera gustado entrevistar a mucha más gente pero siempre peco de lo mismo: entrevisto a muchos y me quedan unos ladrillos de artículo infumables.
Y, por último, aquí va mi opinión personal. El artículo sale de un lugar: “hacia una nueva crítica musical” y le pregunta a los críticos cómo es su trabajo, cómo se lo plantean y cómo irían hacia ella. Casi en unanimidad todos me contestan lo mismo: el crítico ha de confiar en sí mismo, en sus gustos, dejar de lado amiguismos, aceptar que no se puede separar la persona del crítico y ser consecuente con ello. Y acaba el artículo. Dentro de la catalogación de críticos ni buenos ni malos sino según su función, nos encontramos ante la reafirmación del tipo 1, el catador. La exigua muestra (no puede ser estadística) de críticos ven que ese es el camino.
Yo esto no lo juzgo. Pero si en lugar de escribir el artículo me hubieran preguntado, como lectora y consumidora de música, diría que la única manera que veo de ir hacia una nueva crítica musical es la de introducir en el sistema críticos que no sean solo catadores ni sean solo guardianes sino que sean también y sobre todo tribunos.
Vuelvo a La cena de los notables: “La categoría de críticos que denominamos tribunos, en clara relación con los tribunos e la plebe de la antigua Roma, ha desaparecido de nuestro espacio literario. El tribuno se siente legitimado y responsable ante la polis, y por eso su crítica es, en el sentido aristotélico del término, una crítica política. No es el que el tribuno trasvase lo político a la literatura, sino que encuadra los textos literarios en ese contexto inevitable y general que es la vida en común. El tribuno juzga aquello que se hace público y lo relaciona con el bien común, con lo que es o sería bueno para la salud de la sociedad, y por lo tanto evalúa y juzga la salud literaria de las obras que se ofertan desde esa perspectiva”.













