Hacia una nueva crítica musical (1)

11 Febrero 2012 por elenac

Aquí os dejo la materia prima de las entrevistas realizadas a varias críticas y críticos musicales con respecto a este oficio, realizadas para la escritura del artículo Hacia una nueva crítica musical (Lainformacion.com, 11 de febrero de 2012).

Aunque no todos lo han tenido tan en cuenta como yo hubiera querido, les advertí que cuando les pregunto sobre la crítica musical no hablo del periodismo musical en general, sino exclusivamente del género crítica.

- ¿Cuál valoras que es el medio de comunicación en España que está haciendo la mejor (fiable, inteligente, libre, enriquecedora…) crítica musical?

Pablo Vinuesa (Clone, GoMag): Uhm… No me quedaría con uno concreto. Supongo que el 2.0 afecta en varios sentidos, y uno de ellos es que cuando tienes en Twitter a todas las revistas
del ramo, tanto nacionales como extranjeras, y más aun a los propios artistas,
la atención se vuelve un tanto volátil. Si tuviera que elegir, forzosamente, me
quedaría con una media entre Go Mag y Playgroundmag, depende de para qué cosa
concreta y en qué momento del día me pilles, pero más porque suelen estar bien
escritas que por otras razones más concretas sobre gustos.

Virgina Arroyo (MondoSonoro, Go Mag, H Magazine, Neo2, Calle20): Bueno, como tú comprenderás, no voy a tirar piedras sobre mi propio tejado… Lo que sí puedo decir es que, aunque a veces parezca increíble que a alguien le pueda interesar cierta crítica o cierto tipo de crítica, siempre lo hay. De lo contrario, no se estaría haciendo y la empresa o la revista/diario no saldría a flote. Cada publicación tiene su público. En algunos casos estos públicos convergen, pero cada revista se especializa de algún modo en algo, y eso es lo que ofrece como mayor reclamo, eso es lo más distintivo. Y no me refiero sólo a contenido y tipología de música (las hay más enfocadas al pop, más enfocadas a la electrónica, al heavy, etc; con más amplitud de estilos, con menos; centradas en la novedad más estricta, descubridoras de talentos, centradas en viejas glorias, términos medios…), sino también al estilo y tipo de crítica: las hay más mordaces, más críticas (valga la redundancia), más benévolas…

Yo creo que lo importante es no tanto centrarse en el medio como en el crítico en sí. Hoy en día raramente las revistas poseen gente en plantilla: son todo colaboradores y, como tal, no tienen porque compartir la opinión del medio ni tener un parecer unificado. Yo, por tanto, lo que suelo hacer es guiarme más por la persona que escribe que por la revista en la que escribe. Si tras leer varios textos de un crítico me parece que tiene una opinión medianamente afín a la mía o me parece que tiene una manera interesante de abordar los temas, entonces lo sigo leyendo con frecuencia. Eso no significa que siempre comulgue con sus opiniones, ni mucho menos, pero tiene más números para hablar de discos que me interesan o para fijarse en detalles de esos discos en que yo también me fijaría. Es decir, pueden ser una buena guía para decir darle una oportunidad a un disco o no. Aunque, ante la duda, yo siempre apostaría por darle una oportunidad, aunque a veces andemos algo escasos de tiempo.

Obviamente, precisamente por ser colaborador, uno también tiene la libertad total de decidir qué temas quiere hacer y qué temas no quiere hacer.

Un problema en la crítica musical, relacionado con tu siguiente pregunta, es que se reciben tantísimos discos y tenemos que criticar y escuchar tantísima música que no siempre se le dedica a cada disco el tiempo que merecería. Igual que está pasando con el consumo de música, en la crítica musical este tipo de sistema fomenta mucho el basarse en una escucha superficial de los dos primeros temas del disco y a correr, y eso no está bien. Es aceptable (que no bueno) como oyente, pero una persona que se dedica al periodismo musical debería estar por encima de la escucha caprichosa y aguantar por lo menos tres cuartos del disco antes de decidir que es un horror absoluto. Yo siempre he intentado alejarme de este tipo de calificación impulsiva y aguantar discos que, finalmente, pasada la primera mitad del álbum, me han parecido, efectivamente, inaguantables. Pero a veces vale la pena esperar y te llevas una gran sorpresa hacia la mitad del disco y varía tu opinión. A mí me ha pasado muchas veces. Igual que hay muchos discos que se sostienen únicamente por parte del álbum. Por ejemplo, el año pasado salió en casi todos los medios independientes como disco del año el de M83 -yo también lo voté-, pero muchos estarán de acuerdo en que, del doble CD, hay al menos un cuarto de las canciones que no merecerían estar en el top ten: el segundo CD se va por unos derroteros no tan atractivos como el primero y, sin embargo, esos otros 2-3 cuartos de disco compensan lo suficiente como para ser uno de los mejores discos del año pasado. Para mí y para mucha gente más, claro, pero también habrá gente a la que el segundo CD le parecerá un estrepitoso fracaso que se carga el conjunto. E incluso puede que haya alguien que prefiera el segundo CD al primero (aunque serán muy pocos, seguramente).

Otro tema es que ese tiempo se pague. Porque, no nos engañemos, la crítica musical, aunque pueda parecer un hobby, una diversión, también es una profesión. Y el tiempo vale dinero, y si tienes que formarte una opinión de X discos al día, a veces entiendo que es complicado escucharlos todos enteros y un par o tres de veces antes de formarse una opinión. Así es como debería ser idealmente, pero, claro, los días tienen 24 horas… Lo que no me parece justificable es esa postura tan snob de escuchar 1 minuto del primer tema y decir que el disco “es una mierda”, o mirar la portada y decidir que será una basura de álbum. Aunque muchas veces puedas estar en lo correcto siguiendo ese sistema, el crítico no tiene ese derecho, el público sí. Y no lo digo porque el crítico tenga que basar y escribir su crítica con larguísimas y aburridísimas razones racionales y analíticas según las cuales un disco es bueno o no -es sabido que hay pocas cosas objetivas en esta materia y que la música es algo que mueve más por sentimientos y por entrañas que por motivos racionales-, sino porque el crítico tiene que estar por encima de eso, ya que su figura en cierta medida es un poco una guía dentro de la marisma de novedades musicales que se publican cada día.

Laura Fernández (El Mundo Barcelona, MondoSonoro, Playground, aka Laura Malasaña): Hombre, barriendo para casa, diría que Playground, una de las
publicaciones en las que trabajo ahora mismo, pero, por lo que te decía antes,
habiendo trabajado para Metrópoli (donde aún sigo), Mondo Sonoro y Go-Mag,
puedo decir que en todas ellas lo que opina el crítico es lo que sale publicado.
Y eso es muy valiente. Por otro lado, soy muy fan de Rockdelux. Y de muchos
de sus críticos.

- Últimamente se ha escrito que la crítica literaria está desorientada, perdida,
porque ha dejado de cuestionar el poder hegemónico, un poder que antes
estaba ostentado por la política pero ahora es el mercado. El crítico debería
retirar esa hegemonía al mercado y concedérsela a la comunidad, si es que
quiere que la función de la crítica siga siendo respetada (o eso creo yo).
¿Cómo ves ese proceso en el caso del crítico musical?

Laura Fernández: En el caso del crítico musical no existe tal presión. Llevo escribiendo críticias
de discos diez años y nunca (NUNCA NUNCA) he recibido una llamada
de ninguna discográfica. Cuando un disco no me ha gustado lo he dicho
claramente. Y cuando me ha gustado también. El problema con la crítica
literaria es que el mercado editorial se juega más que el musical. El musical,
actualmente, prácticamente vive del directo, no tanto de la venta de discos, así
que lo le interesa es que se hable de sus bandas y que a la gente les suenen.
Es un consumo distinto. Pero, de todas formas, hace diez años, cuando aún se
vendían discos, las discográficas eran igual de comprensivas. Si no te había
gustado el disco, se encogían de hombros y decían: ‘Voy a enviarte este otro,
que seguro te gustará’. En el caso de los libros no es así.

- ¿Cuántos discos nuevos hay que escuchar al año para poder elaborar la tarea de
la crítica musical actual y bien contextualizada?

Pablo Vinuesa: Mi primera idea ha sido la de decir ‘cuantos más mejor’, pero es poco probable que puedas llegar a profundizar mucho en los discos si escuchas 400 al año, por
no hablar de que no siempre escuchas novedades, claro… Creo que, además de en
el número, habría que fijarse también en otros aspectos como en la diversidad
estilística y en el estar atentos a las nuevas modalidades de expresión musical,
a pesar de que a primera instancia no nos puedan atraer demasiado. Si se me
pone una pistola en la sien para dar un número, entonces tendría que hacer un
cálculo estimado, de un mínimo coherente de entre 100 y 150 discos al año. Ahí
dentro cabrían todos esos que no eres capaz de escuchar ni hasta la mitad, los que
escuchas una o dos veces pero tampoco te matan, los que están ‘bien’ y los 20 ó 30
verdaderamente interesantes que puede ofrecer cada ejercicio musical.

Virgina Arroyo: Creo que te he hablado bastante al respecto en la pregunta anterior sobre este tema, pero veamos, al año un crítico a tiempo completo (hay muchos que tienen otros trabajos) no sé cuántos discos “debe” o “puede” escuchar. Para que te hagas una idea, a una redacción pueden llegar decenas de discos en un sólo día, y a eso hay que sumarle los discos que no tienen distribuidora en España o aquello de los que sólo te mandan un adelanto online o un sólo tema. Yo al año no sé cuánta música puedo escuchar entre discos y EPs, pero estoy segura que más de doscientos y me quedo corta. Lo importante no es tanto cuánto escuchas en total, sino el estar abierto a escucharlo todo (o casi todo), y el tener una mínima noción histórica y el saber al menos un poco de todo lo que se cuece actualmente, aunque a veces sólo sea el nombre del género (cosa que con la profusión de géneros que está habiendo, no resulta tan fácil mantenerse al día).

Luis J. Menéndez (Redactor Jefe MondoSonoro edición Madrid, Cinemanía): Me resulta difícil darte una cifra. Te puedo decir que yo diariamente puedo
escuchar 6 o 7 de arriba abajo, al margen de los que zapeo a toda velocidad (y
de los que vuelvo a escuchar varias veces, claro). Y que muchas veces tengo la
sensación de que no me entero de la fiesta y me estoy perdiendo la mitad de las
cosas que están pasando… Pero bueno, si tienes la suerte de poder dedicarle
horas con cuatro o cinco webs de referencia en Favoritos, estar pendiente del
Facebook y una cuenta Premium en Spotify yo creo que puedes mantenerte
perfectamente al día de lo que está pasando ahí fuera, a pesar de que los
fenómenos musicales cada vez son más efímeros. Mira Lana Del Rey, que lleva
su disco dos días en la calle y tras tres meses de sobreexposición mediática ya
parece un fenómeno de 2011…
Lo que creo que se ha perdido a golpe de click y discografías completas en Spotify
es la forma de introducirse en la Historia del pop. Los de mi generación deseamos
un disco durante meses o incluso años cuando éramos adolescentes hasta que
podíamos escucharlo. Antes de escucharlo lo “imaginamos”, lo “leímos” y eso nos
ayudó a interpretarlo y también a ir desarrollando cierta actitud crítica. Yo recuerdo
el artículo de Román F Añaños en RDL alrededor de 1988 sobre The Cure y
aún podría recitarte frases de las veces que me lo llegué a leer. Aquel artículo
me descubrió a Joy Division (vinculaba el sonido de “Faith” con “Closer”) con sólo una cita y me tiré dos años hasta que pude conseguir algo de ellos. Para colmo fueron las Peel Sessions, que como mostraban el sonido más crudo de JD me
dejaron muy desorientado durante un tiempo, jajaja. Lo mismo te puedo decir de
Sonic Youth y Neu! Inconscientemente te estabas creando un mapa de cómo se
había construido el árbol genealógico del rock, y te tirabas un mes dándole vueltas
a un disco a pesar de que no te había entrado en un primer momento, más que
nada porque hasta dentro de un mes no tenías pasta para comprarte otro. A mí
eso me pasó con Can, por ejemplo, me compré “Future Days” y al principio no
entendía nada. Y eso te obligaba a despertar una sensibilidad crítica que yo creo
que es complicada de encontrar en un presente de sobre-información y escuchas
superficiales.

Laura Fernández: Mínimo tres discos al día. Ahora mismo, en Playground estamos
publicando cinco críticas diarias. Y es una selección diaria de todos los discos
que salen cada día, así que imagina. Multiplica por tres, o por cinco, los días
del año y tendrás la respuesta.

Beatriz G. Aranda (Redactor Jefa RollingStone España): Yo no sé cuántos discos nuevos escucho cada doce meses. Pero sí te puedo decir que en los últimos cinco años me he dedicado a cubrir mis lagunas en géneros o clásicos para formarme en la historia de la música, antes que saberme al dedillo todas las novedades. En general, disfruto más escuchando música “antigua” que nueva. Me aburre un poco todo eso de los blogs con tendencias y demás. Para estar al día, leo el Rockdelux, la sección de cultura de The Guadian, las cosas que escribe en El País Diego Manrique, el blog música en la mochila y algunos blogs americanos, como Gorilla Vs Bear. También intento en la medida de lo posible ir a conciertos en salas pequeñas (me suelo hacer una agenda mensual con cierta previsión), para descubrir grupos nuevos. La gente habla en los conciertos, los utiliza como herramienta para tener vida social, como pase de entrada a una identidad (peinado, ropa, conversaciones, bares) y eso hace que ya apenas vaya a ver en directo a los grupos o artistas consagrados.

Cuando escribes la crítica de un disco ¿valoras algún aspecto además de los estrictamente musicales?

Beatriz G. Aranda: Es difícil hablar de esto. Las críticas de discos para mí son textos difíciles, personales. Por tanto, subjetivos, de ahí que lleven una firma debajo: es tu opinión, nada más que eso. De esa menra, pensando así, me quito presión y lo afronto de una manera más relajada. ¿Qué opera dentro de un disco para convertirlo en algo bueno, significativo? Me gusta cuando siento que reflejan la esencia general de las cosas, de la vida, del momento que vivimos. Eso lo he sentido últimamente con The Roots. También me gusta saber cosas sobre el artista antes de hacer una crítica. Investigar un poco. El artista es el origen de la obra, del disco, de sus canciones. El disco, si es auténtico, es el origen del artista. Esa conexión me gusta.

- ¿Tienes algún tipo de presión editorial o de mercado que haya condicionado en
algún sentido tu trabajo como crítico?

Pablo Vinuesa: Sí me ha ocurrido al trabajar en algunos festivales, por la lógica de que no te vas a meter con aquello que estás programando, pero nunca como crítico musical.
También es cierto de que probablemente se deba a que a nivel ‘independiente’, sea
lo que sea que eso significa, ni te ganas la vida como crítico musical ni tampoco es
que las multinacionales se maten por influir sobre ti. Somos tan pequeños que nos
dejan en paz, creo. No recuerdo ni una sola vez que se me haya dado un toque de
atención o haya recibido algún tipo de ‘amenaza’, je.

Virgina Arroyo: Quien te diga que no existe presión de absolutamente ningún tipo, miente. Pero es que en toda profesión hay ciertas presiones. En mi caso, yo no noto esas presiones, son mínimas. Lo que está claro es que, siendo colaborador, tienes que adaptarte un poco a los temas y artistas que están en boga. Si tú te empeñas en que sólo quieres entrevistar a X y Y para el siguiente mes y esos grupos en cuestión no están de moda o no gustan, te quedas sin artículo y eso significa que te quedas sin el cobro. A mí esto me pasó hace un año. Un grupo de los 90 volvió a los escenarios y yo, que estaba absolutamente flipada con él, quería entrevistarlos fuera como fuera. Lo propuse por todas partes y nadie quiso sacarlo. Si no interesa, no interesa.
Obviamente, no vas a hacer un artículo de un artista que te parezca horrendo o no vas a ponerlo bien si no te lo parece. Pero yo creo que no hay presión percibida como tal, simplemente hay una selección de contenidos que en gran medida escapa del redactor. La selección la suelen hacer directores y jefes de redacción y al colaborador se le dice: “¿quieres hacer esto?”. Entonces, si te gusta o ves que puedes sacar chicha (buena o mala), lo haces, y si no, se lo dejas a otra persona. Obviamente, los colaboradores también proponemos temas, pero las decisiones finales siempre vienen desde arriba.
En el caso de la música independiente no existe presión de mercado, porque ya en se sabe que aquello de lo que se está hablando no necesariamente tiene un mercado muy amplio. Y no es nuestro trabajo ni ampliarlo ni reducirlo. Nosotros simplemente hablamos de una música que nos gusta, que está ahí y que puede que la gente no conozca porque no tiene herramientas promocionales tan potentes. En este sentido sí que tiene un poco ese poder de romper con lo hegemónico.

Luis J. Menéndez: Es indudable que un anunciante (y más en un momento de absoluta crisis
publicitaria) siempre condiciona, si no el que el comentario sea positivo/negativo,
sí que ese artista consiga un espacio en la revista que de otra manera tal vez
no tendría. Negarlo es de necios, porque coño, lo ves, está ahí cuando sale una
entrevista con fulano de tal, un grupo semidesconocido y cuatro páginas adelante
ahí tienes la entrevista con el grupo. Pero yo no creo que condicione tanto al
crítico, al menos en lo que a mi experiencia personal respecta: nunca me he
visto en la situación de tener que poner bien a alguien porque se deja pasta en
la revista. Yo creo que al crítico le condicionan más otras cosas, como con quién
se mete las rayas por la noche… Ahí sí que se me ocurren bastantes ejemplos
evidentes de cosas que claman al cielo.
Pero volviendo al medio, que no ya a la persona, es curioso que la crisis del
disco le ha venido muy bien a las revistas para ganar en independencia, porque
nuestros anunciantes hoy son la cervecera, la marca de zapatillas o incluso el
festival, y esos son los mejores clientes: a ellos les importa un pimiento cuál sea el
contenido que publiques con tal de que en un momento dado tú cites a la marca. Y
eso es ajeno completamente al contenido crítico de la revista.

Laura Fernández: No. Nunca la he tenido. Y nunca un jefe me ha dicho: ‘Cuidado con este grupo,
hay que tratarlo bien porque es amigo de tal o cual’. No me he encontrado con
ningún tipo de presión en diez años.

Beatriz G. Aranda: No.

- Si te dijera “hacia una nueva crítica musical” dirías que no es necesario
ninguna “nueva crítica” o cómo interpretarías que sería esa “nueva crítica”. Y otra
pregunta dentro de esa misma formulación ¿cómo se darían los pasos para ir hacia
ella?

Pablo Vinuesa: Es una pregunta interesante, que creo que no tiene una respuesta clara ni
unilateral. Para empezar, internet ha cambiado las reglas del juego. Primero,
habría que pensar con detenimiento si la figura del crítico musical, toda vez que
el público puede acceder de manera inmediata y gratuita a todos los contenidos
que desee, tiene la misma importancia que antes. A estas alturas creo que puede
tener la misma influencia sobre el fan un artículo de un crítico musical ‘respetado’
que la opinión de un amigo suyo en Twitter o Facebook, por no hablar de que puede comunicarse directamente con el artista a través de las redes sociales.
Por otra parte, para mí, dentro de este nuevo escenario, lo que debería seguir
distinguiendo a un crítico musical, por encima de todo, es que escriba bien, algo
que, como todos sabemos, cada vez se estila menos. Pero nuestra importancia
como críticos, evidentemente, no es la de hace unos años. Y ojo, que no lo veo como
algo negativo necesariamente. Al fin y al cabo somos un gremio, lamentablemente,
muy dado al ombliguismo y al ‘¿quién la tiene más larga?’ (es decir, quién tiene
más discos, quién los ha escuchado antes o quien sabe más de tal o cual grupo).
Hay quien opina que ahora se le dedica menos atención a la música porque nos
estamos volviendo impacientes, pero la verdad es que prefiero esto a lo anterior,
a aquella época en la que tenías que ahorrar para comprarte un par de CDs al mes,
por mucho que suene muy romántica…

Virgina Arroyo: Creo, de nuevo, que una nueva crítica no tiene sentido, sino unos nuevos críticos. Para mí una buena “Nueva crítica”, adoptando tus términos, sería aquella que no dependiera de los amiguismos, ni de las publicidades, ni del quedar bien. Una crítica que se basara única y exclusivamente en lo que a uno le gusta y le disgusta. Pero eso es imposible desde el momento en que los críticos son personas y asalariados (dentro de un engranaje donde marcas, promotoras y discográficas tienen mucho peso). En cualquier caso, aunque suene a super conspiración de las majors, creo que, desde el punto de vista del crítico de a pie, no se percibe así ni mucho menos. Es todo más fácil y más liviano. Creo que se le dan más vueltas desde fuera que desde dentro, sinceramente.

Luis J. Menéndez: Uffffffffff. Alexander Häcke de Einsturzende Neubauten me decía que si bien las
discográficas habían dejado de tener sentido, la crítica musical era más necesaria
que nunca, porque en un momento de caos total, de estímulos musicales que
entran por los ojos y oídos cada segundo, era necesario que alguien pusiera
orden. Sin embargo, si estamos de acuerdo que el papel es el pasado e Internet
no ya el futuro, si no el presente, yo veo que el periodista musical ha dejado de
ser alguien que reflexiona sobre el hecho musical y que prescribe a nuevos grupos
creando una mitología alrededor de ellos, para convertirse en un portal obligado
a escupir un nuevo videoclip, un nuevo mp3 en exclusiva para captar la atención
de la gente. Yo tengo la sensación de que la música ha dejado de “leerse”. Pero
también es cierto que soy muy dado al fatalismo y tal. El caso es que en esa
coyuntura me resulta complicado ver dónde encaja el periodismo musical. De
hecho los textos más influyentes que se han escrito en el último año, cosas como
el “Retromanía” de Simon Reynolds lo que vienen a decir es que ya no queda
nada que contar porque la música ha entrado en un bucle que ya se ha contado
en las décadas pasadas. No sé, me niego a pensar que el periodismo musical
se va a reducir a meros “embebedores” de Youtubes, pero lo cierto es que me
preocupa que la tendencia sea esa, encajar en la web un contenido antes que
nadie que pierde todo su valor 24 horas después cuando se ha viralizado por toda
la red. En el fondo creo que estoy sufriendo una crisis profesional, jajajaja

Laura Fernández: Creo que lo que apunta Kiko Amat en ‘Mil violines’, un ensayo musical (a
camino entre crónica de gustos personales que puede no gustarte demasiado
si eres fan de algo que él detesta), sobre que el crítico musical no debería
separarse de la persona que se sirve el café (y a lo mejor se mancha el pijama
bebiéndoselo), la persona con sus manías, sus defectos, su estado de ánimo
ese día en concreto, todo eso, es el camino. Porque, aunque pueda juzgarse
la música de manera totalmente aséptica, como si el crítico estuviese armado
con un bisturí y esperando indicaciones en la mesa de operaciones, es cierto
que apela a partes de nuestro cerebro directamente vinculadas con la persona
que somos (nuestra infancia, nuestra adolescencia, todo lo que amamos y lo
que detestamos) y en ese sentido podría resultar mucho más fiable una crítica
en primera persona argumentada a la perfección que una crítica aséptica de un
individuo que sólo es un nombre al final del texto.

Beatriz G. Aranda: Internet ha llenado el mundo de opiniones. Todo el mundo tiene su opinión, como antes, pero ahora también tienen espacio para hacerla pública. A veces siento que eso es polución, casi una dictadura. Todos son expertos en música, cualquiera con Wikipedia puede abierta puede escribir de las cosas musicales, yo lo veo día a día en muchas páginas web dedicadas a la música. Pero ay, la sensibilidad es otra cosa, que se ha de alimentar con trabajo, esfuerzo, curiosidad y pasión. La sensibilidad, por otra parte, aplicada a los textos periodísticos no es algo que deba exigirse únicamente a los textos sobre arte, sino también a todo lo demás. Emilio Ontiveros escribe de economía con sensibilidad. Ricardo Senabre de libros con sensibilidad. Falta cultura musical en España, faltan argumentos, falta debate cultural: aislarse de amiguismos, de escenas locales y pequeñas. Joan Fontcuberta reflexionaba hace unos meses en La Vanguardia sobre la Postfotografía. ¿Quién es hoy el fotógrafo? ¿Por qué hace las fotos? ¿Cuáles son sus usos o cómo se utilizan y circulan? Me haría las mismas preguntas sobre estos interrogantes pero enfocados hacia la crítica musical. No sé si te respondo a lo que querías.

- ¿Puedes ponerme un ejemplo de una crítica (publicada en un medio español
recientemente) de cualquier disco que te haya parecido ejemplar?

Pablo Vinuesa: Me gusta lo que he leído esta mañana sobre Lana Del Rey, escrito por David Broc, no tanto por cómo está escrito, sino porque precisamente se interroga a sí mismo
sobre el oficio de crítico musical, sobre nuestra influencia sobre los lectores y la
capacidad de crear y destruir modas con bastante rapidez.

Virgina Arroyo: Ahora mismo no caigo, pero cualquier crítica que esté hecha de una forma honesta y con un humor agresivo y mordaz seguramente me gustará mucho. Aprecio mucho que la gente se aleje de intelectualismos y análisis sesudos (que no suelen interesar más que a los propios críticos) y dé rienda suelta a sus emociones. Y que no se contenga, que diga todo lo que tenga que decir con las palabras que lo tenga que decir. Cuanto más cachondo y mordaz sea un texto, más números tendrá de gustarme. Recuerdo una crítica especialmente graciosa que captaba muy bien el sentir poligonero del disco de remixes de “TRON Legacy” de Daft Punk. La crítica era de Daniel Gómez en Go Mag y es que realmente el disco es MUY “piyuli” y la crítica es igual de macarra. En esa linea más satírica me gustan mucho los textos de Óscar Broc en general. En general, independientemente del humor, me gustan las críticas que te han “sentir” el disco, más que explicártelo. Y sobre todo, que si se van por las ramas sea para explicarte cosas bonitas y hacerte sentir cosas, no para hacerte una lista de la compra de los estilos o los acordes o los BPMs de un disco. Que al fin y al cabo, a su particular manera, la crítica musical puede ser un arte. Y eso sólo depende de cada uno de nosotros.

Luis J. Menéndez: Por no barrer para casa y pecar de corporativista, me gusta mucho Javier
Blánquez, a pesar de que muchas veces no me interese un pimiento el disco
del que está hablando. Porque siendo erudito y manejando un número infinito
de referencias, siempre tiene ese punto gamberro que le acerca al lector, que
demuestra que piensa en él, esto es, tiene la doble función de educar y divertir. Y
se nota que lo vive con pasión, que realmente te está vendiendo una moto que él
se cree, aunque sea el enésimo disco de techno que no va a ningún sitio. En ese
sentido cualquiera de las cosas que hace para Playground me vale, porque es el
sitio donde realmente se percibe que escribe de lo que le viene en gana y en el
que no tiene limitaciones de espacio ni de formato.

Laura Fernández: La verdad es que no recuerdo ninguno en concreto. Pero puedo decirte tres críticos favoritos. Uno es David Morán, del Rockdelux, porque me encanta
como escribe y porque además suelen gustarle los mismos discos (y libros)
que a mí. Otro es Javier Blánquez (creo que lo que hacía en la página de maxis
de Go era insuperable, pura literatura), que sigue en activo (muy en activo)
y siempre resulta fiable y enriquecedor (aunque no te guste la música que
adora: la electrónica en todas sus variantes). Y el último es Kiko Amat, porque,
aunque lo odio cuando dice algo malo (y siempre es muy malo) de una banda
que me gusta, su facilidad para mezclar al individuo (lo que decíamos antes)
con el crítico es fascinante.

Beatriz G. Aranda: Me parece ejemplar lo que hace Diego Manrique. También me gusta César Estabiel, Luis J. Menéndez, Josu Lapresa, David S Mordoh… Es gente que siempre te obliga a pensar, que no te da las cosas masticadas, que te obliga a escuchar el disco del que está hablando.

- ¿Has notado algún cambio en el papel de la crítica en los últimos años?

Beatriz G. Aranda: Creo que ya te he respondido a esto: polución de opiniones superficiales. Hay que exigirle al crítico musical unos mínimos, una formación previa, igual que para el resto de la crítica cultural.

- Además de discos, también haces críticas de cómics y libros (¿también de
películas?), ¿las afrontas igual?

Luis J. Menéndez: Sobre todo música, dvd/cine (me encargo desde hace ya bastantes años de la sección de video de Cinemanía) y cómic, sí. Y no se afronta igual pero no ya
por lo específico de cada disciplina (por ejemplo la importancia de la narración
en el cómic y el cine -al menos el de corte no experimental- que es algo que no
tiene tanto peso en la música). En realidad lo que tiene más que ver a la hora de
afrontar una crítica son cuestiones como el espacio o el formato al que te debes
ajustar. Por ejemplo, a la hora de comentar un DVD prácticamente todo se reduce
a una relación de extras, cuestiones técnicas y un breve comentario a propósito
del filme, porque el verdadero trabajo crítico ya viene hecho, tuvo lugar con el
estreno del filme seis meses atrás. En el caso de MondoSonoro, por ejemplo, casi
me gusta hablar más de “reseña” que de “crítica” propiamente dicha, porque los
tamaños en los que nos movemos en papel (textos de 15 a 20 líneas) apenas
dan para hacer una aproximación al artista y al disco en cuestión. Aunque por
supuesto todo depende: no es lo mismo comentar el nuevo álbum de un grupo
como Radiohead que no tienes que contextualizar al lector, que introducir a una
banda prácticamente desconocida y que cuenta con 10 años de carrera a sus
espaldas… En definitiva, que el modo en que afronto el texto “crítico” depende de
un montón de variables.

Tu vives entre la literatura y la música por lo que debes tener una interesante perspectiva. ¿Podrías comparar la crítica literaria con la musical?

Laura Fernández: Son completamente distintas. En primer lugar, por la libertad. En la crítica
musical la libertad es total. Nunca me he sentido obligada a opinar algo
bueno de un disco que no me ha gustado. En cambio, cuando he dicho que
un libro no me ha gustado nada (en concreto, recuerdo la crítica de Saber
perder, de David Trueba, en Qué Leer), he recibido una llamada de la editorial
preguntándome qué es lo que no me ha podido gustar del libro “si a todos los
demás críticos les ha gustado muchísimo”. Eso en primer lugar. En segundo, la
crítica musical exige que tengas más en cuenta la trayectoria del artista que la
crítica literaria. En la literaria se juzga más a la novela en sí misma, sin importar
lo que ha hecho antes su autor, mientras que en la música, en constante
evolución, se busca que el músico, además de hacer lo que hace de costumbre
bien, se añade un plus si ha corrido riesgos y ha salido airoso. Digamos, en
ese sentido, que la crítica musical engloba trayectoria y obra mientras que la
literaria se ciñe a la obra en cuestión.

Algunas preguntas específicas sobre los medios en los que trabajan:

- Aunque estés en Madrid quizá me puedes explicar cómo funciona la selección y
el reparto de discos par criticar en Mondosonoro.

Luis J. Menéndez: Reconozco que en Mondo manejamos métodos muy poco científicos… jajajaja. Al
final, el reparto de discos funciona prácticamente igual que la asignación de
entrevistas, así que generalizo un poco… A nivel de contenidos trabajamos de
manera piramidal, de arriba hacia abajo, de tal forma que la 99% de la información
llega a los redactores jefes (Joan en Barcelona, yo aquí en Madrid) y somos
nosotros la que la asignamos a los colaboradores. Eso no quiere decir que nos
cerremos en banda a las sugerencias de los colaboradores, por supuesto, pero
bien sea porque en el mundo de la música la información aún suele llegar primero
a las revistas a través de los servicios de prensa o directamente de los artistas, o
porque nosotros estamos 100% profesionalizados y nuestro trabajo consiste en
estar 24horas al día a la búsqueda y captura de novedades, lo cierto es que lo
más habitual es que seamos nosotros quienes pasamos trabajo a los
colaboradores de la revista y no al revés. Como consecuencia de esta forma de
trabajar tenemos a los colaboradores muy segmentados, especializados: yo aquí
en Madrid tengo a mi experto en hip hop, otro para hardcore y metal, otro
electrónica, etc. y un grupo algo mayor que se centra en lo que es la base de la
revista, el pop/rock independiente (aún así dentro de éstos también tengo los roles
de cada uno bastante claros: el ochentero, el que tira más para la americana, el
de gusto más power pop,…). El caso es que yo distribuyo el trabajo (entrevistas,
reseñas,…) en función de esos perfiles. En algunos estilos, los más
especializados, puede que los discos no lleguen a la revista porque los sellos o los
grupos la ven ajena a su “escena” (ocurre con la electrónica o el hip hop, por
ejemplo), y ahí sí que me toca más apoyarme y consultar a esos redactores que
están al día de esos géneros.

- ¿Qué directrices se dan a los nuevos críticos?

Luis J. Menéndez: Tienen libertad absoluta para poner sobre el papel lo que piensan sobre un disco,
sea bueno o malo, pero se hace especial hincapié en que sean muy didácticos y
no caigan en boutades. Por dos motivos. Uno es lo que comentaba antes de que
por una cuestión de espacio más que una verdadera “crítica” -que requiere de
un desarrollo- lo que hacemos son “reseñas”, “contextualizaciones” de los discos
o “bocetos” de lo que ha sido un directo, y en esas condiciones defender un brindis
al sol es complicado. La segunda y para mí más importante es que un porcentaje
del 50% o incluso más del contenido de la revista son bandas nacionales, y
para muchos de esos grupos MondoSonoro es su único escaparate, no van a
aparecer comentados en ningún otro medio de comunicación. Así que si bien no
les hacemos ningún bien levantándoles la mano, sí creo que les debemos una
explicación lo más razonada posible de dónde cree el plumilla que falla su disco y
por qué. Igual para el lector ese “didactismo” hace que la lectura de la revista sea
un poco uniforme y más aburrida, pero también creo que de verdad sirve de ayuda
a los grupos (aunque sea a costa de encajar una mala crítica).

- ¿Cómo formáis la cantera?

Luis J. Menéndez: Todos los días se recibe algún CV en la redacción, sobre todo de estudiantes o recién licenciados en periodismo. De entre todos esos pocos pasan el filtro, tan
sólo aquellos que en su mail transmiten de alguna manera que saben dónde y por
qué están escribiendo a MS (la verdad es que la mayor parte da la impresión de
que pide una oportunidad como plumillas en MS como la pedirán cinco minutos
después en una publicación de jardinería). Esos pocos pasan por la redacción a
charlar y hacer una prueba, y… la verdad es que casi ninguno sigue escribiendo
aquí pasados un par de años. Es lógico: el perfil de la persona que termina
encontrando un hueco en MS es muy diferente de ese joven periodista que busca
su primer empleo y al que le “gusta” la música. A todos nos gusta la música, pero
muy pocos estamos dispuestos realmente a hacer ciertos sacrificios por ella. Un
freelance que colabora en MS puede ganar 100 € al mes por sus colaboraciones,
que es una miseria. Además la mayor parte de los que quieren colaborar piensan
que el primer mes van a estar haciendo una de las entrevistas principales, cuando
lo que les espera es una larga travesía haciendo trabajos más pequeños, con
ese grupo de barrio que también está empezando, así que lo normal es que
rápidamente se desanimen y lo dejen.
¿Qué ofrece MS? Dentro de nuestras posibilidades una improvisada escuela de
periodismo musical (en esta revista han empezado la mayor parte de los nombres
que ahora firman en diarios y revistas de grandes grupos, musicales o no, gente
como Saavedra, Obón, Laura Sales, Darío Prieto, Half Nelson, los Broc, Bea G
Aranda, etc. Al margen de los que seguimos firmando habitualmente en la revista,
que prefiero no ponerme a citar nombres para no dejarme ninguno).
Pero lo que está claro es que la pasión y el virus de la música lo debe traer
de serie el futuro colaborador, aquí sólo podemos moldear las formas. Un
universitari@ que cree que porque no se pierde un concierto de Vetusta Morla, Love Of Lesbian y Lori Meyers está preparado para escribir en una revista musical… debe hacérselo mirar. Y en cierto modo mucha culpa de esta percepción errónea la tiene el modo en que se está consumiendo música a día de hoy.

- ¿Qué criterios distinguen la sección de críticas de Mondosonoro?

Luis J. Menéndez: Si te refieres a nacional, ahí sí que deberías preguntarle a Joan, porque justo es
la sección en que a mí me resulta más complicado participar por no estar presente
en el cierre (acordamos las secciones y entrevistas en reuniones vía Skype,
pero no llegamos a afinar tanto como para concretar qué críticas salen en cada
número y de qué manera). Sí te digo que solemos intentar mantener cierta paridad
nacional/internacional, y que, como sucede con toda la revista, de alguna forma
aparezca reflejada la personalidad de los que la hacemos, que en algún caso
está MUY marcada, jajajaja. Hay que tener en cuenta que al margen de que haya
terminado convirtiéndose en nuestra forma de ganarnos el pan, hacer Mondo es
sobre todo diversión (y sí, las peleas internas sobre si tal disco es una mierda o
merece la portada por supuesto que forman parte de la diversión) e intentamos
tenerlo muy presente en todo momento.

¿Qué me podrías contar sobre el fucionamiento de la sección de discos de RollingStone?

Beatriz G. Aranda: La edición española de Rolling Stone ha pasado por diferentes etapas. En la que estamos ahora, buscamos reflejar las nuevas tendencias musicales sin dejar de lado la raíz rock que acompaña a la cabecera desde que nació. Se trata de cubrir el mayor espectro musical posible dentro de los criterios de calidad y autenticidad. La reedición de clásicos siempre tiene un lugar protagonista. La relación con los colaboradores es muy variada. Algunos nos mandan propuestas; a otros se las encargamos. Nunca hay premisas sobre si deben o no ser buen puntuados: respetamos el criterio de colaborador. Nos interesa ser prescriptores, es decir, aconsejar a nuestro lector sobre la música que más le puede acercar a los tiempos que corren, ensanchar su curiosidad. Por ejemplo, Lisabö no son un grupo que haya ocupado páginas de nuestra revista, pero nos gusta recomendarle al lector que lo escuche, que sepa que existen. Muchas veces los discos que recomendamos no tienen que ver con los discos que escuchamos en nuestras casas: una cosa es para quién trabajas; otra muy distinta, lo que nos guste de manera personal a cada uno de nosotros. Pero en general, siempre hay algo que une lo que somos con lo que hacemos, para mantener vivia la pasión por lo que hacemos.

Un comentario a “Hacia una nueva crítica musical (1)”

    The Last Dance, el blog de Elena Cabrera » Hacia una nueva crítica musical (3) dice:

    [...] la tesis de partida del artículo publicado en lainformacion.com hace unos días y del que he dado más datos en este post y hemos debatido en Twitter (ver Storify al respecto). Me faltaba escribir este post para poder [...]

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