Interior. Holanda.

Holanda es un país muy curioso. Echan trocitos de chocolate sobre la mantequilla, tienen coches pequeños (pocos) y últimos modelos de bicicletas (muchas), adoran la jardinería, son tranquilos, ordenados y sin grandes aspiraciones. Pareciera que hubieran abandonado las inquietudes artísticas a cambio del arte de la decoración de interiores, un terreno en el que sólo compiten contra las damas más cursis de Inglaterra.

Interiores holandeses

Es un país llano cuya montaña más alta, su única montaña, mide 300 metros. Los holandeses están orgullosos de ser tan llanos y de tener una excepción con la que hacer chistes.

Con lo que allí no se bromea es con los alemanes, a no ser que sea para ponerles a caldo. No les gustan. Odiar a Alemania es un deporte nacional holandés que supera con creces el anti-gabachismo hispánico. Los alemanes entran a Holanda a comprar maría, pues el consumo está liberalizado. Los holandeses les devuelven la jugada entrando a Alemania a comprar DVDs, pues el IVA es menor allí.

A los holandeses les encanta el fútbol pero no saben perder. Unos días después de erigirse subcampeones del mundo, los holandeses habían retirado sus banderas naranjas de balcones y ventanas. En toda la ciudad de Venlo sólo vi una. También vi cómo los holandeses y los alemanes ponían caras raras a un español con camiseta futbolera neerlandesa. «Pringao», debían estar pensando.

En España nos acordaremos de Maastricht siempre por el tratado. Yo pensé que ir a Maastricht es ir al centro del europeísmo. Pues no. Maastricht es el centro de las boutiques de moda. Y tiene una puerta en una muralla que se llama Puerta del Infierno. Ls habitantes de Manzanares el Real están muy orgullosos de que la Comunidad de Madrid se constituyera en su castillo. Pero en Maastricht no hay ningún recuerdo aparente de la creación de la Unión Europea.

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