José Antonio Fortes: «La literatura es un arma ideológica para intervenir en la lucha de clases»

El profesor que ganó un juicio contra Luis García Montero por injurias explica su punto de vista marxista de la enseñanza de la literatura como lucha de clases | Lee aquí la entrevista íntegra

«No oculto mis principios marxistas, pero como tú comprenderás ¡es inviable e imposible el proselitismo con el marxismo, con mis palabras y enseñanzas antidogmáticas, tan contrarias a cualquier teología, a cualquier sacralización y sus artículos de fe!», exclama el profesor José Antonio Fortes.

No es necesario que Fortes oculte lo que piensa para que no nos enteremos. Hay discursos que quedan desoídos, arrinconados o incluso tergiversados. Luis García Montero, poeta y también profesor en su universidad, colega de su mismo departamento, se ocupó de llevar su nombre a la prensa diaria llamándole «perturbado». Fortes denunció a Montero por injurias, y ganó. Ganó ante el juez, porque ante los medios quien ganó fue Montero, en un ejemplo más de quien tiene la voz más alta, más razón tiene.

Fortes imparte en la Universidad de Granada las asignaturas Sociología de la literatura española y La literatura española desde 1939 hasta hoy: dictadura, exilio, democracia. No hace exámenes pero el alumno ha de intervenir y debatir los escritos, «discutiendo lo primero mis propias palabras, mis propios argumentos, mi propio discurso de profesor», explica el profesor en una entrevista con ADN.es cuya versión íntegra puede ser leída aquí.

Hay incluso más debate en su curso de doctorado, que se centra en las relaciones y las prácticas de los escritores e intelectuales en la guerra de clases del 36 al 39 -«que no guerra civil, que no hubo nunca en España, sino guerra de clases»- y está titulado Intelectuales y escritores en la guerra de España.

José Antonio Fortes aborda, por tanto, el trabajo de escritores sacralizados en la litertura española, como la Generación del 27. La simplificación ha originado que García Montero piense que Fortes dice que Lorca era «fascista y maricón». «Quien diga que yo en mis clases llamo a Lorca ‘maricón y fascista’, primero y principal, ese que lo dice no ha pisado nunca un aula donde yo imparta conocimiento de las relaciones de clase de los escritores e intelectuales. Además, no sabe lo que dice, ni qué ni a quiénes reproduce».

Sobre la dificultad que el grueso de sus alumnos comprenda la clases, explica: «Me limito a hacerles pensar: a pensar la literatura, a pensar la ideología; a que piensen por qué y para qué la literatura, los tecnicismos a que se limita su historia y su práctica, la concreta circulación y sacralización de poemas y obras, de creadores e iglesias adoratrices de tales creadores los autores y sus creaciones, eterna y universalmente, ¡ahí es nada!, reproducidos por los siglos de los siglos de la humanidad hasta el infinito y más allá».

¿Qué paso con Lorca?

Se dice que Lorca es el poeta del pueblo, de la resistencia, de la izquierda. El ensayista explica que para la burguesía española del siglo XIX, «pueblo no era más que el conjunto de contribuyentes y por tanto sujetos políticos», es decir, pueblo era la burguesía dedicada a producir conciencia de clase y, la literatura en España se hace dentro de ese conjunto social.

Tras la Primera Internacional (1864), la clase obrera se organiza en movimiento obrero, «que de inmediato es dividido internamente desde las posiciones burguesas que, para completar su victoria de clase y entre otras trampas, comenzará a producir políticas y discursos populistas: la participación política o sufragio universal, la literatura obrerista o la literatura verbenera y sus ideologías». En el trabajo de investigación sobre la historia de la literatura de José Antonio Fortes (La guerra literaria, literatura y falsa izquierda, Los intelectuales del nacionalpopulismo) se explica cómo la burguesía produce un discurso neopopulista que, cuyos mensajes (el pueblo español, esa cosa que nos une, la familia, la raza, etc) acaban finalmente favoreciendo y siendo asimilados por los propios mensajes del franquismo.

«Ahora bien -ahonda Fortes- que desde el idealismo se desprovea a la literatura  de ¡’ideologías subyacentes’!, o en el juego complementario se le pretenda proveer de ¡’ideologías aclasistas’!, o en el colmo de los cinismos o amarillismos al trabajo clasista de un intelectual orgánico de la burguesía en bloque en funciones de poeta neopopulista, nuestro Federico García Lorca, se le quiera ver ‘de izquierdas’, eso, eso forma parte de los montajes reaccionarios e historicistas para seguir reproduciendo ideología burguesa incluso entre y por sus enemigos de clase. Desmontar este último servicio a su propia clase de origen y pertenencia por parte de Federico García Lorca constituye el objetivo primero de mis investigaciones literarias».

Y es sobre este polémico tema que el reduccionismo lleva a los que le atacan a decir que él llama fascistas a los escritores, a las personas. Y es este el tema de su próximo libro, «para desmontar el mito lorquiano».

Si los clásicos temas lorquianos están tan desprovistos de conciencia de clase, ¿cómo ha sucedido que Lorca se venga vendiendo desde hace tanto tiempo como el gran poeta de la izquierda? Para Fortes hay razones coyunturales que nos han llevado a ello: «En primer lugar, la victoria del fascismo en 1939 y la constitución de su dominio ideológico, donde algunos FICs -Funcionarios Ideológicos de Clase tales como intelectuales, escritores, poetas, artistas, etc- orteguianos encuentran reconocimiento», como por ejemplo «hechos y situaciones falseados con categorías como exilio interior, resistencia silenciosa, la dignidad de la disidencia, etcétera y su exaltación generacional e individual durante la postguerra en España».

En segundo lugar pesaría «la derrota del proletariado y su pensamiento revolucionario, es decir, no estalinista ni socialista». Y, a partir de una una cadena de hechos que comienzan en septiembre del 36 y «en medio de una política de producción de ideología frentepopulista de guerra, Rafael Alberti y su radical ignorancia del pensamiento marxista, la Alianza de Intelectuales Antifascistas con el espectáculo de sus congresos y escritos y los derroteros perdidos de las ideologías del exilio republicano», todo esto lleva al «proceso de mitificación, de culto a la personalidad e idiosincrasia lorquiana, Lorca, el ungido poeta, el único que era único, dotado como ninguno de gracia y duende, ¡donde él estaba hacía Federico!», recuerda Fortes con ironía.

La sacralización de Lorca tiene como coyuntura de inflexión los años de la falsa transición política, del 75 al 82, «cuando se monta su proyección definitiva a los altares», hasta hoy en día, «cuando el ascenso irresistible de todo ello, en perfecta armonía con la producción de intereses y beneficios en dinero y en plusvalías ideológicas, al servicio siempre de los intereses y objetivos históricos del capitalismo y sus poderes de clase, alcanza su formalización política y de mercado, desnudamente como marca registrada: ¡Federico García Lorca, marca registrada!».

El populismo no es literatura obrera

«¿Cómo y cuándo encontrar no populismo y sus variantes, sino literatura obrera con conciencia de clase proletaria? Esa es la investigación, para no seguir reproduciendo la noción de popular», aduce Fortes.

«Aunque el izquierdismo tiene muchos disfraces, sin duda el populismo es uno de sus más experimentados en la historia», por cómo se adecúa a los cambios sociales o laborales. «Hoy sin embargo no es tampoco el neopopulismo la máscara más rentable, por la que los poderes capitalistas de acumulación globalizada obtengan más beneficio en dinero y en ideología servil». En su opinión, «el izquierdismo se rentabiliza más si pone a la venta como primera mercancía al propio intelectual, que ocupa lugares mediáticos en programas de televisión o como contertulio, que gestiona y dogmatiza los ‘valores’ que proclama como principios y valores ‘de izquierdas’, aunque necesariamente haya de encontrarlos en la vida misma, en la vida diaria, en el capitalismo salvaje, en donde su ‘izquierdismo’ le permite actuar a la vez de chamán y de chamarilero, porque no sólo cataliza como normales y naturales de la vida misma los valores de capital, no sólo así los exalta en sus discursos (poemas, canciones, novelas), sino que además vigila la socialización de su funcionamiento ideológico social».

En el mercado de los bienes culturales, «el más cotizado y completo catálogo de ofertas izquierdistas de disfraces se publicita sin alias ni tapujos, sino con nombre y apellidos, vamos, a cara descubierta», insiste.

El trabajo del intelectual «consiste en producir ideología de clase que organice y dé coherencia a la propia clase, y le dé razones para dominar al resto de las clases sociales, a luchar contra ellas. La literatura es un arma, ideológica claro, para intervenir en la lucha de clases, desde posiciones clasistas, frente a las clases enemigas. ¡Y yo no he hecho el lenguaje, como para vernos obligados a repetir y repetir de continuo el concepto ‘de clase’!».

Comenzamos dando voz a un José Antonio Fortes que explicaba que no oculta sus principios marxistas. ¿Hay un asedio al marxismo? «No, asedio no, sino aniquilamiento. Puro y duro aniquilamiento».

«Y en los destrozos, entre los escombros surgen por doquier marxistas de todo pelaje, incluso neomarxistas que no encuentran ni nombran la clase ni las clases», dice. «Y no te digo nada, si pretendes ver la materialización de la lucha de clases en cualquiera de las prácticas, de los discursos, de los lugares intelectuales, de las posiciones políticas o concretamente literarias».

En España hay un arrinconamiento de la novela realista social y, por consiguiente, también de los estudios literarios desde una perspectiva social. «¡Qué lejos hoy de aquella Historia social de la literatura publicada por los profesores Blanco Aguinaga, Julio Rodríguez Puértolas e Iris Zavala! ¡Ojalá que podamos actualizarla, ponerla al día, más acá de 1975! Y dado como está el mercado, ya te digo, yo propondría que se titulara nuestra publicación, porque no podría ser más que un trabajo colectivo, Literatura y lucha de clases en España«.

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