Juaco Vizuete. Tu inocencia salvaje

Y yo qué sé que tiene el Levante. Juaco dice que a la gente de allí se le supone superficial y que él es un poco más sentido que la media. Ese litoral alicantino y valenciano es un mar de perlas en el mundo del tebeo. Nuestro chico de hoy es una de ellas. Su simpático nombre no te sonará si no eres de los que tienen buena memoria. En los 90 firmó una serie Brut Comix de un humor escandalosamente teen-desquiciado que me recordaba a un Evan Dorkin empanado de ternura española. Fue durante la etapa Migoya de La Cúpula y es precisamente con Hernán como guionista como regresa a las librerías con “Julito el cantante cojito” (risas). Coge Hernán y escribe en su blog que Juaco es un monstruo y coge Juaco y me dice que “¡Hernán Migoya es un peligro para esta sociedad, mujer, lo sabe todo el mundo!” luego añade, como para quedar bien, que “Hernán es un escritor y un guionista profesional, comercial, competente y cumplidor”, un tío de lo que vuelcan “su punto de vista entero y sin cortapisas hasta en la cosa más intrascendente que escriben”, con él “te ríes y te escandalizas, o te asqueas y al mismo tiempo te enterneces, o  lo que sea, siempre contrapones un par de sensaciones,  con lo que consigue que te des cuenta de tus propias contradicciones…” y ahora en realidad parece que hablamos del “Julito” o de cualquier otro personaje dibujado por Vizuete, aunque sea sólo en la corta vida del chiste gráfico de una viñeta. “‘Julito’ me ha estado sacando del gran marrón de estar preparando casi exclusivamente una oposición, que era lo que hacía cuando Hernán me llamó, me ha hecho la vida más ligera”.

Y es que hablando de ligerezas, Julito es un intérprete de canción romántica como ya quedan pocos, aunque se vea forzado a intentar modernizarse con alguna que otra iniciativa de su manager, que es su hermano, o debido al insano enfrentamiento con su hijo Julito Jr que también ha salido cantarín (bueno, hace lo que puede) pero vende mil veces más. Esta historia es a la mitología cañí como la del vellocino de oro para la mitología griega; bueno, o más, no quiero quedarme corta. Dice Juaco que para dibujar las doce historietas de las que consta el tebeo se ha empapado “de Vázquez, de Coll, de la Upa y de Hannah-Barbera” y yo le digo que de discos de Julio Iglesias también pero el dibujante me pone cara circunspecta y aunque admite que le parece muy bueno su disco grabado en directo en París no sabe qué tiene que ver Julio (hey!) con todo esto. “Te digo la verdad”, bueno, tampoco es indispensable, que a fin de cuentas esto es una revista de tebeos, “creo que el Julito que planeaba Hernán era algo menos entrañable de lo que aparece en el cómic, que él empezó a contarlo desde un punto de vista un poco más distanciado, más irónico, pero es que yo tengo el vicio de identificarme con los personajes que dibujo, hasta con los que no me gustan (aunque no sea este el caso), así que al ir a dibujarlo me reí a mandíbula batiente de mis propios sueños de seductor, de mis delirios de grandeza y de todas esas cosas, pero para intentar perdonármelas y caerme bien. Por eso creo que Julito cae en gracia, de una forma u otra”.
Aunque nunca hemos dejado de ver alguna cosa suya aquí o allá (una serie de chistes sobre el mundo de la historieta en Trama; ilustraciones; un falso final para “El Vecino” de Pérez y García; su coautoría del mítico fanzine “El Fanzín”, autoparodia kamikaze para el Saló), han pasado diez años desde “El Resentido”, su única serie regular, ¡demasiado tiempo! “No,  sinceramente. Cada vez lo tengo más claro: dibujo a mi ritmo e intento que ese ritmo sea constante, pero no en función de las expectativas de verme publicado. Para mí la publicación es el fin necesario de los cómics, pero no me preocupa especialmente a la vista de que no es mi profesión en el sentido estricto de la palabra: el de ganarse la vida. Además, procuro dibujar por dibujar, dibujar del natural, intento pintar y siempre tengo la sensación de que estoy empezando con todo. A lo mejor dentro de un tiempo consigo ser un tío prolífico, a lo mejor no, pero reconozco egoístamente que en principio no parezco muy dispuesto a forzarme más allá de un límite razonable por satisfacer una demanda, hablando en términos comerciales”. Es tan convincente que se lo perdono todo, podría esperar otros diez años si me asegura que volveré a tener páginas suyas encuadernadas. “Cuesta horrores concentrar tu energía creativa en un punto y desarrollarlo con coherencia, que es lo que precisa una historia larga (y además, mucho, mucho tiempo, que esto no sale sólo). Así es que todo lo que he intentado anda por ahí en cajones esperando que lo revise y no es coherente. Lo que quiero hacer es revisarlo y, una de dos, o darle coherencia… ¡o hacer lo que me dé la gana con ello aunque no se entienda ni jota! (cosa por la que al final me decanto, seguro)”.

Elena Cabrera. Publicado en El Manglar.

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