Las hermanas Martín Gaite

Obras completas: Novelas II y mis notas de la presentaciónAyer tuve la suerte de escuchar a Ana Martín Gaite hablar sobre su hermana. Qué sonrisa y qué mirada contagiosa tiene. Cuánta generosidad y amabilidad. Éramos unos pocos periodistas alrededor de una mesa de banquete pero nos hizo sentir que nos habían sentado en la intimidad de una mesa camilla.

Lo primero que nos dijo sobre Carmen Martín Gaite fue: «francamente, estoy muy emocionada. Los años van pasando y me parece inaudito que siga viva». Estaba emocionada, y no era la única. Se presentaba el segundo volumen de sus obras completas, la segunda parte de las novelas. «Estaría muy contenta ahora, porque era muy infantil, madura y reflexiva pero también infantil». Nos explicó que le emocionaban los actos, las presentaciones, las fiestas (y por supuesto la feria). «Se compraba ropa y me decía ¿estoy bien? La literatura para ella era una fiesta y una sorpresa, y hoy la sorpresa sería fenomenal, se quedaría con los ojos como platos». Y a mí que aquello me parecía que no le estaba haciendo honor, que había poca prensa, que eran migajas de la atención cultural; algunos se fueron incluso antes de acabar, mientras ella hablaba, y yo sentía que debía pedir disculpas en nombre de mis compañeros que se iban, y que no conozco. Siempre está feo irse ventilando la urgencia de volver a la redacción, o de marchar a otra presentación. Y ahí están siempre esos desfiles.

«Cuando éramos pequeñas y dormíamos en dos camas en la misma habitación, ella me decía de una cama a otra ‘¿te cuento un cuento?’ y me lo contaba y al acabar me decía que ahora le contase yo un cuento a ella, pero yo no quería, porque tenía sueño y prefería dormirme envuelta en el cuento que me acababa de contar». Y también dice que siempre, desde niña, «iba con un lapicero y un bloc en la mano. ¡Y la gorra! El sombrerito desde niña. Ella siempre con el gorrito, le hacían unos gorritos de punto y se los ponía siempre, en Salamanca hacía mucho frío. Nació con ella puesta».

A José Teruel le molesta que se hable tanto de Martín Gaite como un personaje y menos de su obra. Pero Ana insiste: «Rafael Sánchez Ferlosio y Carmen Martín Gaite nacieron así. Nacieron personajes. Y Rafael Sánchez Ferlosio morirá siendo personaje».

También dijo que se habla poco de su talante universitario. «Era una estudiante nata. Una universitaria nata. La universidad era para ella muy importante. Antes de morir ella estaba preparando un curso de verano para dar en Santander. El mismo día de su muerte habló por teléfono, desde le hospital, con la Universidad Menéndez Pelayo y les dijo ‘si me mandáis un taxi voy’. Por eso me dolió cuando la Universidad de Salamanca no quiso su legado [no tenían espacio, le dijeron] y ahora está en el Archivo de Valladolid y ahí está bien, porque está con sus amigos». Al hilo de los lugares de estudio, fue divertido cuando contó que su hermana «escribía más en las bibliotecas, en casa poco. En la Biblioteca Nacional, en el Ateneo o en el Archivo Histórico. Tenías que hacer la ronda de esos tres sitios para encontrarla, hasta que aparecía la gorra. Mira, ahí está».

Los entrecomillados están sacados de las notas que tomé durante la presentación.

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