Lo que está activo existe, lo que no está activo no existe (1)

Hacía tiempo que no esperaba un email con tantas ganas que ya había olvidado lo que se sentía. Me maneja mejor co la ansiedad de emails personales sin contestar, de publicidades interesantes por revisar (conciertos a los que no iré, discos que no compraré, gente a la que voy a evitar conocer o saludar), listas que no me apetece leer y todo ese spam inteligente que traspasa las barreras de mis filtros. Pues bien, me atrevo a confesarlo aquí porque me siento en plan Radio Pirenaica. O mejor, cuando vas a estrenar una obra de teatro dentro de unos minutos y el público se está sentando en el patio de butacas, pero tú estás tras el telón, haciendo marcas en el suelo y ensayando en voz bajita una vez más. Sé que ahí fuera, en el mundo exterior, mi weblog es una -massage page- con una referencia que no todo el mundo pilla (y a mí que me parecía obvia) y que, por eso, de graciosa se convierte en pedante. Pero de verdad que a mí me da igual. -Pero de verdad que a mí me da igual-. Esta sería una típica construcción de frase del que ha sido nuestro formador en el curso de Avid, Fran Moreno. Tantas horas al día escuchándole atentamente que puedo reproducir su manera de construir. La frase que más veces ha repetido se ha convertido para mí en el titular del curso: «lo que está activo existe, lo que no está activo no existe». Y yo, que últimamente adapto todos los eslóganes (estoy que lo tiro, lo mismo me vale un comunicado terrorista que un lead publicitario) a mi vida personal, he quedado encantada con este apropiado dogma de fe. -Insisto- (esto también lo diría Fran), me gusta este estado de semiprivacidad que da el murmurar detrás del telón. The Last Dance tiene la modesta cifra de 8 suscriptores a su RSS en Bloglines. Supongo que también habrá quién lea el feed con Safari o Firefox. Pasan cosas. Pasan muchas cosas estos dos últimos días. Nacho se va de Informativostelecinco.com cuando empezaba a acostumbrarme a que estuviera allí. Siete años. Me asusta el paso del tiempo en los demás. Recuerdo sus primeras piezas para El Navegante, quedándome despierta hasta tarde intentando que Màxim Huerta no me hiciera dormir antes de escuchar su voz. Veía atentamente su sección con ese orgullo generacional que tan bien definía Morrissey en aquella canción famosa. Y le escuchaba progresar día a día y me iba un poco feliz a la cama pensando en que la renovación generacional llega sólo si nosotros empujamos. No es tan fácil como ocupar el hueco de un jubilado, tienes que presionar para hacerte tu propio hueco.

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