Los creyentes del monstruo espagueti volador reclaman su identidad religiosa

Imagen del documental I Pastafari

Según las escrituras de la iglesia pastafari, el Monstruo de Espagueti Volador (Monesvol) le reveló al pirata Mosey sus Ocho Condimentos en la cima del Monte Salsa. Los dotó de cierta laxitud, por los que se refirió a ellos como los “preferiría que no”. La primera indicación que esta divinidad flotante con forma de tallarines enredados en dos albóndigas de carne sugirió a su primer discípulo fue que preferiría que no actuara como “un imbécil santurrón” que se cree “mejor que los demás” cuando habla de su dios. También prefiere que no se use su existencia como “un medio para oprimir, subyugar, castigar o eviscerar” y que tampoco se construyan “multimillonarias iglesias, templos, mezquitas o santuarios” a su “Tallarinesca Santidad”, cuando ese dinero bien podría ser utilizado para “acabar con la pobreza, curar enfermedades, vivir en paz, amar con pasión y bajar el precio de la televisión por cable”. La lógica extrema de las enseñanzas del pastafarismo ha hecho que sus creyentes se cuenten por miles en todo el mundo desde hace quince años.

En Estados Unidos, The Church of the Flying Spaghetti Monster es una religión oficial, cuya cabeza visible es “el profeta” Bobby Henderson desde el día que escribió una carta al Consejo Escolar de Kansas. Henderson acababa de graduarse en ciencias físicas por la Universidad del Estado de Oregón cuando, en mayo de 2005, se celebraron unas jornadas de ese Consejo educativo para evaluar cómo se enseñaba la creación y evolución del universo en los colegios de secundaria. La entrada de políticos republicanos a esta institución, alineados con las tesis del think tank Discovery Institute, propició que en esas audiencias se defendiera seriamente la inclusión en el currículo escolar del “diseño inteligente”, un término en neolengua para referirse al creacionismo, como oposición a la teoría de la evolución darwinista. Dicho con otras palabras: querían que los profesores enseñaran también que la vida había sido creada por un dios.

En su carta abierta, Henderson les dijo: “al igual que hay múltiples teorías sobre el Diseño Inteligente, yo y muchos otros en el mundo creemos firmemente que el universo fue creado por el Monstruo Espagueti Volador. Fue Él quien creó todo lo que vemos y sentimos. Creemos firmemente que las indiscutibles evidencias científicas que demuestran los procesos evolutivos no son otra cosa sino una coincidencia orquestada por Él”. El texto de Henderson fue una bomba viral que estalló de manera internacional expandiendo la religión pastafari por todo el planeta. Además de un resumen de creencias, que posteriormente serían desarrolladas en un “evangelio”, la queja de Bobby Henderson proponía que el tiempo de la clase de ciencias no solo del país sino del mundo entero se dividiera en tres partes iguales: una para el “Diseño Inteligente”, otra para el pastafarismo y una última para “las lógicas conjeturas de las abrumadoras evidencias” científicas.

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