Miguel Brieva, jinete apocalíptico

Parafraseándole, diría que nos encontramos frente a un magno divulgador que recoge la antorcha de aquel espíritu ilustrado que otrora iluminara los destinos y sueños de nuestra especie, un glosador, un aventurero de la epopeya de la vida, un alienígena.
Sus amigos (creo) Paco Alcázar y Miguel B. Núñez, músicos y dibujantes definidos por Brieva como “pos-retro-neo-oldfashion-new-no-hair-no-hope-trashontherocks”, no utilizan los apelativos empleados en el párrafo anterior para referirse a nuestro protagonista de hoy, sino que lo sintetizan en un conclusivo “El Hippy”. “Tal vez tienen razón” se defiende Miguel, “Desde luego siempre me sentiré más identificado con un hippy que, por poner el caso, con un punk, un mod, un plix, un electro-turb o un chonpf, pero yo creo más bien que el motivo último de ese etiquetado por su parte es, esencialmente, que yo no tengo problemas de alopecia incipiente y ellos sí”. Una vez más nuestro amigo da en el clavo, como cuando dijo que el bulto es la forma que toma nuestra conciencia cuando se humedece de cierta culpa.

Miguel Brieva se ha atribuido una gran parte del saber popular estampando su firma en la Enciclopedia Universal Clismón (Reservoir Books, Mondadori, 2007), conmovedoramente subtitulada Bienvenido al mundo. Su actitud ante éste le convierte, a mi modo de ver, en un político. Él no lo ve de la misma forma:  “’Un político’ es de las cosas más feas que hay, más fea aún que recoger algo chupado del suelo. Preferiría ‘político’ a secas, o ‘poli’ para los amigos, o incluso ‘tico’, cuando era niño y mis primos mayores me llevaban de aquí para allá como una mascota. Pero por encima de todo, prefiero ser dibujante, aunque en el fondo no hay cosa que más deteste que dibujar, ¿me explico?”. Es un tico que se dio a conocer con su fanzine Dinero y sus colaboraciones en –mira qué bien aquí también tienen un dibujo de Brieva- demasiados medios como para listarlos aquí; podéis leerlos en la solapa de su libro. Otra cosa es que a la gente le haga gracia o realmente le impacte su denuncia del capitalismo, la deshumanización o la vida adulta, “considerando que al 98,76 % de los lectores, según recientes estudios científicos, no les importa un pimiento aquello que lee, ni les cala en lo más mínimo, sólo nos queda un exiguo y desalentador 1,24 % para ser traspasados, aunque ahora no recuerdo bien si era con un arpón o con qué”.

A un “apocalíptico de mente y utópico de corazón» se le pueden pedir una fe infinita en la raza humana. Acostumbrado a perfilar las inmundicias de nuestro sistema, ¿será capaz de ver el lado bueno de las cosas este sevillano, nacido en 1974, rubio tirando a castañito, experto en snooker dice él, galardonado con el Premio Boquete 2006 insiste él? Venga: ¿Lo mejor de España?: “El salmorejo, el flamenco, los carnavales de Cádiz, la sana pachorra y gente como Chicho Sánchez Ferlosio, que en gloria esté”. ¿Lo mejor de la televisión?: “Que se gasta menos energía aún que, por ejemplo, mirando una pared. Cuando finalmente se decidan a mandar hombres a Saturno, que se dejen de hibernaciones, criogenizaciones y esas historias; les ponen a todos viendo la tele durante 7 meses y llegan allí más rollizos que los clones que gobiernan Polonia”. Y lo mejor de ti, chato: “Los cuartos traseros y la punta de solomillo, pero poco hecho, que luego repite”.

Elena Cabrera. Publicado en El Manglar.

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