Mundo anónimo

He estado en un lugar en el que todo es muy parecido a como hacemos las cosas por aquí, pero había algo raro en el aire, como una ambigüedad que nadie entiende por extraña. Sólo yo, pero porque venía de otro mundo y aún no me había acostumbrado.

Allí se escriben libros, sí, muchos, como aquí, demasiados, como aquí, o demasiado pocos, depende de la literatura que esperes, como aquí. Pero cuando te acercas a las estanterías reparas en qué era eso que te sonaba diferente. Los libros tienen título, pero no autor. Sus cubiertas están diseñadas con dedicación o bien maquetadas funcionalmente. También hay un texto en la contracubierta, pero su autor no aparece por ningún lado.

Por más que doy vueltas a la portada de un disco que me ha llamado la atención no encuentro el nombre del grupo. Tiene año y tiene título pero no dice quién ha compuesto cada canción, quién toca cada instrumento. No sé de quién es el disco. En la tienda, el orden alfabético atiende al título del disco y sólo encuentro distinciones por género. Cojo unos auriculares y paso el código de barras por el lector. El disco que he escogido por la portada bonita empieza a sonar y resulta que me encanta. Voy a un dependiente y le pido que me saque todo lo que tenga del mismo autor. «¿Del mismo qué?», y se ríe. «¿Sólo tienen este, no han hecho más?», le pregunto, abriéndome paso entre su risa. «Pues chica y yo qué sé, ¿cómo voy a saberlo?, ¿y qué importa eso?».

Me compro un DVD cuyo título me llama la atención. Por supuesto, es casi la única información que aparece en la caja. Ya empiezo a acostumbrarme a esto. No sé quién es el director, ni los actores, sólo el año y la sinopsis. Lo mejor de tanto anonimato es que los títulos de crédito son cortísimos, tan sólo nombran qué tipo de trabajos han sido necesarios para realizar la película.

Allí, la crítica no valora la carrera de un autor para reseñar el libro, el disco o la película sino que juzga cada obra por sí misma. Unos hacen, otros dejan de hacer. Lo importante es crear una obra y darla a conocer. Se publican aquellas que seducen a editores y productores y nadie pregunta jamás quién ha hecho tal cosa. No tiene importancia para nadie.

No hay famosos, no hay listas de cachés para vips, ni las caras de siempre, los nombres conocidos, la gente importante. Las modelos allí han vuelto a ser maniquíes.