Ninguna otra cosa

Mentiría si dijera que esta es una profesión como cualquier otra. Sinceramente, me satisface tanto que me cuesta entender cómo hay gente que se dedica a otra cosa.
Antonio Cano, 30 años en El País

Esto va para todos los que intentáis convencerme, cada vez que pierdo un trabajo, de que «hay que comerse el orgullo» y que «hay que poner las cosas importantes primero». Son dagas perversas porque, cuando os intento rebatir, me hacéis caer en la trampa, como si a mí me pareciera mal comerme los orgullos o que mi hija, mi marido y mi hipoteca no me parezcan cosas importantes.

Pero ¿por qué lo hacéis? ¿Es porque os preocupa que no llegue a fin de mes o que no gane tanto dinero informando como el que ganaba sirviendo? ¿Es un consejo condescendiente porque sobro, porque tan mal lo hago? ¿Es vuestra estrategia para mutearme?

De una vez y para siempre: el periodismo se hace en los medios. Lo de las oficinas de prensa es marketing. Si no puedo ser periodista prefiero ser alguna otra cosa más parecida, como jardinera, pintora, fontanera o cualquier otro oficio también bonito en el que tampoco habrá vacantes.

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