No me podía perder a Rosalía

Lo cuento aquí: Rosalía cambia la M de Motomami por la de Madrid

Es difícil saber quién ha llorado más esta noche, si Rosalía o sus fans. M de Madrid. “Madrid, siempre que vengo aquí me siento muy querida”, dice la patrona, la motomami, la gran artista de nuestro tiempo en la primera de sus dos noches en la capital haciendo rodar, todavía en las primeras vueltas, la potente cilindrada del Motomami Tour.

“Motomami es distinto a El mal querer, y tengo los mejores fans del mundo porque haga lo que haga siento que me apoyáis en todas mis locuras”, le dice a los 17.000 espectadores que caben en el WiZink Center. El Palacio ruge y clama el nombre de la artista. La devoción es extrema. Con cada gesto de Rosalía tiembla la grada: cuando se pone las gafas, cuando se tumba en el suelo, cuando se agita la trenza, cuando mueve los glúteos con hipervelocidad, cuando se sienta a horcajadas sobre los bailarines que han formado una moto con sus cuerpos.

D de Dinamita. Motomami Tour no es solo una exuberante y desbordante demostración del talento de una cantante y compositora, es también una bomba que hace estallar por los aires el viejo concepto del show en vivo. Primero, por la ausencia de músicos de acompañamiento, que nadie echa en falta (son, en cambio, los bailarines quienes la arropan). Segundo, por el diseño del escenario: sobrio, mínimo, un lienzo en blanco. Y tercero, por la audaz e innovadora mediación de la cámara y la pantalla como parte de la representación, y no como tecnología de amplificación.

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