Pepo Pérez. Un amigo en el infierno

Una vez soñó que estaba al borde del mar charlando con Will Eisner y Frank Miller como si fueran amigos de toda la vida. Y ¿por qué no? Pepo podría mantener una conversación de tú a tú con cualquiera, comentando con desenvoltura la obra de un mismísimo Alan Moore en su cara, “a veces también critico incluso a mis amigos, no lo puedo evitar, soy un desastre”. Ser amigo de Pepo Pérez debe ser duro pues no será complaciente contigo: “Mis amigos son… digamos que procuro acercarme a gente inteligente y brillante, de las que pueda aprender. Ésos son mis amigos. La gente mediocre, la de los lugares comunes, me aburre, tanto que a veces soy incapaz de disimularlo por simple educación. Pero es que en momentos puntuales puedo ser muy maleducado. Luego me siento fatal, claro”.
Su doble oficio como ilustrador y autor de tebeos –El Vecino es su obra más destacada- y el de crítico –principalmente en Rockdelux- fuerzan su polaridad, “tengo bastante genio, a veces soy muy visceral y emocional, supongo que eso ni quiero ni puedo ocultarlo en mis dibujos. Pero para escribir me pongo otro traje, el cerebral o analítico. Lo hago porque quiero demostrar a los tebeos el respeto que me merecen, y por eso no me gusta hablar de ellos de manera paternalista. Lo cual significa no tratarlos como unos hijos a los que mimar, proteger y elogiar desmedidamente. Ese estilo me parece vacuo y anticuado. Lo emocional tiene su sitio, pero creo que en su justa medida. Además, hay que dejar sitio a las emociones de cada lector en lugar de machacarle con las tuyas”.
A Pepo le gusta la polémica e incluso, en momentos puntuales, alude al gamberrismo de niñato travieso, como él mismo dice porque le gusta que “la gente, yo incluido, pongamos en cuestión las ideas que damos por establecidas. En un mundillo como el nuestro, tan anquilosado en muchos aspectos, hace falta más crítica pública, a todos los niveles”. Es guerrero y protestón pero es que “un poco de crítica no le sienta mal a nadie, te ennoblece, te pone en tu sitio, te hace humilde, te hace mejorar como persona o como autor”.
En su weblog Con C de Arte mantiene todas estas premisas. Hace poco comentaba en él que hay indicios de una vuelta al Surrealismo. “Me pregunto qué hay en común entre nuestro hoy y el momento en que surge el Surrealismo tras la I Guerra Mundial. La respuesta no es muy atractiva, ¿verdad? ¿Vientos de guerra, quizá? Creo que la gente occidental, que vive en un entorno pacífico que dura ya muchas décadas, nota esos porque, aunque soplen desde latitudes lejanas, el Afganistán o el Irak de turno, sabemos que tienen que ver con nosotros. Luego está el tema del cambio climático, que se ha convertido en uno de esos miedos apocalípticos al fin de la civilización que el hombre de todas las épocas ha tenido periódicamente. Aunque esta vez me parece que no es un miedo exagerado, ni infundado ni supersticioso. Y luego está el interés por nuestro inconsciente, que ha vuelto a ponerse de moda. Creo que el hombre occidental de hoy tiene una fuerte sensación de fealdad hacia sí mismo, de no gustarse, tiene un gran vacío, un deseo de recuperar la ‘armonía perdida’, de volver a ser ‘uno con el mundo’. De todo esto puede venir esta nueva ‘necesidad de surrealismo’”.
Aunque lleva dos años con un libro –“no será un cómic convencional”- realizado en solitario, su carrera se ha desarrollado con guionistas porque le gusta “trabajar en equipo y con gente que sabe hacer determinadas cosas mejor que yo. Escribir guiones no es lo mío, creo que hay personas que lo hacen mucho mejor que yo, y desde luego Santiago es una de ellos”. Santiago García es el autor de El Vecino, la historia que cualquier estudiante de oposiciones desearía para sí. Ahora se publica el segundo volumen de los cinco que forman la serie. Con Santiago comparte un imaginario y un bagaje común, “aunque le conozco sólo desde hace diez años tenemos cantidad de gustos de la infancia y juventud compartidos, a ambos nos fascinan los superhéroes, determinados autores europeos o el indie norteamericano. Es un tipo listísimo, de talento y hasta clarividente para determinados aspectos”.
Con Juanjo Sáez, protagonista de la última hoja del anterior número de El Manglar también prevé hacer algo a medias nuestro autor malagueño, a iniciativa de aquel, “y yo encantado” recalca.

Elena Cabrera. Publicado en El Manglar.