Sergio Córdoba. Camiseta a rayas

Sergio Córdoba es uno de esos chicos de Benidorm, trastocados, melancólicos, superados. Os lo digo yo, que conozco a varios. Carne de videoclub y Love & Rockets. Las chicas de sus sueños son sexys outsiders que visten camisetas de grupos y demuestran su entereza allí donde el hombre desvela su flaqueza.
Córdoba es nuestro Adrian Tomine, es el autor indie español por antonomasia. Y en ese terreno ha permanecido estos diez últimos años. Su kevinsmithiana Freaks in love apareció en 1997 autoeditada por vez primera, reeditada por Subterfuge  en 1998 ganando el premio revelación del Saló (1999) y editada, por tercera vez, bajo el sello de Astiberri en estos días: ampliada, “remasterizada”, como dice Borja Crespo en su prólogo.
“En diez años se pierde la frescura y la arrogancia inconsciente de la adolescencia, y se diluye la capacidad de emocionarse con cualquier tontería. A cambio, se gana en experiencia y en nuevas formas de ver las cosas. Hum, esto ha sonado como un patético intento de parecer maduro, pero es verdad” confiesa el Sergio que hoy tiene 31 años hablando del que ayer tenía 21. “He pasado la adolescencia en los 90, así que sea lo que sea la secuela es ya irreversible”.
Óscar, Vero y Andrés son los protagonistas, los raros que se enamoran de los que no les hacen caso, los adolescentes que temen ser sinceros, que se ahogan en sus cuartos de angustia y fantasía, bajo posters de la Velvet y Elastica. A Óscar le gusta su vecina Vero pero es incapaz de sincerarse con ella por miedo al rechazo. En cambio, la chica que trae de cabeza a su amigo Andrés le tira los trastos a Óscar en la fiesta de cumpleaños de un gafapasta con perilla amigo de Vero –“menudo imbécil”, dice Óscar-, uno de esos cortometrajistas que cuelgan el cartel de La noche del cazador en el salón.
Como todo en los noventa, la resolución del conflicto queda en el aire. ¿Qué habrá pasado por los freaks in love diez años después? Sergio propone tres escenarios alternativos y me pide que elija uno. No me gusta ninguno de los tres, así que traslado esa responsabilidad a los lectores y, en mi memoria añeja, Óscar sigue bailando una canción de Dover, con los ojos cerrados, enfadado, delante de los altavoces: “En TIERRA-1 Óscar y Vero nunca hablaron de lo que sentían, y se distanciaron hasta dejar de verse. Cuando se cruzan se dicen ‘hola’ por compromiso. Andrés hizo otros amigos. En TIERRA-2 Óscar y Vero comenzaron una relación, pero uno de ellos de mudó a otra ciudad y la cosa no prosperó. Ambos encontraron nuevas parejas. Andrés se fue a trabajar a Suecia y se cartea con Óscar de vez en cuando. En TIERRA-3 Óscar y Vero han formado una familia y son felices. Andrés conoció a una chica por internet y es feliz”.
2007, año de bienes. Sergio sigue publicando sus mini-cómics, su Optic Nerve, su 8 Ball particular, llamado Malas Tierras, un nombre sacado “de la película de Terrence Malick. Lo utilizaba en algunos de mis primeros fanzines, y con el uso repetido creo que la alusión al film ya no significa nada, al menos para mí”. Malas Tierras es el nombre del bar que aparece en la historieta que completó la edición de Subterfuge en el 98, es también el nombre del blog. Pero Sergio es un autor escaso que no aprovechó el éxito de Freaks in love “porque no tenía demasiadas cosas interesantes que contar, y porque hacer cómics exige un esfuerzo que laboralmente no estaba bien remunerado. Así que dibujo cuando puedo y me apetece, mientras atiendo otras obligaciones. Me gustaría dedicar más tiempo a los tebeos, pero de momento es lo que hay”.
Sergio fue parte del colectivo valenciano 7 Monos, arrancó las mejores carcajadas en pasillos y alcobas con el subterráneo y autoparódico Fanzín del Saló pero Córdoba es, sobre todo, un excelente ilustrador. Si quiere narrar un cuento, empieza “con una emoción o una situación que de alguna manera ‘me llegue’, y a partir de ahí hago la historia. Si hay algún tema concreto del que quiera hablar, aparece después, no hago los cómics –concluye- con la intención de dar ningún mensaje premeditado”.

Elena Cabrera. Publicado en El Manglar.

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