Siempre me miras de la misma forma

No, no escribo mucho, eso es verdad.

No tengo mucho tiempo.

Además, tampoco me siento cómoda.

Pero esta noche estoy recordando este vídeo en el que Carmen Martín Gaite dice que cuando no puedes conversar, escribes. O algo parecido.

Si pudiéramos hablar bien no escribiríamos, dice. Y también añade que, cuando no encuentras ese interlocutor, te pones a escribir.

La búsqueda del interlocutor es todo un tema. Sobre todo si eres Carmen Martín Gaite. Para todos los demás, la búsqueda de interlocutor es una tragedia. Ni tema ni hostias. No hay. No existe. O monologas o escribes.

Yo no sé monologar. Yo solo sé enredarme.

Cuando estoy muy desesperada le pido a alguien que me haga alguna pregunta. Pero me toman a broma y no me las hacen. A mí, la periodista, la de las preguntas. A mí, la opaca, esa que se lo guarda todo, resulta que a veces quiero, no, necesito, que me hagan buenas preguntas, o me muero.

Pero no me las hacen. Yo qué sé. En este país no se puede pedir nada. (En otros, tampoco).

Es como cuando les pido que me lean. Y no me leen. Hay dos personas a las que les pido que me lean pero no sé muy bien si no quieren o si no me toman en serio.

A mí también me gusta leer en alto pero nunca nadie me pidió que lo hiciera. A Eleonor le intento leer pero ella prefiera jugar a cerrar el libro que tenga entre mis manos. Aunque a ella le gustan mucho los libros, eso me hace muy feliz. También le gusta la música. Y eso ya me parece brutal.