Esta noche, Octave Mirbeau en ¿Quieres hacer el favor…?

20 Septiembre 2010 por elenac

“Gracias a Octave Mirbeau, la verdad se revela a nosotros, pero provocando una gran indignación : efectivamente, en las sociedades, aquella verdad no es buena para decir, puesto que es un factor de emancipación individual y de subversión social. Le hicieron pagar muy caro, a Mirbeau, después de su muerte, ocultando su mensaje, pretendiendo ver en él sólo a un energúmeno, un paroxista, uno que se retracta, un frenético o un obsceno, desnaturalizando su obra bajo etiquetas tan absurdas como mutilantes, particularmente el vergonzoso calificativo de “naturalista”. De la misma manera, durante veinticuatro siglos, no quisieron comprender que, detrás de las provocaciones más groseras de los cínicos, había una crítica radical, pedagógica, a las mentiras sobre las cuales reposa la cultura”. (Pierre Michel, Octave Mirbeau el cínico).

Sé que usar hora para hablar de Octave Mirbeau será como intentar meter un armario dentro de un calcetín. A pesar de ello, no queda otra, ya que ese es el tiempo que tenemos: una hora de radio. Lo que es poco para nosotros es en realidad mucho para un oyente: una hora de su tiempo. Demasiado para oír hablar a unos fans de un autor que, quizá, no conoce.

No obstante, predicar aquí sobre Octave Mirbeau es hacerlo en un vergel, pues llevo todo el verano escribiendo sobre él y los lectores de este blog estarán familiarizados con este escritor francés que, aunque muriera en 1917, sigue vivo cien años después porque sus obras están ahí, aquí, significan algo hoy. No es una voz muerta.

Es curiosa la portada de esta edición de El jardín de los suplicios que tenemos a la izquierda. Luis Buñuel realizó una infiel adaptación de Diario de una camarera (le cambió el final) y para esta edición tomaron una imagen de Catherine Deneuve en Belle de Jour, de Buñuel. No tiene que ver nada con el libro porque la tortura no la recibe la hermosa protagonista del libro, Clara, como nos podría llevar a pensar la imagen escogida. Pero sí hay un trasfondo común: el sadismo.

Hablando de Clara, ayer encontré una sesión de fotos que homenajea a este personaje:

Esta noche vendrán a la radio varios invitados para invocar a Mirbeau. En persona estarán dos editores: Enrique Redel de Impedimenta y Eduardo Moreno o Iria Rebolo de El Olivo Azul. Llamaremos por teléfono a otras dos personas: Lluís Mª Todó, traductor de El jardín de los suplicios y Memorias de George el amargado y Lola Bermúdez, miembro del equipo de traducción de 628-E8 y ensayista sobre Mirbeau.

En otoño las tiendas son aún más bonitas

8 Septiembre 2010 por elenac

Acaba de iniciarse oficialmente el otoño de la siguiente manera: vengo de un breve recorrido en moto por Madrid y he pasado frío con mi camiseta de manga corta. He entrado en casa y no he abierto las puertas del balcón. Me ido a a cocina y me he preparado el primer té con limón y miel que tomo desde mayo.

Ahora bien: ¿qué hacía yo pimpando por Madrid? Tras recibir una llamada de la librería Ecobook esta mañana, he querido pasar ya mismo a recoger un libro que me habían encargado. Siempre he pasado por delante de Ecobook (calle Cristo, 3. Madrid) con cierta pena: una librería tan bonita y bien situada, ¿por qué tendría que estar dedicada a los libros de economía, algo que no me interesa en absoluto?

Octave Mirbeau: 628-E8De cara a seguir alimentando mi obsesión por Octave Mirbeau, he buscado la edición que la Universidad de Cádiz publicó de 628-E8. Un viaje en automóvil, libro de viaje europeo del cual ya os he hablado aquí. Al buscar en internet, encontré que Ecobook lo tenía en su catálogo de venta online. Les llamé pero no lo tenían en la tienda, aunque me aseguraron que podían conseguírmelo en dos días. Tras probar en otras librerías (nadie lo tenía) y obtener respuestas difusas (“uy, cinco o seis o más, si es que lo tienen en almacén”), volví a llamar al simpático librero de los intragables manuales económicos.

Así que ya tengo conmigo esta edición de bonita portada, mucho más voluminosa de lo que esperaba, traducido por el equipo “Literatura-Imagen-Traducción”de la universidad gaditana. Responsable de ese colectivo es Lola Bermúdez, prologuista y traductora, que ha aceptado participar en el programa dedicado a Mirbeau que pronto tendrá lugar en ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?

De paso, por cierto, he pasado por la tienda de discos Radio City, que está ahí al ladito de Ecobook, junto al Conde Duque. Mira que es bonita y agradable. Y chiquitita. Pena que no me interese mucho la música que vende. Aunque me hubiera comprado el último de Wovenhand en vinilo si no lo hubieran agotado.

Octave Mirbeau en Holanda

16 Agosto 2010 por elenac

En este verano tan mirbeauista, no podía pasar por alto la fascinación que Octave sintió por Holando, ya que hace unas semanas he visitado por primera vez los Países Bajos.

Mirbeau escribió un libro muy moderno titulado 628-E8, que era la matrícula de su muy querido automóvil, con el que se fue de viaje por Europa. El escritor adoraba su coche, futurista símbolo del progreso mecánico, que había sido creado por el piloto de carreras Fernand Charron.

El país que más fascinó a Mirbeau en su viaje literario fue Holanda y, curiosamente, el que más detestó fue la vecina Bélgica. Escribe Lola Bermúdez en el prólogo de la edición de la Universidad de Cádiz que la gran importancia simbolista que tiene el puerto para el escritor (“estar de lleno en un lugar y soñar con el infinito”) provoca que considere Holanda como un gran puerto. Por eso elige este país como “su patria de elección”.

Así escribe Mirbeau:

“La Holanda de agua y cielo, la Holanda infinitamente verde, infinitamente gris perla, en la que nunca más osará aventurarse el menor recuerdo de Bélgica. Las carreteras se vuelven suaves, elásticas, sin polvo, con su pavimento de ladrillos limpios y uniformes en medio de la llanura. Carreteras bordeadas de espléndidos y gigantescos árboles [...] El agua siempre presente… brotando bajo las capas verdes de hierba como alumbra el rubor del brasero, bajo el manto de cenizas que lo recubre…”.

Le gustan los Países Bajos por ser un país portuario, trabajador, emprendedor, no católico y pacifista. “Estoy feliz por vivir sin prisas febriles, sin deseos bruscos ni repentinos. Con absoluta tranquilidad, gozo de la melancolía que me rodea y me penetra”.

Para Mirbeau y para mí, Holanda puede ser un lugar maravilloso de vacaciones pero, ¿dónde está nervio?, ¿y el conflicto?, ¿y esa oscuridad lasciva que tanto conmueve al escritor francés?

Sí, Mirbeau estaba cautivado por Vincent Van Gogh -ya dije que En el cielo es una obra maravillosa de homenaje a la locura del pintor- y no puede evitar disolver el arte que adora (Van Eyck, Jordaens, Rubens, Teniers, Van Dyck, Van Gogh) y que busca durante su viaje en los museos con el país del que se enamora.

En nuestra visita a Holanda vivimos en Venlo, una localidad de la única provincia católica de los Países Bajos: Limburgo. Una carretera, que recorrimos varias veces en bicicleta, se abre entre los árboles para enlazar Venlo con Alemania. Unos carteles, donde ya no existe la barrera que hubo, anuncian la entrada en Deutchland. Tengo la sensación de que Mirbeau también recorrió ese camino. Escribe Lola Bermúdez:

La llegada a Alemania, adonde el paso de la aduana se hace sin ningún contratiempo, se presenta casi como una continuación de Holanda: una hermosa carretera escoltada por olmos, una luz sorprendente, todo suavidad por la que, Brossette el chófer, se desliza en silencio solo atento al canto de los cilindros.

Ojalá tuviera una fotografía de ese camino para mostraros. Me gustaría poder transmitiros la alegría de ir pedaleando por esa carreterilla y cruzar una frontera que sólo existe en los mapas y entrar en Alemania, un país que me gusta y mucho, y sentir que eso es Europa, que Europa es tuya.

El jardín de las torturas

15 Agosto 2010 por elenac

“More soil More earth More leaves More gravel Rusted and speckled More heaven More hell In the torture garden”.

A pesar de que todos los libros que he leído de Octave Mirbeau me han gustado mucho, ninguno me ha dejado una impresión tan honda como El jardín de los suplicios, a pesar de las graves diferencias entre unas partes y otras del libro.

Desde mucho antes de conocer este libro o la existencia de Mirbeau, he escuchado obsesivamente la canción The torture garden de Death in June. De repente, mientras leía la parte final de la novela, me vino a la cabeza la canción con la fuerte convicción de que tenía que estar inspirada en esta obra de Mirbeau. Estaba tan segura porque las evocaciones casaban, las imágenes de mi cabeza al escuchar, años atrás, la canción estaban vivamente descritas en este libro de un siglo anterior.

No obstante, los fans del grupo de Douglas Pierce a los que pregunté no podían estar seguros de la relación. Y yo no invertía el tiempo necesario en refrendarlo, hasta esta noche:

Torture Garden is the name of a decadent fin de siècle novel (1899) by the French anarchist Octave Mirbeau. The Torture Garden supposedly is exceptional for its detailed descriptions of sexual euphoria and exquisite torture, its political critique of government corruption and bureaucracy, and its revolutionary portrait of a woman – which challenges even contemporary models of feminine authority. (Deathnjune.org)

Y:

Del libro Explored the networked worlds of popular music, página 61, de Peter Webb.

En el primer comentario se incide sobre ese maravilloso personaje femenino del que hablaba ayer, además del fetichismo sexual de la tortura exquisita. La letra original la escribió David Tibet. Patrick Leagas eligió algunos fragmentos de ella para cantarlos. También fue idea de Tibet usar cantos gregorianos.

Aquí, una versión reciente de la canción por Patrick Leagas:

La canción original:

El anarquista y amoral Octave Mirbeau

13 Agosto 2010 por elenac

“El arte no está hecho para establecer que dos y dos son cuatro… El arte está hecho únicamente para ir en busca de la belleza oculta tras las cosas… ¡Para qué escribir lo que todo el mundo sabe…! ¡El último ujier y el último cómico siempre serán, desde ese punto de vista, mucho mejores que tú…! ¡Diablos! ¡Tienes que ser oscuro! La oscuridad es la joya suprema del arte.. ¡Ahí radica su dignidad…! ¡Sólo los patanes y los profesores escriben con claridad! Y es que ellos jamás sintieron que todo es misterio, y que el misterio no se expresa como un calambur o como un contrato de matrimonio… ¿Es clara la naturaleza…?”.

Bajo este decimonónico prisma le hace hablar a Lucien, un trasunto de Van Gogh, el escritor Octave Mirbeau en su novelita En el cielo, que ahora estoy terminando de leer. Es la cuarta obra de Mirbeau que leo; me tiene obsesionada.

Esta mañana estaba viendo la tele -los dibujos- mientras desayunaba. Veía Érase una vez… Los Inventores. Se trataba de un capítulo dedicado a Marie Curie (video 1, 2 y 3). El pelanas insistía a los niños, mientras les contaba la historia de la física descubridora del radio, lo relevante del hecho de tratarse de una mujer. Les dice: “el célebre escritor Octavio Mirbeau decía en aquella época que las mujeres deben dedicarse a sus quehaceres domésticos”.

Tendríais que haber visto lo sorprendida que me dejó el comentario del pelanas. ¿Célebre? Hasta hace un año yo no conocía a Mirbeau. Después reparé en que Érase una vez es una serie francesa y que allí, claro que sí, sí debía ser célebre este autor nacido en Normandía en 1948. Lo siguiente que pensé fue ¿Mirbeau opina eso de las mujeres? Bueno, puede ser, a fin de cuentas nos movemos en el Fin de Siglo XIX, no sería de extrañar. A Mirbeau no le gustaban los prerrafaelitas, y eso es algo mucho más preocupante. No obstante, he leído cuatro obras suyas y no he encontrado una opinión semejante.

Las mujeres de sus libros, al menos aquellas que he conocido, no se quedan en casa dedicándose a sus labores. Una encuentra un supremo goce en la tortura, la otra en el asesinato. Son mujeres que, como él, son anarquistas y amorales.

(No obstante, la pregunta está en el aire. Existe un ensayo de Pierre Michel -presidente de la Société Octave Mirbeau, probablemente la persona que más sabe sobre el autor- titulado Octave Mirbeau: ¿ginecófobo o feminista?, en el libro de Bard Un siglo de antifeminismo).

Yo creo que este es un buen momento para recuperar a Mirbeau. La coincidencia de tres ediciones de sus obras lo propicia. Nosotras le dedicaremos un programa cuando arranque la nueva temporada de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? para aportar argumentos a su reinserción en el discurso literario actual.

Mirbeau era un dreyfusista en tiempos en los que había que tomar partido y acarrearlo de los cafetines y los periódicos a las obras literarias. No es que Mirbeau escribiera otro Yo acuso: los personajes de sus novelas son dreyfusistas unos y antidreyfusistas otros (o pro israelíes unos y antisemitas otros). Aunque sobre todo predominan los personajes conservadores, al contrario que Mirbeau, probablemente algo exagerados, tal y como un escritor desde la izquierda retrataría hoy a un neoultraliberal: dejando que se ponga en evidencia.

A pesar de ello, lo que más me gusta de Mirbeau no es su compromiso con la sociedad y sus problemas derivados de los conflictos entre clases y el reparto de la riqueza. Lo que me apasiona del escritor y periodista es su amoralidad y su incorrección. Las crudas defensas del asesinato (en el prefacio de El jardín de los suplicios o en Diario de una camarera) se sitúan más allá de la ley. La exploración del placer le lleva a territorios escabrosos en los que es necesario adentrarse sin prejuicios, amoralmente, para comprender la esencia sórdida y deliciosa del alma humana.

También aprecio su decadentismo, que en más de una ocasión le empareja a Huysmans, su placer por lo exótico, por el simbolismo, por el éxtasis del arte. Sucediéndose esas sublimaciones siempre dentro de la crítica social, incluso cuando sus personajes buscan con obstinación el exilio.

Mirbeau es un escándalo. Me lo parece ahora, ¡cómo no debía de serlo hace 110 años!