Telarañas en la recámara
13 Mayo 2009 por elenac
Me siento como el fantasma de la canción de Depeche Mode, como la mancha en la cama o el agujero en el corazón. Parcialmente inhabilitada. Agotando existencias. Cuando más tiempo tengo para mí, para menos me sirve. Parece tiempo inútil, condenado a no servir para nada salvo para torturarme.
Miro una semilla que tengo junto al ordenador y pienso en David Beriain, cuya estancia, esta vez, en Afganistán con Sergio Caro es menos parecida a un viaje espacial incomunicado, como era antes. En otros viajes había que esperar las crónicas, las noticias que llegaban por otros de ciertas llamadas a media noche. Esta vez, gracias a su Twitter, sabemos lo que van haciendo día a día, hora a hora. Y aunque me tranquiliza más por ellos, me intranquiliza aún máspor mí. Más inútil me siento.
Vale, compararse con un reportero de guerra y sentirse inútil es el colmo de la autocompasión, pero me venía a mano. No se necesita una guerra para escribir, pero vengo pensando que es la evidencia lo que me mueve a escribir. Así que todos esas ideas vagas que me andan por la cabeza sobre lo que molaría o no molaría escribir, son chorradas.
Hace un tiempo escribí sobre lo que tenía que escribir: la muerte y enfermedad de mis padres, los suicidios y el asesinato de Cocó. Lo reboté. Y ya. Ya no tengo nada más en la recámara que necesite ser estallado. Tenía un apunte sobre mujeres terroristas. Luego otra cosa sobre el terror a la pérdida de la juventud. Un hombre en la línea circular. La ausencia de camaradas. El extraño olor y la vejez eterna de El hombre de la pipa que colecciona minerales. La rebelión escondida detrás de la puerta de una sala de reuniones. Un mundo donde a nadie le interesa saber qué pasa. Y unas conversaciones imaginarias con mi hijo. Más o menos, los temas de siempre, aburridos e inútiles, inservibles, vacíos, incluso cansados. Me cansan de sólo pensarlos.
Disfruto más con la urgencia del post, la necesidad de corresponder a una carta, la deriva de un link que te lleva a otro. Y todo eso, lo sé, marchita mi sueño y aja la etiqueta de eterna promesa, que es una contradicción porque eterna no puede ser, que todo el mundo se cansa de esperar un día. Y en esto gasto el crepúsculo, en quejarme de lo mío, a ver si algún día me dices cómo hiciste para lo tuyo.

















Mayo 15th, 2009 a las 8:23 am
“Cuanto más tiempo tengo para mí, para menos me sirve. Parece tiempo inútil, condenado a no servir para nada salvo para torturarme”. Cómo me suena ésto y cómo lo has clavado. Me dejé el periódico porque quería hacer cosas por mi cuenta y ahora no me salen las cuentas.
Salut!
Mayo 17th, 2009 a las 9:01 pm
Sólo indicarte que esos proyectos que te rondan la cabeza no son ideas vagas: más bien son proyectos interesantes, largos y profundos que seguramente requieran mucho trabajo y además a contracorriente. Ánimo.
Mayo 19th, 2009 a las 9:35 pm
Algo así como que el tiempo es fuente de toda nuestra desdicha. Que cerrases compuertas -o que eso a mí me sirve- porque el mundo es demasiado vasto para el tiempo humano. Que todo lo que tienes que hacer es importante, sólo ha de esperar su turno cual ante una ventanilla retrógrada, pero eres tú la ventanillera. Pon orden. Sé disciplinada. Machaca. Todo es importante, pero no hay tiempo para todo.