The Horrors construye la nueva juventud sónica

No hay que mirar al pasado. No hay que repetir lo que ya se ha hecho. El cantante de uno de los más brillantes grupos de las islas británicas levanta un muro de argumentos que explican su evolución musical desde la suciedad salvaje a la belleza también salvaje.

La primera vez que The Horrors tocaron en Madrid una chiquilla se lanzó a los tobillos de Tomethy Furse y los agarró con fuerza, tendida en el suelo. El pálido bajista, un personaje al que Tim Burton podría haber dedicado un poema en La melancólica muerte de Chico Ostra, intentó zafarse mascullando “por favor, por favor”.

Un chico del público, que había asistido a tan memorable concierto en primera fila, abandonaba su posición con la cara sangrante, el pelo revuelto y la camiseta sudada: “me han roto la nariz pero no me importa, ¡ha sido el mejor concierto de mi vida!”, gritaba. El grupo de Faris Bawdan presentaba en Madrid su primer disco, Strange House, una oscura y emocionante actualización del garage punk envuelta en órganos góticos y guitarras en distorsión que encajaba muy bien con una puesta en escena salvaje.

Han pasado cuatro años.

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