Transparent

Por fin siento que estoy de vacaciones. Escucho el disco de Coloma y dejo que se haga tarde sin preocuparme mucho de a qué hora me obligará el trasnoche a levantarme mañana. Mi madre entra en mi habitación y pregunta: “¿qué, ahora vives de noche?” (parece mentira, ni que no me hubiese visto así los últimos ¿diez? años. Creo que piensa que desde que tengo un trabajo serio, es decir, con horario, y aunque viva fuera de casa, no me excedo tanto,… y la verdad es que tiene razón, pero no mucha.) Me encuentra pegada a la pantalla de mi ibook y me explica (como si nunca se lo hubiese oido decir) las inconveniencias económicas (básicamente, se gasta luz eléctrica) del trasnochar vs madrugar. Lo que más me pesa es no tener tarifa plana, miro constantemente el contador de minutos de conexión. Vale, estoy un poco internetdependiente últimamente, pero no es culpa mía, sino del ADSL.

Esta tarde, en el asiento de atrás del Xantia de Alfredo, recorriendo una de mis carreteras favoritas (la que lleva a Oleiros) he bajado la ventanilla y he podido sentir, por primera vez en mucho tiempo, que el viento arrastraba cosas y me despejaba. Aunque, delante, ellos hablaban, he podido sentir un poco de silencio y calma. Sólo un poquito, lo suficiente para impulsarme a escribir, de nuevo. Fuimos a O Castro, donde está la fábrica de Sargadelos (un lugar que adoro) y después a Sada, donde tomamos un algo en La Terraza (para quien no lo conozca, recomiendo su web: www.la-terraza.com.) Se trata del edificio (un pabellón, en realidad) más emblemático de la ciudad, situado en el paseo marítimo (en realidad, en la Avda. del Generalísimo, qué vergüenza), modernista, que fue trasladado en 1920 desde el Relleno, en La Coruña, a Sada. De joven, mi madre y sus hermanas cogían el tranvía que les llevaba hasta la misma puerta de La Terraza e iban allí a bailar. Ahora, la planta baja es una cafetería y restaurante y la de arriba, según dice la web, una jazz club. Tomamos café mirando al mar y volvimos a la ciudad.

Nada más llegar a casa he podido escribir un par de párrafos y dar el repaso final a mi relato sobre Praga para “Ciudad Compacta” (he tenido una última prórroga), algo a lo que no me atrevía desde hacía dos meses.

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