Un vertido tóxico en el Parque de Berlín

Cuando empezó a desaparecer el blanco sucio del hielo, aparecieron los charcos de color verde fosforito en el Parque de Berlín. La Junta de Chamartín había adjudicado la concesión de una autorización para la gestión de las fiestas de navidad en el distrito, la cual debía incluir una pista de patinaje sobre hielo de 400 metros cuadrados como mínimo. Formaba parte del proyecto El bosque de la Navidad, y debía funcionar desde el 4 de diciembre al lunes 6 de enero. Según el pliego, la retirada de las instalaciones debería estar concluida el 9 de enero. A fecha de 23 de enero, el armatoste sigue ahí.

Las manchas de líquido son del anticongelante Monoetilenglicol, tóxico en su ingestión y que irrita la piel y las mucosas al contacto. Un perro ya ha salido escaldado, con las vías respiratorias obstruidas y la cabeza hinchada. Tras las denuncias de los vecinos, la Policía Municipal acordonó la zona en el fin de semana del 11 y el 12 de enero, con una cinta de plástico —”un balizado de seguridad”— que, aunque alerta del problema, no impide que los perros o los niños se acerquen a las manchas. Manchas que, en algunos casos, fueron incluso un importante camino de preocupante líquido verdoso, como se ve en las fotos tomadas por los afectados. Según los vecinos, el vertido, que se mantenía entre la tierra del parque y se escurría hacia las calles colindantes apareció al día siguiente del comienzo de la retirada de las instalaciones, el 10 de enero. 

La Junta Municipal conminó a la empresa adjudicataria la semana pasada, para que retirase “de forma apremiante” la arena contaminada y la llevase a un vertedero controlado donde la pudiera tratar adecuadamente, debido a su toxicidad, informan desde la Junta. Y efectivamente, la empresa adquirió un compromiso para realizarlo. A fecha de 23 de enero, la arena contaminada sigue ahí. Respecto a la persistencia de las instalaciones quince días después, incluida la estrella navideña en el centro de la pista, el Ayuntamiento explica que debían esperar a que se fundiera el hielo, cosa que no se ha producido por las climatología.

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